Queniquea

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Queniquea
Bandera de
Bandera
Escudo de
Escudo

Lema:Queniquea, tierra para querer y volver.

Queniquea
Venezuela
Ubicación de Queniquea en Venezuela
Queniquea
Estado Táchira
Ubicación en el Estado Táchira
País Flag of Venezuela.svg Venezuela
• Estado Flag of Táchira.svg Táchira
• Municipio thumbs Sucre
Ubicación 7°55′19″N 72°01′09″O / 7.921874, -72.019157


Coordenadas: 7°55′19″N 72°01′09″O / 7.921874, -72.019157
• Altitud 1597 msnm
(mín.:1560
Sector La Quinta
, máx.:1610
Sector los Coloraditos)
• Distancia 78 km a San Cristobal
Superficie  
• Total 3.68 km²
• Urbana 0.5 km²
• Metropolitana 3.18 km²
Fundación 7 de octubre de 1808 (205 años)[1]
Fundado por: Josep Casimiro de Mora
Erección 21 de junio de 1853 [1]
Fecha de creación 22 de septiembre de 1808 [2]
Población 2.979 hab. (2011)
• Densidad 32,05 hab./km²
• D. Urbana 20.40 hab./ km²
Gentilicio Queniquense o Queniqueo.
Huso horario UTC-4:30
Código postal 5001
Pref. telefónico 0277
Alcalde (2013-2017) José Gregorio Araque (PSUV)
Fiestas mayores Ferias y fiestas del Carnaval de la Montaña
Patrona Ntra. Sra. del Rosario
Sitio web [1]
[editar datos en Wikidata]

Queniquea es la capital del municipio Sucre, ubicado en el Estado Táchira en Venezuela. En ella se encuentra ubicada la sede de la Alcaldía Bolivariana del Municipio Sucre, la junta parroquial, la delegación municipal, casa de la cultura Mons. José León Rojas Chaparro, museo Eleazar López Contreras, emisora Dinámica 88.9 FM, Biblioteca Municipal y Biblioteca Estadal, infocentro, complejo deportivo Gral. Tulio Misael Pernía, Parroquia Eclesial Nuestra Señora Del Rosario, espacios públicos, también cuenta con un comando policial, y sede de un destacamento de la Guardia Nacional de Venezuela. Además cuenta con oficinas de los principales servicios públicos como CORPOELEC, Bicentenario Banco Universal, Ipostel, sede del Registro civil y subalterno, sede del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, sede del Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, sede del CNE, sede de la PACCA Queniquea, cuenta con un ambulatorio rural tipo II y un CDI. En educación cuenta con un liceo público (U.E. Don Simón Rodríguez) y dos escuelas de educación básica (Escuela Nacional Bolivariana Mons. Juan Bautista Castro y la Escuela Estadal Ner. 580 Las Delicias), además de la sede de la UBV (núcleo Nuestra Señora del Rosario, y escuelas de manualidades (Juanita de Carrero).

Geografía[editar]

Está situada en una meseta circundada por dos ríos. Posee una altura promedio de 1597 msnm.[2]

Relieve[editar]

Presenta un relieve montañoso con topografía abrupta, desde quebrada hasta accidentada con pendientes entre 35 y 65%.[2]

Temperatura Media Anual[editar]

Su temperatura es de 18 °C.[2]

Precipitación Media Anual[editar]

La precipitación es de 1212 mm.[2]

Tipos de Clima ( Clasificación climática de Köppen)[editar]

Tropical lluvioso de sabana, tropical (altura) de sabana y tropical (altura) paramero.[2]

Clasificación Climática (Sistema de clasificación de zonas de vida de Holdridge)[editar]

La vegetación muy rica y variada característica de bosque húmedo premontano (BH-P), bosque muy húmedo montano bajo (BMHMB), bosque húmedo montano bajo (B.H – MB) y bosque pluvial montano (B. PL – M).[2]

Suelos[editar]

Los suelos son medianamente profundos con afloramientos rocosos localizados, texturas medias a gruesas de pH ácido. De acuerdo a su capacidad de uso, están conformados por suelos de clase VI y VII.[2]

Hidrografia[editar]

  • Ríos: Pereño (Río Queniquea ó San Parote)
  • Quebradas: Machado, Callejón Negro

Conformando estas Quebradas Las Micro-Cuencas del Pereño (Río Queniquea ó San Parote), entre otros ríos del Municipio es fuente alimentadora principal del Acueducto Regional del Táchira.[2]

Vegetación[editar]

Predomina Bosque muy Húmedo Montano Bajo.[2]

Economía[editar]

La economía queniquense predomina el comercio agrícola; ya que se exportan rublos de producción como: café, hortalizas, caña de azúcar (panela y papelón granulado) hacia los principales mercados regionales; la ganadería, la industria en el pueblo se limita a pequeñas fabricas de los sectores textil, mecánico, pequeñas procesadores de café y caña de azúcar, alambiques artesanales; también forma parte la actividad de pequeños y medianos comerciantes (carnicerías, bodegas, supermercados, restaurantes, artesanía, librerías y papelerías, entre otros), se encuentra también en desarrollo el sector turístico.

Medios de Comunicación[editar]

Teléfonos fijos de las empresas CANTV, MOVILNET y MOVISTAR, y estas ultimas proveen también el servicio de telefonía celular (El servicio Movilnet es solo para celulares de tecnología Análoga, y el de Movistar solo para celulares de tecnológica Digital). Ademas se cuenta con radios transmisores y frecuencias radiales AM Y FM, Internet, televisión por cable y satelital, y periódicos.

Vías de Acceso[editar]

La principal vía de acceso es la que comunica con San Cristóbal que es la capital del Estado y corresponde a la carretera trasandina, y a su vez con las demás poblaciones del Estado y el País. Cuenta con el acceso a una red de carreteras que la comunica con el resto de las localidades del Municipio Sucre.

  • Vía Queniquea-San Cristóbal 72 km de distancia. Desde Queniquea hasta el cruce con la T007 sector El Zumbador 29,8 km.
  • Vía Queniquea-San José de Bolívar (Municipio Francisco de Miranda) 9 km de distancia.
  • Vía Queniquea-La Pérez-San Pablo.
  • Vía Queniquea-La Pérez-La Blanca-La Florida (Municipio Cárdenas).
  • Vía Queniquea-Mesa del Tigre (también se llega a La Florida y a Cordero por esta vía)
  • Existen otros ramales carreteros que comunican con diferentes caseríos y aldeas del Municipio.[1]

Existen dos medios de transporte que brindan el servicio hacia Queniquea la línea de automóviles por puesto Ntra. Sra. del Rosario y la línea de autobuses expresos San José, que se encuentran en el terminal de pasajeros de San Cristóbal.

