Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

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Real Fábrica de Tabacos
Bien de Interés Cultural
Patrimonio Histórico de España
Universidad de Sevilla (rectorado) 001.jpg
Declaración 1959
Figura de protección Monumento
Coordenadas 37°23′6″N 6°00′9″O / 37.38500, -6.00250Coordenadas: 37°23′6″N 6°00′9″O / 37.38500, -6.00250
Ubicación BanderaSevilla1.svg Sevilla, Bandera de España España
Construcción 17281770
Estilos predominantes Barroco-Neoclásico-Industrial
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La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla (España) es un edificio construido en piedra durante el siglo XVIII como sede de la primera fábrica de tabacos establecida en Europa. Constituye una de las más espléndidas representaciones de la arquitectura industrial del Antiguo Régimen. Desde mediados del siglo XX alberga la sede del rectorado de la Universidad de Sevilla y de algunas de sus facultades.[1]

Antecedentes[editar]

Vista del edificio de la fábrica de tabacos en 1901.

La planta del tabaco fue encontrada por los españoles a su llegada a América, en 1492.[2] La ciudad de Sevilla, sede de la Casa de Contratación,[3] [4] ostentaba el monopolio del comercio con este continente[3] [5] y ya antes del siglo XV habían llegado a la ciudad las primeras plantas de esta especie,[cita requerida] estableciéndose a principios del siglo XVI las primeras industrias de manufacturas de tabaco en Sevilla, las primeras de toda Europa.[6] Al principio se trataba de factorías de carácter disperso dentro de la ciudad, para concentrase más adelante, por motivos de salubridad y también del control estatal sobre la actividad. Las diversas fábricas se concentraron en una sola, ubicada frente a la iglesia de San Pedro.[7] En el siglo XVIII se decide la construcción del gran edificio, a extramuros de la ciudad, que posteriormente, en el siglo XX se convertiría en sede de la Universidad de Sevilla.[1]

Construcción[editar]

Reproducción del cuadro de Las Cigarreras de Gonzalo Bilbao en un banco de la Plaza de España de Sevilla. Se aprecia a las trabajadoras en las grandes naves de la fábrica

El edificio industrial del siglo XVIII, es uno de los de mayores dimensiones y mejor arquitectura de su género en España, a la vez que uno de los más antiguos de esa tipología que se conservan en Europa de la época del Antiguo Régimen.[1]

La fábrica se ubicó extramuros de la ciudad, junto a la Puerta de Jerez, en los terrenos conocidos como de las calaveras por haber sido un antiguo enterramiento romano. Se inició su construcción el año 1728, su diseño y construcción fue debida a ingenieros militares procedentes de España y de los Países Bajos, concretamente:[1]

  • Ignacio Sala, que redactó el proyecto inicial en 1725.[1] De su proyecto solo se ejecutó la cimentación y la canalización del arroyo Tagarete[8] que corría por la actual calle de San Fernando.[9]
  • Diego Bordick Deverez, sustituyó a Sala en el periodo que discurre entre 1731 y 1750, realizó un nuevo proyecto, para tratar de dar cabida a nueva maquinaria de mayor tamaño. Realmente solo se trabajó en la construcción, durante este periodo, unos dos años, entre 1733 y 1735.[1]
  • Sebastián Van der Borcht, se hizo cargo de la construcción a partir de 1750, pudiendo ser considerado como autor de la parte más fundamental de la construcción de la fábrica.[1] En esta fase colaboraron con el ingeniero flamenco arquitectos y aparejadores locales como Vicente Catalán Bengochea,[10] Pedro de Silva[11] y Lucas Cintora.[12]

Entre 1751 y 1756 se terminaron la mayor parte de los trabajos referidos a la actividad de fabricación,[cita requerida] comenzando la actividad productiva durante el verano de año 1758.[13] Su remate no se produjo hasta 1763, siendo por entonces la única que existía en España, empleándose en ella a mil personas, doscientos caballos y ciento setenta molinos; el tabaco provenía una parte de Virginia y otra de las colonias de España.[14] Según inscripción de dos de los pilares del puente levadizo del lado oeste, las obras finalizaron en el año 1770.[1]

La factoría quedó desfasada casi desde su inicio, pues concebida en su diseño fundamentalmente para la fabricación de tabaco en polvo, los gustos cambiaron a lo largo de los treinta años de su construcción, imponiéndose el consumo de cigarros, que no se adaptaba plenamente a la nueva fábrica.

