Relaciones entre los indígenas americanos y los conquistadores europeos

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Conquistadores españoles[editar]

Viajes de Colón[editar]

Colón y sus hombres tenían como meta principal alcanzar al "Gran Kan" (Asia). Así, mientras intentaban entrar en contacto con el "Rey de la tierra" variaba su trato a los indígenas según les consideraran más o menos importante para dicho objetivo. En su primer contacto, y al verificar su aparente falta de señor y el nivel cultural de los antillanos, siguiendo los mismos principios que por ejemplo en las islas Canarias y el resto de los reinos, se les consideró, según el profesor Luis Ramos Gómez, de la Universidad Complutense de Madrid, siervos naturales a los que era factible adscribir a Castilla.[1] Como puede comprobarse en múltiples capítulos de la historia, era técnica habitual en esos tiempos la incorporación pacífica de los nuevos territorios si aceptaban la soberanía de los Reyes y el Cristianismo, o la conquista armada en caso de rechazar cualquiera de esos términos.

Si, como vemos, hay diversas fases en la relación que Colón mantuvo con los indígenas, sin embargo todas ellas tienen en común el hecho de que el Almirante siempre consideró a los antillanos como a inferiores, autoridades sociopolíticas incluidas, y si les trató de una u otra forma fue por las circunstancias del momento, es decir, por conveniencia, no por las características de aquellos a cuyos territorios habían llegado.

La impresión de Colón sobre la superioridad armamentística y cultural de los nuevos llegados queda patente en las descripciones que realizaba de los indígenas taínos al buscar un lugar donde establecer una fortaleza para sus monarcas. Así, por ejemplo, dos días después de haber llegado a América, Colón escribió en su diario:

Domingo 14 de octubre:[...]vide un pedaço de tierra[...]el cual se pudiera atajar en dos días por isla, aunque yo no veo ser necesario, porque esta gente es muy símplice en armas, como verán vuestras altezas de siete que yo hize tomar para les llevar y deprender nuestra fabla y bolvellos. Salvo que vuestras altezas, cuando mandaren, puédenlos todos llevar a Castilla o tenellos en la misma isla captivos, porque con cincuenta hombres los ternán todos sojuzgados y los harán hazer todo lo que quisieren.

En el primer viaje Colón dejó un grupo de españoles instalados en la isla La Española (actualmente República Dominicana y Haití), en un fuerte ubicado en la costa norte y denominado Navidad.[2] A su regreso, con el objetivo de establecerse sólidamente en las Indias y ampliar el descubrimiento para alcanzar los territorios de Catay' encontró a todos los españoles (unos 40 hombres) muertos y la colonia incendiada.[2] Al buscar explicaciones convincentes le fue imposible encontrarlas y, a partir de este momento, sus relaciones con los indígenas fueron empeorando, llegando a amenazarles con hacerlos esclavos si no le entregaban grandes cantidades de oro y especias.[2]

En las Antillas, Colón tomó contacto con la cultura taína que se extendía por las islas del Caribe estimándose en 250.000 miembros al momento de la llegada de los españoles. En sus diarios, Colón presenta inicialmente a los taínos como una cultura socialmente indiferenciada, sin ninguna estructura socio-política. El 2 de noviembre de 1492 estableció el primer contacto con una alta autoridad taína, a la que prácticamente no le concede ninguna importancia en su diario. No fue hasta 6 de noviembre que Colón se percató de que los taínos constituían una sociedad estructurada, cuando Colón volvió a tener un segundo contacto con un señor taíno que fue a visitarlo a su campamento. Colón y su expedición seguía obsesionada con el Gran Kan y, comprobando que los caciques locales nada sabían de él, consideró que la estructura social taína no le era de ninguna utilidad, llegando a planear el secuestro de un cacique que había acudido a su campamento, algo que finalmente no realizó por miedo a una reacción violenta de los pobladores.[1]

Ramos Gómez concluye:[1]

De lo sucedido se desprende que no es cierto que en Río de Mares Colón descubra que los antillanos tienen una estructura sociopolítica compleja, ya que lo sabia desde muchos días antes, no dándola importancia, porque no le era útil para sus planes, que aún seguían centrados en alcanzar «las grandes ciudades del Gran Can, que se descubrirán sin duda, y otras muchas de otros señores que habrán en dicha servir a Vuestras Altezas» [...] Y frente a estos objetivos ¿Qué podía representar ese cacique con su nitaino y su hijo? ¿qué importancia tenía él, su espacio o sus súbditos? Indudablemente, ninguna, por lo que actuó con respecto a ellos como había hecho desde el primer día en San Salvador: despreciando su figura y su significado político.

