Retinoscopía

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La retinoscopía es una técnica empleada para medir el poder refractivo del ojo interpretando la luz reflejada en su retina al iluminarlo con un retinoscopio. Permite detectar irregularidades en la córnea y en el cristalino.

Historia[editar]

La retinoscopía se originó cuando William Bowman observó una línea de sombra al examinar un ojo astigmático con un oftalmoscopio. En 1873, el médico militar Cuignet empezó a medir la refracción ocular. En 1886 Landolt describió el procedimiento para el uso del retinoscopio. En 1926 Copeland patenta el retinoscopio de franja, instrumento usado desde entonces por los optometristas y oftalmólogos.[1]

Retinoscopio[editar]

El retinoscopio es el instrumento utilizado para determinar el foco del ojo del paciente. Cuando el punto focal del retinoscopio y el ojo coinciden, la imagen del retinoscopio aparece como una línea claramente enfocada en la pupila del ojo. Consta de una fuente de luz, una lente, un espejo plano y un espejo cóncavo y un mando de enfoque para variar la distancia entre la bombilla y la lente.[2] [1]

Referencias[editar]

  1. a b Walter D. Furlan, Javier García Monreal, Laura Muñoz Escrivá (2011). Fundamentos de optometría (2a edición). Universitat de València. ISBN 9788437082875. 
  2. http://www.saludvisual.info/examen-visual/pruebas-refractivas/retinoscopia-estatica/