Psiconeuroinmunología

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La Psiconeuroinmunología es el estudio de las interrelaciones mente-cuerpo y sus implicaciones clínicas. Trabaja desde una perspectiva interdisciplinar aglutinando diversas ramas relacionadas con la salud.

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Definición [editar]

La Psiconeuroinmunologia (PNI) es la ciencia que estudia la interacción entre los procesos psíquicos, el Sistema Nervioso (SN), el Sistema Inmune (SI) y el Sistema Endocrino (SE) del cuerpo humano. Trabaja desde una perspectiva interdisciplinar que aglutina diversas especialidades: psicología, psiquiatría, medicina del comportamiento, neurociencia, fisiología, farmacología, biología molecular, enfermedades infecciosas, endocrinología, inmunología, y reumatología.

La Psiconeuroinmunología pone de manifiesto la influencia de factores psicosociales sobre la respuesta inmunológica (Ader, Felten, y Cohen, 1991).

Más concretamente el Dr. en psiquiatría, George F. Solomon, la define como:

La psiconeuroinmunología es un campo científico interdisciplinar que se dedica al estudio e investigación de los mecanismos de interacción y comunicación entre el cerebro (mente/conducta) y los sistemas responsables del mantenimiento homeostático del organismo, los sistemas: nervioso (central y autónomo), inmunológico y neuroendocrino, así como sus implicaciones clínicas.

George F. Solomon[1]

La PNI investiga, sobre todo, el funcionamiento fisiológico del sistema neuroinmune, los trastornos del sistema neuroinmune y las características físicas, químicas y fisiológicas, principalmente, de los componentes detectables en sangre periférica del sistema neuroinmune en laboratorio (in vitro), en el organismo vivo (in vivo) o en el lugar donde se desarrolla la investigación (in situ). Es designada también por Psicoinmunología, Neuroinmunomodulación, Psiconeuroinmunoendocrinología o Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI) y también, aunque menos conocida, por Neuroinmunoendocrinología o Inmunología Conductual.

Historia [editar]

Antecedentes [editar]

La implicación en la salud de la relación mente-cuerpo se encuentra en medicinas tan antiguas como el Ayurveda hindú o la Medicina tradicional china. Igualmente en la antigua Grecia, indicaban algunos de sus personajes más importantes:

Las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio de los "humores internos", que puede ser restablecido con buena alimentación y con reposo del cuerpo y del espíritu.

Hipócrates (460-370 a.C)[2]

Un cambio en el estado de la psique produce un cambio en la estructura del cuerpo, y a la inversa, un cambio en la estructura del cuerpo produce un cambio en la estructura de la psique.

Aristóteles (384-322 a. C.)[3]

Cada emoción está asociada con un fluido específico del cuerpo (bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema).

Galeno (129-199 d.C.)[2]

También Roma se regía por el Mens sana in corpore sano de Juvenal (60-128 d.C.). Y en realidad así siguió durante mucho tiempo:

Nos preguntamos como el humor puede afectar al cuerpo y alterar el trabajo de la mente, o igualmente, como las pasiones o temores de la mente pueden alterar el trabajo de nuestro cuerpo.

Sir Francis Bacon (1561-1626)[4]

Pero llegado el siglo XIX, a consecuencia del nuevo pensamiento nacido de la confluencia de las teorías de Newton, Descartes y Darwin que postulaba la separación mente cuerpo, se pensaba que todas las enfermedades eran consecuencia de alteraciones físicas. Hasta que a finales de siglo, algunos autores empiezan a poner en duda dicha idea. Por ejemplo, Sigmund Freud crea el psicoanálisis en la década de 1890, considerando que algunas enfermedades que no parecían tener un origen orgánico o anatómico podían explicarse desde procesos psíquicos. O Louis Pasteur, que realiza uno de los primeros estudios (1878) acerca de la relación entre enfermedades infecciosas y situaciones aversivas.[5]

Ya entrado el siglo XX, Walter Cannon, en 1911, estudia las relaciones entre emociones, fisiología y salud. Cannon, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, entendía que debía haber un equilibrio mental y físico a través de todo el organismo y acuñó (1929) el término Homeostasis, del término griego Homoios, que significa similar o igual y Stasis, que significa posición o quietud. En 1932 publicó su monografía La sabiduría del cuerpo, en el que expone que el cuerpo tiende a mantener constantes las funciones corporales a pesar de inducir considerables cambios experimentales. Los estudios le indicaban una relación entre los efectos de las emociones y la percepción en el sistema nervioso autónomo, provocando las respuestas del sistema simpático y parasimpático iniciando la respuesta de paralización, lucha o vuelo.