Historia[editar]

En octubre de 1991 se realizaron investigaciones arqueologías por parte del Departamento de Antropología del Estado Táchira, en la aldea Colinas de Queniquea, donde se localizó un yacimiento de 5.5 ha. En el cuál se podía observar una aldea prehispánica en su configuración total, conformada por 30 terrazas alineadas horizontal y verticalmente determinando sus orígenes en 300 años a.C.. En las investigaciones se observó un grado de desarrollo cultural tecnológico insospechado para esa época, debido a la construcción de las terrazas, los muros de contención en forma ovalada, reforzados por hileras de piedra, viviendas en forma circular, residuos de madera de postes de las viviendas, caminarías de piedras naturales que quizás adaptaron para facilitar el ascenso y descenso de sus pobladores, al igual como desagües de las corrientes de agua para la época de lluvias; también por la tradición en cerámica usada como tiestos, manos de moler, vasijas de forma y decoración variada, martillos, piedras semitrabajadas en forma de puntas, hachas, piedras de moler, carrete de piedra, punta de lanza, pulidores, lajas pulidas, lascas, Cuarzo blanco con cortes, Granito, restos óseos (Fémur, Dientes de leche, molares), cuentas de azabache, cuentas de hueso cóncavas, que utilizaban en sus actividades cotidianas.

Se considera que la población que habitaba la aldea era de posiblemente 150 habitantes, y se consideró como la civilización KENIKE. Se afirma que no se sabe de la existencia en ninguna parte de Venezuela una concentración similar de terrazas como las halladas en la aldea de Colinas de Queniquea, por lo que se considera que es la primera evidencia de un pueblo prehispánico en el país.

Grandes estudiosos como Julio C. Salas y Alfredo Jahn, por mencionar algunos han dado hipótesis a los primeros asentamientos indígenas del Táchira, dando a la región de Queniquea la cuna de la civilización Kenike. Don Tulio Febres Cordero es más explícito y señala que todas estas tribus estaban asociadas a “la vasta población indígena que tenía su centro principal en la altiplanicie de Cundinamarca, asiento de los Muiscas, cuyo imperio ocupa el tercer lugar en el orden jerárquico de la antigua civilización del nuevo mundo”. Y, más recientemente la arqueóloga Reina Durán ha señalado que en Queniquea, en la aldea Machado se encuentra el Machu Picchu tachirense. Lo cierto es que el nombre de Queniquea pervive, y es un nombre indígena y que ya Don Tulio Febres Cordero señala en su lista de poblaciones indígenas del Táchira. La arqueóloga Reina Duran en una clasificación muy interesante que hace sobre las poblaciones indígenas señaló que “los quiniqueos” pertenecen a la familia Aruaca.

En ese periodo histórico que se pierde en el tiempo, los indígenas denominados Queniques, vivían de la tranquilidad, sembrando el campo, adorando a sus deidades, hasta que un día el dios del Trueno les envió aquellos seres vestidos de metal. Esto sucedía el día que Juan de Maldonado y Ordóñez de Villaquirán cruza la ciudad del Espíritu Santo (La Grita) y dirigiéndose a la derecha llega a un Valle, el cual bautizara como Valle del Espíritu Santo (donde hoy se asienta San José de Bolívar) habitado por una aldea de nombre Babuquena, esto ocurría el 24 de mayo de 1561, allí Maldonado pernotaría con sus hombres aquella noche, como señala en sus Crónicas Fray Pedro de Aguado. Al día siguiente, Juan de Maldonado se dirige a otra meseta, donde encuentra otra aldea con los indios Queniques, es así como Juan de Maldonado descubre Queniquea el 25 de mayo de 1561. Juan de Maldonado y sus acompañantes debieron quedar admirados ante la belleza de estos paisajes, ya para 1601 el Juez Pedro de Sandes mandaría a construir un Monasterio en el Valle del Espíritu Santo a donde acudirían los indios del Capitán Gabriel de Anguieta del pueblo de Queniquea.

Al leerse con detenimiento las Crónicas de Aguado observamos y sentimos la travesía de Maldonado por el Páramo de la Cimarronera hasta llegar al Valle del Espíritu Santo y luego llegar a la Meseta de Queniquea. Señala Aguado que allí habían dos pueblos “Sunesua” y “Quenega”, Coincidencia o no, Quenega y Queniquea tienes mucha relación. Por lo tanto Maldonado entraría a la Meseta de Queniquea el 25 de mayo de 1561.

Luego de su estadía en Queniquea, Maldonado continuaría su travesía hacia el Páramo del Zumbador y de allí a San Cristóbal. Más adelante el 8 de agosto de 1581 a Baltasar de Artiga le es dado como recompensa el pueblo de Queniquea por el Cabildo de La Grita. En ese intercambio de tierras Baltasar de Artiga entrega treinta indios de Queniquea y su poblado al Cabildo, que luego fueron dados al Capitán Gabriel de Anguieta.

Ya para 1601, los colonos se habían repartidos los pueblos e indios. Sigue en esta historia tan interesante otro nombre de un encomendero, y es para 1631 que los indios Queniqueas que fueron antes de Gabriel de Anguieta, después de la mujer de éste, serán entregados a Don Juan Méndez y Miranda, Procurador General del Cabildo de La Grita. Se pagó por el pueblo de Queniquea en 1631: 13 patacones y 6 reales y medio por el tributo. La encomienda tenía 15 personas en total y su cacique se nombraba Mateo. Este Mateo es el primer queniqueo que se nombra en las Crónicas de Indias.

La historia - según Lucas Castillo - señala que Mateo, Cacique de los Queniqueas, respondió con franqueza al Cabildo que en la estancia de dos leguas de la población de Queniquea se sembraba algodón, maíz y trigo. El papel jugado por la iglesia católica en la formación de la sociedad queniquea después del periodo indígena es fundamental, desde los primeros curas doctrineros venidos junto con los conquistadores a fundar pueblos a comienzos del siglo XVI, hasta la creación del poblado en 1817, esto ha sido de primera importancia. La Iglesia fue un factor determinante en el desarrollo de la educación, la política, la economía y la formación espiritual de los habitantes de Queniquea, y por tal razón debemos mencionar algunos hechos, aunque sea de manera breve sobre la evolución de la iglesia queniquense. La historia de la evolución religiosa está muy ligada también a la historia del pueblo.

En 1628 pasan por Mérida los primeros Jesuitas y Franciscanos, provenientes del Nuevo Reino de Granada y la Ciudad de León, con destino hacia Caracas. Al encontrarse con un mundo ideal para el recogimiento espiritual y el estudio, con montañas coronadas de cumbres altas cubiertas de nieve, bosques poblados de árboles de todo tipo y huertas feraces y campos de cultivo donde la naturaleza se derramaba en abundancia de frutos y flores, deciden quedarse en estos lugares. Muchos de estos monjes Franciscanos y Jesuitas se internaron montaña adentro con los colonos en la formación de nuevos poblados. Los Jesuitas, Dominicos y Franciscanos, aparte de sus ocupaciones de tipo espiritual tenían un sentido muy desarrollado para las actividades productivas: desarrollaron una red comercial y agrícola muy vasta con haciendas de cacao en el Puerto de Gibraltar en Maracaibo, caña en Mérida, tabaco en Barinas y otros productos. En la ciudad de Mérida contribuyeron mucho a la educación al fundar el primer colegio bajo el nombre de San Francisco Javier.

