René Daumal

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
René Daumal
Nacimiento 16 de marzo de 1908
Bandera de Francia Boulzicourt, Ardennes, Francia
Defunción 21 de mayo de 1944
(36 años)
París, Francia
Nacionalidad Francesa
Ocupación Escritor, ensayista, traductor y poeta
Obras notables El monte análogo (1952)
Firma Signature René Daumal.jpg
[editar datos en Wikidata]

René Daumal (Boulzicourt, 16 de marzo de 1908París, 21 de mayo de 1944) fue un escritor, ensayista, traductor y poeta francés.

Biografía[editar]

I. Reims y los Hermanos Simplistas[editar]

Casa en Boulzicourt, Ardenas, donde Daumal nació.
Placa conmemorativa, fuera de la casa.

René Daumal nace en Boulzicourt, Ardennes, el 16 de marzo de 1908. Su padre, León Daumal, es profesor y luego funcionario del ministerio de Finanzas. A los cuatro años sufre sarampión y tos convulsa. Entre 1914 y 1918 se desarrolla la Gran Guerra: desplazamientos familiares frecuentes. En 1914 Auvernia; 1915-1917 en París; 1917-1918 en Langres. El niño es víctima de una fuerte sensación de desarraigo y vulnerabilidad. Estudios secundarios en Reims en el lapso 1922-1924. Funda una suerte de comunidad “iniciática” (que ellos llaman “los hermanos Simplistas”) junto a tres condiscípulos: Robert Meyrat, Roger Gilbert-Lecomte, Roger Vailland. Están inspirados por Alfred Jarry, Arthur Rimbaud y los vigorosos movimientos de vanguardia del momento: dadaísmo, futurismo, surrealismo. Acerca de sus quince años escribe Daumal:

Comienzo a dudar, a cuestionarlo todo. Mientras conservo un gusto naturalmente sano hacia la naturaleza, el aire libre, etc., emprendo toda clase de experiencias “para ver” con mis compañeros (sujetos “brillantes” en el liceo, pero algo locos): alcohol, tabaco, noctambulismo, etc. Trato de asfixiarme (C Cl4 o bencina) para estudiar cómo desaparece la conciencia y qué poder ejerzo sobre ella.[1]

Es en 1924, a los dieciséis, que Daumal conoce un tipo de experiencia única, determinante, mediante el consumo de tetraclorometano o tetracloruro de carbono (C Cl4). Intuyó otro mundo, un más allá, “una trascendencia” de certeza absoluta en la que el pensamiento supera los límites del lenguaje discursivo. De estas experiencias, que condicionarán el desarrollo de su poética entera, queda testimonio en “Recuerdo Determinante” (1943):

Mis recuerdos de infancia y de adolescencia están jalonados por una serie de tentativas de llegar a tener una experiencia del más allá, y esta secuencia de ensayos, realizados azarosamente me condujo a la experiencia fundamental de la que hablo. A los seis años [inicio de la Primera Guerra Mundial], sin que ninguna creencia me fuera inculcada, el problema de la muerte se presentó ante mí en toda su desnudez. Pasé noches atroces arañándome el vientre y agarrado a mi garganta por la angustia de la nada, del “más nada de todo” [plus rien du tout]. A los once años, una noche, aflojando mi cuerpo aplaqué el terror y la revuelta de mi organismo ante lo desconocido, y un sentimiento nuevo nació en mí, esperanza y anticipo de algo imperecedero. Pero quería más, ansiaba una certeza. A los quince años comencé mis búsquedas imperecederas, sin dirección y un poco al azar. No pudiendo hallar el medio de experimentar la muerte—mi muerte—intenté estudiar el sueño, suponiendo una analogía entre aquélla y éste. Intenté por diversos procedimientos ingresar despierto al estado de sueño. La empresa es menos rigurosamente absurda de lo que parece, sin embargo, es peligrosa en varios aspectos. No pude proseguirla mucho más; la naturaleza me dio serias advertencias sobre los peligros que corría. Un día decidí entonces enfrentar el problema mismo de la muerte: pondría mi cuerpo en un estado lo más cercano posible a la muerte fisiológica, pero empleando todos mis esfuerzos en quedar despierto y en anotar todo lo que se presentase ante mí. Tenía a la mano el tetracloruro de carbono que utilizaba para disecar los coleópteros que coleccionaba. Sabiendo que sus efectos se asemejan químicamente a los del cloroformo—más tóxico que él—esperaba poder regularlo de un modo más cómodo: en el momento en que se produjese el síncope, mi mano volvería a caer con el pañuelo sostenido bajo mi nariz, empapado con el líquido volátil. En consecuencia, repetí la experiencia en presencia de amigos dispuestos a prestarme ayuda en caso de que fuera necesario.[2]

Posiblemente la utilización del tetracloruro debilitara su aparato respiratorio y lo predispusiera para la tuberculosis que acabaría con su vida.

II. Le Grand Jeu: Aux grand jour y los surrealistas[editar]

Es en 1925, en París, cuando tiene contacto personal con el surrealismo, movimiento en el que reconocía ciertas búsquedas similares, como los ejercicios con el sueño y la rebeldía, y del cual admira su carácter revolucionario. Léon Pierre-Quint, el director de la editorial Kra, es quien permite los contactos con el grupo de las revistas Discontinuité, impulsada por Arthur Adamov, y Bifur, dirigida por Georges Ribemont-Dessaignes, en las cuales publicará Daumal y que respaldarán su propio proyecto editorial. En ese mismo año intenta quitarse la vida:

Me intereso por la poesía (matiz “poetas malditos”), por la filosofía (matiz “ocultismo”), de la misma manera que mis compañeros, de formación religiosa, se inclinan hacia el satanismo. A los 17 años y medio, por falta de razones para vivir, trato de suicidarme. Siento bruscamente los lazos con mi familia y mi responsabilidad hacia mi hermano menor.

