Popoca

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Popoca. (En náhuatl, humea; desprender vapor o aroma; verbo intransitivo que deriva de la raíz pōc-; pōctli, humo; reduplicación parcial de pōc-, es decir, [po]pōc-a). Apellido; nombre de un guerrero que según la mitología azteca los dioses convirtieron en montaña. Iconográficamente, según la cosmogonía de los nahuas, el término se representa mediante volutas o vírgulas de humo o vapor, lo cual significa: 'exhalar aliento de vida'; 'emitir, comunicar la palabra'; 'orar, adorar, ofrendar'; 'tener en memoria, recordar'; 'expresar coraje y valor'; 'conquistar lo alto, alcanzar la victoria'.

De manera que la antroponimia del término popoca, no se limita estrictamente a 'humear, desprender vapor o aroma', sino que debido a la peculiaridad del náhuatl en expresar ideas, objetos o conceptos por medio de una palabra, también tiene los siguientes significados figurativos ligados a la cosmogonía de los nahuas: comunicar lo que hay en la mente y el corazón; adorar, ofrendar; tener en memoria y gloria; brillar como las piedras preciosas; hablar con coraje, furia y valor; conquistar, alcanzar la victoria sobre la guerra o la muerte misma. Estas son las posibles razones por las que dioses y nobles incluyeron la raíz pōc- en sus nombres.

Historia Prehispánica[editar]

Etimología[editar]

Etimológicamente la raíz náhuatl pōc-, tanto en su forma nominal como verbal, es una de las raíces frecuentemente empleada para formar nombres y "para designar seres que tienen un papel destacado en la mitología azteca y en el simbolismo político y religioso de los pueblos nahuas del centro de México, también es un término de valor irremplazable utilizado para diversas prácticas rituales."[1] Algunos personajes sobresalientes que incluyen esta raíz en sus nombres son Tezcatlipoca 'espejo-humo', Popocatzin 'humea-señor, Chimalpopoca 'escudo-humea', Tezcalpopocatzin 'espejo-humea-señor', Cohualpopoca[2] 'culebra-humea', Cuauhpopoca 'águila-humea', etc.

'Popoca' está conectado a la palabra 'ipocyotia', que contiene la raíz pōc-, el humo o vapor que produce el cuerpo humano, es decir 'el hálito, el vaho, el aliento'. Debido a que el náhuatl es un lenguaje aglutinante que expresa conceptos e ideas por medio de sonidos, la pronunciación de acuerdo a la fonología náhuatl es /po/pOc-a/, en donde pōc- es el sonido más marcado y se ejecuta como exhalando el aliento. Esta exhalación convertida en sonido, además de representar el aliento de vida, también simbolizaba el medio por el cual el emisor comunica lo que hay en su mente y en su corazón a través de la palabra.[3]

Cosmogonía[editar]

De acuerdo a la cosmovisión de los aztecas el humo es un elemento extraño, divino, "ligado necesariamente a una entidad que lo produce, es una materia visible que en su caprichoso ascenso forma una nube que se va desvaneciendo hasta hacerse totalmente invisible… un producto volátil que… en su fragilidad, también convoca la idea de ser la materia capaz de ascender y alcanzar la atención de la deidad."[1] El Códice Florentino describe de esta manera el sentido de 'humo' para los mexicas:

Ticcaqui, ticmati in tlein iti tiquitoa, in tiquilnamiqui, in tix, in toiollo, iuxquin poctli, aiavitl mixpantzinco moquetza.[4]
"Tú escuchas, tú sabes lo que dentro de nosotros decimos, lo que pensamos, nuestras mentes, nuestros corazones, así como si fuera humo, niebla se levanta frente a ti".

La acción de emitir, emanar, exhalar "lo que dentro de nosotros decimos, lo que pensamos", lo internamente intangible, es decir, el conocimiento e incluso los sentimientos a través del habla, la escritura o por otro medio, era utilizado en su forma verbal popoca "humear, comunicar la palabra, orar, adorar", mientras que en castellano es más común utilizar el término humo como sustantivo.

