Psiconeuroinmunología

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La Psiconeuroinmunología es el estudio de las interrelaciones mente-cuerpo y sus implicaciones clínicas. Trabaja desde una perspectiva interdisciplinar aglutinando diversas ramas relacionadas con la salud.

Definición[editar]

La Psiconeuroinmunologia (PNI) estudia la interacción entre los procesos psíquicos, el Sistema Nervioso (SN), el Sistema Inmune (SI) y el Sistema Endocrino (SE) del cuerpo humano. Trabaja desde una perspectiva interdisciplinar que aglutina diversas especialidades: psicología, psiquiatría, medicina del comportamiento, neurociencia, fisiología, farmacología, biología molecular, enfermedades infecciosas, endocrinología, inmunología, y reumatología.

La Psiconeuroinmunología pone de manifiesto la influencia de factores psicosociales sobre la respuesta inmunológica (Ader, Felten, y Cohen, 1991).

El psiquiatra George F. Solomon, la define como:

La psiconeuroinmunología es un campo científico interdisciplinar que se dedica al estudio e investigación de los mecanismos de interacción y comunicación entre el cerebro (mente/conducta) y los sistemas responsables del mantenimiento homeostático del organismo, los sistemas: nervioso (central y autónomo), inmunológico y neuroendocrino, así como sus implicaciones clínicas.

George F. Solomon[1]

La PNI investiga, sobre todo, el funcionamiento fisiológico del sistema neuroinmune, los trastornos del sistema neuroinmune y las características físicas, químicas y fisiológicas, principalmente, de los componentes detectables en sangre periférica del sistema neuroinmune en laboratorio (in vitro), en el organismo vivo (in vivo) o en el lugar donde se desarrolla la investigación (in situ). Es designada también por Psicoinmunología, Neuroinmunomodulación, Psiconeuroinmunoendocrinología o Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI) y también, aunque menos conocida, por Neuroinmunoendocrinología o Inmunología Conductual.

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

A mediados del siglo XIX, Claude Bernard, fisiólogo francés, empleó por primera vez el concepto de "medio interno" para referirse al medio ambiente en el interior del cuerpo humano. En 1878, Louis Pasteur y su equipo, realizan un estudio (1878) donde encuentran que los pollos sometidos a estímulos aversivos son más susceptibles a la infección por antráx.[2]

Ya entrado el siglo XX, Walter Cannon, profesor de fisiología de la Universidad de Harvard, estudia los efectos de las emociones y las percepciones en el sistema nervioso autónomo. En su trabajo con animales, Cannon encontró que cualquier cambio de estado emocional del animal, tales como estrés, ansiedad o furia, se veía acompañado por la detención total de movimientos del estómago. Estos trabajos iniciaron el reconocimiento de la reacción de lucha o huida como respuesta involuntaria a estímulos externos.

Cannon también acuñó el término Homeostasis en su libro de 1932 The wisdom of the body ("La sabiduría del cuerpo"), del término griego Homoios, que significa similar o igual y Stasis, que significa posición o quietud.

A mediados de la década de 1940, Hans Selye, investigador en la Universidad de Montreal, realizó varios experimentos, sometiendo a animales a diversas situaciones física y mentalmente adversas, descubriendo que, bajo esas circunstancias, el cuerpo se adaptaba consistentemente para sanar y recuperarse de la amenaza percibida. Sus trabajos desembocaron en el descubrimiento del síndrome de adaptación general, caracterizado por un agrandamiento de las glándulas adrenales, atrofia del timo, bazo y otras glándulas linfáticas y ulceraciones gástricas. Estos experimentos se consideran fundacionales de una larga línea de investigación sobre el funcionamiento de los glucocorticoides.[3]

También, entre 1926 y 1928, dos investigadores soviéticos, Metal´nikov y Chorine, estudiaron en el Instituto Pasteur de París las respuestas inmunológicas e inflamatorias condicionadas en conejillos de indias. En sus experimentos expusieron a los conejillos de indias a un estímulo no condicionante (inyecciones de antígeno para provocar la respuesta inmunológica) al mismo tiempo que a uno condicionante (calor o rascado), demostrando que, tras un tiempo de condicionamiento, el sistema inmune reaccionaba cuando sólo se producía el estímulo condicionante.[4]

