Punto de vista psicológico de la homosexualidad

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Las explicaciones sobre el origen intrapsíquico de las homosexualidades varían según las corrientes dentro del psicoanálisis y de las distintas ramas de la psicología.

Freud consideraba en el origen de la homosexualidad a la bisexualidad psíquica propia de todo ser humano.[1]

No debe confundirse elección sexual de objeto, es decir, enamorarse de un objeto varón o mujer, con identidad sexual o identidad de género, es decir, sentirse varón o mujer.

Historia[editar]

A partir del siglo XIX el dominio de la sexualidad deja de pertenecer al registro de la falta y el pecado para entrar en el registro de la morbilidad sexual, es decir, de lo normal y de lo patológico. En ese momento la homosexualidad comienza a ser definida como una patología, una enfermedad o una perversión y por lo tanto comienza ser estudiada por la Medicina, la Psicología y el Psicoanálisis.[2]

La homosexualidad, como categoría psicológica, se constituye a partir de un artículo de Carl Westphal en 1870 sobre «las sensaciones sexuales contrarias».[3]

Bisexualidad psíquica[editar]

El psicoanálisis no tiene una teoría específica sobre la homosexualidad y Freud no pensaba que los homosexuales formaban un grupo separado con características similares que los diferenciara de los demás individuos.[4]

Freud no consideraba el deseo homosexual como patológico sino como una disposición en la constitución sexual de todos los individuos. Freud derivaba la homosexualidad de la bisexualidad psíquica, común a todos los seres humanos y decía que intentar transformar un homosexual en heterosexual era tan imposible como intentar transformar un heterosexual en homosexual.[5]

Elección de objeto de amor[editar]

Para el psicoanálisis la homosexualidad no viene dada por la genética sino que es una elección. No una elección voluntaria o consciente ni algo que el sujeto pueda modificar por gusto, sino una elección inconsciente. No habría nada en la naturaleza humana que dictaminara que a los varones deben atraerles las mujeres o viceversa.

No existe una relación innata entre instinto sexual y objeto sexual, o sea que la elección de objeto amoroso no viene dada por la naturaleza o por el instinto sino que que hay un camino que la libido tiene que recorrer hasta llegar al hallazgo del objeto de amor definitivo durante la adolescencia.[1]

Para el psicoanálisis no existe un ideal de armonía que sería el encuentro de la sexualidad parcial con la reproductiva biológicamente determinada en el cual a los varones le corresponden las mujeres y viceversa.[6]

Para Joyce McDougall no existe una «sexualidad normal» porque la sexualidad es considerada normal o patológica «en función de su coincidencia o de su alejamiento de las normas de la sociedad a la que pertenece» ya que la norma social tiene una dimensión socio-cultural y las normas sexuales cambian continuamente.[7]

La elección de objeto homosexual o heterosexual, o sea, enamorarse de un varón o de una mujer, es algo que se define a partir de la resolución de la conflictiva edípica en todos los seres humanos.

El complejo de Edipo, positivo (amor al progenitor del sexo opuesto) o negativo (amor al progenitor del mismo sexo), marca el momento en el cual la sexualidad parcial y las pulsiones parciales se reunifican en el amor al otro como objeto total.

Recién en la pubertad se establece una diferenciación clara entre varón y mujer, entre carácter masculino y carácter femenino. Las relaciones amorosas entre miembros del mismo sexo son las más frecuentes en la pubertad. A esa edad los varoncitos suelen rechazar a las niñas por «tontas» y viceversa. Los compañeros de juego son los del mismo sexo. Esta elección de objeto no suele ser permanente en la mayoría de los individuos quienes al final de la adolescencia ya tienen un compañero sexual del sexo opuesto. Sin embargo, en algunos individuos se muestra que esa elección sí es permanente.

Homosexualidad como trastorno[editar]

Durante el siglo XX, la psiquiatría incluía la homosexualidad entre los trastornos que podían ser tratados pero, en 1974, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría o (American Psychiatric Association) retiró la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.[8]

Durante el siglo XX, hubo psicoanalistas que consideraban a la homosexualidad dentro de la estructura perversa, pero este concepto de perversión no posee la connotación vulgar peyorativa o moralizante, sino que simplemente engloba todas a las prácticas sexuales que no llevan a la reproducción, incluyendo las caricias y los besos.

