Rabel

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Rabel
Rebec fiddle.jpg
Características
Clasificación Instrumento de cuerda frotada
Instrumentos relacionados
Músicos Pedro Madrid, Paco Sobaler, Antonio Gómez Morante, Esteban Bolado

El rabel es un instrumento musical de cuerda frotada, de uso popular en la península ibérica, traído probablemente por los árabes a España y extendido especialmente por la cordillera Cantábrica (sobre todo en Cantabria, Palencia, Asturias y León, y en un ámbito más disperso en Ávila, Cáceres, Zamora, Burgos, La Rioja y Toledo).

En América Latina, se encuentra en Panamá y en el sur de Chile, específicamente en la Isla Grande de Chiloé.[1]

Etimología[editar]

Varios autores han explicado la etimología del vocablo rabel haciéndolo desarrollarse desde el antiguo vocablo persa rbb. Un estudio publicado en el año 2005 por el investigador y músico asturiano Daniel García de la Cuesta, y titulado La bandurria y el rabel, documenta el desarrollo de este vocablo desde las lenguas greco-latina, con la raíz griega raphos, pasando por el latín rapum, que daría en la península como rabo, y de ahí rabil y rabel. Por tanto, rabel, o rabil, no es el instrumento en sí, sino el arco con que se frota, ya que para su construcción y uso se utilizan los pelos de la cola de caballo. De hecho, así se ha mantenido vivo en la tradición en algunos casos.

Esto ha generalizado durante siglos el uso del vocablo rabel, documentado en la península ibérica desde la segunda mitad del siglo XV, para aquellos instrumentos de cuerda que se frotaban, llegando a utilizarse para denominar a violas y violines, incluso en Suramérica, y consiguientemente, el detrimento de otros nombres en beneficio de este genérico.

En algunos territorios de la península ibérica se le conoce así mismo como arrabel, aunque este nombre designa también a un instrumento totalmente diferente, de los clasificados como idiófonos. Es el caso de la carrañaca, ginebra o huesera, en Castilla, o la bandurria d’ossos, en Cataluña. En estos casos, su denominación afirma la raíz etimológica grecolatina de rabel, ya que, arrabilar, es mover algo, como las manos, simulando el movimiento de un rabo. En lengua asturiana, rabil, se aplica a aquellos objetos que, como las manivelas, accionan algún movimiento mecánico.

La colocación precedente de la vocal /a/ es un recurso gramatical muy utilizado en varios puntos de la geografía peninsular, sin conexión alguna con la fórmula de articulación árabe.

El parecido con el vocablo persa rbb, (rebeb, rabab, rubeba, rabe, etc) con el que se denomina a otra tipología de instrumentos cordófonos diferentes y usados en varios países de cultura islámica, ha generado confusión para su estudio.

También se le llama rebec, rebab, rebeca, rabeba, rubeba.

Otros instrumentos utilizados en ese tiempo, que aunque son también de cuerda frotada, tienen características distintas, son: vihuela (escrito también viuela, vigüela e incluso vivuela —esta última forma documentada en el Poema de Alfonso Onceno: «el laúd iban tañiendo / estromento falaguero, / la vivuela entremetiendo / el rabé con el salterio»—), viela o viola de arco, también llamada fidle o fídula, giga, lira bizantina, etc.

En Cantabria, Asturias, Montañas de León y Montaña Palentina también es un instrumento muy arraigado, dónde diferencian la manera de tocarlo: si es sentado y sobre las piernas lo denominan bandurria o rabel purriegu, si es apoyado en el pecho rabel o rabel campurrianu. La designación rabel convive indistintamente con el término bandurria en ciertas comarcas de la Montaña Oriental de León y Fuentes Carrionas, si bien en estos lugares se ha perdido la técnica de sentado, aunque hubo testimonios de ello hasta los años 20 del siglo XX.

