Plaza de la Paja

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Coordenadas: 40°24′45.23″N 3°42′40.09″O / 40.4125639, -3.7111361

La plaza en un grabado de 1860. En primer término aparece la Capilla del Obispo, sobre la que asoman la torre y la cúpula de la Iglesia de San Andrés. A la izquierda, el Palacio de los Vargas.
La "plaza de la Paja" desde la Costanilla de San Andrés en 2008. Al fondo, la Iglesia de San Andrés y, a la izquierda, el terraplén sobre el que se levanta el Jardín del Príncipe de Anglona.

La Plaza de la Paja se encuentra en la zona conocida como Madrid de los Austrias, en el centro histórico de la capital española y dentro del castizo barrio de La Latina. La atraviesa de norte a sur la Costanilla de San Andrés, próxima a la calle de Segovia, y en ella confluyen diferentes vías de trazado medieval: por el este desemboca la calle del Príncipe de Anglona y por el oeste las calles del Alamillo, del Toro, de Alfonso VI y de la Redondilla.

Toponimia e historia[editar]

La plaza fue el centro neurálgico de Madrid durante la Edad Media. En los siglos XIII y XIV constituía el foco comercial de la ciudad, como lugar de mercado. Entró en decadencia a partir del siglo XV, cuando el rey Juan II de Castilla ordenó construir la Plaza del Arrabal (precedente de la actual Plaza Mayor), a la que se desplazó la actividad comercial de la villa.

Pese a ello, mantuvo su importancia como lugar de residencia de las principales familias nobiliarias de Madrid. En su entorno estaban situados diferentes palacios (como las casas palaciegas de los Lasso de Castilla y de los marqueses de la Romana, entre otras), de los cuales sólo se conserva el Palacio de los Vargas, apellido vinculado al patriciado urbano desde la conquista cristiana de la ciudad.

El lugar también tuvo una gran relevancia desde el punto de vista religioso. En la plaza se llevaba a cabo una costumbre católica, que se encuentra en el origen de su topónimo y que fue instaurada en el siglo XVI, una vez levantada la Capilla del Obispo en la cara meridional del recinto. Los vecinos de la villa estaban obligados a entregar paja a los capellanes y cabildo de la citada capilla, con la que estos alimentaban a sus mulas.

En el siglo XIX, los propietarios de los antiguos palacios cedieron sus solares para la construcción de viviendas destinadas a las clases populares, con las que obtenían rentas por alquiler.

Descripción[editar]

Se trata de un recinto irregular, que salva una considerable pendiente, provocada por el barranco del desaparecido arroyo de San Pedro, por cuyo cauce pasa la calle de Segovia. Su contorno está definido por tres conjuntos de interés histórico-artístico, tanto religiosos como civiles.

La Capilla del Obispo aparece adosada al complejo parroquial de la Iglesia de San Andrés, aunque sin acceso directo al mismo. Fue construida entre 1520 y 1535, a instancias de la Casa de los Vargas, para albergar los restos mortales de San Isidro, quien, en el siglo XII, estuvo bajo la servidumbre de esta familia. Presenta una notable fachada plateresca, que deja paso, en el interior, a un estilo transitorio entre el gótico y el renacimiento.

Fachada del Palacio de los Vargas, uno de los conjuntos monumentales situado en la plaza.

Las disputas surgidas con la parroquia de San Andrés impidieron que el cuerpo del santo se custodiase en el edificio de los Vargas, siendo trasladado a la Capilla de San Isidro, anexa a la citada iglesia, y finalmente a la Colegiata de San Isidro.

Junto a la capilla, en el lado oriental del recinto, se alza el Palacio de los Vargas, también del siglo XVI, pero cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista y como prolongación de la Capilla del Obispo, de forma que ambos conjuntos muestran idéntica fachada.

Al norte de la plaza pervive el Jardín del Príncipe de Anglona, una de las escasas muestras de jardines nobiliarios del siglo XVIII que se conservan en la capital. Junto a él, aunque ya fuera de la Plaza de la Paja, se levanta el Palacio del Príncipe de Anglona, obra del siglo XVI.

En el siglo XXI[editar]

Estatua junto a la fachada del Palacio de los Vargas.

Al inicio del siglo XXI hay instalado en ella un parque de tierra prensada con algunos árboles dispuestos en cuadrantes y delimitados por bordillos de granito, conjunto que permite salvar el desnivel del terreno. Pocos años antes se adornó la plazuela con una escultura de bronce, siguiendo la moda de figuras callejeras de tamaño natural, que representa a un hombre leyendo un periódico sentado en un banco de piedra adosado a la fachada del Palacio de los Vargas.

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