Matrícula de Huexotzingo. Glifos nahuas: popoca 'humear'; tlatoa 'hablar'

Tal era la importancia del don de la palabra, que tlatoa 'hablar' está vinculada a Tlatoani 'el que habla', el título que se daba a los monarcas aztecas; y el glifo que se utiliza para 'tlatoa' es el mismo que se utiliza para 'popoca'; más la diferencia con éste último es la amplitud del mismo, mientras que éste representaba la comunicación con lo sagrado, aquél se empleaba más propiamente para designar a aquel que tenía autoridad para hablar 'aquel que habla mientras los otros callan', su sentido es la facultad de mando, propia de los señores aztecas.[5] La atribución de hablar, la posesión de la escritura, la lectura y el conocimiento de los registros sagrados e históricos significó un signo de poder, en particular entre los reyes, quienes podían, a través de la palabra escrita, perpetuar su pasado y permanecer vigentes en el futuro. Fray Bernardino de Sahagún registró lo que, según el pensamiento náhuatl, se decía de boca en boca de los personajes recordados y venerados por los nahuas:

aiamo polivj in jpocio yn jaiauhio.[6]
"aún no se ha desecho el humo o la niebla de él".

Traducido al sentido actual: "aún no se ha perdido su memoria y fama" o "aún se mantiene vivo el recuerdo de su gloria", otro significado relacionado de humo, es decir, trascender en la memoria o recuerdo de los hombres incluso más allá de la muerte.

Literatura[editar]

La siguiente poesía náhuatl atribuida a Netzahualcóyotl y titulada "Nonantzin"; es un canto que alude a la memoria del joven guerrero macehualli que podría morir en el campo de batalla, lo cual para los mexicas se consideraba un privilegio, y presenta con intención, en un juego de palabras, la dualidad del término popoca. El término es asociado con su significado literal y con la representación simbólica del mismo:

Nonantzin ihcuac nimiquiz,
motlecuilpan xinechtoca,
huan cuac tiaz titlaxcal chihuaz,
ompa nopampa xichoca.
Huan tla acah mitztlah tlaniz:
—Zoapille, ¿tleca tichoca?—
xiquilhui xoxouhqui in cuahuitl,
techochcti ica popoca.
"Madre, cuando yo muera,
sepúltame junto al fogón,
y cuando vayas a hacer las tortillas,
allí, llora por mi.
Y si alguien te preguntara:
—Señora, ¿por qué lloras?—
dile que está verde la leña,
y que el humo te hace llorar."

La verdadera razón del llanto no se refiere al humo de la leña, sino más bien al humo interior e intangible que representa el recuerdo o la memoria de una persona que debido a su heroísmo sería recordado con honor y gloria más allá de la muerte. Los antiguos nahuas no encontraron una mejor forma de expresar simbólicamente los pensamientos y sentimientos que emergen de la mente y el corazón de una persona sino por medio del humo o vapor.

Códice Mendocino. Glifos de 'humo o vapor' en boca y registro, como representación de la palabra hablada y escrita

Iconografía[editar]

El uso de los glifos de humo o vapor se remonta al período preclásico mesoamericano, aun a los Olmecas. La Estela 5 de Izapa, que data del 300 al 50 a.C., muestra a uno de los personajes principales, posiblemente un rey, exhalando una voluta de humo o vapor; en su mano un lápiz, y cerca de él sus registros o escritos. Dichos glifos se observan también en el período clásico mesoamericano; en las pinturas murales de Teotihuacán y por supuesto con los nahuas.

En el Códice Mendoza se observa una imagen casi idéntica: un personaje, posiblemente un tlacuilo 'escriba', exhalando una vírgula de humo o vapor por su boca; en una de sus manos un lápiz y en la otra un escrito con la imagen de dos volutas de humo o vapor, éstas y aquélla como representación de la palabra hablada y escrita. Las volutas están dibujadas en dirección inversamente simétricas, lo cual sugiere la comunicación entre emisor y receptor. El color, la forma y el tamaño del glifo en sus variadas acepciones sugieren el tono, la fuerza fonética o el valor del pensamiento emitido. La mayoría de las veces el glifo se representa exhalando de la boca, aunque otras veces, como en el caso anterior, también se observa como representación de la escritura; y otra veces parece emerger de la frente de los personajes, de los animales y aun de las cosas, como cerros y templos, éstos como representación de "adorar u ofrendar" a la deidad.

