Renacimiento alemán

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El Renacimiento alemán es parte de ese renacer que hubo en los Países Bajos para los siglos XV y XVI. En Alemania la corriente que existía era de influencia flamenca, a pesar de que en Alemania tenía un estilo artístico muy particular. Los temas religiosos abundaban en las obras de arte de los alemanes, entre los que se destacan Matthias Grünewald (1475-1528) y el más importante Alberto Durero (1471-1528).

En Alemania, la arquitectura conservó fuertes influencias del gótico medieval.

El renacimiento artístico no fue en Alemania una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por la Reforma protestante.

Durero fue una figura dominante del Renacimiento alemán. Su obra universal, que ya en vida fue reconocida y admirada en toda Europa, impuso la impronta del artista moderno, uniendo la reflexión teórica con la transición decisiva entre la práctica medieval y el idealismo renacentista.

Alberto Durero (en alemán: Albrecht Dürer) es el artista más famoso del Renacimiento alemán conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos. Durero comprendió la imperiosidad de adquirir un conocimiento racional de la producción artística. Entre sus obras más importantes destacan sus autorretratos, la Adoración de los Reyes, Adán y Eva, y el Apocalipsis, colección de grabados muy difundida en la época.

Tras la Reforma el mecenazgo de la nobleza alemana se centró en primer lugar en la arquitectura, por la capacidad de ésta para mostrar el poder y prestigio de los gobernantes.

Así a mediados del siglo XVI se amplia el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. Sin embargo, la mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista.

Los emperadores Habsburgo y la familia Fugger fueron los más importantes mecenas, destacándose la protección de Johannes Kepler y Tycho Brahe.