Rastrillo (arquitectura)

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Contrapesos de un rastrillo levadizo.

El rastrillo es la puerta enrejada que cerraba, habitualmente, los castillos, fortalezas, alcázares y otros edificios en la Edad Media. Era una de las defensas de la puerta principal, junto al puente levadizo y la barbacana, siendo una de las últimas líneas de defensa ante ataques y asedios.

Es una celosía de rejilla de madera, metal o una combinación de los dos, que se monta sobre ranuras verticales en las paredes del castillo y que puede ser levantada o bajada rápidamente por medio de cadenas o cuerdas unidas a cabrestantes, e incluso sistemas de contrapesos.

A menudo eran dos los rastrillos en la puerta principal, el de la parte interior se cerraba primero y luego el externo, pudiendo así atrapar el enemigo y, en ocasiones, se dejaba caer madera ardiendo o arena calentada al fuego sobre ellos desde agujeros en el techo. El aceite caliente, sin embargo, no era comúnmente usado, contrariamente a la creencia popular, ya que era extremadamente caro.[1] Había a menudo aspilleras en las paredes laterales, lo que permitía a los arqueros y ballesteros para eliminar el grupo de atacantes atrapado.

En Inglaterra, rastrillos que han sobrevivido en funcionamiento se encuentran en la Torre de Londres, Monk Bar en York,[2] Amberley Castle y el castillo de Hever.[3]

Notas y referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Kaufmann, H.W.; Kaufmann (2001). The Medieval Fortress: Castles, Forts and Walled Cities of the Middle Ages (en inglés). Greenhill Books. ISBN 1-85367-455-9. 

Enlaces externos[editar]