Pero

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Pero, según la mitología griega (en griego: Πηρώ), fue una hija de Neleo y Cloris y la esposa de su primo Biante. Sus hijos fueron Areo, Leódoco y Tálao.

En el libro XI de la Odisea de Homero se cuenta que su belleza atrajo a muchos pretendientes, pero Neleo, su padre, se negó a entregar a su hija a un hombre a menos que pudiera traer el ganado de Ificles desde Fílace. En esta versión de la historia un adivino cuyo nombre no se cita emprendió la tarea pero fue capturado por los vaqueros y no fue liberado por Ificles hasta que enunció todas sus profecías.[1]

En otra parte de la Odisea, Teoclímeno narra una historia sobre su ancestro Melampo. Melampo era un hombre rico de Pilos, pero dejó la ciudad huyendo de Neleo, quien tomó sus posesiones por la fuerza durante un año. Durante ese año, Melampo estuvo preso en la casa de Fílaco por la hija de Neleo, Pero, y por la locura enviada por una Erinia. Melampo escapó de la muerte y condujo el ganado a Pilos. Luego castigó a Neleo y consiguió que Pero se convirtiera en esposa de su hermano, cuyo nombre no se cita.[2]

El nombre del hermano de Melampo que pretendía a Pero era Biante y se cita por primera vez en un fragmento del Catálogo de mujeres que se atribuye a Hesíodo.[3]

En la Biblioteca mitológica, Apolodoro también nombra a Biante como el hermano de Melampo que pretendía a Pero e indica que el ganado pertenecía a Fílaco, padre de Ificlo. Como estaba continuamente vigilado por un perro al que nadie podía acercarse, Melampo se dispuso a ayudar a su hermano pero fue capturado y puesto en prisión. Dentro de la prisión, Melampo, que entendía el lenguaje de los animales, escuchó unos gusanos que estaban royendo una viga en el techo de su prisión y que le dijeron que faltaba ya muy poco para que se derrumbase. Entonces pidió a los guardias que le cambiaran de prisión, y nada más salir, el techo se derrumbó. Fílaco, admirado, consintió entonces en dar a Melampo el prestigioso ganado si pudiera curar la incapacidad de su hijo Íficlo para engendrar hijos. Melampo realizó sacrificios apropiados a los dioses e invocó a las aves. Acudió un buitre que le informó de que Fílaco, mientras castraba corderos, había dejado un cuchillo ensangrentado que asustó a Ificlo cuando era niño. Este cuchillo lo había clavado en una encina sagrada que la corteza, al ir creciendo, había ocultado. Melampo, aconsejado por el buitre, recuperó el cuchillo, raspó el orín y se lo dio a beber a Ificlo durante diez días. Finalmente, a Ificlo le nació un niño, Podarces, y así Melampo consiguió el ganado, lo llevó a Neleo y así consiguió a Pero para su hermano.[4]

Referencias[editar]

  1. Homero, Odisea XI, 282.
  2. Homero, Odisea XV, 225.
  3. Hesíodo, fragmento 37.
  4. Apolodoro I,9,11-12