En 1778 se crea la Diócesis de Mérida de Maracaibo, mediante una Bula del Papa Pío VI, siendo el primer obispo Fray Juan Ramos de Lora de la orden Franciscana. Desde su llegada a Mérida, despliega una gran actividad civilizadora, con la erección de la Catedral, El Palacio Episcopal y un seminario para formar nuevos sacerdotes, y sobre todo la catequización para los Andes, en ello estaba el Táchira.

Señala Lucas Castillo Lara que en la visita pastoral de 1805 hecha a La Grita, el Obispo Hernández Milanés traslada de Bailadores al Río Bobo al Padre Casimiro Mora, donde debía encargarse de una Capilla o Monasterio que estaba en ruinas en el Valle del Espíritu Santo, Monasterio hecho por los franciscanos en el año de 1631.

El 7 de octubre de 1808 el Padre Casimiro Mora, funda en la meseta de los indígenas kenikes al pueblo de Queniquea, y ya para 1810 el Padre Mora se encuentra en Queniquea levantando otra iglesia junto a los vecinos José María Roa, Cecilio Pérez, Isidro González, Jacinto Ramírez, Rafael Ramírez, Feliciano Pulido, Joaquín de la Rosa Pulido, José Florentino Pulido, Luís Antonio Moreno y Antonio Bernabé Vivas. Lo cierto es que para 1816 vuelve el Padre Mora a Queniquea y se encuentra con desavenencias entre sus pobladores, unos quieren al Padre Mora como sacerdote, mientras que otros piensan en un cura de raíces queniqueas para la fundación del pueblo, entre los que representan este nuevo proyecto aparece Don Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez. El padre Mora había restaurado el Monasterio del Río Bobo en 1806, pero los queniqueos que tenían mayoría de votos, pidieron que se trasladase a Queniquea la iglesia del Río Bobo y para ello ofrecen donar nueve cuadras de tierra para la nueva iglesia. En estas discusiones los de Queniquea querían como párroco al padre Pablo Antonio Morales, cuyos antecesores eran de los primeros fundadores de Queniquea. Esta solicitud es dirigida al Obispo por intermedio del Vicario Fernando José García]. Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el Obispo decreta la traslación de la Capilla de Río Bobo a Queniquea, convertida desde ese día en Vice-parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea.

Para 1816 el Obispo Rafael Lasso de la Vega continuaba su viaje a Bogotá, donde lo consagra el 11 de diciembre de 1816, el Arzobispo Don Juan Bautista Sacristán. A su regreso a Maracaibo, el 30 de abril de 1817, envía su informe a su majestad dándole cuenta del estado de sus Diócesis.

Al referirse a La Grita dice, que es lo más despoblado del Obispado, pues en su vasto territorio sólo tiene una parroquia y tres pueblos que fueron de indios y en el día eran de blancos. Menciona la idea de elegir un nuevo Curato y de continuar el que haya había comenzado su antecesor. Se trataba de la Viceparroquia del EL Cobre y la del Río Bobo y Queniquea. Estos últimos sitios, debido a lo alejado de los centros de comunicación, pensaba agregarlos, incluso con traslación de sus vecinos, al sitio de la Higuera en el Río del Valle (aldea de La Grita). Allí debía edificarse una nueva capilla. Los vecinos de Queniquea, representados por Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez, solicitan ese mismo año al Obispo que reconsidere su decisión. Ya que luego de una reunión entre las cabezas de familia de aquellos lugares, resolvieron pedir que la capilla se construyera en el sitio de la Mesa de Queniquea (Meseta de Queniquea); argumentaban, que el sitio de Río Bobo ya tenía una capilla y casa para el cura, construida en 1806 por el Padre Casimiro Mora, de orden del Obispo Hernández Milanés. Pero este lugar no era céntrico ni apropiado y quedaba trasmano de los vecinos, además esto se hizo contra el sentir de la mayoría de sus habitantes que la querían en la Mesa de Queniquea.

Es así que los vecinos Enrique Roa y Antonio María Contreras, ofrecen donar para el vecindario la fundación de la iglesia nueve cuadras de tierra, en el sitio donde estaba el vecindario de Queniquea. Prometían pagar la Cóngrua del Cura y solicitaban les nombrases Párroco a Pablo Antonio Morales, clérigo tonsurado que se hallaba cursando estudios en el Seminario de Mérida. Los antecesores del Padre Morales eran los primeros fundadores de Queniquea. La solicitud es dirigida por intermedio del Vicario Fernando José García. Este inclinaba sus simpatías a favor de Queniquea e informa favorablemente la petición. Pero no todos apoyaban la solicitud de Queniquea, los vecinos de Río Bobo eran opuestos, que veían perder su preeminencia, y los Señores Juan Andrés Roa y la Viuda Doña Luz Márquez, por otras causas.

Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el Obispo decreta la traslación de la Capilla de Río Bobo a QUENIQUEA, convertida en Vice Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Queniquea. Acepta la donación para la Iglesia de las nueves cuadras de tierra prometida, y ordena al Vicario García se traslade allí para la ejecución de todo eso. El 8 de abril de 1818 el Padre García va a Queniquea, a tomar posesión de lo donado, lo cual se verifica ese día. A todo se le da se le da carácter formal ante el Notario Público Eclesiástico, Facundo Morales.

Después el Padre García, acompañado de todos los vecinos, tomó la posesión de las nueves cuadras de tierra y se alinderaron con sus mojones, se delineó el cuadro para formar la plaza y en el sitio donde se iba a construir la Iglesia, en el punto donde iba el Altar Mayor, clavó una Cruz. Puso piedra fundamental de la fábrica y bendijo todo eso, luego el Masón Don Thomas Pulido diestro en la ebanistería, traza las calles siguiendo el patrón de un poblado español, y modela la primera iglesia a escala de una Iglesia perteneciente a la Ciudad de León en la madre patria; España. La traslación de ornamentos de la Capilla del Río Bobo estuvo a cargo de Don Jacinto Ramírez, quién se encargó de traer las imágenes de San José, la Virgen del Carmen, San Rafael, Virgen de los Dolores, entre otras. La Capilla del Río Bobo, era conocida como la “Iglesia de las Guamas”, pues con ese material se empezó la construcción del antiguo Monasterio, información dada por Don Altagracia Peñaloza, ya que en tiempo de la colonia el Valle del Espíritu Santo estuvo como una gran hacienda de tabaco bajo el cuidado de los monjes Franciscanos. Después hubo fiesta alegre en aquella verdeante Meseta, custodiada de altos Cerros.

