Roque Barcia

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Roque Barcia Martí (Isla Cristina, 4 de abril de 1821Madrid, 2 de julio de 1885) fue un filósofo, lexicógrafo y político republicano perteneciente al Partido Demócrata español del siglo XIX.

Contenido

[editar] Biografía

En su época de estudiante, ya terminada su educación, viajó algunos años por el extranjero, hallándose en 1848 en Montpellier y Liorna, y en 1849 en Roma y en Ferrara, asistiendo a las bibliotecas de Francia e Italia para escribir más tarde El progreso y el cristianismo, obra en la que trabajó en un total de diez años. Dicha obra le valió a su autor su primera emigración a París y más tarde, en 1858, no solamente que se le prohibiera esta obra, sino que muchos miles de ejemplares fueran quemados públicamente. Vuelto ya a su patria, colaboró en diversos periódicos (La Democracia, El Demócrata Andaluz, entre otros), que le granjearon gran popularidad. Escribió cuatro tomos de viajes y un libro titulado Un paseo por París que fue muy bien recibido. Después dirigió el periódico El Círculo científico y literario en Madrid, hasta la revolución de 1854, para la que trabajó propagando las ideas democráticas de que era un ardiente partidario. También dio a luz por entonces La cuestión pontificia y La verdad social, folletos que fueron también prohibidos. Trabajaba ya en su ambiciosa obra lexicográfica y etimológica. Publicó sucesivas entregas del mismo y además La filosofía del alma humana y dos tomos de Sinónimos castellanos como complemento de su diccionario.

Sus nuevas obras de Historia de los Estados-Unidos y Catón político, sufrieron la suerte habitual de los libros políticos de Barcia: fueron prohibidos por el gobierno. El autor, sin embargo, lejos de desalentarse, dio a la estampa Las armonías morales y el nuevo pensamiento de la nación, que sufrió la misma suerte. Barcia escribía obras para educar al pueblo y el gobierno las prohibía para que el pueblo permaneciera siempre en la oscuridad de las ideas de regeneración social.

Influido por Emilio Castelar, en cuyo periódico La Democracia (1864) fue redactor, marchó a Cádiz ese mismo año y dirigió uno fundado por el anarquista gaditano Fermín Salvoechea y financiado entre otros por el comerciante republicano Manuel Francisco Paúl y Picardo llamado El Demócrata Andaluz que duró cinco meses; sus artículos le valieron la excomunión del obispo de Cádiz, una más entre las muchas que atesoraba. A dicha excomunión replicó con su Teoría del infierno. En Cádiz estuvo sin embargo apenas dos años, porque pasó a Isla Cristina –su casa se conserva todavía en La Redondela— desde donde, tras los graves acontecimientos del golpe de Estado de 1866, cuando su casa fue allanada cuatro veces, se le había dictado auto de prisión y busca y captura y se habían practicado varios registros, optó por exilarse a Portugal donde, tras dos periodos de detención, presidió la Junta de Exilados Españoles; allí rechazó varias aproximaciones del Duque de Montpensier. Participó activamente en los preparativos de la “Gloriosa” redactando documentos y proclamas. La idea revolucionaria de septiembre de 1868 estaba germinando no sólo en Barcelona, sino también en Andalucía y particularmente en Cádiz, donde fourierismo de Joaquín de Abreu y Orta y los sucesos de la Mano Negra que refirió como cronista el propio Leopoldo Alas “Clarín”, pasando por la aventura internacionalista y figuras como Fermín Salvochea habían agitado el ambiente. Barcia fue halagado nada menos que con dieciséis ofertas de candidatura para las elecciones a Cortes (Alcoy, Alicante, Badajoz, Béjar, Burgos, Écija, Montilla, Granada, Málaga, Cádiz, Jerez, Ronda, Villanueva y Geltrú, la Mancha, Huelva y Soria). Fue nombrado después diputado por Badajoz. El proyecto de Constitución no le satisfizo.

Tras su actuación en el movimiento que acaba echando de España a los Borbones, Barcia reapareció en Madrid, en plena Junta Central Revolucionaria, junto a Cristino Martos, y brujulea al parecer en el entorno de Francisco Pi y Margall en busca de una embajada que jamás conseguirá. Se negó a firmar el acuerdo que revistió del poder supremo al regente y tras asistir a dos sesiones y ver que los acuerdos de la Junta no estaban en armonía con sus ideas, decidió abandonar la Junta. Poco después fue encarcelado en la famosa prisión madrileña de El Saladero, tras ser implicado –con seguridad sin fundamento— en el magnicidio que acabó con la vida del general Prim, acusación que provocará una ardua y altisonante campaña escrita por parte de Barcia que se defendió con la natural indignación. Actuó en el movimiento cantonalista, cuyos hilos contribuyó a mover de modo decisivo, llegando a ejercer de jefe del Cantón de Cartagena (véase la novela de Ramón J. Sender Mr. Witt en el Cantón), aventura tras la que le esperaba un nuevo exilio en Francia. Allí vivió varios años dedicado a la literatura y retirado definitivamente de la política, tras la Restauración, y volvió a España. Roque Barcia falleció el 2 de julio de 1885 en Madrid.

