Reino de Quito

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Mapa hipotético del reino de Quito.

Reino de Quito es la denominación que se le da en idioma español a un supuesto gobierno andino preincaico cabecera de diversas tribus que ocupaban los actuales territorios de Tungurahua, Chimborazo y Pichincha. Su hipotética capital, llamada Quitu, es la actual ciudad de Quito (capital de la República de Ecuador).

La ciudad tenía una posición estratégica para controlar esa región de la cordillera de los Andes. El valle donde está situada Quito estuvo poblado desde el 900 a. C. La ciudad, según una versión popular difundida, fue refundada por los quitus luego de arrebatarla a las tribus que tenían la jurisdicción de la región. Más tarde habría sido refundada por los caras, que dejaron intacto el nombre de Quitu. La mezcla de razas de los quitus y los caras tendrían el poder hasta la invasión de los incas, que provenían de las estepas del sur de los Andes. Los quitus-caras no tenían ejército. El «reino» de Quitu fue absorbido por el Imperio inca quienes se asentaron alrededor de 40 años.[1] [2]

La existencia del «reino» de Quito con capital en la misma ciudad ha sido cuestionada por la historiografía de Ecuador ya desde el siglo XIX. En la cultura popular ecuatoriana, el sistema educativo primario y secundario difundió la historia del Reino de Quito como cierta durante todo el siglo XX a pesar que se conocía que había sido puesto en duda un siglo antes. El "Reino de Quito" es parte de la mitología ecuatoriana, y el tema influye o influyó en la construcción del nacionalismo ecuatoriano luego de la creación de la República del Ecuador para tener un asidero desde donde crear una identidad nacional diferente de la de España y Colombia, países de los que Ecuador se había separado, Perú, país con el que Ecuador tuvo prolongados conflictos territoriales a los que se quería identificar con orígenes prehispánicos, y asimilar el independentismo de Guayaquil previamente anexionada y que mantiene una identidad aparte a la que el discurso oficial educativo ecuatoriano califica de «regionalismo» con énfasis negativo.

Versión popularizada por el sistema educativo ecuatoriano[editar]

La existencia del "Reino de Quito" fue recopilada por varios cronistas e historiadores no solo ecuatorianos sino también de fuera del país. El sacerdote jesuita Juan de Velasco recogió varias crónicas las cuales se cree pudo haber sido una confederación militar con fines defensivos contra los conquistadores incas.[3] Velasco explica que el Reino de Quito lo habrían formado los pueblos precolombinos shyris (quitu-caras), caranquis y puruháes, que se unieron para enfrentar a los incas cuando llegaron a la región de Quito. Estos argumentos se basan en la recopilación de ciertas historias indígenas que recogió en su obra El reino de Quito, escrita en 1767 y publicada en 1846.

La parte de la obra escrita por el padre Juan de Velasco que tiene más crítica es la parte preincaica. Los estudios de campo en arqueología, antropología y lingüística, han cuestionado la existencia de tipo que respalde una unificación cultural en un Reino o Estado de la Sierra centro-norte del Ecuador, más bien los estudios dieron como resultado la existencia de una enorme diversidad de cultura.

La versión popularizada por el sistema educativo ecuatoriano es la siguiente: la ciudad de Quitu fue refundada por los caras quienes, luego de desembarcar en las costas de Manabí, conducidos por Carán subieron hacia la cordillera y dominaron a los quitus. Se asentaron en la región y establecieron su poblado principal en donde hoy se levanta la ciudad de Quito. Los habitantes originales, llamados quitus, eran atrasados y débiles, y formaban un reino pequeño y mal organizado, por lo que no pudieron oponer una resistencia vigorosa a los invasores, y fueron fácilmente vencidos y subyugados por ellos.[4]

La extensión territorial se limitaba a Quito y sus alrededores, un cuadro de 50 leguas de oriente a poniente y de norte a sur entre las dos Cordilleras de los Andes. Luego de la conquista caranqui, las razas se mezclaron, que fueron conocidos como quitus-caras o como shyris.[5]

Controversia[editar]

A favor[editar]

La investigación arqueológica realizada en el Ecuador ha demostrado la existencia de pueblos altamente organizados en el territorio que según Velasco era parte del Reino de Quito. Se ha demostrado también la existencia de decenas de concentraciones de montículos artificiales o tolas en muchos sitios del territorio ecuatoriano, incluso en períodos que van más allá del tiempo estimado por Velasco.