Nacía oficialmente un pueblo, por la voluntad generosa de aquellos hombres. Su población se va aumentar muy pronto, con las migraciones de gente de La Grita y otros lugares, que se refugiaron allí huyendo de la guerra. Entre ellos estará el Padre García, quien pasa allí su tiempo escondido de los españoles.

La población de Queniquea, con mucho esfuerzo, sacrificio y tesón había logrado su Viceparroquia, aspiraba a mayores metas a través de insistentes y decididos empeños logró que la Diputación Provincial la decretara PARROQUIA CIVIL el 12 de noviembre de 1838 y cuya ordenanza dice lo siguiente:

La Diputación Provincial de Mérida. Considerando: Que por la atribución 21 de Artículo 161 de la Constitución, corresponde a las Diputaciones Provinciales acordar establecimiento de nuevas poblaciones; y visto el informe del Consejo Municipal de La Grita acerca de las conveniencias de elegir Parroquia el Barrio de Queniquea de aquella jurisdicción por contar con más de quinientas (500) almas. ORDENA. Art. 1.- Se acuerda el establecimiento de la nueva Población o Parroquia de Queniquea en la Jurisdicción de La Grita. Art. 2.- El Gobernador de la Provincia de acuerdo con la autoridad eclesiástica procederá a fijar los limites de la nueva parroquia conforme a las Leyes, y dispondrá lo conveniente para que provea la aprobación del Poder Ejecutivo se elijan los Magistrados que deben Regirla.

Dado en Mérida en la sala de secciones de la Diputación Provincial a doce de noviembre de 1838 de la Ley y 28 de la Independencia

El presidente (firmado) Ignacio de Dios Picón. El secretario (firmado) R. Alvarado.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Papeles del Ministerio del Interior y Justicia, Folios 86 y 87 año 1838

La cámara de representantes lo confirmó el 23 de febrero de 1839 y la cámara del Senado el 15 de abril de 1840. Por último, el Gobernador y Jefe Superior Político de la Provincia Gabriel Picón, decretó la nueva Parroquia el 20 de julio de 1840.

Le asignaron por limites: Sur, cima del Alto de Sumusica a dar con las Agrias, al Norte, de la población. De aquí por toda la cima de este alto hasta dar con la línea que divide el territorio de La Grita del de San Cristóbal; Oeste, esta misma línea siguiendo por la izquierda, y dando la vuelta a remontar en el Páramo de Sumusica, lindando por aquí con Caparo y Pregonero, y por Este, la cima del Páramo del Guamal. Limites parecidos al actual territorio.

Es así que Queniquea, fue una de las primeras poblaciones que obtuvo su separación de La Grita, y empieza ahora a luchar también por obtener su Parroquia Eclesiástica, ya que sus habitantes son bastantes religiosos. Así lo dan a entender en 1845, en su solicitud que dirigen al Obispo pidiendo los dotara de Cura permanente, pues el suyo que era el padre Morales esta en La Grita. Alegaban que la Población iba progresando, pues ya tenían setecientas almas según el censo de 1844. Firman la solicitud los jueces de Paz Juan Andrés Escalante, José Antonio Carrero, Juan de la Cruz Zambrano, Alejandro Sánchez, Agapito Mora, Lucas Moreno. José Antonio Roa y varios otros, pero no lograron nada.

Cinco (5) años más tarde el 23 de diciembre de 1850 vuelven a insistir sobre la creación de la Parroquia Eclesiástica, manifestando que, para la fecha tenían 883 habitantes. Los jueces de paz eran José Vicente Carrero y Patrocinio Carrero, el Síndico Simón Ramírez. El Obispo debió conmoverse con tanta insistencia, porque, quince (15) días después envía estas solicitudes al Vicario de La Grita para su informe. El Padre Ramón Ignacio Duque apoya generosamente la creación de la nueva Parroquia; en su informe deja constancia que el 20 de julio de 1851, tenía Queniquea novecientas nueve (909) almas; sus pobladores eran gente honrada y laboriosa, que proporcionaban al comercio de San Cristóbal, utilidades muy considerables con los frutos que llevaban al mercado, principalmente harina y café. Tenía una Iglesia de Tapias techada de tejas, su casa rural y un cementerio cercado de paredes. El Obispo da su consentimiento para la creación de la Parroquia Eclesiástica, el 13 de octubre de 1852. De acuerdo con la Ley del patronato, sigue después la tramitación ante las autoridades civiles. El 31 de octubre la decreta el Gobernador de la Provincia, Ponce León. El 3 de enero de 1853 la aprueba el Poder Ejecutivo, y finalmente fue elevada por el Obispo de Mérida Monseñor Juan Hilardo Boset el 21 de junio de 1853.

Queniquea continuara siendo un pequeño pueblo a través de todo el siglo XIX, sus gentes se dedicaran a la faena del campo y a construir sus casas con tejas y paredes de tierra pisada, con grandes corredores, con amplios ventanales y un jardín amplio en el centro de esas Casonas, la gente se dedica con esmero a trabajar y a rezar a Dios. Sus diversiones son sanas, se espera el domingo con alegría, los días de Semana Santa y Navidad son un jolgorio. Cuando muere un queniqueo el pueblo lo siente todo, pues en el siglo XIX Queniquea era una comunidad. La “palabra santa”, dicha por el sacerdote es ley, nadie se atreve a seguir al maligno, aunque se sabe que en la montaña azul ronda una vieja hechicera con sus ungüentos y brebajes mágicos. El Silbón y La Llorona se aparecen a aquellos hombres infieles y que no dedican tiempo para ir a misa. El miche se hace en alambiques caseros. La comida se da en abundancia, pero la cizaña crece. Dos pueblos siguen enemistados.

Un domingo del mes de noviembre del año 1882 se presenta una trifulca entre queniqueos y rioboberos, y allí sale herido Pedro Juan Pulido, queniqueo radicado en Buena Vista, este fue herido por otro queniqueo, José María Moreno. Es allí cuando la familia Pulido descendiente directa de Don Joaquín de la Rosa Pulido decide radicarse para siempre en el Río Bobo y el Patriarca Don Ramón de Jesús Pulido funda al año siguiente el pueblo de San José de Bolívar. De este linaje de los Pulido en Queniquea sólo queda en el pueblo Don José Gregorio Pulido - como señala su descendiente directo José Gregorio Pulido (bisnieto)-. En este año era sacerdote de Queniquea Fernando María Contreras. Después de ese incidente entre rioboberos y queniqueos, el Padre Contreras ayuda a su amigo Ramón de Jesús Pulido a fundar San José de Bolívar, en esa fundación conocería al General Manuel María López, quién sería el padre de Eleazar López Contreras. Está finalizando el siglo, el café da solidez económica a las familias de Queniquea, el pueblo empieza a germinar. Pero Queniquea duerme aún, se prepara quizá para otro paso en la historia, la etapa de la revolución, la era de los montoneros, la era de los andinos en el poder. A finales del siglo XIX los queniqueos se preocupan por que sus hijos se preparen y estudien; ya para 1877 existía una escuela de varones con 25 alumnos. De ahí saldrían hombres como el Dr. Diógenes Escalante, un baluarte para la historia.

