Atarazanas Reales de Sevilla

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Atarazanas Reales de Sevilla
Bien de Interés Cultural
Patrimonio histórico de España
Edificio de las Antiguas Atarazanas Reales hoy Maestranza de Artillería.jpg
Declaración 13 de marzo de 1969
Figura de protección Monumento
Coordenadas 37°23′05″N 5°59′44″O / 37.3847, -5.99556Coordenadas: 37°23′05″N 5°59′44″O / 37.3847, -5.99556
Ubicación BanderaSevilla1.svg Sevilla, Bandera de España España
Construcción siglo XIII-
Estilos predominantes Gótico
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Las Atarazanas Reales de Sevilla fueron un astillero militar propiedad de la Corona de Castilla que estuvo operativo entre los siglos XIII y XV. Estaba especializado en la construcción de galeras, las cuales jugaron un papel importante en las luchas por el control del estrecho de Gibraltar así como en la participación castellana en la guerra de los Cien Años.[1] El complejo consistía de un edificio de 17 naves y de una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del río Guadalquivir.[1] La parte del edificio medieval que mejor se conserva es el conjunto de siete naves que pasaron a ser sede de la Maestranza de Artillería de la ciudad.

Diseño original[editar]

El rey Alfonso X de Castilla y León ordenó en 1252 la edificación de unas Reales Atarazanas para la construcción de galeras en Sevilla, ciudad que había sido conquistada por su padre solo cuatro años antes a los musulmanes. El lugar elegido fue un terreno fuera del recinto amurallado y muy cerca del Guadalquivir, en la zona comprendida entre la Torre del Oro, la Torre de la Plata, la puerta del Carbón y el postigo del Aceite.

Por ello, en el barrio de El Arenal se levantaron 17 naves de fábrica de ladrillo en sentido perpendicular al Guadalquivir y delante de la cerca almohade de la ciudad, que cubrían unos 15.000 metros cuadrados. Las Atarazanas también incluían la denominada Resolana del Río, una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del Guadalquivir. Se trató de una de las mayores instalaciones industriales de la Baja Edad Media en Europa, de extensión comparable a la que tenía por entonces el Arsenal de Venecia.[1]

Arquitectónicamente se trata de una obra gótica y mudéjar construida toda ella en fábrica de ladrillo, que muestra el influjo del arte almohade en las construcciones medievales en la ciudad de Sevilla. Asombran las dimensiones de sus anchas y largas naves adosadas y cubiertas por bóvedas de arista, apropiadas para la construcción de los mayores barcos de la época. Estas naves se comunican lateralmente a través de gruesos arcos ligeramente apuntados y enfrentados entre sí que arrancan directamente desde el suelo, y que en su conjunto provocan en su interior perspectivas de una insólita belleza.

Funcionamiento[editar]

Las Atarazanas fueron capaces de construir frecuentemente flotas de veinte galeras y, en ocasiones especiales, de hasta treinta. Los reyes castellanos las utilizaron en las luchas por el control del estrecho de Gibraltar contra los musulmanes y también en incursiones contra Inglaterra durante la guerra de los Cien Años. Para su construcción y armamento se movilizaba temporalmente una mano de obra de entre 400 y 500 artesanos que, a cambio de trabajar para la Corona por la mitad del salario habitual, gozaban de grandes privilegios fiscales todo el año. Por este motivo se les llamaba "francos". Además la Corona poseía en las Atarazanas un número indeterminado de esclavos, principalmente prisioneros musulmanes, que se encargaban de las tareas más penosas. La madera para la construcción de las naves se traía de bosques propiedad de la Corona situados en la sierra Norte de Sevilla.[1]

Además de como astillero, la Corona usó las Atarazanas para otras funciones ya desde sus primeros siglos de funcionamiento. Por su gran tamaño, sirvieron para albergar asambleas y festejos públicos. También eran un lugar natural para almacenar el botín y los prisioneros capturados por las flotas de los reyes castellanos. En ocasiones sirvieron de cárcel para la élite social, por ejemplo para los nobles afines al rey Pedro I tras la victoria de su rival Enrique II.[1]

Decadencia[editar]

Combate naval entre galeras y carracas hacia 1561.

En el primer tercio del siglo XV las Atarazanas armaron sus últimas grandes flotas de galeras. Quince naves fueron destinadas a una incursión contra Inglaterra en 1420 y un número indeterminado a la guerra contra Aragón en 1430. Tras estas contiendas, los pedidos de los reyes castellanos se volvieron cada vez más escasos. A mediados de siglo se pudrían en sus instalaciones los cascos de unas veinte galeras, construidas pero no armadas.[1]