Los templos eran el símbolo supremo del poder y la libertad de un pueblo. Iconográficamente un templo quemado representado con volutas de humo simbolizaba la conquista mediante la guerra.[7] Es de notar que existía una correspondencia entre las montañas y los templos como símbolos de permanencia,[8] en tanto que en sus pendones de guerra los mexicas llevaban representado un monte humeante al que llamaban Popocatepec o Popocatepech, topónimos de Popocatépetl.[9]

Mitología[editar]

Popoca e Ixta.- Museo Soumaya de la Cd. de México
Códice Durán. Popocatepec 'cerro-humea': Símbolo en los pendones o estandartes de guerra

El origen mitológico del Popocatépetl es el de un legendario guerrero llamado Popoca, que al regresar victorioso del campo de batalla se encuentra con la inesperada muerte de su princesa amada, tras lo cual sube al pináculo del templo con ella en sus brazos y se entregan a sí mismos como ofrendas a los dioses; los dioses aceptan el sacrificio de su amor no consumado, y para conservarlo eterno, deciden transformarlos en volcanes. La acción guerrera tenía que trascender al campo de batalla, debía de insertarse en la memoria social, penetrar al imaginario común, convencer a los demás, ser alabada y ganar la inmortalidad o bien, ser desaprobada y perderse en el olvido; por ello el guerrero recibe su galardón junto a su compañera, permaneciendo simbólicamente inmortales cual montañas sobre la gran Tenochtitlan. Entre los nahuas el guerrero victorioso accedía a un status privilegiado dentro de la jerarquía social, pero los guerreros por excelencia eran los propios gobernantes y aun los dioses.[10] Tezcatlipoca y Huitzilopochtli (algunos eruditos todavía discuten el significado de éste último, nótese que podría incluir la raíz pōc- en su nombre) alcanzaron la inmortalidad por su fortaleza y destreza en la guerra, y por supuesto es ampliamente conocida la inmortalidad, divinidad y gloria de Quetzalcóatl.[11]

Fray Diego Durán describe que los mexicas consideraban al Popocatépetl 'montaña-humea' "por el más principal cerro de todos los cerros; especialmente todos los que vivían alrededor de él y en sus faldas; la cual tierra... es la mejor de la tierra... por las ricas aguas que de este volcán salen y por la fertilidad grande que de maíz alrededor de él se coge... los sacerdotes... entraban a las cumbres de los cerros a encender lumbres y a incensar y quemar... copal."[12] El volcán era considerado un altar sagrado, similar a un templo "teocalli", su vapor de humo surge de la unión de dos elementos simbólicos: el agua y el fuego. Esta unión del agua y del fuego produce el humo que vincula a la tierra con el cielo. Al copal 'copalli' también se le llamaba humo, por el humo blanco que produce cuando se quema al fuego, este incienso o perfume 'popochtli' desprendía su aroma grato como ofrenda y plegaria a los dioses; los aztecas interpretaban este humo, entre otras cosas, como una súplica para que las nubes liberaran la lluvia fertilizadora sobre la tierra.[13]

Miguel León-Portilla observa un paralelismo entre el humo y la niebla, el agua y la quema de fuego 'in atl in tlachinolli,[7] la filosa obsidiana con el coraje, la furia y el valor en los cantos de guerra,[14] de igual manera, Carmen Herrera M., detacada lingüista y escritora, recupera la traducción de la época del siguiente difrasismo:

in popocatiuh, in chichinatiuh.
"quien va humeando, quien va sorbiendo".