A principios del siglo XX, Queniquea empieza a reestructurarse con Cipriano Castro en el poder. Ya el 16 de noviembre de 1901 la junta comunal queda integrada por los ciudadanos: Timoteo Escalante, Asunción Chaparro y Agustín Roa Escalante. Durante el mandato de Castro, Queniquea empieza a prosperar, pero al tomar el poder el Gómecismo, Queniquea se une a la revolución de la montaña junto a Pregonero y El Cobre. El pueblo vuelve a caer en el atraso, pues los Jefes Civiles empiezan a mermar el miedo y el terror, son muchos los queniqueos que huyen a la montaña de la guerrilla. Eustoquio Gómez se enguerrilla con los queniqueos por esta causa, cuestión que manifiesta en una carta al mismísimo Benemérito General Gómez fechada el 15 de septiembre de 1921, y entre otras cosas dice: “… lo mismo que los queniqueos, donde hay varias guerrillas por esos montes amenazando los pueblos y robando varias aldeas, en estos días robaron dos aldeas de Río Bobo; en estos días le he estado dando una espulgada a la Mesa del Tigre donde se la pasan esos bandoleros que no se pueden coger entre esas montañas...”. El enfrentamiento más fuerte que se dará en esta época se producirá por la muerte de José Antonio Roa, hijo de Joaquina Roa por la recluta ordenada de Eustoquio Gómez. Por el alzamiento de Félix Matamoros en San Antonio del Táchira en 1917. La muerte de José Antonio Roa, abrió un periodo de violencia para Queniquea, San José de Bolívar y Pregonero. Queniquea a pesar de no estar con Juan Vicente Gómez y seguir las hazañas del General Juan Pablo Peñaloza, era un Municipio de hombres pacíficos, dedicados al trabajo de la tierra. José Antonio Roa era muy apreciado en el poblado y porque al hablarle al Jefe Civil Rubén Rojas reclamando sus derechos por el sentimiento de dejar la faena del campo e irse de recluta, fue llevado a la fuerza. En el lugar de Los Pilones, se cuenta el Coronel Cárdenas, encargado del Regimiento Militar, al observar que José Antonio Roa no quería seguir en su batallón le introdujo un tiro en la frente. Y como una marioneta a quién le cortan los hilos, el cuerpo de José Antonio Roa cayó en aquel Páramo. Su cuerpo fue llevado entre lágrimas a Queniquea y enterrado en el cementerio del pueblo. La muerte de José Antonio Roa no quedó impune, los otros reclusos entre queniqueos y rioboberos se alzaron y se dice - señala Ramón Vicente Casanova en su libro Candelas en la Niebla - corrió “abundante la sangre, que los campesinos no iban a pasar por alto la agresión de la que fue víctima" José Antonio Roa. A partir de este enfrentamiento en Los Pilones, Eustoquio Gómez cobró especial querella contra Queniquea y siempre escogió los peores subalternos para encomendarle su Jefatura Civil. A Domingo Cárdenas lo sustituyo el Coronel Francisco Ayesterán. Este Coronel Ayésteran, era un sanguinario, pues llegó apropiándose de ganado, decretó nuevos impuestos sobre cada carga de café, maíz y otros productos agrícolas. Ayesterán persiguió sin clemencia a los generales monñeros Angel María Salcedo, Baldovino Sánchez y al Coronel Meliton Mora cabecillas visibles del conglomerado liberal que seguía los alzamientos del General Juan Pablo Peñaloza. En otro de los alzamientos que se diera en Queniquea - comenta Casanova - debieron sacar a Ayesterán en un cajón de maíz para poder salvarle la vida, ya que su cuartel fue atacado por bombas caseras de Kerosén.Esta acción bélica la realizaría Ángel María Salcedo y sus montoñeros, bajo la consigna: “Peñaloza sí, Eustoquio No, Peñaloza la vida, Eustoquio la muerte”. Más adelante es enviado a Queniquea el Coronel Sixto Rangel, imponiendo una contribución de dos bolívares a las personas que entraran o salieran de Queniquea. Luego empezó a decomisar ganado y cosechas, el pueblo victorioso de Queniquea se volvió a alzar. El Coronel Sixto huyó con sus hombres por Mesa del Tigre, pero allí era esperado por Baldovino Sánchez y sus montoñeros, el Coronel Rangel cayó herido, tuvo que defenderse a muerte y logro escaparse a Cordero. A esto señala Ramón Vicente Casanova volvió la normalidad a Queniquea, hasta que apareció el Coronel Tomás Ramírez, con parecidos procedimientos a sus antecesores. Este colocó carteles por todo el pueblo en una cerrada persecución a los montoñeros. Como no pudo su cacería de brujas se lanzó contra los campesinos, llevándose sus cosechas y útiles de trabajos. Comenta Casanova que Ramírez caía "en las fincas de caña y colocaba su gente a cortar y moler, para cargar con la panela". Se cuenta, además, que no pocas veces desmontó las pailas de los trapiches y se las llevó, por lo que fue apodado “El Pailas”. Pero como todo poder que tortura y discrimina cayó abaleado de gravedad en la aldea San Pablo, cuando estaba tras la pista de Ángel María Salcedo. A alias “El Pailas” le siguió el Coronel Maximiliano Depablos, cuyo botín predilecto era el café. Se cuenta que hizo pagar al mismo padre José Ignacio Moncada los fletes de mulas para que le llevase un café a San Juan de Colón. Depablos se lanzó a una coacción colectiva con sus jueces de Aldea para atrapar a los “lagartijos” o montoñeros. Mientras en San Pablo pernoctaba Pedro Molina (cabecilla de la guerrilla de montaña), Ángel María Salcedo, Melitón Mora y Baldovino Sánchez. Pedro Molina había ganado el título de General combatiendo a los Gómez en Pregonero. Mientras Salcedo, Mora y Sánchez ganaron sus títulos con Juan Pablo Peñaloza. Cincuenta montoñeros de a pie - señala en su “Crónica” Casanova - se lanzan a rescatar de nuevo a su natal Queniquea, unos van a pie, otros a caballo, unos llevan fusil, otros machetes. Pedro Molina se caracteriza por ser buen tirador con revólver. Suben por el río Samparote, sabedores de que en Queniquea los espera Depablos, pues uno de sus soplones ya le ha ido con el cuento. Depablos amenaza al Padre Moncada con quemar a Queniquea, así como quemaron a Pregonero y a EL Cobre. El padre Moncada trata de prevenir que la gente del Combudo lleve su ofensiva sin que los habitantes de Queniquea salgan heridos. Los montoñeros llegan de noche y los hombres de Depablos no pueden dar en el blanco, sus enemigos se pierden en la noche. Al final de la contienda Pedro Molina despunta su revólver y con su puntería mata al Jefe Civil Depablos, quedando el pueblo en manos de los montañeros. Los queniqueos gritaban: “Los Gómez mandan en la ciudad, pero los guerrilleros dominamos los montes y de los montes no nos bajaran, Viva Peñaloza, viva la libertad”.