De los diecisiete a los diecinueve años (1925-1927) es pupilo en el Liceo Henri-IV en París. Preparación del curso de ingreso a la Escuela Normal. Es alumno del filósofo, profesor y periodista Émile-Auguste Chartier (más conocido como Alain), un reconocido admirador de la obra de Alfred Jarry; y a la vez es condiscípulo de Simone Weil, futura filósofa, con la que mantendrá algunos intercambios con respecto al sánscrito – que aprende de modo autodidacta. Escribe numerosos poemas y concluye a los dieciocho años (1926) un relato visionario, Mugle, de honda influencia surrealista. Además redacta un importante estudio, La revolución y la ironía (que quedará inacabado). Durante las vacaciones vuelve a encontrar a sus compañeros y recomienza sus “experiencias”, mientras lee obras místicas, teosóficas, ocultistas, etcétera. Encuentra opiómanos con quienes fuma—sin llegar a la intoxicación. Pierre Minet realiza un retrato de Daumal en esa época, un tanto idealizado:

Cuando los dos teníamos dieciocho años, me bastaba mirar su cara para experimentar al mismo tiempo un inmenso bienestar y una timidez que me agradaba sentir. Daumal-Nathaniel, como lo llamábamos, se mantenía en el linde de esa vida que él me enseñó a desear, que incidía sobre el deseo y la rebelión [...]. Mi emancipación me conducía al desorden y al delirio, la suya lo llevaba a una sabiduría, que expresaba visiblemente la inmovilidad habitual de sus rasgos. A esta economía de movimientos se unía un humor igualmente avaro en gestos y que cuando aparecía, trastornaba el orden de esa calma fenomenal. La rapidez con que Nathaniel sonreía entonces me permitía, sin embargo, identificar la naturaleza de su júbilo y admirar aún más a mi amigo. Pues si yo reía, esta risa se imponía a mí, sin que yo la hubiera ayudado, yo no la esperaba; mientras que la suya era un lenguaje, casi una enseñanza. Él reflexionaba su pensamiento, surgido de pronto a la luz del día y desnudo hasta no disimular nada de él.[3]

1927. Estudiante libre en París. “He fracasado en el Concurso de la Escuela Normal Superior a consecuencia de un pequeño accidente: me caigo de cabeza en vísperas de las pruebas escritas, mientras hago gimnasia en aparatos; privado de memoria durante algunas horas.”[4] Continúa experimentando con toda clase de drogas (haschich) y comienza a intoxicarse con opio, pero se detiene a tiempo. Sufre en 1927 una constipación debida al opio. Sufre una angina con absceso en la garganta, inmediatamente después absceso en el recto. Se cura, pero sufre una fisura en el ano. Sana pero dejándole condilones que le son extraídos quirúrgicamente. Lo tratan con opio y morfina, breve recaída en la adicción –y en la experiencia determinante.

En el año 1928 se encuentra en un tenso estado de ánimo debido a la sucesión de patologías.[5] Sin embargo, en París, junto a Roger Gilbert-Lecomte, Roger Vailland y el crítico literario André Rolland de Renéville, fundan el grupo Le Grand Jeu [ El Gran Juego ];[6] Robert Meyrat no participa, se ha separado de los Simplistas el año anterior. Publican una revista que es el brazo armado y principal logro del movimiento. El nombre (del grupo y la publicación) es propuesto por Roger Vailland –en alusión directa a una novela de Kipling y al nombre de una revista surrealista aparecida el año anterior.[7] El grupo se completa con la llegada del pintor austro-húngaro Josef Sima, el dibujante Artür Harfaux, los poetas Maurice Henry, Pierre Audard, André Delons y Pierre Minet; y nutrido por los contactos con Robert Desnos, Roger Vitrac, Philippe Soupault y Georges Ribemont-Dessaignes. Conoce también dentro del grupo al poeta de los Países Bajos Hendrik Cramer, marido de Véra Minanova (futura esposa de Daumal). André Breton midiendo la calidad de los miembros del Gran Juego, en particular de Rolland de Renéville, anhela la cooperación entre los dos grupos.

Maurice Nadeau afirma en su Historia del Surrealismo, que pese a que Le Grand Jeu recurre a las mismas fuentes y tiene algunas investigaciones en común (el sueño, la alucinación), tomando como ancestro paradigmáticamente a Arthur Rimbaud, místico, ocultista, revolucionario, poeta, sin embargo no contó con la simpatía de los surrealistas. Consideraban a estos jóvenes en una posición menos avanzada que la de ellos. Hablaban demasiado de misticismo, apelaban demasiado a los grandes místicos, a los grandes iniciados, mezclaban demasiado a Platón, Hegel, Buda, Cristo, Balzac, Rimbaud y Saint-Pol-Roux. En una palabra, estaban demasiado cerca de la literatura. ¿y además, qué significaba esta carta de Rolland de Reneville a Saint-Pol-Roux?: Creemos que todos los caminos conducen a Dios y que nuestra misión es volver a encontrar la unidad perdida… Usted ha dicho: Siendo la Belleza la forma de Dios, buscarla es, sin lugar a dudas, buscar a Dios, y mostrarla, es mostrarlo…[8]

En septiembre de 1928, el escritor yugoslavo Monny de Boully abandona el grupo de Breton por el Gran Juego. Integrado al grupo surrealista desde 1925, había entrado en conflicto con Breton en ocasión de la aproximación de los surrealistas a los colaboradores de Clarté, revista vinculada al partido comunista francés (1927). Reprocha a Breton sacrificar el carácter experimental del surrealismo. Este retiro quizá conduce a Breton a instruir le "proceso del Gran Juego", el 11 marzo del año siguiente.

1929. El estado físico de Daumal empeora siempre antes que mejorar.[9] Una eclosión se sucede dentro del surrealismo: la conocida “Crisis de 1929”. El 12 de febrero el núcleo surrealista comandado por Bretón envía comunicaciones pidiendo declarar su situación ideológica a un conjunto de personas cercanas o lejanas al surrealismo. Se los indaga concretamente sobre su disposición para una acción revolucionaria colectiva o individual. Se intenta así despejar el movimiento de snobs, traidores, espías y jóvenes inocentes o ambiguos. Ya habían sido excomulgados, con mucho espamento, Artaud, Soupault y Vitrac. La comunicación llega a los redactores del Gran Juego. Boully se pone en una posición tal que no sea tomado en cuenta para una nueva reunión. A los que responden positivamente les es enviada una invitación para el lunes 11 de marzo a las ocho y treinta en punto, en el Bar du Château, a una discusión donde se trataría sobre la reciente condena al exilio a León Trotsky, por parte Stalin. Daumal, Lecomte y Vailland se hacen presentes esa noche, junto a otras treinta o cuarenta personalidades satélites al surrealismo. Inician haciendo lectura de las respuestas dadas a la comunicación. Se empieza a juzgar las declaraciones de los opositores. Rápidamente se descubre que el destierro de Trotsky es sólo un señuelo. Bretón exige que antes de tratar ese tema la asamblea se pronuncie sobre la calificación moral de cada uno de los presentes.