De sus trabajos derivaron dos escuelas distintas en el estudio de la relación entre psique y salud:

La primera, la Medicina Psicosomática de Franz Alexander, de 1939, que considera la inseparabilidad de mente y cuerpo, y que estudia la influencia de las emociones en el organismo. Dicha escuela, dentro del psicoanálisis (Escuela de Chicago), asocia las enfermedades a ciertas emociones, explicando por alteraciones psíquicas numerosas enfermedades físicas.

Y la segunda, en la que el fisiólogo Hans Selye, en 1936, formuló el Síndrome General de Adaptación, introduciendo el concepto de estrés. Selye notó que que el estrés prolongado producía reacciones internas que afectaban a diferentes partes del organismo.

También, entre 1926 y 1928, dos investigadores soviéticos, Metal´nikov y Chorine, en base a los experimentos de su maestro Ivan Petrovich Pavlov sobre el condicionamiento clásico, estudiaron en el Instituto Pasteur de París las respuestas inmunológicas condicionadas en conejillos de indias.[6] En realidad se puede decir que fueron los verdaderos precursores en la investigación científica psiconeuroinmunológica.[7]

La inmunidad presenta un problema no sólo biológico y fisicoquímico sino también psicológico. En general, no tenemos suficientemente en cuenta el papel que desempeña el sistema nervioso ni tampoco el de la acción psíquica sobre la vida del organismo. Y, a pesar de ello, es incontestable que el debilitamiento de las fuerzas psíquicas no sólo es consecuencia, sino también la causa de diversas afecciones. Es lamentable que, en este aspecto, el estudio del organismo se encuentre tan atrasado. El papel de las fuerzas psíquicas y su influencia sobre la vida del cuerpo son muy grandes, incomparablemente más grandes de lo que se piensa. Todos los órganos: el corazón, los pulmones, los intestinos, las glándulas de secreción interna, se encuentren estrechamente unidos al sistema nervioso. Esta es la razón de que el estado psíquico del paciente, en todas las enfermedades, tenga tanta importancia. Conociendo todo esto, debemos comprender que en la lucha contra las enfermedades, es tan necesario actuar sobre el psiquismo como prescribir medicaciones

Metal´nikov[8]

Posteriormente se realizan múltiples estudios, y entre la década de los 50 y 60 se desarrollaron numerosos experimentos con animales de los que se dedujo que el estrés podría afectar a la inmunidad. La primera evidencia experimental directa fue que en presencia de tensión en roedores se producía una reducción de anticuerpos.[9] Al mismo tiempo se demostró que las experiencias en la etapa infantil podrían afectar a la vida adulta por la respuesta mediada por anticuerpos.[10] En los años 60, George F. Solomon, profesor de Psiquiatría y Ciencias Conductuales de la Universidad de California, estudia las relaciones entre estrés, emociones, alteraciones inmunológicas y enfermedades físicas y mentales. Demostrando que el SNC puede modular la respuesta inmune. Y de la confluencia de sus propios trabajos y de otros ajenos, Solomon junto a Rudolf Moss definió por primera vez (1964) la Psicoinmunología.[11]

Aunque anteriormente, en 1963, Korneva y Khai dos científicos rusos, demostraron que el cerebro estaba envuelto en un sistema de inmunorregulación, precisamente sobre lo que especulaban Solomon y Moos.[12] Aunque dicha investigación llegó más tarde a occidente.