Con esta victoria llega la paz a Queniquea, pues Eustoquio Gómez es enviado al Estado Lara y con una amnistía, las nuevas autoridades bajo el mando del General Ángel María Salcedo toman la Jefatura Civil del poblado. Son días de paz y tranquilidad y los montoñeros parecen deponer las armas. Ya para el periodo de Salcedo en el poder, a Queniquea lo componen las Aldeas de Santa Filomena, Los Barros, Mesa del Tigre, Machado, La Pérez, La Blanca y El Combudo o San Pablo (Este poblado para esta época contaba con 2933 habitantes, de los cuales 1448 son varones y 1485 son hembras). En “El Álbum del Táchira” de 1930 Humberto Díaz Brantes señala que “el municipio cuenta con climas cálidos, templados y fríos, llegando en algunas partes hasta el frío intenso, de manera que en el suelo se producen la variedad de productos que se cosechan en la diversidad de ellos. Sin embargo, de preferencia se cultiva el café, de cuyo producto exporta alrededor de 8000 quintales anuales”. Sus haciendas están provistas de maquinarias criollas para el beneficio del café, la caña de azúcar y el trigo. Por este tiempo se está haciendo el ramal de la Carretera Trasandina que conectara a Queniquea con El Zumbador. Las calles del poblado son empedradas y las casas están pintadas de diversos y bellos colores. Igual para esta época suceden las instituciones a cargo de Domingo Zambrano Roa y su escuela de varones y la señorita María Arias. La escuela de varones enseña las materias básicas de Lengua, Matemática, Geografía, Historia, Latín, Religión y Música. El maestro Domingo Zambrano Roa llevaba a sus alumnos a enseñarles al aire libre, a amar la naturaleza mientras le leía a sus alumnos los clásicos griegos y el Quijote de Miguel de Cervantes. La Escuela de Niñas a cargo de la Señorita María Arias enseñaba a las niñas a leer y escribir, pero sobre todo las preparaba en los quehaceres de bordado y cocina, y en la lectura y meditación de la Biblia.

A continuación transcribimos lo que aparece de Queniquea en La Guía General de Venezuela (1929): “Tiene este municipio 534 casas y 2933 habitantes. De los cuales son varones 1448 y hembras 1485. La capital del municipio es Queniquea y pertenecen a su término municipal las aldeas de Machado, Los Barros, La Pérez, La Blanca, El Combado (San Pablo) y Mesa del Tigre. Durante los primeros años de la Guerra de la Independencia, muchas familias realistas que se vieron hostilizadas en La Grita por las fuerzas revolucionarias, huyeron al fondo de las montañas del sur y fueron a situarse en una meseta de gran altura, a la margen derecha del río Samparote donde empezó a fundarse la población de Queniquea, erigida después en capital del municipio. Su altura sobre el nivel del mar es de 1597 metros y su clima aunque es sano es sumamente frío. Jefe Civil del Municipio: Buenaventura Buitrago. Secretario: José R. García. Presidente de la Junta Comunal: General Ángel María Salcedo. Cura Párroco: Presbítero José Ignacio Moncada. Comerciantes: Rubén Darío Pérez, Francisco Alviarez, José Leonardo Rojas, Simón Carrero, Pedro Franchesconi. Hombres en el Gobierno: Dr. Diógenes Escalante, General Eleazar López Contreras.