Y en seguida comienza el proceso al Grand Jeu. ¿Qué se les reprocha a sus redactores? El haber puesto su admiración en Landru posponiendo a Sacco y Vanzzetti, el emplear constantemente la palabra Dios, el participar en el Teatro Alfred Jarry [fundado entre otros por Artaud y Vitrac], y, por último, el haber defeccionado, si no más, al producirse los incidentes de la Escuela Normal Superior. Estos incidentes giraron alrededor de una petición contra la preparación militar firmada por ochenta y tres estudiantes, quienes, ante una campaña patrocinada por la prensa, negaron sus firmas. Solamente diez de ellos aceptaron firmar un nuevo escrito de mayor virulencia propuesto por Paul Bénichau, que formaba parte de esta decena, pero se resistieron a que fuese publicado. Aquí se reprochó a Gibert-Lecomte que, estando en contacto con estos estudiantes, no publicase este escrito, devolviéndoselo sin la somera precaución de tomar una copia. Y se perdió con esto una estupenda oportunidad de escándalo. Gilbert-Lecomte alegó el veto de los estudiantes, decididos a no publicar su protesta. ¿Se debió publicar sin consentimiento? Sí, piensan los surrealistas, no, dicen los redactores del Grand Jeu. La cuestión es, en verdad, discutible. Menos defendible es la actitud periodística de Vailland, otro de los redactores del Grand Jeu, que en Paris-Midi, ha hecho la apología de Jean Chiappe, prefecto de policía. El caso se pone en discusión. Vailland parece querer disculparse. A todo esto Ribemont-Dessaignes abandona la reunión, disgustado por el giro que toman los debates. No se irá más allá esa noche. El propósito de la acción colectiva es enterrado antes de nacer. No son sólo los redactores del Grand Jeu los que se niegan a hacer los gastos de un juicio inquisitorial, ni es únicamente Ribemont-Dessaignes que pide que se dejen de sondear los corazones y los riñones, sino que todos los no surrealistas, no queriendo someterse a las exigencias de Breton, prefieren abandonar el campo.[10]

A pesar de esta tentativa de André Breton de fragilizar el grupo, la actividad del Gran Juego perdura con fuerza, incluso después de la ruptura con Roger Vailland (enero de 1930); acontece la aparición del segundo y tercer número de la revista, la organización de exposiciones (galería Bonaparte en 1929) y varias conferencias.

Con intención de apaciguamiento, Louis Aragon emprende varias gestiones junto a Rolland de Renéville. Pero la aparición del Segundo Manifiesto del Surrealismo (1930) de André Breton detiene las tentativas de reconciliación:

Busco a mi alredor alguien con quien intercambiar un signo de inteligencia, si es que ello no resulta absolutamente imposible, y a nadie encuentro. ¿Será en este momento oportuno hacer notar a Daumal quien en el Gran Juego inicia una interesante investigación sobre el diablo, que nada podría impedirnos aprobar gran parte de las declaraciones que firma, solo o en compañía de Lecomte, si no estuviéramos todavía bajo la impresión bastante desastrosa de su debilidad en ciertas circunstancias dadas? Por otra parte, es lamentable que Daumal haya soslayado hasta el momento concretar su posición personal y, en méritos de la parcial responsabilidad que le atañe, también la del Gran Juego con respecto al surrealismo. Es difícil comprender que lo mismo que repentinamente reporta a Rimbaud la concesión de excesivos honores no sirva para la pura y simple deificación de Lautréamont. Sí, estamos de acuerdo. La incesante contemplación de una Evidencia negra, rostro absoluto es aquello a lo que estamos condenados, si así es, ¿qué mezquinas finalidades pueden justificar que uno y otro grupo se enfrenten entre sí? ¿A santo de qué, como no sea en busca de vana distinción, fingir que nunca se ha oído hablar de Lautréamont? "Pero los grandes anti-soles negros pozos de verdad en la trama esencial, en el velo gris del cielo curvo, van y vienen y se aspiran entre sí y los hombres le dan el nombre de Ausencias" (Daumal, “Fuego a discreción”, El Gran Juego, primavera 1929). Quien así habla y ha tenido el valor de confesar que ha dejado de ser dueño de sí mismo, únicamente puede, como no ha de tardar en comprender, renunciar a mantenerse alejado de nosotros.[11]

Luego de este párrafo se inicia el pasaje final de Segundo Manifiesto, con una apología de la magia. Breton no sólo presiona a Daumal, sino que ataca las fuentes literarias del Gran Juego y sus compañeros simultáneamente a lo largo de todo el texto: son agraviados Rimbaud (que era lo mismo que atacar a Reneville); Baudelaire (por rezar a Poe, padre del método policíaco, cosa deleznable; por tanto, ataque a la defensa de Vailland del prefecto de policía); Artaud (con quien el contacto era inmediato por la actividad del grupo en el Teatro Alfred Jarry, fundado por éste); se emite dictamen contra Desnos, Vitrac y Soupault (que habían apoyado al grupo desde su inicio); contra la revista Bifur (donde son publicados artículos y poemas de los miembros del Gran Juego) y contra su director Ribemont-Dessaignes.

René Daumal, intimado a « precisar su posición personal» con respecto al surrealismo, responde con una Carta abierta a André Bretón sobre las relaciones entre el surrealismo y el Gran Juego, publicada en el tercer número del Gran Juego (otoño de 1930):