En el primer viaje de Colón se capturaron indígenas para ser mostrados ante sus monarcas de Castilla y en ocasiones existieron capítulos de violencia sexual contra mujeres indígenas. En este sentido Michel de Cúneo, uno de los hombres de Colón, cuenta cómo capturó a una mujer, cuya "propiedad" le fue confirmada por el Almirante, y con la que mantuvo relaciones sexuales forzadas.[3]

Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de putas.

El 12 de diciembre, cerca del final de su primer viaje, Colón cuenta en su Diario como al llegar a "Caritaba", tras comprobar el miedo inicial de los indígenas hacia ellos, según él debido al miedo a los de caniba, atraparon a una mujer «muy moça y fermosa» para hacer perder el miedo al resto de indígenas, llevándola a la nao para vestirla y darle cuentas y cascabeles y sortijas de latón, volviéndola después a enviar a tierra muy honradamente según su costumbre.[4] Enviada con otros hombres de la nao y 3 "indios" que llevaba consigo fue llevada de nuevo a la nao ya que:

«Los marineros... dixieron al Almirante que (la mujer) ya no quisiera salir de la nao sino quedarse con las otras mugeres indias que avía hecho tomar en el puerto de Mares de la isla Juana de Cuba».

Colón volvió a enviarla al día siguiente, deseando que los indígenas tomasen gana de servir a los reyes y confiado en que las nuevas que la india avría dado de los cristianos ser buena gente. Sabiendo que había oro en tierra por un pedacito que la india llevaba en la nariz envió a nueve hombres bien armados con la india para averiguarlo. Al entrar en la población de la mujer encontraron que sus más de dos mil habitantes habían huido al verlos, pero el indio que llevaban como traductor consiguió convencerles de que no eran de caniba y de que volvieran, tras lo cual les trataron casi reverencialmente, dándoles después de comer y dejándoles entrar en sus casas. Vieron en esas que el marido de la mujer llegaba hasta los cristianos, portando la multitud a la mujer cavallera, para darles las gracias por la honra que el almirante le había hecho.

Cuneo, miembro también de la segunda expedición, dejó uno de los pocos relatos que describen detalladamente la forma en que se desarrollaba la trata esclavos en sus comienzos; relato que no permite hacerse ilusiones sobre la manera en que se percibía a los indios. "Cuando nuestras carabelas [...] tuvieron que partir a España, reunimos mil seiscientos hombres y mujeres de esos indios, y el 17 de febrero de 1495 embarcamos quinientos cincuenta de los mejores hombres y mujeres en nuestras carabelas. Para los demás, hicimos pregonar que quien quisiera podría tomar cuantos necesitase; y así fue. Cuando todos hubieron tomado lo que querían, todavía quedaban unos cuatrocientos, a quienes dimos permiso de ir donde quisieran. Había entre ellos muchas mujeres con niños de pecho; temiendo que volviesen por ellas y como querían huir de nosotros, dejaban a los niños dondequiera en el suelo y huían como personas desesperadas; algunas fueron tan lejos que a los seis o siete días estaban más allá de las montañas y allende inmensos ríos, de tal manera que a partir de ahora sólo podremos cautivarlos con grandes trabajos." Así es el comienzo de la operación; veamos ahora su desenlace: "Pero cuando llegamos a aguas españolas, murieron unos doscientos de esos indios, creo yo que por el aire desusado, más frío que el de ellos. Los echamos al mar [...] Hicimos desembarcar a todos los esclavos, de los cuales la mitad estaban enfermos."[5]

Referencias[editar]

  1. a b c RAMOS GÓMEZ, Luis J., «Cristóbal Colón y la estructura sociopolítica indígena antillana durante el “Primer Viaje”: del silenciamiento al pacto», Revista Española de Antropología Americana, pg. 241. Edit. Universidad Complutense de Madrid, 1991)
  2. a b c Biografía de Cristóbal Colón
  3. Cólón, Cristóbal, Michel de Cúneo y otros (1982). Cronistas de Indias: antología, Buenos Aires. "Ediciones del Pensamiento Nacional" ISBN 950-581-020-2}}
  4. Diarios de Colón, Primer Viaje, pag. 448-449, Biblioteca Virtual Cervantes
  5. Todorov. T.(1987). La Conquista de America, el problema del otro.

Véase también[editar]