En las décadas de los 50 y 60 se desarrollaron numerosos experimentos con animales de los que se dedujo que el estrés podría afectar a la inmunidad. Entre ellos se encuentran los experimentos de George F. Solomon, profesor de Psiquiatría de la Universidad de California. Solomon proporcionó evidencia experimental directa fue que en presencia de tensión en roedores se producía una reducción de anticuerpos.[5] Al mismo tiempo se demostró que las experiencias en la etapa infantil podrían afectar a la vida adulta en ratas por la respuesta mediada por anticuerpos.[6] Solomon junto a Rudolf Moss acuñó en 1964 el término psicoinmunología.[7]

De forma paralela e independiente, en 1963, Elena Korneva y L.M. Khai dos investigadores rusos, demostraron que el cerebro jugaba un papel en el proceso de inmunorregulación.[8] Aunque dicha investigación llegó más tarde a occidente.

Nacimiento y desarrollo[editar]

En 1975 se acuña el término psiconeuroinmunología, como resultado de un experimento realizado en la Universidad de Rochester por de Robert Ader (psicólogo) y Nicholas Cohen (inmunólogo). Basándose en el condicionamiento clásico de Pavlov, demostraron que produciendo una señal aversiva a través del sistema nervioso (en este caso el gusto) condicionaba las respuestas del sistema inmune.[9] Precisamente se pudo realizar debido a la aceptación general del fenómeno de la inmunidad condicionada demostrada por Metal’nikov y Chorine en 1926.[1]

En 1977, los investigadores H. Besedovsky y E. Sorkin observaron que la activación inmune (estimulación antígena) desencadena una conducta inmunológica del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), demostrando con ello la relación existente entre cerebro y sistema inmunológico.[10]

Posteriormente, en 1981, David Felten de la Universidad de Indiana, descubrió por primera vez que una red de nervios llegaba a los vasos sanguíneos y al sistema inmune. Este descubrimiento aportó las primeras pruebas de cómo ocurre la interacción entre sistema nervioso y sistema inmune.[11]

En el mismo año, Ader, Cohen y Felten, editan el libro Psychoneuroimmunology, en el que se detalla la íntima relación entre cerebro y sistema inmune constituyendo un único sistema integrado de defensa.[12]

En 1985, el investigador J. E. Blalock, descubrió un circuito bidireccional entre el sistema inmune y el sistema endocrino. Dicho circuito operaría a través de péptidos comunes. El SI actuaría como una especie de sensor que operaría en respuesta a estímulos no cognitivos, comunicándose con el SE mediante señales de linfocitos a través de hormonas inmunorreactivas, provocando a su vez una modificación de la homeostasis corporal.[13]

También en las décadas de los 70 y 80, fundamentalmente en el National Institute of Mental Health (NIMH)(USA), la neurofarmacóloga Candace Pert al frente de un grupo de colaboradores, descubrió que receptores específicos (neuropéptidos), se encuentran en las membranas celulares tanto en el cerebro como en el sistema inmunitario. Además dicho descubrimiento sugiere la estrecha relación entre las emociones y el sistema inmunológico. Y se mostró que no solo el cerebro modula los SI Y SE, sino la enorme influencia que el SNC tiene en la enfermedad.[14]

Igualmente en 1985, de la recopilación de una serie de trabajos históricos se produce la Fundación Científica de la Psiconeuroinmunología, plasmándose en la edición del libro Foundations of Psychoneuroimmunology.[15]

En general se ha tendido a pensar que las emociones inciden en las respuestas físicas y fisiológicas, pero se ha comprobado que el circuito también funciona al contrario. Según Paul Ekman, profesor de psiquiatría de la Universidad de California:

Sabíamos que cuando uno experimenta una emoción, la misma se refleja en su cara. Ahora se ha descubierto que lo contrario también es verdad. Uno siente lo que muestra en su cara. Si se ríe uno del dolor, interiormente no sufrirá. Si pone la cara triste, sentirá lo mismo por dentro.