Ya después de 1930 el periodo gómecista empieza a declinar y eclipsar, ello lleva a que Queniquea viva en una aparente tranquilidad, las mujeres comparten los café de tarde con sus amigas y los hombres escuchan a Gardel en la vieja Vitriola en la casa de Don José Gregorio Pulido o van a una pelea de gallos. En el año de 1934 toma la Jefatura Civil el Coronel Melitón Mora y con él se escribirá una de las páginas más oscuras de la historia de la Queniquea del siglo XX. El Gómecismo esta por morir y un queniqueo dejará su firma en la historia del país. El 7 de octubre de 1936, bajo el mandato del país del Eleazar López Contreras, Queniquea estaba bajo el poder del Coronel Melitón Mora, quién no quería entregar la Jefatura Civil. Se armó tremenda trifulca entre Julián Carrero, quién tenía un pleito severo con Ángel María Salcedo por la Prefectura. Aquella noche - señala Doña Ana Francisconi - sale herido Don Julián Carrero, a este le salvo la vida Doña Teresa Roa, quién en ayuda de Don Pedro Francisconi intercedieron para que no mataran a Don Julián. Un familiar de Don Julián, de nombre Carmen Carrero, estaba en estado y aborto cuando vio que a Julián lo habían herido. En la pelea Doña Itala Pulido de Roa, casada con Don Luís Roa se llevó a Digna Roa, una niña recién nacida a su casa. Era aquel 7 de octubre víspera de la Virgen del Carmen, y en esa marea de emociones el Coronel Melitón Mora mata a Argimiro Varela con una daga, de una puñalada. Este Argimiro Varela era familia de Monseñor Ramírez. Se dijo que Argimiro estaba armado con un revólver, pero dicha arma nunca apareció. Esa misma noche murió también el Coronel Melitón Mora y un policía de apellido Roa. A finales de 1936 Don Julián Carrero toma la Jefatura Civil, y Queniquea se enrumba al progreso, no sólo tiene a un hijo de ese pueblo en la Presidencia, sino que con educación y trabajo se preparan a enfrentar el siglo XX, que es como señala la historia que empieza en Venezuela bajo el mandato civilista de Eleazar López Contreras. Aunque aún se llega en mula o caballo al pueblo, Queniquea se lanza a la conquista de la era moderna. Durante 1936 y 1941 por orden del General Eleazar López Contreras, se construyó la carretera desde El Zumbador hasta Queniquea a punta de pico, pala y pólvora hasta el sector La Loma, de allí en adelante se completó con maquinaria los 35 km de vía. En esos años, llevaron la primera planta eléctrica de combustible que sustituyó a una movida por agua instalada en 1925 en la quebrada El Molino, año en el cual habían llevado cemento por primera vez a Queniquea. y para finales de la década de los 20 ya existía telégrafo en Queniquea. Por lo que antes de la luz eléctrica la gente se acostumbraba a acostarse temprano - señala en entrevista amena Doña Ana Francisconi-. La gente de Queniquea era sana, casi no había enfermedades. Es Juan Ramón Chacón quién es enfermero y su curiosidad lo hizo por mucho tiempo el médico de Queniquea, ya que al poblado sólo llegaban médicos practicantes que iban a Queniquea por cortos lapsos de tiempo. Antes, el medio de transporte era el caballo y las mulas. Y el primer carro lo trae a Queniquea el señor Carmelo Cárdenas. Entre 1933 y 1940 son maestras Elena Bermeci y Adela Zambrano. Doña Cleotilde Escalante llevaba el correo del pueblo. La Colorada y La Blanca eran las aldeas más belicosas, donde los problemas se arreglaban con armas blancas. Se daban muchos pleitos por las peleas de gallos. Doña Ana Francisconi recuerda a Gelasio Moreno como uno de los más afamados gallistas de la época. Las casas eran de una planta, con un jardín en el centro. La gente se dedicaba al campo, al café y la caña. Por lo que habían trapiches en Delicias, Machado y Los Barros en la zona del Altico. Para este tiempo habían muy pocas casas en Queniquea alrededor de la plaza. Y el miche ha sido y estado en Queniquea - se limita a señalar Doña Ana Francisconi - y las paradas de niños, los bautizos, los cumpleaños se daban con grandes “comilonas”. Y las fiestas se daban en diciembre, en torno a las misas de aguinaldo y la navidad. José Gregorio Pulido que vivían en San Pablo se trasladan a Queniquea. Era la época que se vendía kerosén en las bodegas y tiendas, entre ellas la de Doña Carmen Contreras y la Carnicería de Don José Antonio Zambrano. Una tienda de ropa la atendía Don Teofilo y Francisco Ramírez frente a la plaza. Donde hoy funciona Banfoandes desde los años 50 funcionó una Bodega de Carmelo Duque, que antes la tuvo en la carrera 2. José Antonio Carrero, hermano de Julián Carrero hacía las urnas y era el sepulturero del pueblo. Posteriormente en 1948 llevaron una segunda planta con capacidad para 10 bombillos que alumbraba la iglesia y las calles mas cercanas; para 1957 llegó la electricidad. Asimismo con la llegada de la carretera se eliminó la toma de agua del medio de las calle del pueblo que existió desde la fundación, y se construyó el acueducto. En 1952 se fundó la Línea Sucre, que prestaba el servicio de transporte hacia San Cristóbal con camionetas Apache, luego en el 59 adquirieron autobuses, la linea desapareció en 1970; en 1983 se fundó la Asociación Civil Línea El Rosario de carritos por puesto. En 1960, se asfaltaron las calles del pueblo. En los 70 llegara de La Pérez Doña Flor Zambrano y su esposo Amadeo Moncada y colocaran una tienda al lado de la iglesia del Rosario. Don Clemente Narváez fue uno de los primeros queniqueos en participar en el desarrollo de una ruta de Expresos Queniquea - San Cristóbal, donde los primeros buses de transporte estaban sostenidos sobre un camión con sillas de madera. El liceo Don Simón Rodríguez fue fundado en 1974 con lo que se consigue un nuevo avance para Queniquea. Y, quizá el queniqueo sigue su rumbo a un futuro grande, y aquel caminante misterioso, curioso se detendrá ante aquella tumba, desconocida o no, quizá este allí Mateo o Juan Antonio Roa, héroes emblemáticos de esta montaña azul del sur.[3]

Documento Histórico de la Fundación de Queniquea[editar]

Dice así el histórico documento:

De orden del Iltmo. Sor. Dr. Br. Santiago Hernández Milanéz Dmo. Obpo. de Mérida dada en veintidós de septiembre de mil ochocientos ocho, pasé por el sitio de Queniquea en solicitud del terreno más cómodo pa la fundación, y haviéndome cogido allí el día quatro de octubre en que cayo el primer domingo en que la Ygca. N. Me. celebra la festividad de Ntra. Sra. del Rosario, selebré allí la primer missa, hise padrón del que resultaron solo ciento cinquenta almas por lo que por ser el día del Rosario dedicamos a la Virgen Santísima del Rosario esta fundación, eligiéndola por Nuestra Patrona titular. Y en el mismo día pasamos a este lugar donde esta la fundación y demarcado el plan pasamos a San Anto por no Iaver aquí donde reposar por estar decierto y sin casas el terreno.

A cinco de Octubre de 1.808 de unánime consentimiento y en virtud del orden superior sitada la eficacia de los vecinos dirigidos por Juan Bautista Gómez hicieron una capilla lo más aseada que el terreno permitía cuya operación duró hasta el día ceis del mismo mes.

A siete de Octubre de 1.808 se dixo la primera misa en otra capilla que por pronto remedio se había construydo y seguimos en proporcionar la fundación hasta él día once del mismo Octubre y se dispuso el comenzar la otra Ygla. de Tapias y tejas hasta el Noviembre Ynter se prevenía lo necesario.

A treinta de Noviembre de mil ochocientos ocho, yo el Pro. Dr. Josep. Casimiro de Mora destinado de orden superior puse y bendixe la primera piedra que labré y acomodó Juan Bautista Gómez maestro de la obra, guardando en todas las ceremonias que prescrive el ritual Romano.

Desde el día primero de Diciembre se siguió la fábrica de la Yglecia, en varias estaciones del año con muchas interrupciones, por las cuales de los tiros, por los hinviernos y otras perturbaciones de los enemigos, hasta que a fuerzas de porfías venciendo varios obstáculos se puso la hultima teja el día diez y ocho de Marzo de 1.809, y se Ynterrumpió la obra hasta sin concluirla volví de Baylads (Bailadores).

El día 24 de Enero del año 1.810, y el día 25 de los mismos dixe la primera misa en la nueva Yglecia en un altar de magueyes que a prevención havian levantado y siguió la obra de las puertas con mucha morosidad por falta de fuerzas y fervor.

Padrón.- El día quatro de Febrero hise padrón de todo el vecindario y en todos o por todos los hombres, mujeres, chicos y grandes solo resultó el total de doscientos tres, de los cuales son de comunión cinquenta y ocho hombres, quarenta y ocho mujeres, cinquenta y sinco muchachos, y quarenta y dos niñas, y por que conste lo firma Josep Casimiro de Mora.

Vía Sacra.- El día 16 de Febrero se bendixieron; y se pusieron las cruces de la vía sacra, y se comenzó en el mismo día tan piadosa devoción que se ha de repetir con el favor divino todos los viernes y días de fiesta de todo el año.