"Usted se dirige a mí en particular en su "Segundo manifiesto del surrealismo"; debo entonces responderle personalmente. Pero ante todo quisiera recordarle lo siguiente (que los hechos ya deberían haberle enseñado): El Gran Juego es una comunidad de alguna manera iniciática; cada uno de sus miembros, haga lo que haga, lo hace con la voluntad de mantener y reforzar la unidad espiritual del grupo. Cualquiera que intentara, desde afuera, atraer a uno de nosotros con la convicción ingenua de que no está tratando más que con un individuo sólo provocaría nuestra risa. Lo que a usted lo engaña es que sin cesar tiene ante sus ojos al grupo surrealista, y piensa sin duda que el Gran Juego es un grupo del mismo tipo. Está a cien leguas de distancia. Por otra parte, olvida usted con demasiada facilidad que nuestras realizaciones hasta ahora han sido insuficientes; hay que decirlo; además, se le hace a usted muy fácil hacernos un montón de reproches: como el de nunca haber hablado de Lautréamont. La pregunta es entonces: ¿no tiene el Gran Juego (y no tal o cual de sus miembros) razones para preferir estar apartado del surrealismo (y no -restricción que debe parecerle a usted, ¡pero no a nosotros!, más evidente que la primera- de tal o cual de sus miembros)? ¡Y aun cuando pudiera yo elegir! Usted ha reconocido en una frase de uno de mis textos el objetivo idéntico que perseguimos. Queda claro. Ese objetivo idéntico implica, por una parte, a enemigos comunes y los mismos obstáculos que destruir y, por otra parte, búsquedas convergentes o paralelas. Reconozco que son raros los hombres cuyos fines son los nuestros. La cobardía, la tontería, la pereza de espíritu, el contagio del cretinismo, la mala fe, erigen hostilidades cada vez más peligrosas a su alrededor. Deben acercarse cada vez más y hacer un frente. ¿Contribuiría yo a esa cohesión yendo hacia el surrealismo? Sería por lo menos ridículo por su ineficacia, ya que al mismo tiempo que engrosara yo el grupo de ustedes, disminuiría otro tanto el nuestro. Pero además, temo que hoy la actividad surrealista no es más que confusión, engaño y torpeza, tanto en su tarea de lucha como en su obra creadora. ¿Combatir a los enemigos comunes? ¡Vamos! ¡Recordemos esa famosa encuesta sobre las posibilidades de acción común, y recordemos la reunión que le siguió! Lo remito, al respecto, a la respuesta que el Gran Juego le dirigió entonces. Allí afirmábamos nuestro acuerdo con usted sobre los principios de una acción revolucionaria. Y lo seguimos afirmando. Porque, mientras desde todas partes se les ataca por esos principios, para nosotros están fuera de discusión; me parece que usted está menos seguro sobre esto que nosotros, dado que siente la necesidad de extenderse en argumentaciones muy difíciles e inútiles para probar que el marxismo es compatible con el surrealismo; volveré más adelante sobre el deslumbramiento que resulta de esto para usted. Por el momento, permítame poner en la balanza, por un lado, nuestro acuerdo proclamado con ustedes en una actitud que en líneas generales es: el hegelianismo de izquierda unido al marxismo y, por consiguiente, a los principios de la Tercera Internacional; por otra parte, las cinco horas de debates irritantes, alejados de su objetivo original, íntegramente dirigidos, a propósito de preguntas de personas que la naturaleza de nuestro grupo nos obligaba a juzgar por nosotros mismos, contra la unidad del Gran Juego; añado en el mismo platillo la reseña de estas discusiones en Varietés (junio 1929), cuya exactitud ninguno de nosotros reconoce (ya que fue redactada sin verificaciones, sólo por los surrealistas y sobre recuerdos ya demasiado lejanos y necesariamente tendenciosos). Aquella noche habíamos ido con la mejor voluntad y buena fe. Gilbert-Lecomte, que bien podría ser acusado de locura, pero a quien nunca se podrá reprochar no haber hecho todo lo posible, había llevado un plan detallado y práctico de acción común (la fundación de una revista de polémica y de sátira de gran tiraje, echando mano de las cualidades subversivas de cada uno, sobre todo de muchos surrealistas, cuyo valor en ese campo apreciamos; la creación de una revista de doctrina y de investigaciones, por otra parte, organizaciones de encuestas, etc.); ¡desafortunadamente, me tocó ver cómo con rabia hacía pedazos ese plan al salir de allí! ¡Y hoy, acepte usted que no tendría gran cosa que proponernos en el campo de la acción revolucionaria! Y en el orden de las investigaciones positivas, ¿qué ha hecho usted desde la fundación del surrealismo? ¿Qué ha hecho usted, rodeado de cierta cantidad de individuos cuya presencia a su lado siempre nos ha llenado de estupor? Nueve décimas partes de quienes se atribuyen o se han atribuido el título de surrealistas no han hecho más que aplicar una técnica que usted había encontrado; y al hacerlo, no supieron sino crear trivialidades que la hacen inutilizable. ¿Y así iría yo hacia usted para entregarme a sus jueguitos de sociedad, a esas búsquedas irrisorias y estancadas de lo que usted impropiamente llama lo "surreal"? Por los hallazgos graciosos del "Cadáver exquisito", de la escritura automática solo o entre varios, ¡cree que dejaría yo todo el aparato técnico que el Gran Juego trabaja para construir y al que cada uno de nosotros aporta su parte de recursos! Para responder a su ciencia divertida, tenemos el estudio de todos los procedimientos de despersonalización, transposición de conciencia, visión profética, mediumnidad; tenemos el campo ilimitado (en todas las direcciones mentales posibles) de los yogas hindúes, la confrontación sistemática del hecho lírico y el hecho onírico con las enseñanzas de la tradición oculta (pero al diablo lo pintoresco de la magia) y las de la mentalidad llamada primitiva... y eso no es todo. En el plano ideológico, los resultados a los cuales ha llegado usted, ayudado por muy pocos de sus amigos, no me atraen mucho. Tampoco aquí ganaría algo con el cambio. En efecto, era necesario luchar en todos los campos y atacar todas las construcciones defensivas del pensamiento humano medio. Ahora bien, ya no son las épocas de Pico del la Mirándola. Sería necesario entonces que el Espíritu se apoderara no de un hombre sino de un grupo. Esto lo ha sentido usted con la necesidad de una estrecha colaboración y de una cohesión perfecta. Pero el grupo surrealista nunca ha sido ese grupo: eso es lo que lo condena. Sobre usted mismo esta pobreza ideológica tiene su repercusión (por otra parte, cualquier otro en su lugar también la habría sufrido). Así, usted ha sido llevado a hacer declaraciones perfectamente insostenibles. Por ejemplo: "El tiempo de las 'correspondencias' baudelairianas, de las cuales se ha logrado hacer un odioso lugar común como crítica, ha pasado". Es muy penoso darse cuenta de que usted, Bretón, es capaz de una falta de comprensión tan asombrosa, o de tal ignorancia. ¿Hará falta recordarle lo que es el sistema de las correspondencias, tomado por Baudelaire directamente de Swedenborg? ¿Que no tiene nada que ver con lo que usted parece creer, y