Nacimiento y desarrollo [editar]

En 1975 se acuña el término psiconeuroinmunología, como resultado de un experimento realizado en la Universidad de Rochester por de Robert Ader (psicólogo) y Nicholas Cohen (inmunólogo). Basándose en el condicionamiento clásico de Pavlov, demostraron que produciendo una señal aversiva a través del sistema nervioso (en este caso el gusto) condicionaba las respuestas del sistema inmune.[13] Precisamente se pudo realizar debido a la aceptación general del fenómeno de la inmunidad condicionada demostrada por Metal’nikov y Chorine en 1926.[1]

En 1977, los investigadores H. Besedovsky y E. Sorkin observaron que la activación inmune (estimulación antígena) desencadena una conducta inmunológica del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), demostrando con ello la relación existente entre cerebro y sistema inmunológico.[14]

Posteriormente, en 1981, David Felten de la Universidad de Indiana, descubrió por primera vez que una red de nervios llegaba a los vasos sanguíneos y al sistema inmune. Este descubrimiento aportó las primeras pruebas de cómo ocurre la interacción entre sistema nervioso y sistema inmune.[15]

En el mismo año, Ader, Cohen y Felten, editan el libro Psychoneuroimmunology, en el que se detalla la íntima relación entre cerebro y sistema inmune constituyendo un único sistema integrado de defensa.[16]

En 1985, el investigador J. E. Blalock, descubrió un circuito bidireccional entre el sistema inmune y el sistema endocrino. Dicho circuito operaría a través de péptidos comunes. El SI actuaría como una especie de sensor que operaría en respuesta a estímulos no cognitivos, comunicándose con el SE mediante señales de linfocitos a través de hormonas inmunorreactivas, provocando a su vez una modificación de la homeostasis corporal.[17]

También en las décadas de los 70 y 80, fundamentalmente en el National Institute of Mental Health (NIMH(USA), la neurofarmacóloga Candace Pert al frente de un grupo de colaboradores, descubrió que receptores específicos (neuropéptidos), se encuentran en las membranas celulares tanto en el cerebro como en el sistema inmunitario. Además dicho descubrimiento sugiere la estrecha relación entre las emociones y el sistema inmunológico. Y se mostró que no solo el cerebro modula los SI Y SE, sino la enorme influencia que el SNC tiene en la enfermedad.[18]

Igualmente en 1985, de la recopilación de una serie de trabajos históricos se produce la Fundación Científica de la Psiconeuroinmunología, plasmándose en la edición del libro Foundations of Psychoneuroimmunology.[19]

En general se ha tendido a pensar que las emociones inciden en las respuestas físicas y fisiológicas, pero se ha comprobado que el circuito también funciona al contrario. En 1985 declaró el Dr. Paul Ekman, profesor de psiquiatría de la Universidad de California:

Sabíamos que cuando uno experimenta una emoción, la misma se refleja en su cara. Ahora se ha descubierto que lo contrario también es verdad. Uno siente lo que muestra en su cara. Si se ríe uno del dolor, interiormente no sufrirá. Si pone la cara triste, sentirá lo mismo por dentro.

Ekman P.[20]

Por ejemplo, fruncir el ceño activa la secreción de hormonas del estrés, que a su vez inhiben el SI, incrementan la presión sanguínea y hacen a los individuos más susceptibles la ansiedad y la depresión. Por contra, sonreir reduce dicha secreción e incrementa la producción de endorfinas y de linfocitos T, que a su vez potencia el sistema inmunológico.[21] Aunque en realidad, estos descubrimientos ya fueron teorizados por el fisiólogo francés Israel Waynbaum en 1907.[22]

Estrés [editar]

El estrés es uno de los principales elementos para el estudio y experimentación científica de la PNI.

El estrés implica toda agresión interna o externa al organismo que altera su equilibrio homeostático; puede tratarse de estímulos físicos, traumáticos, psíquicos y pueden estar en relación con un esfuerzo súbito, un exceso de trabajo o de cualquier tipo de estimulación violenta y de naturaleza diversa.

Infante de la Torre, J.R.[23]

Pero el estrés, que es un mecanismo de defensa, puede, y de hecho así es considerado, ser una de las causas principales en el desequilibrio psicofisiológico.[24]