En la construcción de muros, pilastras, arcos y otros elementos se usó la piedra de Morón en sustitución de la piedra martelilla que estaba prevista por resultar ésta muy frágil y defectuosa.[1]

El 1950 se decide el traslado de la fabricación de las labores de tabaco[1] a una nueva factoría construida en el barrio de los Remedios[cita requerida] y se propone la utilización del edificio como sede de la Universidad de Sevilla.[1] La transformación del edificio, supuso una obra de profundo calado, realizada entre 1954 y 1956, por los arquitectos Alberto Balbontín de Orta, Delgado Roig y Toro Buiza.[15]

El edificio tuvo también uso como cuartel, sobre todo en su parte Este, dada su condición de lugar estratégico en el Sur de la ciudad y su constitución como recinto fortificado.[16]

Descripción arquitectónica[editar]

Fachada de la Real Fábrica de Tabacos, en la que se observa el foso que rodea al edificio.

El edificio industrial del siglo XVIII es uno de los de mayores dimensiones y mejor arquitectura de su género en España, a la vez que uno de los más antiguos de esa tipología que se conservan en Europa, de la época del Antiguo Régimen. Como edificio, se extiende sobre una superficie de carácter rectangular de 185 x 147 metros, con ligeros salientes en sus ángulos. En España sólo el monasterio de El Escorial, que ocupa un área de 207 x 162 metros, supera su tamaño.[1] El recinto se encuentra rodeado en tres de sus lados por un foso que lo aisla del exterior, presenta alzado en dos plantas y entresuelos en las áreas residenciales.

Arquitectónicamente destaca su esquema general de referencias renacentistas, con aires herrerianos en su planta, patios y detalles de remate de las fachadas, sin olvidar las semejanzas con motivos de los arquitectos Sebastiano Serlio y de Palladio. Sus fachadas realizadas en cantería, se encuentran moduladas por pilastras que se elevan sobre un pedestal que recorre el inmueble.[1]

En el edificio se pueden distinguir dos zonas diferentes, una primera área dedicada propiamente a la actividad de fabricación que ocupa dos terceras partes del edificio y por otro lado una zona que puede ser denominada palacial que correspondería a la entrada por la calle San Fernando, que comprendía vestíbulo, almacenes y viviendas.

En su fachada principal se aprecia la influencia del estilo barroco, presenta una portada con doble columnas a cada lado y en la planta superior, balcón balaustrado y remate con tímpano decorado con atributos reales. Por encima, se levanta una estatua de la fama, y jarrones de azucenas, obras de Cayetano de Acosta; al mismo autor portugués, se deben también las fuentes de mármol blanco de los dos patios interiores y los pináculos que decoran las cuatro esquinas del edificio. En el arco de ingreso se destacan relieves con temas concernientes a la historia y elaboración del tabaco. El inmueble se encuentra rodeado por un foso en la mayor parte de su perímetro debido a su construcción extramuros adosado a parte de las murallas de la ciudad por esa zona. Estas características le hacen merecedor de ser mencionado por el viajero inglés Richard Ford como El Escorial tabaquero y más modernamente como: Palacio de la Industria. El interior de la zona de fábrica estaba primitivamente dividido en grandes naves, alguna de las cuales medía más de 150 metros de largo. La zona noble contenía dos viviendas para el superintendente y el director de la fábrica en las zonas extremas en el centro tras la entrada principal se encontraba la zona de oficinas, en donde se encuentra una gran escalera doble que termina en el actual paraninfo de la universidad. En 1956 Antonio Cano Correa y su mujer Carmen Jiménez Serrano esculpieron la ornamentación de las nuevas puertas que se abrieron en las fachas este, sur y oeste de la antigua Real Fábrica para ser portadas de las nuevas facultades de la Universidad de Sevilla, correspondientes a Derecho, Ciencias y de Filosofía y Letras.

Trabajadores[editar]

Los cigarros fueron elaborados exclusivamente por hombres en los siglos XVII y XVIII. En los comienzos del siglo XVIII la Fábrica cuenta con 100 cigarreros y, a medida que el cigarro es aceptado por los consumidores, el número de cigarreros sube a 400 para llegar a 700 a comienzos del siglo XIX. A esto hay que sumarle 1.200 trabajadores dedicados a la tarea de picar tabaco. El trabajo era a destajo. En el siglo XIX se descubrió que las mujeres eran menos exigentes en el trabajo, al considerarlo un acompañamiento del salario que traían sus maridos a casa y se argumentó también que eran más productivas. Por eso, ante el despegue definitivo del cigarro y el cigarrillo en el siglo XIX se decidió usar a mujeres para esa tarea,[17] siendo este el origen de las cigarreras de Sevilla, inmortalizadas en las fotografías de J. Laurent, los cuadros de Gonzalo de Bilbao o la ópera Carmen.