que es un sistema del pensamiento místico y del espíritu de participación, negando el esquema discursivo del mundo dividido en objetos individuales y el de la causalidad sucesiva? Pero sobre todo quiero hablar del destino que le da a Hegel en su "Segundo manifiesto del surrealismo". Usted distingue entre "idealismo propiamente dicho" e "idealismo absoluto", entre "materialismo primario" y "materialismo dialéctico". Esta doble distinción es absolutamente necesaria y justa y yo siempre la haré. Su afirmación del idealismo absoluto es tan clara como uno desearía: "...la idea de amor tiende a crear un ser,...la idea de Revolución tiende a hacer llegar el día de esa Revolución, sin lo cual esas ideas perderían todo su sentido". ¡Y a pesar de esto usted parece creer en el fracaso de Hegel! Mientras que aún no se ha hecho nada, por así decirlo, sobre la base de su idea rectora: la perfectibilidad de la razón humana y su identificación final con el Espíritu objetivo que, al pensar el mundo, lo crea. No hay nada que cambiarle a la Dialéctica -la de Heráclito, la de Platón, la de Hegel: la misma- para que esté viva a nuestros ojos, para que sea la luz de fatalidad que ilumina las revoluciones. Hay que salvaguardar esta Idea. Tal vez el peligro más grave que hoy la amenaza sea ese "materialismo primario" (supuestos materialistas, hace poco supuestos idealistas, luego fatigados, queriendo de nuevo un sistema muy fácil; apatía espiritual tan cómoda para decirnos: "yo soy verdaderamente un revolucionario, y mucho más ortodoxo que ustedes, señores..."). Ahora bien, usted está lejos, André Breton de haber hecho todo lo que había que hacer contra este nuevo enemigo. Incluso temo que usted permite que ese estado de ánimo "materialista" reine demasiado cerca de usted, a veces. Éste es uno de los puntos más ardientes de nuestra actividad ideológica: y, al respecto, no puedo esperar mucho del surrealismo y sí todo del Gran Juego. Sucede lo mismo en todos los campos de nuestra doctrina, porque cada uno de nosotros aporta sus posibilidades particulares de expresión al servicio integral de un pensamiento único. Así, Rolland de Rénéville trabaja para establecer las coordenadas múltiples de la creación poética (el ensayo que publica en este número es una de las piezas de su obra); Gilbert-Lecomte trabaja en una visión por la epífisis donde construye la arquitectura de fuego del pensamiento místico y del espíritu de participación; con él -¿y cómo podría ahora pensar de manera diferente sino en lo que es nuestra sustancia común?- he emprendido la exposición de una metafísica experimental; y las consecuencias de nuestra carrera hacia lo real (que usted llama pobremente, por lo que presiente de ello, lo surreal) son terribles y concretas, de manera distinta que sus ejercicios dialécticos y seudopíticos. En realidad, bien puedo, por mi lado, dirigir a usted signos de inteligencia: pero ¿deben permanecer sin esperanza de respuesta? Idealmente, pues, y en resumen, si considero su llamado como dirigido al Gran Juego, compruebo que un acuerdo de principio sobre un programa mínimo sería posible entre nosotros, e incluso sería deseable una colaboración; pero, por una parte, la confusión que veo reinar en el surrealismo, la insuficiencia de su programa y, por otra parte, el hecho de que el Gran Juego, aunque posee desde ahora un plan de actividad suficientemente preciso y una ideología completa, aún no ha realizado más que los primeros puntos de su programa: esta doble razón produciría hoy una colaboración entre nosotros por lo menos prematura. Mediante esta simple exposición de mi pensamiento sobre nuestras relaciones, usted mismo puede ver cuan imposible me parece, en el momento presente, ir hacia usted; tomándolo desde un punto de vista suficientemente alto y desinteresado, ni siquiera tendría miedo de decir: venga con nosotros, por el mismo camino, para evitar perderse; si semejante llamado parece de una pretensión extrema, no es sino en lo que se refiere a juicios individuales, de ninguna manera justificables frente al espíritu impersonal. Desafortunadamente, los caminos de las realizaciones terrenales no son los del Espíritu. Es seguro que usted, André Breton, no puede venir hacia nosotros. Pero nuestras situaciones respectivas en el mundo, entre la multitud de nuestros enemigos comunes, no nos permiten ignorarnos mutuamente; observémonos pues los unos a los otros desde ahora, y veremos quiénes, ustedes o nosotros, irán más lejos en la dirección del objetivo que usted a veces ha vislumbrado claramente. Así, cuando usted escribe: "Todo lleva a creer que existe cierto punto del espíritu desde donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo dejan de ser percibidos contradictoriamente", se trata del punto hacia el cual tienden nuestros esfuerzos, ese punto donde, finalmente, les damos una cita, sobre el camino del cual dejamos atrás asesinadas todas las esperanzas posibles que sucesivamente se presentan; y, rechazando a aquellos que, como usted dice, "mantienen alguna preocupación del lugar que ocuparán en el mundo", somos desde luego los buscadores más conscientes entre los dedicados durante toda su vida a esa identidad sin nombre, los más despiadados ante todos aquellos que, por fuerza, por ardid o por sofisma, se oponen a nuestra marcha; mientras que usted, hacia quien antes pudimos voltear la mirada como hacia uno de esos guías cuya función es conducir a los hombres tan lejos como cerca de sí mismos, usted corre el gran peligro de quedar paralizado, presa de las trampas que se ha tendido a sí mismo, y a aquellas que su extraordinario deslumbramiento ha permitido que sus enemigos, disfrazados o no, le tendieran. Tenga cuidado, André Breton, de no figurar más adelante en los manuales de historia literaria, mientras que si nosotros aspiráramos a algún honor, sería el de quedar inscritos para la posteridad en la historia de los cataclismos. Pero después de todas estas reservas, que se refieren sólo a la posibilidad y la oportunidad de una colaboración material próxima, sepa usted, André Breton, que si, a falta de un Acontecimiento exterior muy imperioso para exigir nuestro acercamiento inmediato, es necesario que estemos listos para trabajar juntos, sepa usted que no dejaremos de seguir considerándolo como uno de los raros hombres que caminan, sin traicionar, sobre la única vía por la que nos permitiríamos andar. Por una vez, y queremos declararlo públicamente en voz alta, tiene frente a usted a hombres que, manteniéndose apartados de usted, criticándolo con frecuencia incluso con severidad, no por ello van a vomitar sobre usted sus más bajos insultos. Si bien no podemos emprender nada claro con usted por ahora, si bien tenemos reproches que dirigirle, en ningún caso se refieren a su persona moral: ella nos parece siempre, de cerca o de lejos, tan intacta como antes, y se necesita más que desacuerdos temporales o modificaciones del humor para destruir la estima que hace nacer en nosotros un hombre poseído por la misma Búsqueda a la que, como él, hemos sacrificado todo."[12]