Ekman P.[16]

Por ejemplo, fruncir el ceño activa la secreción de hormonas del estrés, que a su vez inhiben el SI, incrementan la presión sanguínea y hacen a los individuos más susceptibles la ansiedad y la depresión. Por contra, sonreír reduce dicha secreción e incrementa la producción de endorfinas y de linfocitos T, que a su vez potencia el sistema inmunológico.[17] Aunque en realidad, estos descubrimientos ya fueron teorizados por el fisiólogo francés Israel Waynbaum en 1907.[18]

Estrés[editar]

El estrés es uno de los principales elementos para el estudio y experimentación científica de la PNI.

El estrés implica toda agresión interna o externa al organismo que altera su equilibrio homeostático; puede tratarse de estímulos físicos, traumáticos, psíquicos y pueden estar en relación con un esfuerzo súbito, un exceso de trabajo o de cualquier tipo de estimulación violenta y de naturaleza diversa.

Infante de la Torre, J.R.[19]

Pero el estrés, que es un mecanismo de defensa, puede, y de hecho así es considerado, ser una de las causas principales en el desequilibrio psicofisiológico.[20]

En presencia de estrés se producen reacciones corporales tratando el organismo adaptarse poniendo en marcha mecanismos de compensación, es el Síndrome General de Adaptación. En dicho proceso está implicado fundamentalmente el eje Hipotalámico-hipofisiario-adrenal (HHA). Consta de tres fases: Alarma o catabólica, Resistencia o anabólica y Agotamiento o Extenuación. Ante un estímulo psíquico o físico se produce una evaluación cognitiva del sujeto, generando una respuesta emocional y defensiva. El estresor desencadena la estimulación del hipotálamo que a su vez estimula al SNS y la médula suprarrenal, siendo la fase de Alarma. La fase de Resistencia se produce cuando la estimulación produce la respuesta de la hipófisis anterior y la corteza adrenal. Pasado un tiempo, generalmente se produce una adaptación del organismo, pero si el estímulo es muy agudo o se mantiene en el tiempo (distress) se llega a la tercera fase o Agotamiento, en la cual se pueden producir efectos indeseables en forma de disfunciones psíquicas o físicas. [21]

El proceso brevemente y en líneas generales es el siguiente:

La Alarma tiene tres efectos principales; una descarga de adrenalina y noradrenalina entre otras, dichas hormonas se concentran en el cerebro y se modifica la actividad de enzimas sintetizadoras de catecolaminas. A su vez induce la movilización de recursos orgánicos para una actividad física inmediata. Estos recursos se van a concentrar fundamentalmente en tres órganos, cerebro, corazón y musculatura. A su vez se inhiben las funciones normales de órganos viscerales y se paraliza la producción de reservas de energía para el organismo. La Resistencia implica una respuesta endocrina, activada por la estimulación del hipotálamo, que segrega un factor liberador de corticotropina (CRF o CRH), llegando hasta la hipófisis, que a su vez libera adrenocorticotropa (ACTH), esta viaja hasta las glándulas suprarrenales, siendo la señal para liberar glucocorticoides. Estas hormonas se liberan en sangre, que actúan como movilizadoras de los recursos naturales del organismo. Pero también provocan efectos inmunodepresores, como por ejemplo: inhibición de las Natural Killer (NK), detención de la creación de globulinas, disminución de proliferación de linfocitos,, disminución en la secreción de citosinas, etc.[22]

Sucede que al activar el eje HPA las respuestas de lucha o huida, las hormonas de estrés inhiben la actuación del Sistema Inmunológico (SI) para poder así conservar reservas energéticas y ser usadas en caso de necesidad durante el proceso. Pero si la situación estresante se mantiene durante un tiempo excesivo, si se convierte en crónica e incluso cuando dicho factor estresante es muy agudo, se puede llegar a una fase de agotamiento de recursos, pudiendo surgir consecuencias indeseables en forma de enfermedades psíquicas o físicas. Entre otras cosas, precisamente, porque durante ese proceso disminuye nuestra capacidad para luchar contra posibles enfermedades al inhibirse el SI.[23]

Igualmente, las hormonas del estrés frenan la actividad de la mente consciente e incrementan los reflejos instintivos, pudiendo provocar una reducción de la inteligencia y una disminución de la consciencia.[24]

En realidad el mecanismo es absolutamente adecuado para manejar las situaciones de estrés a corto plazo, pero no está diseñado para permanecer activo de forma continua, tal como ocurre en las sociedades modernas.[25]

Por ejemplo, los estudios han demostrado que la permanencia por largos periodos de tiempo de una elevada tasa de cortisol en el cuerpo humano, produce una gran variedad de efectos nocivos. Así las enfermedades relacionadas con el estrés suponen el 80% de todas las consultas médicas.[26] Como efectos nocivos se pueden destacar:

Relaciones entre Sistemas[editar]

Durante mucho tiempo se creyó que el Sistema Inmunológico era un sistema autorregulado, pero los estudios han demostrado que existe una compleja interrelación entre el mismo y los sistemas nervioso y endocrino.