[editar] Labor

Barcia fue un hombre incorruptible y un republicano integérrimo, pero, además de su actividad política, fue un consumado etimólogo, autor del primer y utilísimo (aunque no exento de alguna excentricidad propia de la dificultad de la tarea) Diccionario General Etimológico de la Lengua Española en cinco volúmenes, así como de un pionero Diccionario de Sinónimos casi tan divulgado como su Catón Político en 1864. Como literato, su obra, consistente en algunos dramas y novelas inspirados en Víctor Hugo y Vittorio Alfieri, por lo que es mediocre. Se afirma que Barcia recibió durante su vida unas sesenta excomuniones, casi tantas como José Nakens. En efecto, sus caudalosas lecturas, resumidas en un sincretismo grecooriental y un hegelianismo de impronta krausista, mereció reiteradas veces la condena de la jerarquía eclesiástica, que mandó retirar algunos libros y la acerva crítica del canónigo Manterola y del célebre apologista doctor Mateo Gago.

En cuanto a su pensamiento, era indudable su panteísmo: «El pensamiento de Dios se encarnó en el misterio del universo, en la generación de todos los seres, en la armonía de esa naturaleza que nos asombra».[1] Y en otro lugar: «Dios no es otra cosa que la razón universal, la palabra sublime que se formula en los labios de la gran armonía, así en las flores del campo como en las estrellas de la noche».[1] Dos son los grandes conceptos en que simultáneamente culminó su pensamiento filosófico y arrancó su acción política: el progreso indefinido de la humanidad y la libertad del individuo, y sobre ambos la fe, una fe inmensa y desbordante de sí misma, capaz de rozar el infinito y sin que tenga por qué dar razón de sí: «Hay que tener fe, una fe inagotable, poderosa, invencible; una fe absoluta en el porvenir de la humanidad, aunque no veamos ese porvenir y esa fe».[2] A su sombra el progreso está garantizado, porque para Barcia la unidad de las ideas se funda en la unidad de la esencia; los seres son modificación del ser y las ideas expresiones parciales de la idea, con lo cual la estructuración de la ciencia y la omnímoda presencia del conocer están aseguradas; asimismo, la libertad individual es necesaria para la integración en el todo y la participación en la humanidad, contrapunto divino del Dios infinito.

Consecuente con este ideario rechazó las estructuras político-sociales a la sazón vigentes, combatiendo la monarquía, la propiedad y el catolicismo, por considerarlos nefastos para el porvenir de España, más sin declararse ateo, adoptando más bien en lo religioso una posición que Menéndez Pelayo ha calificado de un cierto protestantismo liberal.[3] «No quiero la razón helada de Lutero ni de Calvino... Yo, hijo de Jesucristo, hijo de su Cruz y de su palabra; yo, Jesucristo como creencia y como historia, quiero que la religión que yo adoro abra un juicio a los que se llaman doctores suyos y que sean medidos de los pies a la cabeza por el sentimiento cristiano».[4]

