Regla de oro (ética)

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La justicia, por Bernard d'Agesci. En una mano lleva su símbolo (la balanza) y en la otra un libro con los textos: Dieu, la Loi, et le Roi ("Dios, la Ley y el Rey") y Ne faites pas aux autres ce que vous ne voulez pas que vous soit faite ("No hagas a los otros lo que no quieres que te sea hecho").

Regla de oro o ley de oro[1] son denominaciones para un principio moral general que puede expresarse: ante perjudicar; trata a los demás como querrías que te trataran a ti (en su forma positiva) o no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti (en su forma negativa). Se encuentra bajo distintas formulaciones en prácticamente todas las culturas, religiones o filosofías, como una regla fundamental (la referencia al oro se hizo por su consideración como el más precioso de los elementos). Su universalidad[2] sugiere que puede estar relacionada con aspectos innatos de la naturaleza humana.[3] Quien la aplique tratará con consideración[4] a todos los seres humanos, y no solo a miembros de su grupo. Se considera a la regla de oro la base sobre la que partió la reflexión teórica y el proceso histórico que condujo a la formulación de los derechos humanos;[5] aunque identificar ambos conceptos es anacrónico.[6]

La regla de oro no consiste en la afirmación de determinadas conductas o en la imposición de valores afirmativos o positivos (como sucede en las doctrinas dogmáticas), sino que preconiza una dinámica de relaciones intersubjetivas basada en el sentido común y en el principio de no agresión.

La primera enunciación escrita de la regla de oro se encuentra en un texto narrativo del Imperio Medio egipcio llamado Historia del campesino elocuente. En el griego Epicuro la regla de oro se entiende como ética de la reciprocidad:[7] minimizar el daño, de los pocos y de los muchos, para así maximizar la felicidad de todos (véase también ética y reciprocidad). Este concepto fue recogido por la Ilustración y el pensamiento democrático posterior a la Revolución francesa (utilitarismo de de Jeremy Bentham y John Stuart Mill). Antes de ello, John Locke propuso los derechos a "la vida, la libertad y la propiedad". Para Locke, el propio cuerpo es parte de los bienes de un hombre y, por tanto, sobre él se ejerce un derecho a la propiedad que teóricamente garantiza la seguridad de las personas al igual que la de sus posesiones. El filósofo alemán Hans Reiner (1896-1991) distinguía diferentes formulaciones de la regla de oro: la regla de empatía, que parte de nuestros deseos o temores (lo que tú mismo temas, no lo hagas a los demás, lo que deseas, hazlo a los demás), y la regla de la equidad, que parte de nuestros juicios de valor (lo que reprochas a otros, no lo hagas tú mismo; debes actuar como juzgas que los demás deben hacerlo. Thomas Nagel (1970) propuso repensar el altruismo de forma objetiva sobre la base de la ética de la reciprocidad.[8] En los años 1990 Enno Winkler desarrolló un código de ética universal [9] , en el que la regla de oro está incluido como un mandamiento para las relaciones interpersonales en ausencia de empatía: Respete al otro como a ti mismo!

George Bernard Shaw (1898) estableció una evidente precaución a la aplicación de la Regla de Oro en sentido activo o positivo: no hagas a otros lo que quisieras que te hagan a ti. Sus gustos pueden no ser los mismos.[10]

Formulaciones pasivas o activas de la regla en distintas religiones[editar]

En la mayoría de las formulaciones, la regla de oro toma una forma pasiva o negativa, como la expresada en el judaísmo (lo que es odioso para ti, no se lo hagas al prójimo),[11] en el zoroastrismo (la naturaleza sólo es buena cuando se no hace a los demás nada que no sea bueno para uno mismo),[12] en el confucianismo (no impongas a otro lo que no elegirías para ti mismo)[13] o en el budismo (no hieras a los otros de una forma que tú mismo encontrarías hiriente);[14] aunque también las hay de forma activa o positiva, como en el taoísmo (considera la ganancia de tu vecino como tu ganancia, y la pérdida de tu vecino como tu pérdida),[15] en el hinduísmo (trata a los otros como te tratas a ti mismo)[16] o en el mismo judaísmo (amarás a tu prójimo como a ti mismo).[17]

En la cultura occidental cristiana, las fórmulas más divulgadas son dos frases de Jesús en que cita explícitamente la ley judía antigua: amarás a tu prójimo como a ti mismo... todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas;[18] y un pasaje más extenso:

Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; (...) como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada (...) Sed, pues, misericordiosos.[19]

Un hadiz islámico dice: ninguno de vosotros habrá de completar su fe hasta que quiera para su hermano lo que quiere para sí mismo.[20]

De Kant a Popper[editar]

La filosofía moderna, concretamente el racionalismo, despojó a la regla de oro de su contexto religioso y la convirtió en fundamento de la ética entendida como sistema de principios universales de convivencia que todos los hombres pueden compartir. Especialmente Kant, en su Crítica de la Razón Práctica, le otorga renovado vigor en la primera formulación del imperativo categórico: Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que tu máxima de acción se vuelva una ley universal. A través de la poderosa herencia ideológica kantiana, la regla de oro está presente en las tradiciones intelectuales del liberalismo y el iusnaturalismo racionalista, en las obras de Humboldt, Habermas, John Stuart Mill, etc.

