Pintura del Realismo

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El taller del pintor, de Courbet, cuadro de 1855 que dio origen a la definición del movimiento.
El vagón de tercera, de Daumier, 1862.
Las espigadoras, de Millet, 1857.

Realismo es la denominación de un estilo o movimiento pictórico que se dio en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo principal representante es Gustave Courbet. El propio pintor fue quien acuñó el término al dar nombre al pabellón que hizo construir para una provocativa exposición de 1855, alternativa al Salón de París, bajo el título "Realismo". Allí expuso su obra El taller del pintor, considerada el manifiesto del estilo, que provocó un sonoro escándalo en los medios artísticos por su anti-academicismo y su crudeza, que se calificaba de obscenidad. Posteriormente se identificó con el movimiento especialmente a Honoré Daumier, Jean-François Millet y Jules Breton, y a otros pintores (Jean-Louis-Ernest Meissonier, Henri Fantin-Latour, Thomas Couture, Jean-Léon Gerome, etc.) El crítico de arte Jules Champfleury definió teóricamente la estética del movimiento.[1] [2]

Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo (Honoré de Balzac). El compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda (en el contexto de la revolución de 1848) marcó la sensibilidad social e ideológica de este grupo de pintores realistas, que conectaría con la vertiente más comprometida socialmente del realismo literario: el naturalismo posterior (Émile Zola).

Realismo francés del siglo XIX frente al realismo en las artes[editar]

No debe confundirse el realismo como estilo o movimiento pictórico con el realismo en las artes, un principio general que puede encontrarse en muy distintos estilos artísticos a lo largo de la historia de la pintura.

Realismo y escuela de Barbizon[editar]

El realismo pictórico francés está íntimamente conectado con la denominada Escuela de Barbizon, de temática paisajista, a la que pertenecía Millet, y que contaba con pintores como Théodore Rousseau, Jean-Baptiste Camille Corot y Charles-François Daubigny.

El baño turco, de Ingres, 1862.

Realismo frente a romanticismo y academicismo[editar]

Ya desde épocas anteriores se apreciaba un cansancio de los valores románticos y el deseo, entre los artistas más inquietos, de incorporar las experiencias más directas y objetivas en sus obras. El proceso es gradual aunque rápido, y entre el romanticismo pictórico y el realismo se establece una continuidad, sin embargo sus planteamientos ideológicos y formales serán muy distintos. También se establece una relación compleja entre el realismo y el academicismo de la pintura neoclásica, debido a que todavía existe entre los dos una competencia evidente. También es cierto que se influyen mutuamente. Así, aunque los pintores realistas sean excluidos de las grandes muestras oficiales, la pintura académica evidenciara una atención mayor hacia la observación directa de la naturaleza y la realidad del momento.

También en la pintura francesa, como en las demás escuelas nacionales, muchos pintores son identificados con una cierta clase de "realismo" sin pertenecer al movimiento realista de Courbet, como por ejemplo, el realismo costumbrista de inspiración fotográfica de Émile Friant. También el academicista Jean-Léon Gérôme fue un firme defensor de la fotografía, a la que consideraba capaz de sacar a la luz la verdad.[3]

Le Déjeuner sur l'Herbe, de Manet, 1863.

Realismo frente a impresionismo: Manet[editar]

Lo fluido de la transición entre ambos movimientos quedó ejemplificada con la trayectoria artística de Édouard Manet, el precursor del impresionismo, que en realidad no respondía a las convenciones técnicas del tratamiento de la luz y el color de los impresionistas.


Realismo en otros países[editar]

Última mirada a Inglaterra, de Ford Madox Brown, 1852-1855.
The Bower Meadow, de Dante Gabriel Rossetti, 1877.
Dante Gabriel Rossetti leyendo "Sonnets and Ballads" a Theodore Watts Dunton, de Henry Treffry Dunn, 1882.

Es problemática la aplicación de la etiqueta realista a los pintores de otras escuelas nacionales. La mayor parte de las veces se hace con criterios cronológicos, para englobar a los pintores de mediados del siglo XIX, aun cuando se incurra en la impropiedad de incluir a autores cuya obra se sitúa en la ortodoxia academicista del neoclasicismo o en la tradición romántica. Los géneros de más éxito de la época (la pintura de historia, el retrato, el paisaje y la escena de género) pueden ser tratados desde una perspectiva convencional, costumbrista, o bien de forma rupturista, como hicieron Courbet y Corot.

