Sacerdotes obreros

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Sacerdotes obreros, curas obreros o curas rojos son denominaciones (valorativas o peyorativas según provengan de partidarios o detractores) para los sacerdotes católicos que se aproximan al movimiento obrero y viven ellos mismos como obreros, realizando algún tipo de trabajo de baja cualificación. Se les puede considerar como uno de los fenómenos precedentes de la Teología de la Liberación.

Como movimiento eclesial nace en Francia en 1944, hasta que en 1959 fue suprimido por el papa Juan XXIII a causa de haberse comprobado que la mitad de ellos había dejado de oficiar misa o ejercer su ministerio.[1] Posteriormente, el papa Paulo VI volverá a autorizar la experiencia y en 1964 se extendió a España.

Entre los curas obreros franceses destacó el Abate Pierre, fundador de los Traperos de Emaús.

En España los primeros curas obreros surgieron en el foco industrial vizcaíno, importante a nivel nacional y cercano a la frontera con Francia, país de donde procedía este nuevo fenómeno. El primero fue el sacerdote David Armentía, jesuita que trabajaba en la fábrica Laminaciones de Bandas, con la oposición de la jerarquía eclesial del momento. El sacerdote secular Pedro Solabarría obtuvo permiso para trabajar a jornada completa.

Muchos de estos curas obreros españoles participaban en las actividades sindicales desarrolladas en oposición al régimen franquista. Figuras clave fueron el palentino Julio Pérez Pinillos, Francisco García Salve, Diamantino García Acosta, miembro fundador del Sindicato de Obreros del Campo, germen del actual Sindicato Andaluz de Trabajadores, el Padre Llanos o Mariano Gamo, sacerdote encarcelado durante tres años en la prisión de Zamora, cárcel franquista para religiosos. En España llegó a haber unos 800 curas obreros, y en los últimos años la cifra se sitúa en unos 400.

El coordinador del movimiento en España es Luis Santiago Díez Maestro. Dentro de la jerarquía eclesial destaca el caso del leonés Nicolás Castellanos, obispo que abandonó la diócesis de Palencia para trabajar en las zonas más empobrecidas de Bolivia. En Chile, durante la Dictadura de Augusto Pinochet, muchos sacerdotes obreros, e incluso obispos como el cardenal Raúl Silva Henríquez, fueron considerados curas rojos o comunistas, por oponerse al gobierno militar. Antes de la dictadura se dio el caso de San Alberto Hurtado, quien hizo una breve experiencia con los curas obreros de Francia. Dejó esa experiencia por obediencia a sus superiores y retornó a Chile, donde sin ser propiamente un cura obrero, sí se preocupó de los derechos de los trabajadores y de la dignidad y calidad de vida de las personas, especialmente los más pobres. Fundó el Hogar de Cristo, la ASICH (Asociación Sindical Católica de Chile) y la Revista "Mensaje". El padre Hurtado fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 16 de octubre de 1994.[2]

También se vieron rasgos de este carisma en los primeros años del ministerio episcopal del Cardenal José María Caro.

Referencias[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

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