Etapa 1886-1925[editar]

Cigarrera del siglo XIX en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

El modo de producción se había caracterizado por cierta flexibilidad en el horario de trabajo, la compaginación de la vida personal de las mujeres como amas de casa y trabajadoras, frecuentes ausencias prolongadas de trabajadoras por asuntos personales, cierta libertad para las trabajadoras dentro del centro de trabajo, pequeños hurtos de materias primas, etcétera. Todo esto se compaginaba con cierto ambiente cuartelario, controles a la entrada y a la salida o la existencia de un hospital y una prisión dentro de la Fábrica. Entre 1885 y 1896 hubo varios motines contra la introducción de máquinas y de medidas de control sobre cómo efectuaban su trabajo los trabajadores. En 1887 la Real Fábrica pasa a manos de una Compañía Arrendataria constituida por el Banco de España y un grupo de accionistas privados. Esta compañía introdujo máquinas de vapor para picar tabaco, en 1902 la Sevillana de Electricidad facilitaría la mecanización con electricidad de la Fábrica y en 1908 la mecanización se extendió al empaquetado. Entre 1916 y 1925 la mecanización se introdujo para el liado de cigarrillos. Estas medidas industriales y capitalistas, lejos de mejorar la industria, produjeron una disminución de su riqueza. Si en el siglo XIX la Fábrica daba empleo a 6.000 personas y el Estado se encontraba desbordado por la demanda en 1925 sólo daba empleo a 1.844 personas. De otro lado, la privatización perjudicaría a la economía de la ciudad. Si en 1887 las pocas máquinas que había en la Fábrica eran de la empresa sevillana Portilla, White y Compañía, a pesar de recomendaciones de obtener máquinas inglesas más baratas, tras la privatización las máquinas se traían siempre del extranjero. Solamente en los años 20 volvieron a traerse máquinas de España, pero esta vez valencianas o vascas. Si entre 1888 y 1892 la producción era de 1.801,7 millares de cigarrillos entre 1918 y 1922 fue de 411,9 millares de cigarrillos. La producción de la Fábrica pasó del 29% de la producción nacional al 7%.[18]

Traslado[editar]

En 1945 se crea Tabacalera S.A., que gestionará la producción del tabaco. Entre 1951 y 1953 se efectúa el traslado al edificio de la Universidad de Sevilla. En 1954 es cuando deja de haber archivos en la Fábrica en su antigua sede.[19] El traslado se efectuaría a unas instalaciones en el Barrio de Los Remedios. Tabacalera S.A. tendrá la concesión para el monopolio del tabaco en España durante 25 años, concesión que será renovada en 1971. En 1999 se fusionará con la francesa Seita creando Altadis.[20] La fábrica Altadis de Sevilla cerraría en 2007.[21]

Referencias[editar]

  • Sevilla equipo 28. Andalucía americana. Junta de Andalucía, Consejería de Cultura y Medio Ambiente. ISBN 84-404-4877-5. 
  1. a b c d e f g h i j k l m Alfonso Pozo Ruiz, La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla: visión histórica general. Fecha de acceso 2010-02-13.
  2. José Manuel Rodríguez Gordillo, Historia de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla: sede actual de la Universidad de Sevilla, Universidad de Sevilla, 2005, ISBN 84-89895-15-5. pág. 13. Extracto disponible en Google Books.
  3. a b María Luisa Laviana Cuetos, El monopolio comercial, ArteHistoria, 1995–1997. Fecha de acceso 2010-02-13.
  4. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 15.
  5. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 15, 36.
  6. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 19 et. seq.
  7. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 23 et. seq.
  8. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 59.
  9. Alfonso Pozo Ruiz, El Tagarete y la fábrica de tabaco de Sevilla. Fecha de acceso 2010-02-13.
  10. Alfonso Pozo Ruiz, Vicente Catalán Bengoechea, arquitecto del siglo XVIII. Fecha de acceso 2010-02-13.
  11. Alfonso Pozo Ruiz, Pedro de Silva, arquitecto andaluz del siglo XVIII (1715-1782). Fecha de acceso 2010-02-13.
  12. Alfonso Pozo Ruiz, Lucas Cíntora y Aréjula, arquitecto español del siglo XVIII. Fecha de acceso 2010-02-13.
  13. Rodríguez Gordillo 2005, pág. 71.
  14. Sevilla y su provincia, Editorial Gever, S.A. ISBN 84-88566-01-8 (donde se rescata lo escrito por el viajero francés Esteban de Silhuette)
  15. Alfonso Pozo Ruiz, La universidad de los 70. Fecha de acceso 2010-02-13.
  16. Universidad de Sevilla. «La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla: Vision histórica general».
  17. Universidad de Sevilla. Web Alma Mater. «Operarios y cigarreras en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla».
  18. Arena Posadas, Carlos (1995). Sevilla y el estado, 1892-1923. FOCUS y Universidad de Sevilla. ISBN 978-84-472-0213-3. Libro online
  19. Universidad de Sevilla. «Exposición en la Universidad de Sevilla en 2008 sobre la Real Fábrica de Tabacos».
  20. CCOO. «Inventario del Fondo Documental de la Sección de Comisiones Obreras de Tabacalera».
  21. «La fábrica de Altadis en Sevilla cierra hoy sus instalaciones tras un año de desmantelamiento». El Confidencial. 28 de diciembre de 2007. 

Enlaces externos[editar]