A medida que se avanza hacia finales del siglo XIX, las fronteras entre el realismo y el impresionismo en cada uno de los pintores que se etiquetan como realistas son difusas, por cuanto ambos estilos coinciden en la preocupación por la luz y el uso de la pincelada suelta, que da a las obras un aspecto esbozado.

Inglaterra: pintura victoriana[editar]

El amplio periodo denominado época victoriana (1837-1901) presenció muy diferentes estilos en la pintura británica. La vertiente más conservadora o academicista estuvo representada por la Royal Academy, pero se dieron todo tipo de variantes, como las fantasiosas reconstrucciones de la antigüedad de Lawrence Alma-Tadema. Entre las opciones más rupturistas, estimuladas por las reflexiones teóricas de John Ruskin, estuvo el movimiento Arts and Crafts, dirigido por William Morris.

Suele considerarse que el movimiento pictórico británico paralelo al realismo francés fue el grupo de pintores de la Hermandad Prerrafaelita y los de su entorno, como Ford Madox Brown.[4] También se han denominado pintores realistas ingleses a los de la escuela de Newlyn, de cronología posterior.[5]

España[editar]

El estudio de Muñoz Degrain, de Francisco Domingo Marqués, 1867.
Vaya corte de pelo, de Vicente Palmaroli.

También se suelen denominar como realistas a los pintores de mediados del siglo XIX en España (Federico de Madrazo -que también puede ser clasificado como romántico- y las siguientes generaciones de esa familia, Mariano Fortuny -muy vinculado con ella-, Eduardo Rosales, Carlos de Haes, Antonio Gisbert, Casado del Alisal, José Moreno Carbonero, Martí Alsina, Vicente Palmaroli, Claudio Lorenzale), incluidos los géneros de mayor éxito del momento: la pintura preciosista, el retrato, el paisajismo y la pintura de historia (o realismo retrospectivo,[6] a pesar de sus convencionalismos académicos); incluso recibe esta denominación la producción de temática social (pintura social) de pintores de finales del siglo XIX y comienzos del XX, a pesar de su mayor lejanía estética con el realismo pictórico (Sorolla, Ramón Casas, José María López Mezquita)[7] Se ha señalado al escritor naturalista Narcís Oller y al crítico Josep Yxart como los primeros teorizadores del realismo pictórico en España, a partir de una exposición de Bartolomeu Galofre (1886).[8]

Italia[editar]

Diego Martelli en Castiglioncello, de Giovanni Fattori, 1866-1870.

Se ha identificado con el realismo francés el movimiento pictórico italiano contemporáneo denominado macchiaioli, que también es un precedente del impresionismo.

Puede decirse que el movimiento de los macchiaioli es un precedente del impresionismo, es más, no tiene mucho que ver con éste. La poética de los macchiaioli es una poética decididamente realista que, en todo caso, concuerda con el realismo de Courbet y con los paisajistas de Barbizon, aunque con una clara tendencia a la tradición local y una inclinación hacia lo anecdótico. En base a su orientación realista... se opone al romanticismo moderado y purista de los pintores académicos.

Giulio Carlo Argan.[9]

Alemania[editar]

Pastorcillo, de Franz von Lenbach, 1860.

El gran peso del romanticismo alemán hace que la pintura realista en Alemania no se defina con claridad, identificándose con la etiqueta importada de Francia a los pintores de la segunda mitad del siglo XIX que se dedican al paisaje y al costumbrismo. Se caracterizaron por el interés por la luz y la factura preimpresionista, y algunos evolucionaron posteriormente hacia el impresionismo y las vanguardias. Entre ellos destacan Adolph von Menzel, Wilhelm Leibl, Max Liebermann, Franz von Lenbach y Hans Thoma.[10]

Países escandinavos[editar]

La costura de la mujer del pescador, de Anna Ancher, 1890.

Rusia[editar]

Sigadores del Volga, de Iliá Repin, 1870-1873.

La pintura rusa del siglo XIX se identifica con los movimientos europeos contemporáneos; aunque el término realismo ruso se identifica habitualmente con el realismo socialista del siglo XX.

El grupo más identificable con el realismo pictórico es el denominado peredvizhniki ("vagabundos" o "itinerantes"), caracterizado por su oposición a las restricciones académicas.[11]

Estados Unidos[editar]

Las hijas de Edward Darley Boit, de John Singer Sargent, 1882.