Traslación de Ornamentos.- El día diez y siete llegó Jacinto Ramírez con los ornamentos de la demolida Yglecia de las Guamas, y en el mismo día se colocaron las Ymágenes de Sor. S. Josep la Virgen del Carmen, S. Rafael, S. Juan Nepomuceno, dos de Dolores, una Concepción y otras pequeñas en el lugar más decente, y al día siguiente Domingo que contamos 18 de Febrero se propuso el que fueran a traer el tabernáculo, y sagrario del Río de la Grita, y todos se conformaron, y contribuyeron a la conducción de dicho Altar. Para cuya traslación concurrió de S.S. Y el Sor Milanés por letras dadas el día primero de Febrero en que manda se haga inventario firmado por mi y dos vecinos de esta nueva fundación y es como sigue.

Ynventario.- Primeramente una casuya morada con sus adminículos, usada.

  • Yt otra yt colorada con sus adherentes los mismos.
  • Yt otras dos blancas con sus adminículos mui rotos.
  • Yt dos negras Ynservibles con sus adherentes.
  • Yt otra colorada con sus adornos, ya husada.
  • Yt quatro albas dos buenas y dos ajadas.
  • Yt otra id mui vieja de la capellanía.
  • Yt tres toallas manteles 1 bueno y 2 viejos de estos 1, de la captta.
  • Yt un frontal de mengala viejo forrado en lienso.
  • Yt dos palia y buena y otra vieja.
  • Yt dose corporales viejos, y una palia esta de la Captta.
  • Yt dos amitos viejos, y quatro cornie altares lo mismo.
  • Yt una sobrepellis. un síngulo y un pañito viejos.
  • Yt una Yd calis con patena, vinagres y salvilla de plata.
  • Yt un misal y un ritual viejos.
  • Yt dos campanitas chicas, y dos calderas de metal.
  • Yt una campana pequeña y una crus de campanario.
  • Yt un hierro de hacer hostias.
  • Yt una cajoncito de crismeros con 3 hampollas, y pajuela plata
  • Yt un bonete viegíssimo.
  • Yt los santos o imágenes, dos de Sor S. Josep, 1 de 5. Juan Nepomuceno, 1 de S. Rafael, 1 del carmen, 2 de dolores, 1 de concepción, dos chiquitos de S. Vicente, y 5. Nicolás y el crucifixo de mala costrucción y descavezado.

Esto es lo que se ha recibido de que doy fe/. Josep Casimiro de Mora.

El día 27 de Febrero de 1.810 llegó la orden de bendecir la Ygca, que aún no está concluida dada por el Sor Milanés a primera de los mismos.

El día veinte y ocho de Fro, de 1810 se puso la puerta de la Sacristía que costearon Dn José Ma. Roa, Dn Cecilio Pérez, y Ysidro González hecha por Juan Bautista Sánchez=D.

El día 25 de agosto de 1810 se puso la puerta de la vuelta que compraron las personas siguientes: Jasinto Ramírez, Rafael Ramírez, Feliciano Pulido, Joaquín Pulido, Luis Anto Moreno, y Anto Bernabé Vivas, hecha por Juan Gómez. El día 28 de Sbre de 1810 se puso la puerta mayor y coperando D. Josep Venencio Escalante, y D. Juan Andrés Sánchez D., Juan Bautista Sánchez D. Juan Alexandro Sánchez, hecha pr Juan Bautista Gómez.

NOTA: En obsequio de la verdad no costeó las puertas que Jn. Bautista Gómez y el difunto Eugenio Vivas dio 52 clavos, Juan Tulio 5 y todas las maderas, los nombrados operarios no cumplieron. - MORA.

En la vise Parroquia del Rosario yó el Presvitero D. Fernando Josep García Vico Ynterino de esta jurisdicción, con licencia del Ytrno Sor Obispo D.D. Santiago Hernández Milanéz Dignisimo Obispo de esta Diócesis y quatro de Octubre de 1.810 día en que se celebra la fiesta de Ntra. Sra. del Rosario bendixen esta Santa Yglesia con la solemnidad posible y cante la Misa propia de solemnidad como que era su propio día y como Principal Parroquia de Ntra. Sra. Yglesia y por que conste lo firmo. PBRO JOSEPH GARCIA.

En nueve de Dbre de 1810 volví a esta fundación topé como spre novedades y que hora pensavan en otro Cura. Dios se lo conceda ya mi me libre de noveleros aunque ellos llevando su costumbre dicen que no hay pena por novedad. Santa visita Grita Sere 30 et 1816.- Por visitado: guárdese lo proveydo El libro de la Matriz = EL OBISPO = Ante mi = Rubio = Srio. [1]

Personajes Ilustres[editar]

Diógenes Escalante
Eleazar López Contreras
  • Mons. José León Rojas Chaparro (1917-1982), 2º Obispo de la Diócesis de Trujillo.
    Mons. José León Rojas Chaparro
  • Luisa Elena Contreras Mattera (1922-2006), Primera mujer piloto acrobática graduada en Venezuela en el año 1943. Previa a Luisa Elena, ya se habían graduados 2 venezolanas pero en el exterior, que fueron, Ana Branger, graduada en Francia y Marie Calcaño en U.S.A., ellas murieron antes que Luisa, Marie 1.º y luego Ana B.[4]
Luisa Contreras
  • Edilberto Escalante (1922-1996), Gobernador del Estado Táchira (1960-1963), y Ministro de Justicia (1970-1974).
    Dr. Edilberto Escalante
  • Mons. Jorge Anibal Quintero Chacón, Nació el 21 de julio de 1956 (57 años), Nombrado Sexto Obispo de la Diócesis de Barcelona.[5]
Mons. Jorge Quintero

Galería de Imágenes y Vídeos[editar]

Panorámica desde la Aldea Machado.  
Plaza Bolívar.  
Piscina de la Posada Turística.  
Pbro. José Castillo, Párroco Actual.  
Fachada de la Iglesia en 1954.  
Interior de la Iglesia en 1954.  
Artículo del Diario Católico (14/05/1954) .  
Jóvenes y Niños en 1954.  
Molino de Trigo Tradicional  

Referencias[editar]

  1. a b c d Molina, Adrián (1997). UNA MIRADA A LA HISTORIA DEL MUNICIPIO SUCRE (en Español). Queniquea. 
  2. a b c d e f g h i j CORPOANDES (2010). «Dossier Municipal Sucre 2010».
  3. Pulido Zambrano José Antonio (2 de julio de 2010). «Pueblos del Táchira».
  4. ENRIQUE (23 de diciembre de 2006). «Mujeres Pilotos» (en español). Consultado el 4 de abril de 2013.
  5. «Jorge Aníbal Quintero, nuevo obispo de la diócesis venezolana de Barcelona». Consultado el 11 de Julio de 2014.

Enlaces externos[editar]

Páginas web

  1. Chacón, Mayela (Septiembre 2008) (en Español). Esencias La Cultura de un Pueblo. Queniquea Tierra para Querer.. Litografía Fatien, C.A.. http://esenciasqueniquea.blogspot.com/2008/10/revista-esencias-queniquea-octubre-2008.html. Consultado el 12 de abril de 2013.