En Panamá, el Rabel es conocido como rabo de michu, cuya traducción al español sería rabo de gato, hasta el momento la teoría más aceptada sobre el origen de aquel nombre, es que las cuerdas del Rabel al ser frotadas emiten sonidos similares a los maullidos de los gatos al copular.[2] Este nombre podría estar ligado al nombre "Rabo", denominación Arcaica con que se le conoció al instrumento en España antes de evolucionar a la denominación Rabel.[3]

Orígenes[editar]

Reconstrucción del rabel que aparece en la cantiga 170 de Alfonso X (pintura).

Se conocen grabados, ilustraciones y referencias al rabel desde la Edad Media, aunque es evidente que su origen es más remoto. Tradicionalmente se suele asociar este tipo de instrumentos de cuerda frotada con el legado árabe, y, si bien hay muchas similitudes y coincidencias, también existe una discusión llena de matices sobre este hecho (la forma de tañerlo sobre las piernas o sobre el pecho, su construcción etc). Lo cierto es que el rabāb o rebab, el instrumento de cuerda frotada del mundo islámico, fue introducido en Occidente merced a la conquista de la península ibérica (en tanto que la evolución del kamanche islámico dio origen a la lyra bizantina y de ahí a la fidula. La fidula tiene más cuerdas y una tesitura más grave que el rabel.)

Generalmente, se suele acudir a la iconografía medieval en busca de los rabeles primitivos, mas en muy pocos casos se encuentra una similitud clara en sus estructuras que los relacionen directamente con las tipologías tradicionales conocidas actualmente. Esto ha generado, recientemente, entre artesanos y músicos, la aparición de copias de antiguos instrumentos que pueden documentarse en el siglo X y posteriores, a los que se les denomina rabeles sin documentación que lo atestigüe.

El rabel es producto evolutivo de la tradición y cultura populares. De sus orígenes exactos no hay certeza alguna, aunque todo apunta a aquellos primitivos instrumentos anteriores incluso a la Edad Media y de uso, lógicamente, más universal.

Construcción[editar]

En la construcción se usa un trozo de madera ahuecado que puede tomar distintas formas. Lo más importante de su construcción es que no existe un patrón único. Existen en la tradición instrumentos hechos con más de una pieza. Actualmente, sobre todo en Cantabria, su tipología se ha multiplicado y en ocasiones nada tienen ya que ver con los modelos tradicionales. Modernamente, aproximadamente en los últimos 30 años, se han producido cambios en los instrumentos buscando sonoridades distintas a las conocidas.

En algunos casos, se trata de un instrumento similar a un violín, aunque los modelos más arcaizantes conservan elementos anteriores a la aparición del violín con el formato que conocemos hoy día, y que surge a mediados del siglo XVI.

El uso popular y la tradición han conservado instrumentos de variadas tipologías, que suelen reflejar, solamente, el uso musical de una o dos cuerdas, a pesar de poseer, a veces, un número mayor.

En Panamá, el rabel se construye de la siguiente manera: La tapa suele fabricarse de balsa y todo el resto del instrumento de árbol de cedro o de jamaico. Para fabricar el arco, al cual se le da forma curva y tendida análoga se usa el matillo. Las cuerdas salen de la crín del caballo.[4]

Uso y evolución[editar]

El uso tradicional del rabel se ha mantenido con mayor o menor fortuna según los territorios, y es en Cantabria donde ha tenido un auge en los últimos tiempos. Esta pujanza ha conllevado variaciones de todo tipo en el instrumento, en la forma de tocarlo y entenderlo.

En Panamá, el Rabel fue utilizado desde la época colonial para acompañar el canto y el baile de la Mejorana y como instrumento melódico en la Cumbia y el Punto. En los primeros años del siglo XX, el rabel comenzó a ser reemplazado paulatinamente por los violines importados desde Europa. Actualmente quedan muy pocos cultures del instrumento en las provincias de Herrera y Veraguas, y más exactamente en las comunidades de Los Pozos, Ocú, Cañazas, Las Minas, Ponuga, Santeños y La Atalaya.