A mediados del siglo XIX hay un florecimiento de la escuela estadounidense de pintura (escuela del río Hudson, los denominados luministas estadounidenses, el revival colonial), que evolucionó más adelante hacia el impresionismo (tonalismo, impresionismo estadounidense). La equivocidad del término "realista" hace que se aplique, además de a estos pintores de la segunda mitad del XIX, a otros que tienen muy poco que ver con ellos, como los del denominado realismo estadounidense de comienzos del siglo XX (escuela Ashcan); así como al realismo genérico de los pintores de tradición academicista, entre los que destacaron dos pintores nacidos en Estados Unidos, pero que desarrollaron la mayor parte de su obra en Europa, y que, aunque se relacionaron con el realismo, el impresionismo y otros movimientos posteriores, no se identificaron propiamente con ninguno de ellos: James McNeill Whistler y John Singer Sargent.[12]

Australia[editar]

El pionero, de Frederick McCubbin, 1904.

Los pintores englobados a partir de 1891 en la denominada escuela de Heidelberg, a pesar de ser identificados con el impresionismo australiano, realizan una obra más identificable con la tradición paisajista anterior.[13]

Contexto histórico[editar]

La definitiva implantación de la burguesía como clase dominante la hace pasar de revolucionaria a conservadora. Las causas de 1789 quedaron superadas por el disfrute del éxito económico y de los placeres de la vida.

El papel del artista pasa a ser despertar la adormecida conciencia social sobre los terribles problemas sociales de la industrialización: trabajo infantil y femenino, jornadas laborales interminables, depauperación, condiciones insalubres de las ciudades industriales, desarraigo de la emigración rural, etc.

El desencanto con la reconducción conservadora de la revolución de 1848, que terminó implantando el Segundo Imperio Francés de Napoleón III, llevaron a los artistas a centrarse en lo social. La Comuna de París (1871) fue una nueva oportunidad de hacerles pasar al primer plano de la actividad política.

Contexto filosófico[editar]

Augusto Comte elaboraba la filosofía del positivismo, que proponía como única fuente de conocimiento la observación y la experiencia. Los avances de la ciencia y la técnica fomentaron la formulación de una doctrina optimista, la del progreso social. En vez de soñar con la mejoría de la vida, hay que partir de la realidad. El hombre es representado en sus tareas normales y el tema de la fatiga se convierte en motivo de inspiración.

Contexto ideológico[editar]

Destrucción de la Columna Vendôme, durante la Comuna de París (1871). El responsable cultural de la comuna era precisamente Courbet, que fue procesado por el hecho.

El realismo se vinculó a las ideas socialistas más o menos definidas. Aunque con claras diferencias entre los distintos autores, en general se aprecia un interés por la situación de las clases más desfavorecidas de la sociedad surgida de la Revolución industrial. Algunos, adoptan una actitud absolutamente comprometida con los intereses del proletariado, participa en acontecimientos políticos del momento y hace un arte combativo. Otros, mantienen una postura más moderada, y endulzan de alguna forma su visión de la realidad.

La estética realista[editar]

Los pintores realistas franceses de mediados del siglo XIX compartieron una estética basada en la representación directa de la realidad. La manera cómo se materializaba este principio básico varió desde la crudeza objetiva de Courbet hasta la simplificación gráfica de Daumier, pasando por el filtro idealista de Millet. En cualquier caso, todos compartían la radicalidad de los temas: ante la trascendencia que concedían al tema romanticismo y academicismo, los realistas entendían que no hay temas banales y que, en consecuencia, cualquier cuestión puede ser objeto de interés pictórico.

Este planteamiento tiene una enorme importancia en un momento en el que la pintura está sometida a las reglas de la crítica oficial: los temas, las actitudes, las composiciones y hasta las medidas de los cuadros tienen que ajustarse a estos rígidos criterios. Ante esta situación, los pintores realistas defienden una pintura sin argumento, una captación simple de la realidad, en la cual lo fundamental es la forma en que se representa la imagen, y no su desarrollo narrativo.

