Saco aéreo

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Los sacos aéreos son órganos que poseen las aves, que se llenan y vacían de aire con cada inspiración y espiración. En ellos no hay intercambio gaseoso; este trabajo, que consiste en retener el oxígeno y expulsar el dióxido de carbono, lo realizan los pulmones. Sus funciones son aumentar la ligereza del ave, ayudar en la respiración y evitar un aumento excesivo de la temperatura causado por el vuelo.

Los sacos aéreos permiten un flujo unidireccional del aire, haciendo que, en el sistema respiratorio de las aves, éste tenga un mayor contenido en oxígeno que el aire de los pulmones de los mamíferos.

Los sacos aéreos poseen unas paredes muy finas con epitelio escamoso, rodeadas de unos pocos vasos sanguíneos. Son dilataciones de la membrana bronquial que se extienden por el cuerpo como una especie de prolongación de los pulmones y penetran algunos huesos y órganos. Están unidos a los pulmones por unos tubos delgados.

El número de sacos puede variar de siete a catorce, aunque la mayoría de las aves tienen nueve sacos aéreos: uno interclavicular, dos cervicales, dos en la zona anterior del tórax, dos en la posterior y dos abdominales.

Dichos sacos permiten a las aves captar más aire del que captamos los mamíferos, permitiendo que los parabronquios estén continuamente intercambiando gases, haciendo muy eficiente su respiración. Además, están conectados por los huesos neumáticos (llenos de aire) lo que facilita el vuelo al haber menos peso relativo.