Expresión náhuatl empleada para aludir a aquel que habla con valentía, orgullo, coraje y furia para reprender, y que causa temor a quienes le oyen, así se decía del hombre o del guerrero que exhala por su boca su enojo y soplo de vida, como el rugido y la fuerza que emite el cráter de un volcán. En sentido casi similar a la frase en español: "subírsele los humos" que sirve para señalar actitudes altivas o arrogantes.[1] Sin embargo, en el mictlán, en el lugar de las sombras, el lugar de los descarnados del que no había retorno, resguardado por el dios Popocatzin o Mictlantecuhtli, era un lugar en el que no había salida para el humo; entendiéndose la expresión como "no hay salida para el aliento que da la vida":

Oiaque intonanoan, in totaoan, in atlan oztoc, omotecato in apochquiiaoaiocan, in atlecallocan in mictlan.[15]
"[Allí] se han ido nuestras madres, nuestros padres; fueron a descansar en el agua, en la cueva, en el lugar por el que no sale el humo, en la casa sin fuego, el lugar de la muerte".

No obstante, el jade y la turquesa sustituían la ausencia del humo, la ausencia del 'aliento' o 'palabra de vida' en el mictlán; estas piedras preciosas de apariencia brillante y coloración intensa, eran altamente estimadas, incluso más que el oro, y formaban parte de los ornamentos de los nobles y como ofrendas funerarias que simbolizaban la vida, la fertilidad y el poder político (a través de la guerra). Probablemente por la manera en que los mexicas las extraían de las minas. Sahagún proporcionó la siguiente información al respecto:

"... y es que cualquier piedra preciosa, donde quiera que está, está echando de sí vapor o exhalación, como un humo delicado, y este humo se aparece cuando quiere el sol salir... y los que las buscan... miran hacia donde sale el sol, y donde ven salir un humo delicado, luego conocen que allí hay piedras preciosas, o que ha nacido allí o que ha sido escondida allí."[6]

En la leyenda de los volcanes se encuentran implícitos todos los conceptos relacionados con el significado metafórico de 'popoca': el sentimiento expresado del amor divino, la memoria y la gloria, el coraje y el valor, la adoración por medio de la ofrenda de sacrificio en el templo, la conquista sobre la guerra y la trascendencia aun sobre la muerte.

Antroponimia[editar]

Para los mexicas, el nombre del individuo estaba vinculado a su linaje o casta, oficio o capacidades, y en algunos casos adoptaban un nombre nuevo en el transcurso de su vida para identificarse con su obra y perpetuar su memoria; uno es el caso de Nezahualcóyotl quien su nombre al nacer fue Acolmiztli. Es posible que los orfebres del jade y la turquesa adoptaran su nombre en base a su oficio, como el nombre Teoxiuhpopoca 'turquesa-humea'.

En la Visión de los vencidos se relata que en la inmediación del Popocátépetl, rumbo a la gran Tenochtitlan, un enviado de Moctezuma llamado Tzihuacpopoca[2] 'cactus-humea', (el nopal es una cactácea símbolo de la nación mexica) se entrevistó con Hernán Cortés. Para un acontecimiento de tal magnitud el enviado de Moctezuma debería representar al mismo Tlatoani, alguien capaz y versado en comunicarse con los extranjeros. León-Portilla cita que los tenochcas denominaban Popoca a los sacerdotes y es posible que los tlamatinime 'que saben las cosas' incluyeran también esta raíz en sus nombres.

Varios nombres con la raíz pōc- aparecen en la Matrícula de Huejotzingo,[16] documento pictográfico de la Nueva España que data de 1560, entre otros se encuentran Poctli 'humo'; Popocatl 'humo-agua'; Pocahua 'humo-poseer'; Cihuapocatl 'mujer-humo'; Citlalpopoca 'estrella-humea'; Quetzalpopoca 'plumas de quetzal-humea' y Popoca 'humea'.

De manera que la antroponimia del término popoca, no se limita estrictamente a 'humear, desprender vapor o aroma', sino que debido a la peculiaridad del náhuatl en expresar ideas, objetos o conceptos por medio de una palabra, también tiene los siguientes significados figurativos ligados a la cosmogonía de los nahuas: comunicar lo que hay en la mente y el corazón; adorar, ofrendar; tener en memoria y gloria; brillar como las piedras preciosas; hablar con coraje, furia y valor; conquistar, alcanzar la victoria sobre la guerra o la muerte misma. Estas son las razones por las que dioses y nobles incluyeron la raíz pōc- en sus nombres.