Afinación[editar]

Rabel del siglo XVIII, en el Museo Etnográfico de Cantabria.

El número de cuerdas abarca, según tipologías y zonas, desde tres a una cuerda.

En el uso de instrumentos cordófonos tradicionales ha primado el uso de afinaciones por cuartas y quintas, utilizando una de las cuerdas como acompañamiento bien rítmico para remarcar en el baile, bien de sonido de bordón. El instrumentista podía, y puede, afinar la nota tónica a la altura de su voz para cantar más a gusto.

El rabel sanabrés de Porto de Sanabria (Zamora) de tres cuerdas, la forma tradicional de afinarlo era poner al unísono las dos cuerdas graves y tensar "a ojo" la cantante, a continuación deslizar el dedo índice por ella hasta conseguir un sonido acorde de las tres, fijado ahí éste dedo a modo de cejilla se interpreta la melodía con los otros tres dedos, empleando solamente el tramo que la mano alcance.

La bandurria asturiana, de tres cuerdas, se afina por cuartas. Siendo la 3ª y la 1ª cuerda afinadas al unísono una octava más alta la última, y siendo la 2ª afinada a la 4ª de esa nota. La tercera cuerda sólo tiene función de bordón. Esta afinación es aplicable al resto de bandurrias o rabeles limítrofes a Asturias y de 3 cuerdas (Riaño, Fuentes Carrionas, Liébana, Polaciones...)

Los rabeles de dos cuerdas se afinan en cuartas también, siendo la 2ª cuerda bordón de la primera en la mayoría de los casos, aunque, como en el valle de Polaciones (Cantabria), en La Montaña de Palencia y Riaño (León) como en algún ejemplar de Campoo (Cantabria) también se suele utilizar como cantante, según exija la tonada.

Los rabeles ya de una cuerda (Cáceres, Toledo y Ávila)se afinan evidentemente adaptándolo a la voz del tañedor, ya que no tiene bordón alguno. Una característica de estos rabeles es el puente agujereado para pasar por él la cuerda, evitando así que se pierda la pieza en cuestión.

Cuentos populares[editar]

Se hace mención de rabeles en cuentos populares donde la astucia y la importancia del lenguaje musical acaban librando de unos malhechores a un infortunado pastor. Como en el caso de la historia recogida en las Viniegras, en La Rioja, que cuenta cómo un pastor que estaba en su chozo oyó llegar a unos ladrones. Como estaba solo se le ocurrió coger el rabel y hacerlo hablar cantando:

Tú, Manuel, que ibas por vino, tú, Manuel, que ibas por pan, coge la mula alazana y ve a dar parte al lugar, que han venido unos ladrones y nos han venido a robar, que tu ovejita cornuda cociendo en el caldero está.

Manuel, que volvía del pueblo más cercano de comprar vino y pan, se dio cuenta del mensaje de su compañero y fue a "dar parte al lugar"; los ladrones fueron detenidos.

Rabelistas, rabeleros y bandurrieros populares[editar]

Begoña tocando el rabel al modo purriego en Santillana del Mar (Cantabria, España).

Un rabel, tradicionalmente en aquellas zonas donde se conoce su uso, se toca en dos estilos: uno apoyado en el hombro-pecho, o sobre las costillas, y generalmente de pie, que sería el estilo campurriano (de Campoo); y otro sentado apoyando el instrumento entre las piernas, que sería el estilo purriego, de Polaciones.

Uno de los rabelistas más reconocidos de todos los tiempos ha sido el purriego Pedro Madrid, el cual ha pasado a la historia. Este músico modificó la tipología y sonoridad del rabel realizando grandes avances que ahora emplean sus sucesores.

De entre los rabelistas de Cantabria y Palencia ya fallecidos, alcanzaron gran popularidad Pedro Madrid (ya nombrado), Antonio López Morante, conocido por Lin, el airoso, Donato Muñoz o Paco Sobaler.