Algunas de las relaciones entre los distintos sistemas:

  • Los experimentos y estudios sobre condicionamiento han demostrado la implicación del SN en la modulación de respuestas por parte del SI, especialmente a través del sistema límbico, el HHA y el SNA.[28]
  • La inervación autónoma directa del SNS, también acusa terminaciones en los órganos del SI. La pérdida de dicha inervación (denervación) implica un incremento en la posibilidad de contraer enfermedades infecciosas e inflamatorias.[31]
  • Numerosos datos experimentales y clínicos sostienen la relación existente entre el sistema inmune y el neuroendocrino en situaciones de estrés. Por ejemplo con disminución de la inmunovigilancia antitumoral (células NK) incrementando las probabilidades de desarrollo de cáncer.[32] También los glucocorticoides producen un decremento en el recuento de linfocitos y de monocitos y un aumento de los neutrófilos.[33] Igualmente se ha comprobado que los opioides producen efectos inhibitorios en la actividad de las NK.[34] Asimismo se ha comprobado los cambios inducidos por la adrenalina en diferentes subpoblaciones.[35]
  • El hipotálamo está asociado funcionalmente tanto por vía neural como vascular con la hipófisis, por tanto con el sistema endocrino. Realiza su función principal, mantenimiento del balance homeostático externo e interno, participando en la regulación de la ingesta, reproducción, termorregulación, comportamiento emocional y funciones endocrinas.[36] Su importancia en la regulación del sistema inmune ha sido demostrada describiéndose experimentalmente asociaciones entre ambos sistemas a través de inervaciones de los órganos inmunes,[37] alteraciones en la función linfocitaria tras hipofisectomía o lesiones en diferentes áreas del hipotálamo[38] y cambios en neuronas del hipotálamo coincidiendo con la formación de anticuerpos en respuesta a la inoculación de inmunógenos.[39] [40]
  • Etc.

Estudios[editar]

Existen numerosos estudios sobre la interrelación mente cuerpo y se pueden dividir en tres tipos principales: Los estudios de como diversos aspectos mentales influyen sobre la fisiología del cuerpo humano, los estudios sobre su incidencia en enfermedades y los estudios de como diversas terapias y medicinas alternativas influyen en el individuo y en el devenir de las enfermedades.

El estrés, la ansiedad y la angustia son quizás los elementos psíquicos más utilizados para comprobar las interrelaciones entre los distintos sistemas del organismo, en ese sentido además de los ya mencionados anteriormente, se pueden destacar como ejemplo los estudios de algunos factores psicosociales estresantes: el luto, la separación o divorcio, el paro y exámenes académicos.

  • Luto:

Los viudos/as experimentan mayor frecuencia de enfermedades durante el año siguiente a la muerte del cónyuge. Además, muestran una inmunidad celular deprimida (que se evidencia por una proliferación linfocitaria inducida por mitógenos menor que la de los grupos control) y posiblemente menor actividad de las células NK. Estas alteraciones pueden prolongarse hasta más de un año después de la muerte de la pareja. Por otra parte, no se han evidenciado alteraciones en el número de linfocitos T o B.[42]

  • Separación o divorcio:

Las mujeres separadas o divorciadas muestran menor inmunidad celular que las mujeres control (casadas), menor respuesta al mitógeno fitohemaglutinina, mayor nivel de anticuerpos contra el virus de Epstein Barr, y menor porcentaje de células NK. Los hombres, muestran indicios de menor inmunidad celular que los que pertenecen al grupo control: mayor nivel de anticuerpos antivirus Epstein Barr, o antivirus del herpes, y mayor frecuencia de enfermedades.[43]

  • Paro de larga duración:

En este grupo se ha descrito mayor frecuencia de enfermedades y menor respuesta linfocitaria a los mitógenos fitohemaglutinina del linfocito B. También se han establecido alteraciones en los porcentajes en linfocitos T o B.[44]

  • Exámenes académicos:

En comparación de los estudiantes en los periodos entre exámenes, la inmunidad en los periodos de exámenes sufre un aumento de los niveles de anticuerpos contra los virus de Epstein Barr y del herpes tipo 1, disminución del porcentaje de linfocitos T auxiliadores, menor respuesta a los mitógenos T, menor actividad de las células NK y menor producción de interferón.[45]

Sugestión[editar]

Los estudios indican que el SI, en respuesta a sugestiones y creencias, puede resultar afectado a través del sistema límbico-hipotalámico del cerebro, dado que éste actúa como mediador en la modulación de sus respuestas.[46] La sugestión ha sido objeto de estudio intenso desde hace tiempo, fundamentalmente sobre los efectos placebo y nocebo. Se tienen noticas incluso de algunos estudios realizados en los años 20 del pasado siglo.[47] En 2002 apareció un artículo que tuvo una amplia repercusión mediática, Las nuevas drogas del emperador. Dicho artículo, redactado por Irving Kirsch, profesor de Psicología de la Universidad de Connecticut, era un informe sobre una serie de ensayos clínicos con antidepresivos y que no habían sido publicados. Antes de su redacción ya estuvo envuelto en polémica puesto que Kirsch tuvo que recurrir a la Ley de Libertad de Información (en:Freedom of Information Act (United States)) para que se le suministraran los datos.[48] Finalmente pudo redactar el informe concluyendo que el 80% de los efectos antidepresivos de los fármacos (los seis antidepresivos más importantes del momento) podían atribuirse al efecto placebo.[49]

La diferencia entre la respuesta a los fármacos y la del placebo era de menos de dos puntos de media en la escala clínica que va desde los cincuenta a los sesenta puntos. Eso es una diferencia muy pequeña. Es una diferencia clínicamente irrelevante.

Irving Kirsch[50]

Los estudios sobre el efecto placebo se han incrementado sustancialmente, reconociéndose entre 1997 y 2001, unos 10.000 ensayos.[51] [52]

Efecto placebo[editar]

Bruce Moseley, cirujano famoso por tratar a estrellas del deporte estadounidense, realizó un experimento en la facultad de medicina de Baylor (en:Baylor University), precisamente para demostrar que el efecto placebo no tenía la menor incidencia en cirugía. El experimento fue realizado en una población de 180 personas con osteoartritis de rodilla, a las que se dividió en tres grupos: a uno de ellos se les trató con la técnica de lavado artroscópico, a un segundo grupo se les aplicó un desbridamiento artroscópico y a un tercer grupo se les hizo creer que habían sido sometidos a cirugía, pero en realidad solo se les efectuó una incisión en la piel, a este tercer grupo no se les comunicó dicha circunstancia hasta 2 años después, tiempo que duró el experimento. El resultado fue que no se encontraron diferencias entre los procedimientos quirúrgicos y el placebo.[53] Por ello Moseley declaró posteriormente:

Mi habilidad como cirujano no supuso beneficio alguno en esos pacientes. Cualquier posible beneficio de la cirugía para la osteoartritis de rodilla se debió al efecto placebo.

Bruce Moseley.[54]

Efecto nocebo[editar]