En presencia de estrés se producen reacciones corporales tratando el organismo adaptarse poniendo en marcha mecanismos de compensación, es el Síndrome General de Adaptación. En dicho proceso está implicado fundamentalmente el eje Hipotalámico-hipofisiario-adrenal (HHA). Consta de tres fases: Alarma o catabólica, Resistencia o anabólica y Agotamiento o Extenuación. Ante un estímulo psíquico o físico se produce una evaluación cognitiva del sujeto, generando una respuesta emocional y defensiva. El estresor desencadena la estimulación del hipotálamo que a su vez estimula al SNS y la médula suprarrenal, siendo la fase de Alarma. La fase de Resistencia se produce cuando la estimulación produce la respuesta de la hipófisis anterior y la corteza adrenal. Pasado un tiempo, generalmente se produce una adaptación del organismo, pero si el estímulo es muy agudo o se mantiene en el tiempo (distress) se llega a la tercera fase o Agotamiento, en la cual se pueden producir efectos indeseables en forma de disfunciones psíquicas o físicas. [25]

El proceso brevemente y en líneas generales es el siguiente:

La Alarma tiene tres efectos principales; una descarga de adrenalina y noradrenalina entre otras, dichas hormonas se concentran en el cerebro y se modifica la actividad de enzimas sintetizadoras de catecolaminas. A su vez induce la movilización de recursos orgánicos para una actividad física inmediata. Estos recursos se van a concentrar fundamentalmente en tres órganos, cerebro, corazón y musculatura. A su vez se inhiben las funciones normales de órganos viscerales y se paraliza la producción de reservas de energía para el organismo. La Resistencia implica una respuesta endocrina, activada por la estimulación del hipotálamo, que segrega un factor liberador de corticotropina (CRF o CRH), llegando hasta la hipófisis, que a su vez libera adrenocorticotropa (ACTH), esta viaja hasta las glándulas suprarrenales, siendo la señal para liberar glucocorticoides. Estas hormonas se liberan en sangre, que actúan como movilizadoras de los recursos naturales del organismo. Pero también provocan efectos inmunodepresores, como por ejemplo: inhibición de las Natural Killer (NK), detención de la creación de globulinas, disminución de proliferación de linfocitos,, disminución en la secreción de citosinas, etc.[26]

Sucede que al activar el eje HPA las respuestas de lucha o huida, las hormonas de estrés inhiben la actuación del Sistema Inmunológico (SI) para poder así conservar reservas energéticas y ser usadas en caso de necesidad durante el proceso. Pero si la situación estresante se mantiene durante un tiempo excesivo, si se convierte en crónica e incluso cuando dicho factor estresante es muy agudo, se puede llegar a una fase de agotamiento de recursos, pudiendo surgir consecuencias indeseables en forma de enfermedades psíquicas o físicas. Entre otras cosas, precisamente, porque durante ese proceso disminuye nuestra capacidad para luchar contra posibles enfermedades al inhibirse el SI.[27]

Igualmente, las hormonas del estrés frenan la actividad de la mente consciente e incrementan los reflejos instintivos, pudiendo provocar una reducción de la inteligencia y una disminución de la consciencia.[28]

En realidad el mecanismo es absolutamente adecuado para manejar las situaciones de estrés a corto plazo, pero no está diseñado para permanecer activo de forma continua, tal como ocurre en las sociedades modernas.[29]

Por ejemplo, los estudios han demostrado que la permanencia por largos periodos de tiempo de una elevada tasa de cortisol en el cuerpo humano, produce una gran variedad de efectos nocivos. Así las enfermedades relacionadas con el estrés suponen el 80% de todas las consultas médicas.[30] Como efectos nocivos se pueden destacar:

Relaciones entre Sistemas [editar]

Durante mucho tiempo se creyó que el Sistema Inmunológico era un sistema autorregulado, pero los estudios han demostrado que existe una compleja interrelación entre el mismo y los sistemas nervioso y endocrino.

Algunas de las relaciones entre los distintos sistemas:

  • Los experimentos y estudios sobre condicionamiento han demostrado la implicación del SN en la modulación de respuestas por parte del SI, especialmente a través del sistema límbico, el HHA y el SNA.[32]
  • La inervación autónoma directa del SNS, también acusa terminaciones en los órganos del SI. La pérdida de dicha inervación (denervación) implica un incremento en la posibilidad de contraer enfermedades infecciosas e inflamatorias.[35]
  • Numerosos datos experimentales y clínicos sostienen la relación existente entre el sistema inmune y el neuroendocrino en situaciones de estrés. Por ejemplo con disminución de la inmunovigilancia antitumoral (células NK) incrementando las probabilidades de desarrollo de cáncer.[36] También los glucocorticoides producen un decremento en el recuento de linfocitos y de monocitos y un aumento de los neutrófilos.[37] Igualmente se ha comprobado que los opioides producen efectos inhibitorios en la actividad de las NK.[38] Asimismo se ha comprobado los cambios inducidos por la adrenalina en diferentes subpoblaciones.[39]
  • El hipotálamo está asociado funcionalmente tanto por vía neural como vascular con la hipófisis, por tanto con el sistema endocrino. Realiza su función principal, mantenimiento del balance homeostático externo e interno, participando en la regulación de la ingesta, reproducción, termorregulación, comportamiento emocional y funciones endocrinas.[40] Su importancia en la regulación del sistema inmune ha sido demostrada describiéndose experimentalmente asociaciones entre ambos sistemas a través de inervaciones de los órganos inmunes,[41] alteraciones en la función linfocitaria tras hipofisectomía o lesiones en diferentes áreas del hipotálamo[42] y cambios en neuronas del hipotálamo coincidiendo con la formación de anticuerpos en respuesta a la inoculación de inmunógenos.[43] [44]
  • Etc.

Estudios [editar]

Los estudios sobre la interrelación mente cuerpo son y han sido muy numerosos, y se pueden dividir en tres tipos principales: Los estudios de como diversos aspectos mentales influyen sobre la fisiología del cuerpo humano, los estudios sobre su incidencia en enfermedades y los estudios de como diversas terapias y medicinas alternativas influyen en el individuo y en el devenir de las enfermedades.

El estrés, la ansiedad y la angustia son quizás los elementos psíquicos más utilizados para comprobar las interrelaciones entre los distintos sistemas del organismo, en ese sentido además de los ya mencionados anteriormente, se pueden destacar como ejemplo los estudios de algunos factores psicosociales estresantes: el luto, la separación o divorcio, el paro y exámenes académicos.

  • Luto:

Los viudos/as experimentan mayor frecuencia de enfermedades durante el año siguiente a la muerte del cónyuge. Además, muestran una inmunidad celular deprimida (que se evidencia por una proliferación linfocitaria inducida por mitógenos menor que la de los grupos control) y posiblemente menor actividad de las células NK. Estas alteraciones pueden prolongarse hasta más de un año después de la muerte de la pareja. Por otra parte, no se han evidenciado alteraciones en el número de linfocitos T o B.[46]

  • Separación o divorcio:

Las mujeres separadas o divorciadas muestran menor inmunidad celular que las mujeres control (casadas), menor respuesta al mitógeno fitohemaglutinina, mayor nivel de anticuerpos contra el virus de Epstein Barr, y menor porcentaje de células NK. Los hombres, muestran indicios de menor inmunidad celular que los que pertenecen al grupo control: mayor nivel de anticuerpos antivirus Epstein Barr, o antivirus del herpes, y mayor frecuencia de enfermedades.[47]

  • Paro de larga duración:

En este grupo se ha descrito mayor frecuencia de enfermedades y menor respuesta linfocitaria a los mitógenos fitohemaglutinina del linfocito B. También se han establecido alteraciones en los porcentajes en linfocitos T o B.[48]

  • Exámenes académicos:

En comparación de los estudiantes en los periodos entre exámenes, la inmunidad en los periodos de exámenes sufre un aumento de los niveles de anticuerpos contra los virus de Epstein Barr y del herpes tipo 1, disminución del porcentaje de linfocitos T auxiliadores, menor respuesta a los mitógenos T, menor actividad de las células NK y menor producción de interferón.[49]

Dado que son muy numerosos los estudios de la influencia de la psique, en muy diversos aspectos y desde muy variados puntos de vista, expondremos solo algunos ejemplos de dichos estudios: Efectos de la percepción y la sugestión sobre las enfermedades (efectos placebo y nocebo). Estudios sobre los efectos de psicoterapias y terapias alternativas y efectos de la meditación y técnicas de relajación.

