Reversión geomagnética

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Recientes reversiones geomagneticas.

Una reversión geomagnética es un cambio en la orientación del campo magnético terrestre de manera tal que las posiciones del polo norte y sur magnético se intercambian. Estos eventos, los cuales se cree que duran de cientos a miles de años, a menudo implican un descenso prolongado de la fuerza del campo magnético seguida por una recuperación rápida después de que la nueva orientación se ha establecido.

Historia[editar]

Durante largos períodos, las reversiones magnéticas parecen haber ocurrido con una frecuencia de 1 a 5 eventos cada millón de años. No obstante esta duración es altamente variable.[cita requerida]

Durante algunos períodos geológicos (por ejemplo, el Cretáceo largo normal, comprendido entre el Aptiano hasta el Santoniano), el campo magnético terrestre mantuvo una sola orientación durante decenas de millones de años. Otros eventos parecen haber ocurrido muy rápidamente, con una reversión cada 0.050 millones de años (50 000 años).[cita requerida]

La última reversión de la que se tiene dato fue la reversión Brunhes-Matuyama, que sucedió hace 0.78 millones de años (780 000 años) aproximadamente.[cita requerida]

Causas[editar]

La opinión científica se encuentra dividida al tratar de explicar la causa de la reversión geomagnética. Muchos científicos creen que la reversión es un aspecto inherente de la hipótesis de la dínamo[1] de la manera en que se genera el campo geomagnético. En simulaciones por ordenador, se observa que las líneas de campo magnético pueden algunas veces entrelazarse e incluso desorganizarse por los movimientos caóticos del metal líquido del núcleo externo. Esto conduce a una inestabilidad, en la cual el campo magnético se invierte espontáneamente a la orientación contraria.[cita requerida]

Este argumento está respaldado por las observaciones del campo magnético solar, el cual experimenta reversiones espontáneas cada 7 a 15 años (véase el artículo «ciclo solar»). Sin embargo, en el caso del Sol, se observa que la intensidad magnética solar se incrementa durante una reversión, mientras que en el caso de la Tierra, las reversiones parecen ocurrir durante una disminución en la fuerza del campo magnético.[cita requerida]

Los métodos de cálculo actuales han utilizado grandes simplificaciones, para producir los modelos que corren en aceptables escalas de tiempo para programas de investigación.[cita requerida]

Una opinión minoritaria, sustentada por figuras como Richard A. Muller, es que las reversiones geomagnéticas no son procesos espontáneos, sino que más bien son accionados por eventos externos, los cuales interrumpen directamente el flujo dentro del núcleo de la Tierra. Tales procesos pueden incluir la llegada de trozos continentales, llevados hacia abajo del manto por la acción de las placas tectónicas en las zonas de subducción, la iniciación de nuevas protuberancias en los límites del manto central y posiblemente fuerzas de cizalla debidas a algún impacto astronómico.[cita requerida]

Los que sostienen esta teoría afirman que cualquiera de estos eventos pueden llevar a una interrupción a gran escala de la dínamo[1] terrestre, al desactivar efectivamente el campo geomagnético. Desde que el campo se encuentra fijo en la orientación Norte-Sur actual o una orientación invertida, proponen que cuando el campo se recupera de tal interrupción, elige de manera espontánea ya sea uno u otro estado, de tal manera que la recuperación es vista como una reversión en cerca de la mitad de todos los casos.[cita requerida]

Las interrupciones breves que no tienen como resultado una reversión son conocidas y se les conoce como excursiones geomagnéticas.[cita requerida]

Observación del campo magnético en el pasado[editar]

Las pasadas reversiones del campo geomagnético pueden registrarse, y lo han sido, en minerales ferromagnéticos congelados o depósitos sedimentarios de flujos volcánicos enfriados en la Tierra, originalmente. No obstante, el registro de pasadas reversiones geomagnéticas fue advertido primero al observar las anomalías de las bandas magnéticas en el fondo del océano. Dado que el fondo del mar se extiende con una tasa más o menos constante, esto tiene como resultado la aparición de franjas ampliamente evidentes de que la polaridad pasada del campo puede ser inferida al mirar los datos reunidos por el simple arrastre de un magnetómetro por el lecho marino. Sin embargo, al no existir ninguna subducción del fondo del mar (ni el empuje del fondo del mar en las placas continentales, como en el caso de Ophiolytes) que es más antiguo con cerca de 180 millones de años de edad, es necesario el uso de otros métodos para detectar reversiones pasadas. La gran mayoría de las rocas sedimentarias incorporan delgadas cantidades de minerales enriquecidos con hierro, cuya orientación está influida por el ambiente magnético bajo el cual se formaron. Bajo condiciones favorables, es así posible extraer información de las variaciones del campo magnético en muchas rocas sedimentarias. Sin embargo los procesos diagenéticos ―al quedar sepultadas― pueden borrar la evidencia del campo magnético original.[cita requerida]

Dado que el campo magnético terrestre está presente de manera global, hallar patrones similares en las variaciones magnéticas en diferentes sitios es un método usado para correlacionar edades a través de diferentes localidades. En las pasadas cuatro décadas, se han recogido grandes cantidades de datos paleomagnéticos para arrojar una edad del fondo marino de unos 250 millones de años y de tal suerte que han llegado a ser una herramienta importante y conveniente, usada para estimar la edad de capas geológicas en el campo. Aunque no es en sí un método independiente de datación, sino que depende de otros como la datación a base de radioisótopos, se emplea especialmente por los geólogos metamórficos e ígneos, donde no hay normalmente fósiles disponibles para usarlos como marcadores para estimar las edades.