El realismo es un término confuso y de muy difícil definición en lo que respecta a las artes plásticas; en general, sólo alude a una cierta actitud del artista frente a la realidad, en la que la plasmación de ésta no tiene que ser necesariamente copia o imitación, aunque sí ajustarse a una cierta verosimilitud. Los realistas intentaban plasmar objetivamente la realidad; representar el mundo del momento de una manera verídica, objetiva e imparcial. No podían idealizar. La única fuente de inspiración en su arte debía ser la realidad; y no podían admitir ningún tipo de belleza preconcebida. La única belleza válida debía ser la que suministraba la realidad, y ellos, como artistas, debían reproducir esa realidad sin embellecerla. Cada ser u objeto tiene su belleza peculiar, que es la que debían descubrir.

La característica principal de su estética es la reflexión sobre la realidad, sin idealizar ni la sociedad, ni la naturaleza, ni el pasado, como lo había hecho el romanticismo. Dejaron a un lado los temas sublimes y se centraron en la vida cotidiana. El romanticismo y su idealización de la historia, de la sociedad y sobre todo de la naturaleza, cuyo tratamiento era un motivo de evasión, dio paso al interés por la realidad en sí misma.


Notas[editar]

  1. Museo D'Orsay. Cita como fuente a Champfleury: Del Realismo, Carta a la Sra. Sand, septiembre de 1855; y otros textos posteriores (1878).
  2. Champfleury pertenecía a un círculo de amigos de Courbet que desde antes de la revolución de 1848 se reunía en la Brasserie Andler (el "Templo del Realismo", se la llamó posteriormente, pues fue allí donde surgió la idea de utilizar ese término), muy cerca del estudio de Courbet. Entre ellos estaban Charles Baudelaire, Pierre Proudhon y Max Buchon, primo y amigo de la infancia de Courbet. En el salón de 1848, año revolucionario, Courbet expuso diez obras. Siguiendo el consejo de Champfleury, Courbet abandonó su temática romántica para representar tipos de la vida cotidiana de Ornans (como el monumental Entierro en Ornans, que pintó desde 1849 y se mostró en el Salón de 1850-1851, donde recibió muy malas críticas). Proudhon interpretaba esta nueva temática desde un punto de vista político y social, yendo probablemente más allá de las intenciones de Courbet, aunque éste no le desmintió. El deseo de mantener una total independencia artística le llevó a rechazar el ofrecimiento del conde de Nieuwerkerke, director de Bellas Artes, que le proponía el encargo de una pintura de grandes dimensiones para la próxima Exposición Universal, sólo con el requisito de someter a revisión el bosquejo inicial. Las tres obras que presentó fueron rechazadas. Fue entonces cuando decidió presentar una exposición alternativa al Salón oficial de 1855. Gustave Courbet en wetcanvas.com
  3. La Vérité sortant du puits, armée de son martinet, pour châtier l'humanité
  4. Realismo y prerrafaelismo inglés, en Artehistoria.
  5. *Newlyn School (Encyclopedia of Irish and World Art) Fuentes citadas en en:Newlyn School
  6. Museo de Zaragoza: secciones de arqueología y bellas artes, 1988, ISBN 8477530491, pg. 189.
  7. Realismo y pintura social, Realismo para burgueses, La interpretación realista, Realismo y pintura de historia, Las novedades en España, El realismo preciosista: Fortuny y el fortunysmo, El paisaje realista; en Artehistoria.
  8. Alicia G. Andreu, Realismo y naturalismo en España en la segunda mitad del siglo XIX, Anthropos Editorial, 1988, ISBN 8476580967, pg. 301.
  9. El arte moderno: del iluminismo a los movimientos contemporáneos, AKAL, 1998, ISBN 8446000342, pg. 159.
  10. Ana María Preckler, Historia del arte universal de los siglos XIX y XX, Complutense, 2003, ISBN 8474917069, pg. 248 y ss.
  11. Roy Bolton, Russia and Europe in the XIX c., pg. 108
    • John Wilmerding "American Light. The Luminist Movement 1850-1875. Paintings Drawings Photographs." National Gallery of Art Washington 1980. Fuente citada en en:Luminism (American art style).
    • William B. Rhoads. The Colonial Revival. New York: Garland Pub., 1977. Fuente citada en en:Colonial Revival Movement
    Véase también en:Tonalism, en:American Impressionism y en:American realism.
  12. It is generally accepted that the artists of the Heidelberg School — Roberts, McCubbin, Streeton and their friends — introduced realism and impressionism* into Australian painting (Ursula Holff, Reflection on the Heidelberg School, 1885-1900, en Meanjin, Volúmenes 10-11, pg. 125).

Enlaces externos[editar]