Hace notar en estos últimos párrafos que ningún miembro del Grand Jeu ha colaborado con el panfleto Un cadáver dirigido contra Breton por la iniciativa de Georges Bataille y Robert Desnos. Paralelamente en ese número, Daumal publica Nerval el nictálope, que marca un frente alineado de oposición al surrealismo, defendiendo las antiguas tradiciones esotéricas, vindicando el imaginario simbolista y sobre todo rescatando las experiencias grupales con el sueño de la mano de Robert Meyrat, (las ya referidas en Recuerdo determinante):

He aquí el procedimiento que había encontrado para salir de mi cuerpo (supe después que la ciencia oculta lo conocía desde toda la antigüedad): me acostaba a la noche como todo el mundo, y, distendiendo cuidadosamente todos los músculos, verificando que cada uno se encontrase por completo abandonado a sí mismo, respiraba larga y profundamente, a un ritmo regular, hasta que mi cuerpo no llegaba a ser más que una masa paralizada y extraña. Imaginaba entonces que me levantaba y vestía, pero –y es a causa de este punto esencial por lo que reclamo a quienes quieran imitarme un empeño y un poder de concentración poco habituales– imaginaba cada gesto en sus mínimos detalles, y con tal exactitud, que debía representarme el acto de calzarme una alpargata exactamente en el mismo tiempo que me llevara hacerlo en mi vida corporal. Confieso, por lo demás, que en ocasiones me insumía una semana de vanos esfuerzos lograr simplemente sentarme en el borde de la cama, y que la fatiga provocada por tales ejercicios muchas veces me había obligado a interrumpirlos por largos períodos. Si había tenido el empeño de perseverar llegaba un momento, más o menos fugaz, en que era lanzado. Desde el punto de vista exterior, yo estaba durmiendo. De hecho, erraba sin esfuerzo –e inclusive, con la facilidad desesperante que aquellos que recuerdan haber estado muertos conocen perfectamente–, caminaba, e inmovil me veía al mismo tiempo caminar, por suburbios de la ciudad completamente desconocidos, y Meyrat caminaba junto a mí. Al día siguiente, a plena luz del día, nos encontrábamos con Gilbert-Lecomte y Vaillant, y les contábamos acerca de nuestro paseo.[13]

III. Gurdjieff[editar]

1930-1931. Se consagra al estudio del sánscrito. Una selección de poemas de su libro el Contra-Cielo, que acaba de terminar, aparece en la revista Commerce. Concluye su bachillerato en filosofía. Daumal entra en contacto con una pareja de rusos: Alexandre y Jeanne de Salzmann, quienes lo introducen en la escuela de Gueorgui Ivánovich Gurdjieff.

22 años: encuentro a A. de Salzmann, quien me devuelve la esperanza y una razón para vivir. Veo que el saber oculto que había soñado existe en el mundo y que un día podré, si lo merezco, acceder a él. Comienzo a revisar mis valores y poner orden en mi vida. Me instalo en París con mi mujer, que busca lo mismo, y me ayuda a regular un poco mi existencia. Concluyo mi licenciatura [en filosofía] y comienzo a tratar de ganarme la vida.[14]

Las resistencias del grupo no se hacen esperar. El choque principal será con la conducta de Gilbert-Lecomte, adepto al consumo de drogas. Éste último reprochó a Daumal su compromiso con el maestro espiritual que, según él, lo habría empujado a abandonar soslayadamente las ambiciones del Grand Jeu. Según Pierre Minet el suceso ocurrió como una crisis profunda:

Desde el día en que Daumal encontró a Alexandre de Salzmann y el grupo de Gurdjieff, retiró su confianza a Lecomte, formuló sobre su experiencia un juicio implacable y profetizó su derrota. De pronto, esta marcha dolorosa y aventurada, esta progresión cada vez más penosa, que tenía por único refugio los datos aproximados de la conciencia, esta noche atravesada por relámpagos de visión, le parecieron ilusorios y se entregó todo íntegro con la aplicación y, sobre todo, con la docilidad que lo caracterizaban, a esta enseñanza colectiva en que se trata ante todo de obedecer, de abdicar una personalidad contemplada como superflua o más aún: como obturadora, y si me animo a decirlo, a reconstruirse con ayuda de los materiales de la concentración.[15]

Pero el pesimismo de Pierre Minet; el marxismo de Roger Vailland (que abandona el grupo en enero de 1930); el desprecio por las sectas y los maestros de Renéville, minan los cimientos del grupo. Para éste último la influencia del Cuarto camino sobre Daumal es menos decisiva de lo que se cree: A mí juicio, Daumal, tal como lo conocí en 1929, estaba ya en posesión de todas sus "ideas metafísicas" y conocía el pensamiento del Extremo Oriente en sus líneas fundamentales, como R. G.-Lecomte y como yo mismo. [...] Daumal no pudo encontrar nada nuevo en el plano intelectual. Esta es la razón por la que no creo que las últimas obras de Daumal hubieran podido ser muy diferentes de lo que son, si no hubiera conocido nunca el grupo de Gurdijieff. Creo que Daumal encontró en el grupo de Gurdjieff una vía de "puesta en práctica" de sus convicciones o que, por lo menos, creyó encontrarla.[16] Renéville también relata cómo Daumal frecuentó el grupo de Gurdjieff con un entusiasmo que al principio adoptó casi una forma de intolerancia. Por otra parte, a continuación llegó a relajarse y volvió a encontrar la actitud generosa, inherente a su naturaleza.[17]

En 1932 acontece el "Asunto Aragon". Louis Aragon publica su poema Front rouge [Frente rojo], que es imputado por las autoridades francesas como apología a la violencia y la insurrección militar. André Breton intenta defenderlo basándose en la libertad de expresión, pero Aragon lo refuta, apartándose a la vez del movimiento surrealista, definiéndose como militante marxista. André Rolland de Renéville publica en la Nouvella Revue Française (NRF) un artículo donde condena a Aragon, lo que provoca la propia expulsión del Gran Jeu y la ruptura total con el surrealismo. Ya no queda nada del grupo. Los caminos se disgregan, el cuarto número de la revista no será distribuido.

1932-1933. Daumal es agregado de prensa del bailarín hindú Uday Shankar, de finales de noviembre hasta principios de marzo, durante su viaje a los Estados Unidos. Comienza a escribir el relato La Gran Borrachera, cuya primera versión refleja la crisis del Gran Juego y su experiencia americana. Es obligado a realizar el servicio militar durante 1933: destinado en abril a Nancy, es puesto primero como auxiliar por miopía y luego dado de baja en julio por taquicardia. Vive luego en París, donde sufre una gran miseria.

Se instala en Ginebra hacia 1934 y colabora regularmente con La Nouvelle Reveu Française que publica en mayo El no-dualismo de Spinoza (escrito antes de su viaje a los Estados Unidos). En 1934-1935 escribe la crónica de la Patafísica del mes en la NRF. Nacido cuatro meses y medio después de la muerte de Alfred Jarry, Daumal será un gran admirador de su persona y de sus ideas. Tanto es así que lo hace intervenir en su novela La gran borrachera y será autor de diferentes escritos ‘patafísicos publicados por la revista Bifur y el Collège de `Pataphysique después de su creación en 1948. Constituye por tanto un eslabón entre el autor de Ubu rey y los patafísicos constituidos orgánicamente. Solicitado por Paul Paulhan, declara “no saber más escribir poemas”. Continúa el estudio del sánscrito y comienza a redactar un Tratado de gramática y poética sánscritos, que perfeccionará a lo largo de toda su vida.