Tal es el caso de los montículos de Real Alto (Formativo), La Tolita (Desarrollo Regional), Milagro (Integración), y de los numerosos grupos de tolas que se encuentran en la ruta que supuestamente siguieron los Caras en dirección a los valles andinos, es decir, el noroccidente de Pichincha, literalmente poblado de montículos y plataformas rectangulares de tierra. Igualmente, los sitios con tolas y pirámides truncadas en la Sierra norte son abundantes, siendo muy conocidos los conjuntos de Cochasquí, Socapampa, Gualimán, El Chota, Zuleta, Pinsaquí, Puntiachil, etc.

Otro componente homogéneo de los constructores de tolas en la sierra, constituye la tradición alfarera asociada a esta época, compuesta por una variedad de recipientes utilitarios y ceremoniales, que Jijón y Caamaño denominó cerámica imbabureña.

Estas evidencias demuestran que, Quitus y Caras o Caranquis tuvieron como característica el empleo de una arquitectura sencilla, a partir del uso de la tierra y la cangagua, materiales con los que construyeron obras de uso habitacional, funerario, ceremonial y agrícola. Velasco fue el primero en dar estos indicios que han sido comprobados por la arqueología y constituyen un rasgo característico del pasado aborigen del actual Ecuador.

El otro punto de discusión, la migración marinera, también ha sido motivo de interés de la arqueología moderna. Es un tema que aún se halla en investigación, no obstante lo cual existen pronunciamientos contundentes como para aceptar los contactos, si no transpacíficos, al menos en el perfil costanero de América. Así lo admite la antropóloga norteamericana Betty Meggers, quien luego de analizar materiales arqueológicos del Ecuador y compararlos con otros del área mesoaméricana afirma que las condiciones estilísticas en la cerámica y otros elementos comunes en las dos áreas son producto de contactos que debieron durar largo tiempo (6).

Este criterio también fue parte del pensamiento del antropólogo alemán Max Uhle en 1924, a propósito del origen mesoamericano de las culturas de los Andes.

En los últimos años, el tema de los desplazamientos a través del litoral Pacífico es un hecho comprobado. El caso más conocido es el intercambio de la concha spondylus, que según estudios recientes (7), llegó a puntos tan lejanos como el norte de Chile y las costas de Méjico.

Una prueba de la existencia de estas rutas de intercambio es la tumba del Señor de Sipán, curaca del norte del Perú, que fue enterrado con un importante ajuar funerario conformado de metales preciosos y por concha spondylus procedente de las costas ecuatoriales. Si estas evidencias no demuestran contactos entre pueblos de la costa pacífica de América, entonces que demuestran?.

Velasco recogió estas tradiciones y las interpretó a su manera, pero en el fondo lo que revelan son los viajes que realizaban los pueblos indígenas en etapas muy antiguas, mucho antes de la llegada de los incas y de los españoles.

De lo anteriormente expuesto, se puede aceptar que el denominado Reino de Quito corresponde a los señoríos étnicos o cacicazgos que poblaron el antiguo Ecuador, a partir del año 800 dC (8). Estas unidades territoriales particularizan su pertenencia a un mismo modelo de organización, cuando comprobamos que en un amplio espacio de la Sierra norte se encuentran centenares de obras trabajadas en tierra y cangagua, que constituyen la prueba más evidente del nivel de desarrollo que alcanzó esta sociedad cacical.

Las grandes plataformas ceremoniales como las de Cochasquí o Puntiachil, no fueron construcciones llevadas a cabo por iniciativas individuales o familiares, sino más bien por la aplicación de un sistema de gobierno, que tenía sus centros de poder en los agrupamientos de montículos artificiales.