Historia a partir de la Conquista[editar]

Origen[editar]

A raíz de la conquista de México, casi en su totalidad, los corregidores reemplazaron los nombres de los indígenas recién bautizados por nombres y apellidos españoles, el primer caso conocido fue el de Malintzin, quien al ser bautizada se le dio el nombre nuevo de Marina de Jaramillo,[17] con lo que se señalaría su entrada definitiva en el ámbito español. Más no sucedió lo mismo con aztecas prominentes, cuyos nombres indígenas fueron preservados y muchos se convirtieron en apellidos; debido a que entre los mexicas no existía el uso de los apellidos. Por ejemplo, la hija del emperador Moctezuma fue bautizada por Hernán Cortés como Isabel Moctezuma; donde desde entonces se preserva el apellido Moctezuma hasta el día de hoy.

Después de la caída de Tenochtitlan los caciques eran seleccionados por el virrey, que por regla general, eran indios de nobleza reconocida, los denominados 'pipiltin'; estos indígenas, de la otrora casta sacerdotal y de alcurnia, desempeñaron no sólo cacicazgos[18] sino también cargos de importancia durante la administración colonial española. Dicha influencia permitió que, particularmente en la región de Tlaxcala, en el Valle de Cholula y en la sierra de Puebla, un número reducido de familias preservaran sus nombres en náhuatl, contrario a la enorme cantidad de mexicanos autóctonos y mestizos que adoptaron los nombres de los españoles.

También se dice que, Cuauhtémoc, en los días de la conquista española, se enamoró de Citlalli, hija del cacique de Iztapalapa, teniendo amores con ella, de cuyo fruto dio a luz un niño, el día 13 de agosto de 1521, fecha de la toma de Tenochtitlan; gracias al desconcierto y confusión de aquellos momentos, el niño pudo ser puesto fuera de peligro por su abuelo Xólotl, que lo llevó al poblado de Ixcateopan de Cuauhtémoc, en el estado de Guerrero donde cuidó de él. Cuando el país estuvo pacificado, el muchacho regresó a México quedando bajo la protección de fray Pedro de Gante quien procedió a bautizarlo instruyéndolo en la doctrina cristiana y así creció con el nombre combinado español-azteca de Juan Cuauhtémoc Chimalpopoca.

Tiempo después, Juan Cuauhtémoc Chimalpopoca, retorna a Ixcateopan, donde contrajo matrimonio con doña Eleonora de Guzmán y Mendoza, teniendo un hijo al que se le dio el nombre de José Omatzizitlain Chimalpopoca, quien a su vez casó con Antonia Tetzilaixtac, naciendo de ambos José Antonio Amoxtli Chimalpopoca.

Dados los privilegios, y para evitar que se les diera el tratamiento de “caciques” y evitar conflictos en su descendencia, entre el siglo XVI y XVII, un miembro de esta familia puso a uno de sus hijos el apellido "Chimal" y a otro el de "Popoca", a fin de que en adelante no hubiera problemas de reclamaciones. Fue así que, al día de hoy, se han preservado entre otros, los apellidos hermanos: Popoca, Chimal y Chimalpopoca.[19]

A través de sucesivos entronques matrimoniales, los de esta familia fueron creando nuevas líneas del linaje. El origen de esta estirpe parece remontarse hasta Acamapichtli, el primer Huey tlatoani mexica, manteniéndose su nobleza en línea hasta Cuauhtémoc, el último emperador azteca.