Charles Darwin también la menciona con entusiasmo y admiración, como culminación y necesaria consecuencia de los instintos sociales humanos.[21]

Por su parte, Karl Popper también se apoya en ella para justificar el ámbito de actuación de un Estado mínimo al enunciar, en La sociedad abierta y sus enemigos, su principio del utilitarismo negativo: el Estado no debe imponer afirmativamente determinadas conductas a los hombres, sino que sólo debe impedir que éstos se causen mal los unos a los otros (es decir, que hagan a los otros lo que no querrían para sí mismos).

Todo apremio moral tiene sus bases en los apremios del dolor o el sufrimiento, propongo reemplazar, por esta razón, la fórmula utilitarista: "aspiremos a la mayor cantidad de felicidad para el mayor número", o, más sintéticamente: "aumentemos la felicidad", por la fórmula: "la menor cantidad posible de dolor para todos" o, brevemente: "disminuyamos el dolor". Esta fórmula tan simple puede convertirse, creo yo, en uno de los principios fundamentales (por cierto que no el único) de la política pública. El principio "aumentemos la felicidad" parece tender, por el contrario, a producir dictaduras benévolas.[22]

Enlaces externos[editar]

Notas[editar]

  1. The moralistic golden rule earlier was the golden law, so called from 1670s ("La regla de oro moral anteriormente era la ley de oro, así llamada desde los años 1670"). Douglas Harper, Online Etimology Dictionary.
  2. Philosophical Dictionary: Ubermensch-Utilitarianism. Fuente citada en en:Universality (philosophy)
  3. Pfaff, Donald W., "The Neuroscience of Fair Play: Why We (Usually) Follow the Golden Rule", Dana Press, The Dana Foundation, New York, 2007. ISBN 978-1-932594-27-0 Véase altruismo recíproco y reciprocidad (psicología social) -en:Reciprocal altruism y en:reciprocity (social psycology).
  4. «consideración», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=consideraci%C3%B3n : Urbanidad, respeto (3ª acepción).
  5. La regla de oro: una posibilidad de fundamentación de los derechos humanos
  6. Damrosch, Leo (2007). Jean Jacques Russeau: Restless Genius. Houghton Mifflin Company. ISBN 978-0-618-44696-4.
  7. Nemrod Carrasco y Miguel Candel, La justicia como reciprocidad entre individuos (Epicuro) frente a la justicia como finalidad común (Aristóteles), en Convivium: revista de filosofía, ISSN 0010-8235, Nº. 18, 2005, págs. 3-21.
  8. Possibility of Altruism, Princeton University Press, 1970
  9. HumanRightsaction.org: Ética Universal
  10. Do not do unto others as you would that they should do unto you. Their tastes may not be the same. Citado en Harper op. cit.
  11. Las leyes de la Torá abarcan tanto la relación entre el hombre y Dios (por ejemplo, las leyes del Shabat y kosher) y la relación entre un hombre y otro (por ejemplo, las leyes que rigen las prácticas comerciales justas). En el pensamiento judío tradicional, la pasión que impulsa los esfuerzos en estas dos áreas distintas, son las dos órdenes de la Torá: "Amarás al Señor, tu Di-s" y "Ama a tu prójimo como a ti mismo". El Talmud cuenta la historia de un gentil que se acercó al sabio Hillel y declaró su deseo de convertirse al judaísmo, pero sólo si Hillel le enseñaba toda la Torá ¡mientras él se paraba en un solo pie! Hillel respondió: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tus semejantes. Esa es toda la Torá, el resto es comentario, pero...". En otras palabras, toda la Torá en las áreas descritas anteriormente —no son sino "comentario" a la mitzvá de amar al prójimo. Jabad.com
  12. Dadistan-i-Dinik o Dadestan-i Denig 94:5. -en:Dadestan-i Denig-
  13. Analects XV.24 (tr. David Hinton)
  14. Udanavarga 5:18. -en:Udanavarga-
  15. Tao Teh Ching, Chapter 49
  16. Mahabharata Shanti Parva 167:9.
  17. Levítico 19:18.
  18. Mateo 7:12 (en el Sermón de la Montaña).
  19. Lucas 6:27-36.
  20. Hadiz 13
  21. Charles Darwin; Chirre Osorio, Alfonso; Bordonave, Antonio; Grados Laos, Fernando (2007). «Capítulo III: Las facultades mentales del hombre y de los animales inferiores (continuación)». En Chirre. El origen del hombre (Libro de bolsillo) (en español castellano). Chirre. p. 53 |página= y |páginas= redundantes (ayuda). «()pero no necesito añadir nada sobre este particular, ya que acabo de demostrar que los instintos sociales -principio fundamental de la constitución moral del hombre-, ayudados por las fuerzas intelectuales activas y los efectos del hábito, conducen naturalmente a la regla: <<Haz a los hombres lo que quieras que ellos te hagan>>, principio sobre el que reposa toda la moral.» 
  22. Popper, op. cit., pg. 479. Citado en SADAF, Análisis filosófico, 1982, pg. 107.