En un experimento efectuado en Japón, se les aplicó en un antebrazo a un grupo de 57 niños con dermatitis contagiosa una determinada planta a la que eran alérgicos, en el otro antebrazo se les aplicó otra planta para la que no presentaban reacción alguna. En realidad en el primer antebrazo no se les había aplicado la planta a la que presentaban reacción, solo les indicaron que así era. El resultado fue que el 89´5% de sujetos presentaron reacción en el primer antebrazo.[55]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. a b Solomon, George F. Psiconeuroinmunología: sinopsis de su historia, evidencias y consecuencias. Segundo congreso virtual de psiquiatría, Interpsiquis 2001. Mesa Redonda: Psicosomática, 1 Febrero – 7 Marzo, 2001
  2. Ulla Díez, Sara. Estudio de la influencia del estrés percibido sobre las recidivas del herpes simple tipo-1. Número 128 de Colección Tesis doctorales, Universidad Autónoma de Madrid. Servicios de Publicaciones Universidad de Castilla La Mancha. 2001. p. 34. ISBN 978-84-8427-112-3
  3. Thomas C. Neylan, M.D. "Hans Selye and the Field of Stress Research" J Neuropsychiatry Clin Neurosci 10:230, May 1998
  4. Metalnikov, S. and Chorine, V., Roles des reflexes conditionnels dans la formation des anticorps, CR Soc. Biol., 99 (1928) 142-144. Metal'nikov, S., and Chorine, V. Role des reflexes conditionnels dans immunite. Annales de l.'lnstitut Pasteur, 40, (1928) 893-900
  5. Solomon, G. Moos, R. Stone, G. Fessel, W. Periphetal vasoconstriction induced by emotional stress in rats. Angiology. 1964 Aug;15:362-5
  6. Solomon GF, Levine S, Kraft JK. Early experience and immunity. Nature. 1968 Nov 23;220(5169):821-2.
  7. Solomon, G.F. and Moos, R.H. Emotions, immunity, and disease: a speculative theoretical integration. Archives of General Psychiatry. 1964. 11:657-674
  8. Korneva EA, Khai LM. Effect of destruction of areas of the hypothalamic region on the process of immunogenesis. Fiziol Zh SSSR Im I M Sechenova.Russian. 1963 Jan;49:42-8.
  9. Ader R, Cohen N. Behaviorally conditioned immunosuppression. Psychosom Med. 1975 Jul-Aug;37(4):333-40.
  10. Besedovsky H, Sorkin E, Felix D, Haas H. Hypothalamic changes during the immune response. Eur J Immunol. 1977 May;7(5):323-5.
  11. Felten DL. et al. Sympathetic innervation of murine thymus and spleen: evidence for a functional link between the nervous and immune systems. Brain Res Bull. 1981 Jan;6(1):83-94.
  12. Adler, R. Felten, D.L. Cohen, N. Psychoneuroimmunology, 4th edition, 2 volumes, Academic Press, (2006), ISBN 0-12-088576-X
  13. Blalock JE, Smith EM. A complete regulatory loop between the immune and neuroendocrine systems. Fed Proc. 1985 Jan;44(1 Pt 1):108-11. Cit. en Rev. Chilena de Cirugía. Vol. 47. Nº 1. Feb 1995. p 100
  14. Pert, CB. Molecules Of Emotion: The Science Between Mind-Body Medicine Simon and Schuster, 1997, ISBN 978-0-684-84634-7. Pert CB, Ruff MR, Weber RJ, Herkenham M. Neuropeptides and their receptors: a psychosomatic network. J Immunol. 1985 Aug;135(2 Suppl):820s-826s. Artículos de Pert en PubMed
  15. Locke, S., Ader, R., Besedovsky, H., Hall, N., Solomon, G., and Strom, T. Foundations of Psychoneuroimmunology. New York: Aldine, 1985. ISBN 978-0-202-25138-7
  16. cit. en Robbins. A. Poder sin Límites. La nueva ciencia del desarrollo personal. Grijalbo, 2001. p. 198. ISBN 970-780-094-1
  17. Lipton, B. Bhaerman, E. La biología de la transformación. La Esfera de los Libros, 2010. p. 418. ISBN 978-84-9734-986-4
  18. Shimoff, M. Kline, C. Feliz porque si. Urano, 2008. ISBN 84-7953-677-2. cit. en Lipton, B. Bhaerman, E. op. cit. p. 418.
  19. Jeammet, Ph. et al. Manual de psicología médica. La patología Psicosomática. Masson, 1995. ISBN 978-84-458-0445-2. cit. en Infante de la Torre, J.R. Efectos de una reducción de estrés sobre el eje inmuno-neuroendocrino. Tesis doctoral. Departamento de Bioquímica y Biología molecular, Universidad de Granada. Enero, 1995. p. 5.