Sugestión [editar]

Los estudios indican que el SI, en respuesta a sugestiones y creencias, puede resultar afectado a través del sistema límbico-hipotalámico del cerebro, dado que éste actúa como mediador en la modulación de sus respuestas.[50] La sugestión ha sido objeto de estudio intenso desde hace tiempo, fundamentalmente sobre los efectos placebo y nocebo. Se tienen noticas incluso de algunos estudios realizados en los años 20 del pasado siglo.[51] En 2002 apareció un artículo que tuvo una amplia repercusión mediática, Las nuevas drogas del emperador. Dicho artículo, redactado por Irving Kirsch, profesor de Psicología de la Universidad de Connecticut, era un informe sobre una serie de ensayos clínicos con antidepresivos y que no habían sido publicados. Antes de su redacción ya estuvo envuelto en polémica puesto que el Dr. Kirsch tuvo que recurrir a la Ley de Libertad de Información (en:Freedom of Information Act (United States)) para que se le suministraran los datos.[52] Finalmente pudo redactar el informe concluyendo que el 80% de los efectos antidepresivos de los fármacos (los seis antidepresivos más importantes del momento) podían atribuirse al efecto placebo.[53]

La diferencia entre la respuesta a los fármacos y la del placebo era de menos de dos puntos de media en la escala clínica que va desde los cincuenta a los sesenta puntos. Eso es una diferencia muy pequeña. Es una diferencia clínicamente irrelevante.

Irving Kirsch[54]

Los estudios sobre el efecto placebo se han incrementado sustancialmente, reconociéndose entre 1997 y 2001, unos 10.000 ensayos.[55] [56]

Ejemplos:

Efecto placebo [editar]

El Dr. Bruce Moseley, famoso cirujano por tratar a estrellas del deporte estadounidense, realizó un experimento en la facultad de medicina de Baylor (en:Baylor University), precisamente para demostrar que el efecto placebo no tenía la menor incidencia en cirugía. El experimento fue realizado en una población de 180 personas con osteoartritis de rodilla, a las que se dividió en tres grupos: a uno de ellos se les trató con la técnica de lavado artroscópico, a un segundo grupo se les aplicó un desbridamiento artroscópico y a un tercer grupo se les hizo creer que habían sido sometidos a cirugía, pero en realidad solo se les efectuó una incisión en la piel, a este tercer grupo no se les comunicó dicha circunstancia hasta 2 años después, tiempo que duró el experimento. El resultado fue que no se encontraron diferencias entre los procedimientos quirúrgicos y el placebo.[57] Por ello el Dr. Moseley declaró posteriormente:

Mi habilidad como cirujano no supuso beneficio alguno en esos pacientes. Cualquier posible beneficio de la cirugía para la osteoartritis de rodilla se debió al efecto placebo.

Dr. Bruce Moseley.[58]

Efecto nocebo [editar]

En un experimento efectuado en Japón, se les aplicó en un antebrazo a un grupo de 57 niños con dermatitis contagiosa una determinada planta a la que eran alérgicos, en el otro antebrazo se les aplicó otra planta para la que no presentaban reacción alguna. En realidad en el primer antebrazo no se les había aplicado la planta a la que presentaban reacción, solo les indicaron que así era. El resultado fue que el 89´5% de sujetos presentaron reacción en el primer antebrazo.[59]

Psicoterapias y terapias alternativas [editar]

A pesar de las dificultades y la polémica que envuelve a este tema, puesto que en la comunidad académica existe un evidente rechazo, ello no ha sido óbice para que se hayan realizado numerosos estudios sobre los efectos de dichas terapias en el cuerpo humano. Y en los que ha influenciado el hecho de que incluso en las sociedades occidentales una parte considerable de la población recurre a dichas terapias. Por ejemplo en los EE. UU., un estudió realizado en 2002 indica, que a esa fecha, un 36% de su población lo hace.[60] [61] Incluso el propio Departamento de Salud estadounidense creó en 1992 una oficina específica para realizar dichos estudios, formando parte del Instituto Nacional de Salud estadounidense (DHHS), el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM).[62] También hay que resaltar el incremento de las subvenciones a dichos estudios por parte de los gobiernos occidentales.[63] Pero incluso antes, ya había sectores del propio mundo académico que pedían ciertos cambios. Por ejemplo, un editorial de la revista The Lancet de 27 de junio de 1987 señalaba:

Desde el momento en que el estado psicológico de un individuo es potencialmente capaz de influir en el curso de enfermedades en las que se encuentra implicado el sistema inmunitario -tales como infecciones, enfermedades autoimnunes y ciertos tipos de cáncer- la investigación de los vínculos existentes entre el psiquismo y la inmunidad posee tres importantes consecuencias clínicas: posibilidad de que los tratamientos psicológicos puedan usarse como terapéuticas de apoyo para debilitar la respuesta inmunológica tanto en enfermedades amenazadoras para la vida como en trastornos menos graves; posibilidad de que tales tratamientos puedan usarse, igualmente, para mejorar la actividad del sistema inmunitario, particularmente, en grupos especialmente vulnerables; y, finalmente, clarificación de la importancia de la protección que es capaz de proporcionar un enfoque positivo de la existencia.