El legado de estos rabelistas se conserva y difunde gracias, entre otros, al trabajo de la "Escuela Municipal de Folklore de Torrelavega" por parte del rabelista Esteban Bolado o la Asociación de Rabelistas Campurrianos, localizada en Reinosa, desde donde personas como Tomás Macho, Alberto Terán, Alfonso Ahumada, José Luis Robles y otros, mantienen el gusto y el cariño por el uso del instrumento. También existen otros lugares por la provincia de Cantabria donde existen este tipo de escuelas.

Así también, trabajan en la recuperación y difusión del rabel las personas del Albergue de Olea, cercano a Reinosa, donde se han celebrado interesantes encuentros musicales en los últimos años, con la edición de discos y vídeos incluidos. A lo que hay que sumar la enseñanza, con criterio dispar, de interpretación al rabel en diferentes escuelas de música tradicional de Cantabria.

En Asturias, el Muséu del Pueblu d'Asturies de Gijón tiene en su archivo sonoro las grabaciones de bandurrieros asturianos como David Caballín (encestado por Manuel Santiago López Rodriguez de colectivo etnográfico la Quintana en Gijón en 1982) y Cefero Traviesas (encuestado por el colectivo etnográfico Urogallos en Riosa en 1981). Ambos bandurrieros, fallecidos en la década de los años 1980, eran oriundos del concejo de Campo de Caso, donde se documenta la práctica totalidad de la tradición de bandurria asturiana heredera de otros bandurrieros casinos sobre los que hay noticias orales, como Antón de Xica, Xuan de Florán o Manuel d'Anxela. En el Museo Etnográfico de Cantabria, en Muriedas, en el de El Pajar, en Proaño, y en la casa del rabel, en Quintana de Toranzo, se encuentran algunos ejemplares de rabeles interesantes. Algunos de estos instrumentos fueron estudiados a mediados de la década de 1970 por Fernando Gomarín.

Los cantares y las coplas[editar]

Las jotas cantando coplillas con un tono subido o soez, por denominación moderna se las conoce popularmente como "rabeladas".

Con este instrumento se tocan jotas en todas sus variantes (a lo pesao, etc), así como bailes binarios como por ejemplo los "bailes a lo ligero" o "titos"(por la zona de Riaño y Oeste de la Montaña Palentina), y cómo no, lo más representativo de su repertorio: Los romances. Romances que si bien muchas veces son localistas, por lo general (y con sus lógicas variedades comarcales o personales) suelen ser los mismos temas, sirviendo de ejemplo universal el conocido como La Loba Parda, donde se narran los hechos acontecidos a una loba vieja que es sorprendida por los perros pastores robando una oveja del rebaño, y que es cantado por todas las rutas de la Trashumancia al son del rabel, desde Extremadura a Los Picos de Europa, y desde Madrid hasta La Rioja.

Son siempre melodías sencillas, que se adornan según el gusto del rabelero, y que suelen abarcar por lo común una extensión de 5 notas a lo sumo (experimentados instrumentistas tradicionales llegan a tocar 6, aunque hoy en día muchos son los que sabiendo tocar otro instrumento de cuerda se pasan a éste y logran sacar de él auténticas escalas) y en determinadas ocasiones, en los instrumentos donde esta aparece, al usar la segunda cuerda como cantante, se pueden llegar a extraer otras 3 o 4 notas más aparte.

Las agrupaciones de métrica musical más extendidas vienen por regla general estipuladas por el uso del troqueo o trocaico, yambo y de los tetracordos, que es lo que confieren esa particularidad común al instrumento sea cual sea su procedencia y que le confiere su peculiar e inconfundible característica sonora.

Referencias[editar]

  1. Sobre el Rabel Chileno
  2. Sobre el nombre Rabo e Michu
  3. Sobre el Rabel Panameño y su distribución geográfica
  4. Brenes Candanedo, Gonzalo, Los instrumentos de la Etnomusica de Panamá, Autoridad del Canal de Panamá, Panamá. 1999.

Enlaces externos[editar]