  20. Segerstrom SC, Miller GE. Psychological stress and the human immune system: a meta-analytic study of 30 years of inquiry. Psychol Bull. 2004 Jul;130(4):601-30. Kopp MS, Réthelyi J. Where psychology meets physiology: chronic stress and premature mortality--the Central-Eastern European health paradox. Brain Res Bull. 2004 Feb 1;62(5):351-67. McEwen, B. S. Lasley, E. N. The end of stress as we know it. Joseph Henry Press, 2004. ISBN 978-0-309-09121-3. McEwen BS, Seeman T. Protective and damaging effects of mediators of stress. Elaborating and testing the concepts of allostasis and allostatic load. Ann N Y Acad Sci. 1999;896:30-47. Infante de la Torre. op. cit. p. 7.
  21. Infante de la Torre. op. cit. p. 7-10
  22. Infante de la Torre. op. cit. p. 8-10. Orjuela Sanchez, B. P. y otros. Influencia de determinados factores psicológicos en la génesis del cancer. Postgrado de psicopatología clínica. Universidad de Barcelona. p. 10 y 11
  23. Lipton, Bruce H. La biología de la creencia: la liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros. La Esfera de los Libros, 2007. p. 202-203. ISBN 978-84-96665-18-7.
  24. Goldstein L. et al. Role of the amygdala in the coordination of behavioral, neuroendocrine, and prefrontal cortical monoamine responses to psychological stress in the rat. Journal of Neuroscience. 1996 Aug 1;16(15):4787-98.Arnsten A.F. et al. Noise stress impairs prefrontal cortical cognitive function in monkeys: evidence for a hyperdopaminergic mechanism. Archives of General Psychiatry. 1998 Apr;55(4):362-8.Takamatsu H, et al. A PET study following treatment with a pharmacological stressor, FG7142, in conscious rhesus monkeys. Brain Research. 2003 Aug 8;980(2):275-80.
  25. Lipton. op. cit. pp. 205
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  27. Church. D. La limpieza psicológica como preludio para la limpieza del alma. En Goleman, D. et al. La espiritualidad a debate: El estudio científico de lo transcendente. Kairós, 2010. ISBN 978-84-7245-746-1. p. 213
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  29. Kaplan, HI. Sadock, BJ. Comprehensive textbook of psychiatry/VI, Vol. 2.Wiliams & Wilkins, 1995. P. 112. ISBN 978-0-683-04532-1. Cit. En Pérez Bravo, Avelina. Psiconeuroinmunología. Servicio de psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (CHUVI) p. 1.
  30. Gómez González, B. Escobar Izquierdo, A. Psiconeuroinmunología: Bases de la relación entre los sistemas nervioso, endocrino e inmune. Monografía. Facultad de Psicología. Universidad Nacional Autónoma de México. p. 2.
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  33. Dale DC et al. Comparison of agents producing a neutrophilic leukocytosis in man. Hydrocortisone, prednisone, endotoxin, and etiocholanolone. J Clin Invest. 1975 Oct;56(4):808-13. Fauci AS, et al. The effect of in vivo hydrocortisone on subpopulations of human lymphocytes. J Clin Invest. 1974 Jan;53(1):240-6.
  34. Weber RJ, Pert A. The periaqueductal gray matter mediates opiate-induced immunosuppression. Science. 1989 Jul 14;245(4914):188-90.
  35. Hoffman-Goetz L, Pedersen BK. Exercise and the immune system: a model of the stress response?. Immunol Today. 1994 Aug;15(8):382-7. Review.
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  37. Felten DL, et al. Noradrenergic sympathetic neural interactions with the immune system: structure and function. Immunol Rev. 1987 Dec;100:225-60. Felten DL, et al. Immune interactions with specific neural structures. Brain Behav Immun. 1987 Dec;1(4):279-83
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  40. cit. en Infante de la Torre. op. cit. p. 19
  41. Ader R, Cohen N, Felten D Psychoneuroimmunology: interactions between the nervous system and the immune system. Lancet. 1995 Jan 14;345(8942):99-103. Felten DL. Neural influence on immune responses: underlying suppositions and basic principles of neural-immune signaling. Prog Brain Res. 2000;122:381-9. Cit. en Gómez González, B. Escobar Izquierdo, A. op. cit. p. 3.
  42. Orjuela Sanchez, B. P. y otros. p. 16
  43. Orjuela Sanchez, B. P. y otros. p. 16, 17
  44. Orjuela Sanchez, B. P. y otros. p. 17
  45. Orjuela Sanchez, B. P. y otros. p. 17
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Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]

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