Sacramentales

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Los sacramentales son signos sagrados que han sido instituidos por la Iglesia Católica para que imitando de alguna manera los sacramentos, se expresen efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. De acuerdo con la teología católica, estos sacramentales infunden la gracia por intercesión de la Iglesia y permiten la santificación de las diversas circunstancias de la vida.

Características de los sacramentales[editar]

Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella.

Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una "bendición" (cf Gn 12,2) y a bendecir (cf Lc 6,28; Rm 12,14; 1 P 3,9). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (cf SC 79; CIC can. 1668); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, cf. De benedictionibus, 16,18), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.

Durante más de cien años, nuestra Señora ha estado llamando la atención hacia los sacramentales en todas Sus apariciones: En noviembre de 1831, en la Rue du Bac, Nuestra Señora le dio a una monjita de la caridad (Catalina La Bouré) un sacramental: La Medalla Milagrosa.

En 1858, en Lourdes, Ella recordó otro sacramental a Bernardita: El Santo Rosario. En 1917, en Fátima, María hizo énfasis en otros dos sacramentales, el Escapulario y la imagen de La Virgen Peregrina, habiendo sido bendecidas ambas cosas por los papas.

Diversas formas de sacramentales[editar]

Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas - que no se han de confundir con la ordenación sacramental -figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de vírgenes y de viudas, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o bendición de un templo o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados, de las campanas, etc.

Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del demonio y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25s; etc.), de él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia Católica Romana. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo síquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CIC, can. 1172).

Otros sacramentales son las procesiones, el rezo del rosario, la veneración de reliquias, las visitas a santuarios, peregrinaciones, el Vía Crucis, las danzas religiosas, las medallas, etc. Estas expresiones de religiosidad popular prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero de ninguna manera la sustituyen. Otro sacramentales son; el agua bendita, el aceite bendito y la señal de la cruz.