Editorial The Lancet 27-06-1987.[64]


Pero en los últimos años existe ya un movimiento dentro del ámbito académico y de la medicina ortodoxa que habla abiertamente de los posibles beneficios de ciertas psicoterapias y terapias alternativas. En ese sentido indica la Dra. Martha Fors López y sus colaboradores del Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos de Cuba:

Existen numerosas terapias que ayudan al enfermo a mejorar su salud, así como a personas sanas a lograr un estado tal que haga más difícil la adquisición de alguna enfermedad: como ejemplos tenemos los masajes corporales, las técnicas de relajación, regresión y de visualización del sistema inmune, los ejercicios físicos como el Qi Gong y el Tai qi Chuan y dietas adecuadas.

Martha Fors et al.[65]

Ejemplo:

En 2008, se realizó una experiencia en las Unidades de Hospitalización de Hematología y UTMO del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (España). Dicho estudio, Terapia Reiki en pacientes oncohematológicos,[66] tuvo una aceptación entre los pacientes en niveles cercanos al 50%,[67] e igualmente un nivel muy elevado de satisfacción entre el personal sanitario.[68] Indicando en sus conclusiones:

Las sensaciones más experimentadas por los pacientes tratados con Reiki fueron: calor, relajación muscular, sueño, disminución de ansiedad y mejora del estado de ánimo; observando a la vez cómo influía la terapia en síntomas derivados del ingreso (dolor, ansiedad y/o tensión muscular y alteraciones del patrón de sueño).

Beatriz Maza y Cristina Chao[69]

Y ya en otros centros hospitalarios y países, también se imparte enseñanza a personal sanitario para su aplicación en dichos centros.[70]

Meditación y relajación [editar]

Los primeros estudios científicos sobre la acción en el organismo humano de diferentes técnicas de concentración, relajación y meditación, fueron realizadas en los años 30 del pasado siglo. Los realizó la Dra. Thérése Brosse, dichos estudios se realizaron mediante registros de electrocardiograma y encontró que yoguis experimentados podían ralentizar sus ritmos cardíacos, llegando en algunos casos a paralizarlo completamente.[71]

A partir de ahí se han realizado experimentos y estudios sobre diversas técnicas tanto de meditación, concentración y relajación.

Por ejemplo los Drs. Wenger y Bagchi encontraron en la India a individuos experimentados que practicaban ejercicios de yoga y que podían controlar voluntariamente ciertas funciones autónomas.[72]

También se han estudiado los patrones de ondas cerebrales que se producen durante la práctica de la meditación Zen por monjes budistas, encontrándose con un incremento de las ondas alfa e incluso en los monjes más experimentados los patrones llegaban a las ondas theta.[73]

En el Entrenamiento Autógeno de Schultz se ha detectado una disminución de la resistencia electrodérmica e incremento de ondas alfa.[74]

Otra técnica muy estudiada (más de 400 estudios hasta el año 1995),[75] ha sido la Meditación Trascendental (MT), Los estudios realizados por el Dr. Wallace y su equipo, indican que se producía un descenso muy significativo del consumo de oxígeno, eliminación de dióxido de carbono, aumento de la resistencia de la piel, decremento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, incremento de la actividad alfa y theta, etc.[76] Otro estudio reveló una disminución significativa de los niveles de cortisol, y un aumento de la fenilalanina y prolactina.[77] También se ha encontrado un profundo efecto sobre la función endocrina traduciéndose en una disminución de ciertas hormonas, ACTH, prolactina, GH y TSH. [78] Etc.

