Religión en la Roma antigua
La religión romana originaria rendía culto a seres sobrenaturales de carácter indefinido llamados numina como Flora, Fauno, etc. Los de la vivienda familiar eran los Forculus (que guardaban las puertas), Los Limentinus (que guardaban los umbrales), Cardea (de los goznes), etc.
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El culto doméstico [editar]
Era obligado rendir culto a los dioses de la casa (lares, manes y penates), en forma de fuego del hogar, mientras no se extinguiera la familia. Su sacerdote era el Pater familias, y se celebraba en el lararium. Había dioses específicos para la vida cotidiana:
- Nundina, dioses o genios protectores del nacimiento y desarrollo del hombre
- Educa y Pontina, dioses del comer.
- Cunina o Cunaria, diosa que guardaba los niños en la cuna y a la cual ofrecían libaciones de leche las matronas romanas.
- Ossipago, dios que robustece los huesos.
- Abeona, diosa que enseñaban a andar.
- Fabulinus, Farinus y Locutius, dioses que enseñaban a hablar.
- Iterduca[1] , diosa que llevaba al niño a la escuela y lo protegía en el camino.
- Domiduca, diosa que lo devolvía al hogar desde la escuela y lo protegía en el camino.
El campesino invocaba al dios del barbecho, de la labor, de los surcos, sementeras, al de segar, trillar. Entre los dioses agrícolas están Rucina, Messia, Tutulina, Terensis, Apulino, Tellumo vervactor, Tellumo occator, Tellumo Messor, etc.
Los ganaderos tenían sus divinidades propias:
- Bubona, que velaba por los rebaños de bueyes
- Epona, que velaba por las yeguadas
- Pales, que velaba por los rebaños de carneros
- Flora y Silvanus, dioses tutelares pastores
- Pomona, diosas tutelares de jardineros y hortelanos
También se rendía culto a las almas de los muertos o manes. Los romanos creían que las almas de los muertos bajaban como sombras donde estaba el cuerpo del difunto, y después volvían al fondo de los abismos, sin comunicación con el mundo de los vivos. La religión romana dictaba para los difuntos la necesidad de incineración.[2]
Existían además dioses considerados negativos:
- Vejovis, diosa de la impotencia
- Laverna, diosa de los ladrones y carteristas
- Dioses del aire pestilente
- Dioses de la fiebre, enfermedades y demás
- Lémures o fantasmas que despertaban gran temor al pueblo
El culto público [editar]
Los pontífices se encargaban del culto público dirigidos por el Pontifex Maximus. Literalmente los constructores de puentes, formaban el calendario, los días de fiesta, los días propicios, las solemnidades, los días de culto y los destinados la justicia, y concedían la palabra en reuniones y otros actos. Con el tiempo los pontífices fueron los guardianes supremos del culto y sus anexos. El Colegio de los Pontífices era elegido entre personajes respetados por todos.
También había sacerdotes sometidos a duras reglas y que estaban consagrados a un dios (Flamen). Así al dios Marte le correspondía el Flamen Martialis, a Quirino el Flamen Quirinalis y a Júpiter el Flamen Dialis.
A los dioses se les dedicaron santuarios (Aedicula) y Templos (Templum), y en algunos de ellos se encontraba la estatua del dios correspondiente. Para su mantenimiento los diversos templos disponían de tierras propias, y contaban además con los ingresos procedentes de los depósitos judiciales.
Numerosas congregaciones y hermandades tomaban parte en las fiestas romanas, como los Frates Arvales, encargados de pedir en el mes de Mayo los favores de la diosa de la fecundidad Bona Dea o Ceres, los sacerdotes encargados de la vigilancia de los fuegos sagrados de cada curia (Flamines curialis), los sacerdotes de la tribu de los Ticios, los jóvenes que bailaban y cantaban la danza de las armas eran los Salii (saltadores o Salios). Para adorar a Quirino también estaba un grupo de jóvenes danzantes (Salii Colini)...
Los augures adivinaban el futuro en las entrañas de animales, el vuelo de las aves y otros signos considerados como signos enviados por los dioses (lo que les permitía retrasar ciertos actos si declaraban que los auspicios no eran favorables, y hasta podían lograr la anulación de votaciones, lo que les hacía muy influyentes), inspirados en las artes etruscas.
Otra institución vinculada a la religión era la de los Feciales o Mensajeros del Estado, que perpetuaban por tradición oral los tratados concertados con otras ciudades, emitían dictámenes sobre violaciones y sobre derechos relativos a los tratados.
El culto imperial [editar]
El fundador de Roma, Rómulo, fue divinizado después de su muerte. (Ver Quirino). Fue el dios principal junto con Júpiter y Marte. Más tarde les sustituyó la Tríada Capitolina: Júpiter, Juno y Minerva.