1935. Siempre en Ginebra con algunas breves estancias en París. Publica sus primeras traducciones del sánscrito (Naturaleza esencial de la poesía, El origen del teatro Bharata) y colabora con la revista Mesures. Su estudio capital Los límites del lenguaje filosófico aparece en Recherches philosophiques.

Se establece en los alrededores de París en 1936. Trabaja para la Encyclopédie Française. Aparición del Contra-Cielo que había obtenido el premio Jacques Doucet el año anterior, conferido por un jurado integrado de André Gide, Paul Valéry y Jean Giraudoux. Comienza a escribir poemas en prosa (Las últimas palabras del poeta). En invierno después de un catarro y una otitis desapercibida pierde el uso del oído izquierdo: tímpano perforado.

Acaba La Gran Borrachera en 1937, que aparecerá el año siguiente en la NRF. Con tono humorístico, la novela presenta mediante la metáfora de la sed una crítica de los engranajes de la sociedad para un hombre que ha incendiado su ego, y el conflicto está planteado sobre aquello que la vida real podría ser.

1938. Publica en Mesures, Los poderes de la palabra en la poética hindú. Pasa el verano en Villars d’ Aréne.

[editar]

Hacia 1939 se encuentra sin trabajo en París. Proyecta un libro sobre “oscurantismo moderno”. En junio un examen médico revela un estado avanzado de tuberculosis pulmonar. Parte el mes siguiente hacia Pelvoux, en los Alpes, donde escribe el primer capítulo del célebre e inacabado Monte Análogo, demostración del lenguaje analógico y de la escritura en múltiples estratos de comprensión. Inicio de la Segunda Guerra Mundial en septiembre.

1940. Habita en Châtenay. Su salud no mejora y sufre grandes dificultades materiales. En mayo Alemania ocupa Francia; se ve obligado cambiar constantemente de residencia ya que Vera, su mujer, es judía. Pasa el verano en Gavarnie, luego va a Marsella. La revista Fontaine publica su texto La guerra santa.

1941. Habita en Allauch, cerca de Marsella, y pasa el verano en Pelvoux, siempre enfermo. Para solucionar sus problemas materiales traduce del inglés los estudios de Suzuki sobre el Zen. Colabora en el número especial de Cahiers du sud sobre la India, y comienza a traducir ciertos pasajes del Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.), las Upanishads (de mediados del I milenio a. C.) y el Bhagavad-guita (siglo III a. C.).

1942. Sigue viviendo entre Allauch, Pelvoux y Passy. Colabora regularmente con Fontaine donde aparece Poesía negra, poesía blanca, Algunos textos sánscritos sobre la poesía y Memorables.

1943. Todavía en Passy, escribe en abril Recuerdo determinante. En julio se siente mejor y piensa en terminar el Monte análogo. En octubre vuelve a París. El 31 de diciembre de 1943, también en París, muere Roger Gilbert-Lecomte, víctima de tétanos seguramente contagiado por compartir jeringas.

1944. Continúa con el Monte análogo (capítulo IV y principios del capítulo V). A pesar de quedar incompleta, esta obra, publicada en 1952, ha inmortalizado el nombre de Daumal. El cineasta franco-chileno Alejandro Jodorowsky quiso llevarla al cine pero los familiares de Daumal se negaron; sin embargo se nota su determinante influencia en el film de Jodorowsky The Sacred Mountain [La Montaña Sagrada] de 1973, que los críticos consideran su obra máxima. Por su parte, el compositor argentino Javier Giménez Noble compone en 1986 como homenaje a esta novela su Opus N°6: El monte análogo (serie sinfónica según René Daumal). Su trascendencia puede notarse en que apenas nueve años después de su publicación en París, se tradujo al castellano; hoy día existen casi media docena de traducciones y múltiples reediciones en español.

René Daumal muere en París, calle Monticelli, cerca de la porte d’Orleans, el 21 de mayo, a la edad de treinta y seis años.

Referencias[editar]

  1. “René Daumal: Resumen de su vida” en Clavículas de un gran juego poético, trad. y prólogo A. Ferrario y J. Lebedev, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1972, p. 20. Este texto fue preparado por Daumal para su médico y publicado póstumamente.
  2. “Recuerdo determinante” [“Souvenir determinant”] en Les Pouvoirs de la Parole [Los poderes de la Palabra], ensayos y notas II: 1935-1943; París, Gallimard, 1993.
  3. Pauwels, L., Monsieur Gurdjieff, Paris, Editions du Seuil, 1972, p. 678. Hay versión castellana: Gurdjieff, trad. Elena G. de Blanco González, Buenos Aires, Librería Hachette, 1965.
  4. “René Daumal: Resumen de su vida”, pp. 21.
  5. “Entre tanto, actividades literarias (dirijo una pequeña revista [Le Grand Jeu], escribo poemas). Creyendo romper con mis excesos pasados, caigo en una especie de ascetismo inconsecuente. Régimen vegetariano, nada de vino, etc. Pero mi vida sigue siendo bastante irregular, leo y escribo mucho, acabo de pasar mis exámenes (que había abandonado en los años precedentes).” Op cit. pp. 21-22.
  6. En esta revista René Daumal publica sus primeros poemas (Perséphone, Brève révélation sur la mort et le chaos, Le grand jour des morts, Poème à Dieu et à l'Homme, L'arbre à parole, Entrée des larves y Feux à volunté) y los ensayos Libertad sin esperanza (Nº I), Puesta a punto o Casca-Dogma y El surrealismo y el Gran Juego (Nº II); Nerval el Nictálope y Carta abierta a André Bretón (Nº III); los últimos tres textos ya en pleno conflicto con los surrealistas.
  7. En Kim, Rudyard Kipling narra la aventura de un niño indio de ascendencia irlandesa y aspecto cetrino, Kim, quien conoce simultáneamente a un lama budista en plena búsqueda de un río místico, y a un comerciante de caballos. Kim forma parte de lo que Kipling ha dado en llamar "El Gran juego", una serie de misiones en las que se ve implicado el servicio secreto británico y soviético en su lucha por el control de Asia Central y el Cáucaso a fines del siglo XIX: es una analogía del conflicto político-espiritual entre Oriente y Occidente que se perfilaba en Europa hacia la década del ‘30. A su vez, en 1927, luego de dos años de negociaciones y conflictos ideológico-políticos con los miembros de la revista Clarité, de ortodoxia y militancia marxista, los principales miembros del movimiento surrealista (Breton, Aragón, Eluard y Unik) adhieren al partido comunista, iniciando la publicación de la revista Aux Grand Jour. Literalmente: en el gran día; es una expresión corriente francesa que significa a plena luz del día o en pleno día. El parecido fónico entre ambas expresiones es evidente en el idioma original: Le Grand Jeu = Aux Grand Jour.
  8. Nadeau, M. (2008), Historia del surrealismo, Buenos Aires, Terramar Ediciones, pp. 89-90.
  9. 21 años: muy fatigado por esta vida. Desmineralización. Comienzo a perder los dientes. Dolores de cabeza violentos y anemia. Dudo entre la esperanza y la filosofía. “René Daumal: Resumen de su vida”, pp. 22.
  10. Nadeau, Historia del surrealismo, p. 99.
  11. “Segundo Manifiesto del Surrealismo”, en Manifiestos del Surrealismo, trad. A. Bosch, Buenos Aires, Terramar Ediciones, 2006, pp.
  12. Título original: "Lettre ouverte á André Bretón sur les rapports du Surréalisme et du Grand Jeu", Le Grand Jeu III, otoño 1930, pp. 76-83; reimpresa en L'Évídence absurde. Essais et Notes, I (1926-1934), París, NRF, Gallimard, pp. 153-159. Tradución: Mónica Mansour. Publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, México, Nueva Época, Número 355, julio del 2000.
  13. “Nerval le nyctalope”, en Chaque fois que l'aube paraît, Gallimard, París, 1953, p. 60. Traducción: Juan Carlos Otaño.
  14. “René Daumal: Resumen de su vida”, pp. 22.
  15. Monsieur Gurdjieff, p.683
  16. Op. cit. p. 684-685.
  17. Op. cit. p. 685.

