Poesía desarraigada

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El crítico y poeta Dámaso Alonso denominó poesía desarraigada, en contraposición a la poesía arraigada, a una de las principales corrientes de la lírica inmediatamente después de la Guerra Civil española, aunque no consideró en esta división otras corrientes, como el Postismo o el Grupo Cántico.

Historia[editar]

Esta corriente conectó desde el principio y claramente con la poesía impura de preguerra (Pablo Neruda, Rafael Alberti, Miguel Hernández, los surrealistas) y surgió en la década de 1940 en torno a la revista Espadaña de León (1944-1951), capitaneada por los poetas Victoriano Crémer (1906), Eugenio G. de Nora (1923) y Antonio González de Lama, y se caracterizó por el desarraigo existencialista, la angustia vital, el nihilismo y el vacío, sentimientos que vienen dados por distintas causas, pero la mayor sin duda la traumática experiencia de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, de forma paralela en la narrativa al llamado Tremendismo y en la filosofía al auge del Existencialismo. Es una poesía rebelde, que supuso un gran revulsivo para toda la generación de poetas que comenzó a publicar a partir de los últimos cuarenta y se oponía a la supuesta armonía y quietud que mostraban revistas como Garcilaso. Los libros centrales de la estética que pretende ejemplarizar esta angustia e inconformismo, son Sombra del Paraíso, de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, ambos publicados en 1944. A este último pertenece el poema quizá más famoso de esta estética, "Insomnio":

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
(Dámaso Alonso, "Insomnio", en Hijos de la ira", 1944)

Anterior a este libro de Dámaso Alonso es otro publicado posteriormente, Oscura noticia, que pertenece también a esta estética, en la que la preocupación por el hombre, de corte existencial, desembocará en la década de los 50 en la poesía social con autores como Gabriel Celaya y Blas de Otero; la etapa desarraigada de este último está compuesta por los libros Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), que se refundieron y ampliaron en 1958 en un libro que une la primera sílaba del primero con la segunda del último: Ancia (1958), con 36 poemas inéditos, transida de rebeldía contra la poesía religiosa de su momento y la imagen tradicional de Dios. A esta corriente se sumó además la revista Proel de Santander como poetas como el inclasificable José Hierro o el santanderino José Luis Hidalgo (1919-1947), con los libros Raíz (1943) y Los muertos (1947), que es su mejor libro. El valenciano Vicente Gaos (1919-1980) también pertenece a esta corriente por su libro Arcángel de mi noche (1944), de presupuestos metafísicos, o el asturiano Carlos Bousoño (1923), autor de Subida al amor, Primavera de la muerte e Invasión de la realidad. Es lo cierto que este desarraigo fue ya anticipado por el poeta hispanonorteamericano George Santayana en sus Sonnets (1883-1893), como ha señalado el profesor Cayetano Estébañez. Por otra parte, los poetas representativos de la estética escriben también obras señeras: Victoriano Crémer, La espada y la pared y Con la paz al hombro, libros trágicos y violentos; Eugenio G. de Nora, Amor prometido, Contemplación del tiempo y Siempre.

El mundo se contempla como algo caótico tras la posguerra a causa de los rastros de destrucción culpa del conflicto. Esto hace evidente la fragilidad del hombre, quien ha de buscar un refugio que le libere de tanto sufrimiento. Otro punto destacable es la conciencia de la naturaleza mortal que toma el hombre, viendo al ser humano como algo frágil y efímero. No se trata el ateísmo propiamente dicho, pero se produce el denominado "silencio de Dios" ante el sufrimiento humano.

El término "desarraigada" se debe al desagrado que sienten ante la España oficial, en la que no se sienten integrados ni, por tanto, arraigados, los poetas en desacuerdo con la dictadura franquista.

Temática[editar]

Los temas de esta poesía giran en torno a esos sentimientos de angustia, de carácter existencial, cuyo protagonista es el hombre. El denominado "bando de los perdedores" no tenía mucho de que alegrarse tras haber perdido la guerra.

La religiosidad también está muy presente en los poetas “desarraigados”, pero prefiere el tono de la desesperanza, de la duda, o se manifiesta en imprecaciones sobre el porqué del dolor humano.

Estética[editar]

A esta poesía rehumanizada le corresponde un estilo duro, quebrado y violento, pero también directo y sencillo, menos evasivo en los temas y menos preocupado por los arreglos estéticos. Desdeña el estrofismo y el clasicismo propios de la poesía arraigada y del Garcilasismo y prefiere como vehículo el verso libre o el versículo. Cuando adopta el estrofismo, como por ejemplo en la etapa desarraigada de Blas de Otero, escritor de numerosos sonetos, está quebrado por el frecuente uso del encabalgamiento abrupto y la braquilogía. El lenguaje convencional y estereotipado, de resonancias clásicas, de los garcilasistas se ve sustituido por uno cotidiano, abierto a todos, en el que caben lo vil y lo bajo, como corresponde a esa poesía impura; la estrofa clásica se ve también reemplazada por el verso largo y polimétrico y el paralelismo semántico y los sintagmas progresivos de inspiración bíblica, que acercan a menudo la poesía a la prosa.

El movimiento contrario a esta corriente poética es la poesía arraigada.

Fuente[editar]

  • Dámaso Alonso, "Poesía arraigada y poesía desarraigada", en Poetas españoles contemporáneos.