Para mantener a una población dedicada a levantar estas construcciones se requería de óptimos sistemas agrícolas, que permitieran producir no solo para los campesinos o para la clase dirigente, sino también para la numerosa mano de obra ocupada en materializar una tradición arquitectónica con fines ceremoniales y políticos. Esta finalidad la lograron, con la aplicación de sistemas de cultivo intensivos, como fueron el uso de terrazas agrícolas, sembradíos en plataformas elevadas o camellones y aprovechamiento del agua por medio de albarradas y canales.

Por supuesto que a estos conocimientos no llegó Juan de Velasco, pero al menos intentó reconstruir una historia recopilando sucesos de diferentes épocas, que a la postre sirvieron como cimiento de legitimidad a la hora de fundar la república en el siglo XIX.

Con toda seguridad que en el futuro aparecerán nuevas voces que intenten eliminar de la historiografía nacional a la obra de Juan de Velasco. Personalmente considero que en esas circunstancias, será importante no hacer coro y más bien advertir que si se trata de evaluar al historiador riobambeño, habrá que tomar con objetividad aquello que tenga respaldo histórico y arqueológico. Lo demás, sin duda hay que descartarlo como conocimiento histórico y dejarlo como lo que es, "conjeturas sin fundamento".[6] [7] [8] [9] [10] [11] [12] [13]

En contra[editar]

Historiadores como arqueólogos han desmentido la existencia de algún Estado antiguo.[14] [15]

La afirmación de que existió el Reino de Quito fue puesta en duda por el Arzobispo ecuatoriano Federico González Suárez,[16] el cual prefirió considerarlo como un grupo de señoríos étnicos, esta propuesta fue respaldada por Jacinto Jijón y Caamaño,[17] quien a principios del siglo XX (apoyado en los primeros estudios arqueológicos) concluyó en algo similar. Lo que hoy en día se acepta es una confederación entre las culturas de los Caranquis, Quitus, Yumbos y Puruhaes, para repeler la conquista Inca.[3] Estudios recientes en complejos arqueológicos como Tulipe, La Florida, Rumipamba, Rumicucho y Cochasquí, demuestran que las culturas Yumbo, Quitu y Caranqui tuvieron un fuerte comercio entre sí, sin embargo dejan muy claro la delimitación de los territorios abarcados por cada una de estas culturas, lo cual prueba que no tuvieron una unidad política ni cultural.[18] Por todo esto queda muy claro que no hay la posibilidad de que haya podido existir alguna clase de estado o reino con sede en Quito.[3]

También las pruebas arqueológicas han descartado la existencia de tal Estado.[19] [20] Por ejemplo estudios han concluido que no hubo otra cultura pre-Caranqui, en la actual Imbabura, que haya sido extirpada de ese lugar. Otro punto que se comprobó descartar es que los Quitus hayan sido conquistados culturalmetne por los llamados Caras (Caranquis), sin embargo se sabe que Quito estaba bajo dominio administrativo de Cayambe.

Así mismo el hecho de que los señoríos que componen la nación Caranqui se hayan auto-llamado "Caras", y que estos hayan venido por mar a las costas ecuatorianas han quedado descartado, junto con otras teorías difusionistas. En ese aspecto la arqueóloga e historiadora Tamara Lynn Bray dice:

Esta región corresponde con el territorio que varios autores han asociado con los cara protohistóricos. No obstante, el término cara no se emplea aquí ya que, como se ha argumentado, no existen referencias documentadas que sean a los trabajos de Velasco.[21]

Se cree que las crónicas recopiladas por el P. Juan de Velasco de los indígenas y del cacique Puruhá no son muy de fiar puesto que el padre Velasco las recopiló 250 años después de la conquista de Sudamérica, así pues tanto las crónicas como la arqueología no respaldan casi todas las afirmaciones del supuesto Reino.[3] Los escritos del Padre Marcos de Niza, tampoco pueden ser considerados como una fuente de fiar ya que el padre era famoso por crear historias fantásticas de lugares en los que en realidad no existía nada.