[editar] Obra

  • Cuestión pontificia 1855
  • Catón político (1856)
  • Cartilla política dedicada al ilustrísimo señor doctor D. Pedro Lagüero y Menezo, Obispo de Osma, 1869
  • Dios salve al país!, Dios salve al rey!: manifiesto a los sres. diputados, 1869
  • Diccionario general etimológico (Barcelona: V. Seix, 1880, cinco vols. en cuarto).
  • Diccionario de sinónimos, 1910, edición facsímil en México: Oasis. 1983.
  • Abolición de la pena de muerte. El nuevo Catón. Ejercicios de lectura. Exposición dirigida a las Cortes contra la infame pena del garrote vil. Madrid: Impr. de Minuesa, 1872.
  • Carta al duque de Aosta. Barcelona: López, 1870.
  • Carta sobre el asesinato de D. Juan Prim. Barcelona, 1886.
  • Cartas a Su Santidad Pío Nono, precedidas de una carta que desde el otro mundo envían a S.S. los masones Monti y Togneti. Madrid, 1869. Esta obra fue prohibida por el Obispo de Osma el 9 de abril de 1870.
  • Cartilla política. Madrid, 1869. Obra prohibida por el Obispo de Osma el 16 de julio de 1869.
  • Cartilla religiosa. Madrid, 1869..
  • Catón político. Con un prólogo de Emilio Castelar. Madrid, 1884; reimpreso en 1856.
  • Confesiones. Madrid, 1872.
  • Conversaciones con el pueblo español. Barcelona: Est. Tipográfico-editorial de Manero, 1869.
  • Cristianismo y progreso. 1861. Edición quemada por el gobierno.
  • Cuestión de Italia. Madrid, 1859.
  • Cuestión Pontificia. 1885, reimmpresa ese mismo año dos veces y en 1868, 1885,
  • Defensa. Mahón: Tip de Fábregas, Hnos., 1871.
  • Dos cartas: Una al Duque de Aosta y otra a su señora, por Carlotta, viuda de Maximiliano. Palma, 1870.
  • El espíritu moderno en el mundo. La Democracia, Madrid, 1865.
  • El Evangelio del pueblo. Madrid, 1885.
  • El Evangelio del pueblo. Madrid: Impr. Galiano, 1868. Contiene: El Feudalismo. No más señoríos. No más esclavitud.
  • El Evangelio del pueblo. Madrid: M. Galiano, 1869. Contiene: Cargas de la justicia. Forma republicana. Veamos lo que hacemos.
  • El Papado ante Jesucristo. Madrid, 1870. La segunda parte se intitula: Otro emplazamiento papal. Madrid, 1870,.
  • El pedestal de la estatua. Madrid: Impr. F. Martínez Gómez, 1864.
  • El testamento de los Reyes. Madrid, 1870.
  • España manifiesta los males que le afectan y propone los medios más expeditos y eficaces para obtener su cura radical. Madrid, 1836.
  • Explicaciones: la libertad. La Democracia, Madrid, 1865.
  • Filosofía del alma humana. Gerona: Grasses, 1856. Reimpreso en Nadrid, 1857.
  • Formación de la lengua española derivada de la formación natural racional e histórica del idioma humano. Madrid: Vda. e Hijos de M. Álvarez, 1872.
  • Fundamentos. Los derechos del hombre y la democracia. La Democracia, Madrid, 1865,
  • Historia de las Germanías de Valencia. Madrid, 1870.
  • Historias (Contra los neos, oligarcas teocráticos). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias (El progreso: controversia con «El Pensamiento español»). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias. (Contra los neos, acaparadores de la salvación). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias. (La Libertad controversia con los neos). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias. (Los neocatólicos son ateos). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias. (Los neocatólicos, fariseos y teocratas). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historias. (Resumen de cargos contra el neocatolicismo, secta política). La Democracia, Madrid, 1865.
  • Historia. Verdadera y fiel exposición de los principios cristianos contra el falso catolicismo que nos devora. Madrid, 1865.
  • Influencias y protesta neo-católicas. Madrid, 1865.
  • Juan Pérez. Comedia. Madrid: Imprenta José Rodríguez, 1862.
  • La Federación española. Madrid: José María Faquineto, 1869.
  • La influencia neocatólica. La Democracia, Madrid, 1865.
  • La ley natural o el premio y el castigo. Madrid, 1872.
  • La revolución por dentro. Madrid, 1870.
  • La verdad y la burla social. Madrid: Tomás Núñez Amor, 1855.
  • Los moderados: la libertad. La Democracia, Madrid, 1865.
  • Los moderados: la prohibición de la libertad. La Democracia, Madrid, 1865.
  • Manifiesto a la Nación. Madrid, 1870.
  • Poesía al Tajo. Lisboa: Typ. Franco­Portugueza, 1867.
  • Primer diccionario general etimológico de la lengua española, 5 vols., Madrid, 1880-1883.
  • Prólogo del primer Diccionario general etimológico de la lengua castellana. París: Tip. de A. Lahure, 1878.
  • Reto del ciudadano Roque Barcia a D.. Salustiano Olózaga. Madrid, 22 de abril de 1869.
  • Sinónimos castellanos. Edic. póstuma corregida y aumentada considerablemente por su autor. Madrid: José M. Faquineto, 1890.
  • Teoría del Infierno y Ley de la vida. Madrid, 1868.
  • Un paseo por París. Retratos al natural. Madrid: Impr. M. Galiano, 1863.
  • ¿Quieres oír pueblo?, o la cabeza de Barba Azul. Madrid, 1872.
  • ¡Dios salve al País! ¡Dios salve al rey! 4ª ed. Madrid, 1869.

[editar] Referencias

  1. a b Catón político, p. 150
  2. Teoría del infierno o ley de vida, p. 4
  3. Historia de los heterodoxos, vol. II, p. 1.070
  4. Cuestión pontificia

[editar] Enlaces externos

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