Ejemplo:

Estudio realizado sobre los efectos de la Meditación Trascendental, en la Universidad de Granada (España) en 1995, por el especialista en medicina nuclear Dr. Infante de la Torre. Se dividieron a los sujetos en dos grupos, uno de control con aquellos que no habían practicado técnica alguna de meditación ni relajación, y otro experimental con sujetos que habían practicado MT al menos durante los 12 meses anteriores. El estudio concluyó que en los sujetos del grupo experimental la técnica tiene un efecto significativo sobre el eje inmunoneuroendocrino, expresado en:

  • Un menor nivel de ansiedad rasgo en los sujetos con más de dos años de experiencia en comparación a los niveles hallados en el grupo de control.
  • Menores niveles de NE plasmática a lo largo del día, así como menores niveles de E en la toma matutina, reflejo de una menor actividad del SNA.
  • Concentraciones significativamente diferentes de hormonas del eje HHS (cortisol, ACTH, β-endorfina), así como diferentes niveles de parámetros bioquímicos relacionados con el síndrome de adaptación al estrés.
  • Diferentes tasas circulantes de las subpoblaciones linfocitarias estudiadas.
  • Modificaciones en el patrón circadiano de secreción diurno en todos los parámetros.
    Infante de la Torre, J.R.[79]

Véase también [editar]

Notas [editar]

  1. a b Solomon, George F. Psiconeuroinmunología: sinopsis de su historia, evidencias y consecuencias. Segundo congreso virtual de psiquiatría, Interpsiquis 2001. Mesa Redonda: Psicosomática, 1 Febrero – 7 Marzo, 2001
  2. a b Horna Figueroa, E. La inteligencia emocional en la educación y la salud
  3. Luyando Joo, P. Enfermar o curar por la mente. Introducción a la psiconeuroendocrinoinmunología. p. 6
  4. Luyando Joo, P. op. cit. p. 8
  5. Ulla Díez, Sara. Estudio de la influencia del estrés percibido sobre las recidivas del herpes simple tipo-1. Número 128 de Colección Tesis doctorales, Universidad Autónoma de Madrid. Servicios de Publicaciones Universidad de Castilla La Mancha. 2001. p. 34. ISBN 978-84-8427-112-3
  6. Metalnikov, S. and Chorine, V., Roles des reflexes conditionnels dans la formation des anticorps, CR Soc. Biol., 99 (1928) 142-144. Metal'nikov, S., and Chorine, V. Role des reflexes conditionnels dans immunite. Annales de l.'lnstitut Pasteur, 40, (1928) 893-900
  7. Oblitas, L. A. Psicología de la salud y calidad de vida. Cengage Learning Editores, 2006. p. 35. ISBN 978-970-686-657-8. Gómez González, Beatriz y Escobar Izquierdo, Alfonso. Psiconeuroinmunología: Condicionamiento de la respuesta inmune. Revista México Neurociencia 2003; 4(2). pp. 84-86
  8. Cit. en Barthe, Emma. Cáncer: enfrentarse al reto. Robinbook. 1997. p. 89. ISBN 978-84-7927-206-7
  9. Solomon, G. Moos, R. Stone, G. Fessel, W. Periphetal vasoconstriction induced by emotional stress in rats. Angiology. 1964 Aug;15:362-5
  10. Solomon GF, Levine S, Kraft JK. Early experience and immunity. Nature. 1968 Nov 23;220(5169):821-2.
  11. Solomon, G.F. and Moos, R.H. Emotions, immunity, and disease: a speculative theoretical integration. Archives of General Psychiatry. 1964. 11:657-674
  12. Korneva EA, Khai LM. Effect of destruction of areas of the hypothalamic region on the process of immunogenesis. Fiziol Zh SSSR Im I M Sechenova.Russian. 1963 Jan;49:42-8.
  13. Ader R, Cohen N. Behaviorally conditioned immunosuppression. Psychosom Med. 1975 Jul-Aug;37(4):333-40.
  14. Besedovsky H, Sorkin E, Felix D, Haas H. Hypothalamic changes during the immune response. Eur J Immunol. 1977 May;7(5):323-5.
  15. Felten DL. et al. Sympathetic innervation of murine thymus and spleen: evidence for a functional link between the nervous and immune systems. Brain Res Bull. 1981 Jan;6(1):83-94.
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Enlaces externos [editar]

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