Las razonas principales de la caída en desuso de las Atarazanas fueron varias. En primer lugar, tras el final de las guerras con Inglaterra y de las batallas por el estrecho de Gibraltar, el reino de Castilla dejó de necesitar flotas de guerra de manera tan frecuente. En segundo lugar, el diseño arquitectónico de las Atarazanas las hacía capaces de construir únicamente galeras, y este tipo de embarcación fue perdiendo capacidad de combate frente a diseños novedosos de veleros como la carraca y la nao, que eran más rápidos y fuertes y tenían mucha mayor autonomía gracias a sus tripulaciones menos numerosas. Para la Corona además resultaba más ventajoso económicamente alquilar veleros privados a sus propietarios que construir y mantener flotas permanentes de galeras. Por último, la subida al trono en 1475 de Isabel I y su marido Fernando (llamados Reyes Católicos años después) supuso que los soberanos de Castilla pasaron a disponer de los astilleros de galeras de la Corona de Aragón, que posiblemente fueran más baratos que el de Sevilla.[1]

A pesar de que la carga de trabajo de las Atarazanas cada vez era menor, el número de artesanos ligados oficialmente a ellas apenas se redujo. Ello provocó frecuentes protestas del concejo de Sevilla sobre la injusticia que representaban las exenciones fiscales de estos "francos" así como de otros oficios protegidos.[1]

Transformaciones y destrucción[editar]

En esta vista de Sevilla de finales del siglo XVI aparecen indicadas "Las Atarazanas" con el nº23, al lado del "Postigo del Carbón" (nº43).

A lo largo de su historia el edificio de las Atarazanas Reales ha sufrido transformaciones importantes. En la actualidad quedan en pie solo siete de las diecisiete naves originales.

El primer cambio sustancial de función ocurrió en 1493, cuando los Reyes Católicos autorizaron el traslado a una de las naves de las Atarazanas del mercado de pescado de la ciudad. En menos de treinta años, el resto de las naves pasaron a ser destinadas a almacenes reales, extinguiéndose completamente la función de astillero. A finales del siglo XVI parte del edificio fue utilizado como aduana. La primera gran intervención arquitectónica sobre el edificio de las Atarazanas tuvo lugar en el año 1641 con la construcción del Hospital de la Caridad y su iglesia, que ocupó cinco de las naves, cuyos arcos todavía pueden vislumbrarse hoy día.[1]

En 1719 el Gobierno dispuso que cinco naves pasasen a almacenar material de artillería, función que ya habían ido desempeñando las Atarazanas desde 1587. En 1762 comenzó una gran reforma del Cuerpo de Artillería que llevaría al cabo de los años a que la Maestranza de Artillería sita en las Atarazanas contase con un gran depósito de carruajes y pertrechos para suministrar a las tropas, lo que acabó traduciéndose en una ampliación en la capacidad de talleres y almacenes con la anexión de dos naves más para completar las siete que ocuparía el Ejército hasta el siglo XX. En 1782, las Maestranzas de Cádiz y Málaga se fusionaron en la de Sevilla, quedando esta como abastecedora única para toda Andalucía y Extremadura y, un año más tarde, también para las Indias, lo cual conllevó una nueva operación arquitectónica que transformó parte del edificio y levantó la fachada actual.

Aparte de la construcción de la Caridad en el siglo XVII, el resto de la estructura del edificio original sobrevivió completa hasta 1945, cuando cinco de las naves fueron derribadas para dejar sitio a la construcción del actual edificio de la Delegación de Hacienda.[1]

Las Atarazanas de Sevilla están declaradas Bien de Interés Cultural y catalogadas como Monumento Nacional desde 1969. En 1993 pasaron a ser propiedad de la Junta de Andalucía, cuya Consejería de Cultura realizó obras de rehabilitación hasta 1995. En 2009 la Junta le cedió el edificio a la entidad financiera La Caixa por un periodo de 75 años a fin de que construyera en él un centro de difusión cultural denominado CaixaForum Sevilla.[2] [3] A finales de 2012 La Caixa anunció que construiría el Caixaforum en otro lugar de la ciudad, lo cual desató un conflicto con la Junta de Andalucía que concluyó con un acuerdo por el que la entidad financiera invertiría 10 millones de euros en otro proyecto cultural distinto en las Atarazanas.[4]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j Pérez-Mallaina Bueno, Pablo Emilio (2012). «Las Reales Atarazas de Sevilla, 1252-1493. Un astillero medieval en el extremo occidental de Europa». En David González Cruz (ed.). Descubridores de América. Colón, los marinos y los puertos. Madrid: Sílex Ediciones. pp. 349–367. ISBN 978-8-4773-7739-9. 
  2. Méndez, Juan (31 de diciembre de 2008). «Sevilla contará con un CaixaForum». El País. Consultado el 3 de marzo de 2015. 
  3. Molina, Margot (15 de octubre de 2009). «Las Atarazanas de Sevilla acogerán otro CaixaForum». El País. Consultado el 3 de marzo de 2015. 
  4. Rincón, Reyes (6 de marzo de 2013). «La Junta y La Caixa ponen fin al conflicto de las Atarazanas de Sevilla». El País. Consultado el 3 de marzo de 2015. 
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  • Sevilla, Rafael Cómez Ramos. En: La España Gótica. Volumen 11: Andalucía. Ediciones Encuentros, S.A. Madrid, 1992.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]