El calendario de polaridad geomagnética[editar]

El Cretáceo largo normal[editar]

Un largo período durante el cual no hubo reversión de los polos magnéticos, fue el Cretáceo Largo (también llamado Cretáceo Supercrón o C34) que duró entre 83 y 120 millones de años. Este período comprende el Aptiano y el Santoniano.

Una tendencia interesante de observar es que al mirar la frecuencia de las reversiones magnéticas antes y después del período: la frecuencia disminuyó de manera constante antes del período, alcanzando su punto más bajo (sin reversión) durante el perìodo, después del Supercrón la frecuencia de las reversiones se incrementa lentamente respecto a los siguientes 80 millones de años hasta el presente.

La «tranquila» zona jurásica[editar]

La zona jurásica es una sección del fondo marino que esta completamente desprovista de las bandas magnéticas que pueden detectarse en otras regiones. Esto podría significar que hubo un período largo de estabilidad polar durante el período jurásico, de manera semejante al supercrón cretáceo.

Otra posibilidad, es que como esta área es la más vieja del fondo marino, cualquier magnetización que haya existido se degradó completamente. Estas zonas existen en los márgenes continentales del océano Atlántico así como en parte del Pacífico occidental (tal como en la fosa de las Marianas).

El supercrón Kiaman[editar]

El supercrón Kiaman es otro largo período durante el cual no hubo reversión de los polos magnéticos. Este período existió entre el Carbonífero y el final del Pérmico.

Futuro del campo magnético presente[editar]

Variaciones geomagnéticas desde la última reversión.

En la actualidad, el campo magnético en general está debilitado, con una tasa que ―en caso de que continúe― puede producir que el campo se desplome temporalmente hacia el año 3000 o 4000. Se cree que la anomalía del Atlántico sur es producto de esta debilitación. El fuerte deterioro corresponde a un descenso en un 10 a un 15 % a lo largo de los últimos 150 años, y se ha acelerado en los últimos años; sin embargo la intensidad geomagnética ha disminuido de manera casi continua en un máximo del 35 % por encima del valor más reciente logrado. La tasa de disminución y la fuerza actual está dentro de lo normal de variación, como lo demuestran los registros de los campos magnéticos en el pasado, detectados en las rocas.[cita requerida]

No se sabe si el decaimiento del campo continuará en el futuro. Dado que los seres humanos modernos no han podido observar ninguna reversión magnética, y que no está del todo explicado el mecanismo de generación del campo, es difícil predecir cuáles son las características del campo magnético que conducirían a dicha reversión. Algunos especulan que una gran disminución del campo magnético, durante un período de reversión, expondrá a la superficie de la Tierra a un sustancial y potencial incremento de radiación cósmica. No obstante, el Homo erectus y sus ancestros han sobrevivido a muchas reversiones previas.

No hay evidencia de que una reversión del campo magnético haya causado ninguna extinción biológica. Una posible explicación es que el viento solar puede inducir un campo magnético suficiente ―en la ionósfera de la Tierra― para protegerla de las partículas altamente energéticas, aún en ausencia del campo magnético normal del planeta.[2]

Al comienzo del siglo XX, el polo norte magnético de la Tierra se estaba desplazando desde Canadá hacia Siberia a una velocidad de 10 km por año. En el año 2003, el desplazamiento llegó a 40 km por año.[3] Se desconoce si este deslizamiento continuará acelerándose.

Aunque el estudio de las reversiones ocurridas en el pasado no implican extinciones biológicas, la sociedad actual ―por su dependencia de la electricidad y sus efectos electromagnéticos (por ejemplo la la radio, los celulares, la televisión, internet, y las comunicaciones por satélite)― puede ser vulnerable a la interrupción tecnológica si se dieran las condiciones de una completa reversión de los campos magnéticos.

Glatzmaier y su colaborador Paul Roberts (de la Universidad de California en Los Ángeles) han construido un modelo numérico de los procesos dinámicos, líquidos y electrodinámicos en el interior de la Tierra y lo procesaron en una supercomputadora Cray. Los resultados reprodujeron las características clave del campo magnético, simulando un tiempo de 40 000 años. Además se pudo observar que el campo generado por el cálculo del ordenador, se invirtió por sí mismo.[cita requerida]

Referencias[editar]

  1. a b Según el artículo «dínamo» en el Diccionario de la lengua española, esta palabra es femenina.
  2. Artículo en inglés en el sitio web Aanda.org.
  3. «Decreasing magnetic field», artículo en el sitio web Science NASA.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

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