La historia de la conquista Inca también es duramente criticada, ya que las crónicas de conquistadores españoles como Pedro Cieza de León, Cabello de Balboa y Sarmiento de Gamboa, entre otros, concuerdan en muy poco con las afirmaciones hechas en el libro.[3]

Para algunos historiadores la presencia de dicho Estado tampoco tiene fundamento pues argumentan que antes de Juan de Velasco ningún historiador o cronista mencionaba una monarquía preinca instalada en Quito, una cultura Cara o unos gobernantes Shyris lo cual es desmentido por varias recopilaciones de crónicas y textos colonos. De la historia preinca del supuesto reino, las fuentes que cita el padre Juan de Velasco son las historias transmitidas oralmente de los pueblos indígenas, los testimonios del Cacique Puruhá Jacinto Collahuaso y los escritos del Padre Marcos de Niza.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. El reino de Quito, artículo en el sitio web Fernando Mayorga.
  2. Reino de Quito, artículo en el sitio web Terra Ecuador.
  3. a b c d e Avilés Pino, Efraín (miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador): «Reino de Quito», artículo en la Enciclopedia del Ecuador.
  4. González Suárez, F.: Historia general de la República del Ecuador (tomo I), pág. 56.
  5. Los shyiris en el reyno de Quito, artículo en el sitio web Mohacid Leyris Andrés.
  6. http://www.ipgh.gob.ec/index.php/historia/publicaciones/82-el-reino-de-quito
  7. Velasco, Juan de. Historia del Reino de Quito en la América Meridional, Historia Antigua, Tomo II, Edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, pp. 81 y ss.
  8. Ulloa, Antonio de. Viaje a América Meridional. Edición de Andrés Saumell, historia 16, Tomo A, 1990, pp. 570, 571.
  9. Velasco, Juan de. Historia del Reino de Quito, Ob. Cit.
  10. Costales, Alfredo y Piedad Costales. El Reino de Quito. Abya-Yala - CEDECO, Quito, 1992.Jijón y Caamaño, Jacinto. Antropología Prehispánica del Ecuador, Museo Jacinto Jijón y Caamaño, Universidad Católica, Quito, 1997.
  11. Meggers, Betty. "Conexiones y convergencias culturales entre América del Norte y América del Sur". En: Problemas Culturales de América precolombina, Gordon F. Ekholm y otros, editores, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976.
  12. Marcos, Jorge. "El mullu y el pututo. La articulación de la ideología y el tráfico a larga distancia en la formación del estado Huancavilca". En: Primer encuentro de investigadores de la costa ecuatoriana en Europa. Abya- Yala, Quito, 1995.
  13. Almeida Reyes, Eduardo. Culturas Prehispánicas del Ecuador. Chasquiñan, Quito, 2001
  14. Salazar, Ernesto (1995). Entre Mitos y Fábulas: El Ecuador Aborigen. Quito: Corporación Editorial Nacional. p. 236. ISBN 9789978841808. 
  15. Ayala Mora, Enrique (1999). Resumen de la Historia del Ecuador. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar del Ecuador. p. 77. 
  16. González Suárez, Federico. Notas Arqueológicas de Quito. Quito. p. 55. 
  17. Jijón y Caamaño, Jacinto (1998). El Ecuador interandino y occidental antes de la conquista castellana, Vol 1-5. Quito: Abya-Yala. 
  18. Lynn Bray, Tamara (2003). Los Efectos del Imperialismo en la Frontera Norte. Quito: Abya-Yala. p. 277. ISBN 9978-22-325-8. 
  19. Lynn Bray, Tamara (2003). Los Efectos del Imperialismo en la Frontera Norte. Quito: Abya-Yala. p. 277. ISBN 9978-22-325-8. 
  20. Marcos, Jorge. El Proceso Histórico del Ecuador Antiguo. 
  21. Lynn Bray, Tamara (2003). Los efectos del imperialismo en la Frontera norte. Quito: Abya-Yala. p. 277. ISBN 9978-22-325-8.