Genealogía[editar]

Los registros más antiguos de personajes con la raíz pōc- en sus nombres, después de la conquista, se ubican en Mixquiahuala, Hidalgo; los cuales se encuentran disponibles en el sitio Family Search,[20] una de las sociedades de genealogía más respetadas del mundo; dichos nombres son muy semejantes a los registrados en la Matrícula de Huejotzingo. Entre algunos nombres se encuentran: Hernando Cuauhpopoca, Melchor Popoctli, Thoribio Popoca, Miguel Popoca, Diego Pocatl y Juan Huitzilpopocatl. Marcos Popoc[a] Quetzal, hijo de Andrés Popoc[a] y María Quetzal es, hasta el momento, el registro más antiguo bajo la fe cristiana con fecha de bautismo el 17 de febrero de 1577.[20]

Es posible que no todos los apellidos con la raíz pōc- pertenezcan al mismo linaje familiar pero sí al mismo origen común; por ejemplo, es probable que a través del tiempo Huitzilpopocatl 'colibrí-humea' haya desaparecido completamente o únicamente se haya preservado Popoca, por su significado cosmogónico o por la imposición de su léxico, o como pudo suceder con Chimalpopoca, descomponerlo en dos partes. Pero esto solo se puede saber por medio de la investigación genealógica, hilando los hijos a sus ancestros. Actualmente sobreviven los apellidos Chimalpopoca, Popocatl, Poctli y Popoca, siendo éste último el que más se ha multiplicado. Pero su origen común es el mismo para todos: náhuatl, azteca o mexica, independientemente del mestizaje.

Geografía[editar]

Bajo las faldas del volcán Popocatépetl, sobre la ruta del llamado Paso de Cortés, existe un asentamiento prehispánico, escasamente difundido, conocido como Teoton[21] 'dios grande' que oculta bajo sí, una gran pirámide, similar a la gran pirámide de Cholula. Un céntrico axis mundi en el ejido de San Pedro Yancuitlalpan 'tierra nueva' en San Nicolás de los Ranchos, aledaño a los municipios de Nealtican y Calpan, que colindan al norte con Huejotzingo, al oriente con Cholula y al sur con Atlixco, en el Estado de Puebla. Recientes descubrimientos apuntan que esta zona, al nivel de un paraje conocido como Tetimpa,[22] era considerada como la parte céntrica del gobierno, religión y educación entre los antiguos nahuas. Su periferia concentra un gran número de pobladores con el apellido Popoca; los cuales se extienden hacia Tlaxcala, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Michoacán, Jalisco y Guerrero.

En la actualidad se podrían definir tres troncos principales del apellido Popoca, geográficamente hablando, los cuales circundan el Valle de Anáhuac; al oriente la región Puebla-Tlaxcala; al occidente la región Morelos-México y al sur la región Guerrero. Es muy probable que desde estos lugares se diseminaron a otras partes del mundo. La gran mayoría se concentra en el país, sin embargo otro gran porcentaje reside en Estados Unidos y Europa; y en orden descendente se hallan en Centro y Sudamérica, Asia, Australia, África y las islas del Pacífico.

POPOCA. "comunicar, en memoria, conquistar"

Heráldica[editar]

Chimalpopoca es el único apellido con la raíz náhuatl pōc- que se le permitió ostentar una heráldica y blasón, no otorgada por parte de los reyes españoles. Sus armas son: En campo de azur, un águila imperial de su color, coronada de oro, posada sobre un nopal en sinople, devorando una serpiente del mismo color. En la parte superior, dos estrellas de oro, una macana al lado diestro y un escudo de oro con volutas de humo al lado siniestro; y en la punta de dicho escudo, esta leyenda: "Ni el oro, ni el favor".

El escudo azteca para Popoca enmarca necesariamente el símbolo de la montaña que alude al guerrero inmortalizado, sobre la montaña las vírgulas de humo o vapor en color verde jade que ascienden a la gloria y conquistan a lo alto, y en el corazón de la montaña el escudo del guerrero águila, elementos glíficos de los antiguos códices.

Entre algunos mexicanos prominentes de apellidos nahuas con la raíz pōc- se encuentra Faustino Galicia Chimalpopoca, insigne nahuatlato del siglo XIX.