Bibliografía[editar]

Obras editadas en Ediciones Gallimard[editar]

  • Le Grande Beuverie [La Gran Borrachera]. 1938; versión definitiva en 1986. 
  • Le Mont analogue [El Monte análogo]. 1952; versión definitiva en 1981. 
  • Chaque fois que l'aube paraît [Cada vez que el alba aparece], ensayos y notas. 1953. 
  • Poésie noire, poésie blanche [Poesía negra, poesía blanca]: poemas 1924-1944. 1954. 
  • Lettres à ses amis [Cartas a sus amigos]: 1916-1932. 1954. 
  • Bharata: L'Origine du théâtre- La Poesía et la musique en Inde [Bharata: El Origen del teatro- La Poesía y la música en India]. 1970. 
  • Le Contre-Ciel [El Contra-Cielo], 1936; seguido de Les dernières paroles du poète [Las últimas palabras del poeta]. 1970; versión definitiva en 1990. 
  • L'Évidence absurde [La Evidencia absurda], ensayos y notas I: 1926-1934. 1972. 
  • Les Pouvoirs de la Parole [Los poderes de la Palabra], ensayos y notas II: 1935-1943. 1972. 
  • Correspondance [Correspondencia] I: 1915-1928. 1992. 
  • Correspondance [Correspondencia], II: 1929-1932. 1993. 
  • Correspondance [Correspondencia] III: 1933-1944. 1996. 

Obras publicadas en otras editoriales[editar]

  • Tu t'es toujours trompé [Estás siempre engañado]. Mercure de France. 1970. 
  • René Daumal ou le retour à soi [René Daumal o el retorno a sí], textos inéditos y estudio. edición de Jean-Michel Agasse, L'Originel. 1981. 
  • La langue sanskrite [La lengua sanscrita], gramática- poesía- teatro. Ganesha. 1985. 
  • Mougle. Fata Morgana. 1978. 
  • Fragments inédits (1932-33). Première étape vers la Grande beuverie. Éditions Éoliennes. 1996. 
  • Chroniques cinématographiques (Aujourd'hui 1934). Au Signe de la Licorne. 2004. 
  • Les poètes du Grand Jeu [Los poetas del Gran Juego], presentación y selección de Zéno Bianu. NRF. 2003. 

Obras publicadas en castellano[editar]

  • Obra poética completa. Trad., notas, biografía y estudio posliminar J. Dardón y A. Bollini, Córdoba - Argentina, Alción Editora. 2012. 
  • Clavículas de un gran juego poético, seguido de Poesía negra y poesía blanca. Trad. y prólogo A. Ferrario y J. Lebedev, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora. 1972. 
  • El Contra-Cielo. Trad. Mónica Mansour, México, Aldus. 2000. 
  • El monte análogo. Trad. A. Renard, Buenos Aires, Ediciones Mundonuevo. 1961. 
  • El monte análogo. Trad. A. Laurent, Barcelona, Ediciones Abraxas. 2001. 
  • El monte análogo. Trad. M. T. Gallego, Girona, Atalanta. 2006. 
  • El Monte análogo. Novela de aventuras alpinas no euclidianas y simbólicamente verdaderas. Trad. W. Romero, Buenos Aires, Augural. Edición independiente. 2005. 
  • "Carta abierta a André Bretón sobre las relaciones del Surrealismo y el Gran Juego" en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, N° 355. Trad. M. Mansour, México, Nueva Época. julio del 2000. 
  • “La desilusión”; “El gran día de los muertos”; “La revolución en verano”; “El abandono”; “Hechos memorables” en Antología de la poesía surrealista. Trad. y selección A. Pellegrini, Bs As, Compañía General Fabril Editora. 1961. 
  • “La piel del fantasma”; “El errabundo”, en La traducción literaria. Antología del poema traducido. Trad. de L. Z. D. Galtier, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas. 1965. 
  • “Libertad sin esperanza” en Revista Universitaria de Mexico, N° 44. Trad. J. Lebedev. Octubre de 2007. 
  • “Los surrealistas y El Gran Juego”, “Poesía negra y poesía blanca”, “Qué muestra el autor bajo una luz más secreta”, “Nerval el nictálope”, “Reverso de la cabeza”, “Sobre el «alma primitiva»”, “Pataphysica de los fantasmas”. trad. Juan Carlos Otaño, versiones digitales. 
  • “La ‘patafísica y la revelación de la risa”, “Patafísica de los fantasmas”, “La vida de los basilios” en Cippolini, R. (comp.), Patafísica: epítomes, recetas, instrumentos y lecciones de aparato, AAVV. Trad. M. Martínez, Buenos Aires, Caja Negra. 2009. 

Enlaces externos[editar]