Festividades [editar]
Se celebraban diversas festividades:
- La fiesta del lobo (Lupercalia) en honor al dios de los socorros Faunus, y en que los danzantes eran los Lupercos;
- La fiesta de Hércules, con las cofradías de los Poticianos y los Pinazianos;
- La de Júpiter Capitolino.
- Las fiestas en honor de Roma estaban presididas por seis vírgenes llamadas Vestales.
- La fiesta de Marte se celebraba del 1 al 23 de marzo;
- La fiesta de la diosa Tellus (diosa de los campos sembrados) era el 15 de abril y se llamaba Fordicida.
- El 19 de abril eran las fiestas de Ceres (Cerialia)
- El 21 de abril era la fiesta de la Parilia, dedicada al dios de los rebaños Pales.
Otras fiestas eran las Vinalia (23 de abril), Las Robigalia (25 de abril), las Saturnalia (17 de diciembre), la Lemuralia (en el mes de mayo), las Compitalia y otras. La principal fiesta romana eran los Juegos (Ludi Romani o Ludi maximi o Ludi Magni), costumbre importada de Etruria.
Helenización de la religión romana [editar]
Los romanos bautizaron a los dioses griegos con nombres que imponía el Imperio romano. Así, Afrodita era Venus, Apolo era Febo, Ares era Marte o Poseidón era Neptuno.
Genealogía de los dioses en la mitología romana [editar]
Así la genealogía comenzó con el Caos, desorden del que nacieron 2 hijos, la Noche y Erebo (muerte). De estos dos nació Amor que creó la Luz y el Día. Después la Tierra y el Cielo, Tellus/Gea y Urano. Tras un extenso árbol genealógico, se llega a Júpiter, que era el Dios Supremo, padre espiritual de los dioses y hombres.
Su mujer, Juno, era la reina de los cielos y guardiana del matrimonio. Otros dioses asociados con los cielos son Vulcano, dios del fuego y los herreros, Minerva, diosa de la sabiduría y de la guerra, y Febo, dios de la luz, la poesía y la música. Vesta, diosa del hogar, y Mercurio, mensajero de los dioses y soberano de la ciencia y la invención, eran encargados de reunir al resto de los dioses del firmamento.
Atlas, uno de los doce titanes, fue condenado a soportar sobre sus hombros el peso de la Tierra por toda la eternidad como castigo por haber participado en la lucha de los gigantes contra Júpiter.
Saturno era otro de los Titanes. Devoraba a sus hijos según iban naciendo, sólo escapó Júpiter con la ayuda de su madre Rea.Le habían predicho que sería destronado por sus hijos, como así fue.
De la unión de Urano y la Rea nacieron los 12 titanes, de los cuales dos, Saturno y Cibeles, engendraron a la primera generación de dioses, a saber: Júpiter, el todopoderoso dios del cielo; Juno, su esposa, diosa del cielo y del matrimonio; Neptuno, que reina sobre el mar; y Plutón, señor del reino de los muertos. Además, la virilidad de Saturno tuvo una polución sobre el mar y de ella nació Venus, la diosa del amor y la belleza. A estos dioses sumaban los de la segunda generación, nacidos unos de la unión de Júpiter y Juno y otros de las múltiples aventuras en las que el fogoso Júpiter se complacía: Marte, dios de la guerra; Vulcano, dios del fuego; Minerva; la inteligencia; Apolo, el sol y las artes: Diana, la luna, la castidad; y Tellus, personificaba la madre tierra, hija de Caos.
Cultos orientales [editar]
Durante el imperio ganaron popularidad varios cultos de origen oriental.
Ejemplo:
- El culto de Cibeles originario de Frigia, en Asia Menor (actual Turquía).
- Los cultos de Isis y Osiris, procedentes de Egipto. (Entre ellos está Ra).
El cristianismo [editar]
En la época final del imperio romano, el cristianismo se convirtió en la principal religión ya que el emperador Constantino se convirtió al cristianismo.
Inicialmente propio de clases humildes y opuesto al culto imperial fue perseguido.
Acabó siendo permitido con la promulgación del edicto de Milán por Constantino después de que éste ganara la batalla del puente Milvio con el símbolo de la cruz.
Finalmente, con el edicto de Tesalónica se convirtió en la religión oficial, prosiguiendo a ello la prohibición de todos los demás cultos y la persecución y ejecución de los disidentes de la nueva religión estatal.
Referencias [editar]
- ↑ Aug. Civ. Dei, 7, 3; Mart. Cap. 2, § 149.
- ↑ COULANGES, Fustel de. La ciudad antigua. EDAF, Madrid, 1982.