En el siglo XXI ya no se habla de «homosexualidad» sino de «homosexualidades» y se considera que la homosexualidad, o mejor dicho, homosexualidades pueden darse en cualquier estructura psíquica, tanto neurótica como perversa como psicótica. Cuando un homosexual consulta a un psicoanalista no suele hacerlo debido a su homosexualidad sino a otros temas, por lo que no existe una categoría clínica específica de la homosexualidad.[9]

El psicoanálisis y la psicología se han dedicado a investigar la génesis de las homosexualidades, considerando grandes diferencias entre la homosexualidad masculina y la homosexualidad femenina.

Al contrario de lo que se cree vulgarmente, la sexualidad en los homosexuales varones cuenta con las características de la sexualidad masculina y la sexualidad de las mujeres homosexuales cuenta con las características de la sexualidad femenina. Es decir, los varones homosexuales no tendrían una conducta sexual «femenina» ni las lesbianas una conducta sexual «masculina». La más plena virilidad es compatible con la elección de un compañero del mismo sexo en el varón y la más plena feminidad en una mujer que elige una compañera femenina. Los homosexuales no son todos afeminados ni las lesbianas masculinizadas.[1]

No debe confundirse elección sexual de objeto, es decir, enamorarse de un objeto varón o mujer, con identidad sexual o identidad de género, es decir, sentirse varón o mujer.

Las explicaciones sobre el origen intrapsíquico de las homosexualidades varían según las corrientes dentro del psicoanálisis y de las distintas ramas de la psicología.

Se sabe que una experiencia sexual demasiado temprana con una persona del sexo masculino puede dejar huellas indelebles en el psiquismo. En el caso de un varoncito puede predisponerlo a elegir, en el futuro, objetos de amor masculinos, y en el caso de las niñas, el trauma puede llevarlas a rechazar el sexo masculino en general y elegir un objeto de amor femenino.

Homoparentalidad[editar]

El psicoanálisis no tiene una posición unificada con respecto a la homoparentalidad y la adopción homoparental ya que coexisten distintos enfoque teóricos, algunos a favor y otros en contra.

Para muchos psicanalistas la diferencia sexual anatómica entre los progenitores no da garantías de salud y no existirían razones teóricas ni prácticas para suponer que la homoparentalidad pueda generar patologías mentales.[10] [7] [11] [6] [12]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c Tres ensayos de teoría sexual, Sigmund Freud, Obras completas, ordenamiento de James Strachey, volumen 7, Buenos Aires, Amorrortu, ISBN 950-518-583-9
  2. Foucault, Michel (1987). «III Scientia Sexualis». Historia de la sexualidad, tomo 1 La voluntad de saber. Siglo XXI editores. ISBN 968-23-0119-x. 
  3. Foucault, Michel (1987). «II La hipótesis represiva: 1. La implantación perversa». Historia de la sexualidad, tomo 1 La voluntad de saber. Siglo XXI editores. ISBN 968-23-0119-x. 
  4. Philippe Ariès (1987). «Reflexiones en torno a la historia de la homosexualidad». Sexualidades occidentales. Buenos Aires, Paidós. ISBN 950-12-6661-3. 
  5. Freud (1986). Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina, Obras Completas, volúmen 18, pág. 137. Buenos Aires, Amorrortu editores. ISBN 950-518-594-4. 
  6. a b Rotenberg y Agrest Wainer compiladoras (2007). «Las nuevas teorías ponen en crisis viejas teorías, entrevista a Silvia Bleichmar». Homoparentalidades. Buenos Aires, Lugar editorial. ISBN 978-950-892-288-5. 
  7. a b McDougall. «El dilema homosexual: estudio de la homosexualidad femenina». Alegato por una cierta anormalidad. pp. 91/144. 
  8. Roudinesco, Elisabeth (2007). «La familia venidera». La familia en desorden. Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. ISBN 978-950-557-552-7. 
  9. Brousse, Dunand, Izcovitch y otros para l'Ecole de la Causse Freudienne de París (1990). «La homosexualidad masculina en las estructuras clínicas». Rasgos de perversión en las estructuras clínicas. Buenos Aires, Manantial. pp. 120/126. ISBN 950-9515-44-2. 
  10. Roudinesco (2002, número 65, pág. 7/34). Psychanalyse et homosexualité: réflexions sur le désir pervers, l'injure et la fonctionpaternelle. Cliniques méditerranéennes. ISSN 0762-7491. 
  11. Tort, Michel (2008). «El padre a prueba de la homosexualidad». Fin del dogma paterno. Buenos Aires, paidós. pp. 481/494. ISBN 978-950-12-4264-5. 
  12. Configuraciones edípicas contemporáneas: reflexiones sobre las nuevas formas de paternidad, Pablo Roberto Ceccarelli, Revista de la Asociación Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes, Urna, Perú, N°7, 2004, pp. 91-105

Bibliografía[editar]