Referencias[editar]

  1. a b c HERRERA, Carmen. (2004) "Valores Metafóricos de PO:C-TLI 'HUMO"', p. 96, 108, 118. UNAM, México, D.F.
  2. a b LEÓN-PORTILLA, Miguel. (2003) "Visión de los vencidos" pp. 66-77, 148. UNAM, México, D.F.
  3. MONTES DE OCA, Mercedes. (2004) "La Metáfora en Mesoamérica", pp. 108, 111. UNAM, México, D.F.
  4. SAHAGÚN, Bernardino de. (1938) "Códice Florentino. Historia General de las Cosas de la Nueva España", Libro VI p. 25. Ortografía normalizada: tikkaki, tikmati in tlein ihtik tikihtoa, in tikilnamiki, in tīx, in toyollōtl, iuxkin, pōktli, āyawitl mīxpantsinko moketsa.
  5. KOHLER, J. (1949) "El Derecho de los Aztecas" Tomo XIV, nums. 9, 10 pp. 336-337. México.
  6. a b SAHAGÚN, Bernardino de. (1938) "Códice Florentino. Historia General de las Cosas de la Nueva España", Libro VI p. 244; Libro XI p.31
  7. a b MONTES DE OCA, Mercedes. (2009) "Los difrasismos de la guerra y el sacrificio" UNAM, México, D.F.p. 434-435
  8. LEÓN-PORTILLA, Miguel. "Cantos y Crónicas México Antiguo"
  9. LEÓN-PORTILLA, Ascensión. "Un primerísimo ensayo de análisis etimológico de toponimias y otros vocablos nahuas en 1520-1523" Códice Florentino. reproducción facsimilar dispuesta por el gobierno mexicano del manuscrito preservado en la Biblioteca Medicea Laurenciana, Colección Palatina 218220, 3 V., Florencia, 1980, t. II p. 538, libro m, fol. 20 r.-v.
  10. TREJO, Silvia (2011) "La imagen del guerrero victorioso en Mesoamérica", México, D.F. pp.231-267
  11. SEGUNDO, Miguel. (2011) "Repensar la Conquista: Conquista y reinterpretación de las tradiciones vencidas". Veracruz, México. pp. 390, 818-821
  12. DURÁN, Diego. (1867-1880) "Codice Durán. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme".
  13. AGUILAR, Manuel. "Arte Azteca" p. 37
  14. LEÓN-PORTILLA, Miguel. "Cantos y Crónicas México Antiguo"
  15. SAHAGÚN, Bernardino de. (1938) "Códice Florentino. Historia General de las Cosas de la Nueva España", Libro XI p. 277. Ortografía normalizada: Ōstōtl, kihtos neki miktlān in iw kihtoa tlahtolli. oyakeh in tonā(n)wān, in totawān, in ātlān ōstōc, omotecato in ahpōchkiyawyocān, in ahtlecallocān, in miktlān.
  16. HERRERA, Carmen; THOUVENOT, Marc. (2004) "Matrícula de Huexotzingo, Diccionario Pictográfico de Huejotzingo", CONACULTA-INAH, SUP-INFOR, México, D.F.
  17. HOLMES, Bonnie. (2005) "La visión de la Malinche: Lo histórico, lo mítico y una nueva interpretación" Madrid, España, p. 16
  18. MENEGUS, Margarita. (2005) "El cacicazgo en Nueva España"
  19. GUZMÁN, Eulalia. (1955) "Cuauhtémoc, datos biográficos y cronológicos según la historia y la tradición de Ichcateopan", México, s.p.i.
  20. a b FAMILY SEARCH de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, (2011) "Registros Históricos sobre Popoca". Family History Library, Salt Lake City, Utah.
  21. TUCKER, Tim. (2001) El asentamiento prehispánico de “Cerro Teoton”: un axis mundi en la región oriental del Valle Poblano, en La Montaña en el paisaje ritual, Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski; Arturo Montero (coord.), pp. 65-81, CONACULTA-INAH, UNAM, BUAP, México.
  22. LAGUNAS, David; MORAGAS, Natalia. "Etnoarqueología de la Prehistoria: Más allá de la analogía" Un antecedente: La Laja de Tetimpa, Barcelona, España. p.353

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Enlaces externos[editar]