Periodismo de guerra

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El origen del periodismo de guerra se puede remontar a los años de la invención del cinematógrafo, el cual fue testigo por primera vez de la Guerra de Cuba y de Filipinas (1895-1898). Fue a raíz de esta guerra cuando quedó constancia de la gran influencia que podían tener los medios de comunicación (entonces hablamos del cinematógrafo y de la prensa) sobre la opinión pública. Un ejemplo muy conocido que refleja este hecho tiene como protagonista a William Randolph Hearst. Este magnate de la prensa estadounidense dio la orden a uno de sus corresponsales que se encontraban en La Habana de que, hubiese o no hubiese conflicto, le mandara fotografías que él mismo le mandaría la guerra.

Ejemplos de este estilo ha habido muchos de entonces hasta ahora, y es que los medios de comunicación cuentan con el poder suficiente para poder dar la cara que más les conviene (tanto a nivel político como económico) de una guerra. Es el caso de la famosa fotografía de la niña corriendo [1] durante la Guerra de Vietnam, dando así la mala imagen que se quería dar de las tropas estadounidenses.

[editar] Periodismo de guerra y censura

Ya desde el siglo XIX los esporádicos reportes de guerras traían consigo especulaciones sobre el poder de la información y en 1893 se convocó al primer Congreso Internacional de Prensa en Chicago. Se buscaban soluciones a los problemas que conllevaba una total libertad de prensa como la difusión de información falsa o información demasiado precisa.

Sin haber llegado a ningún acuerdo vinculante, la Guerra Hispanoamericana de 1898 se destacó por los informes amarillistas, las caricaturas propagandísticas y la manipulación de la información.Esta política relajada vendría a su fin con la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes, por ejemplo, decretaron que no se permitiría el acceso al frente de guerra y toda información se haría llegar al público mediante conferencias de prensa.

Los franceses y los ingleses permitieron un acceso limitado al frente. Sólo podrían ir periodistas acreditados y acompañados de escolta. Los estadounidenses exigieron una fianza de 10,000 dólares a todo periodista para garantizar su buena conducta.

Tras la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones convocó a una Conferencia de Expertos sobre Prensa en Ginebra donde, después de mucha deliberación, se le hizo un llamado a la prensa a no publicar información evidentemente distorsionada.

En la Segunda Guerra Mundial predominó la difusión radial. Los estadounidenses censuraron escrupulosamente a sus propios periodistas pero a la misma vez le permitían acceso casi ilimitado al frente de batalla. Todo lo contrario sucedía con los corresponsales europeos en los frentes de batalla norteamericanos.

La Guerra Civil española y la censura periodística fueron de la mano desde sus comienzos. "El 19 de julio de 1936, un día después de comenzada la guerra, se declara la censura previa en la zona controlada por la República, y nueve días más tarde el bando sublevado hace lo mismo. De inmediato, dejan de publicarse los diarios considerados hostiles en ambas zonas, y se incautan los primeros periódicos. En la parte republicana, los partidos políticos y sindicatos se apoderan de distintos diarios en una guerra de medios informativos útiles para la propaganda", según Rafael Yanes Mesa.

Sin embargo, fue esta la época gloriosa del periodismo de guerra, cuando llegaron a la Península famosos escritores como Ernest Hemingway, André Malraux, George Orwell. Entre ellos también algunos espías como "un recién contratado periodista conservador del Times, Harold Kim Philby. Uno de los espías más famosos del siglo XX al servicio del régimen soviético", según Daniel Verdú de El País.

Ya en la Guerra de Korea, los mismos periodistas solicitaban la censura mandataria del Gobierno de los Estados Unidos. Era eso o exponerse a lo que se había dado a conocer como la política de you write that you like and we´ll shoot you if we don´t like it (escribe lo que quieras que te dispararemos si no nos gusta).

La primera guerra televisada fue la de Vietnam. Hasta 1968 las imágenes que recibían los norteamericanos en sus hogares eran proporcionadas por El Pentágono y editadas por las cadenas noticiosas como la NBC y la CBS. Fue después del contra ataque Tet que los militares pierden control de los periodistas en el frente y se inundan los televisores de las terribles imágenes de guerra. La popularidad de la guerra en Estados Unidos bajó considerablemente.

El problema de la seguridad de los periodistas en los escenarios de guerra, que ya era evidente en la guerra de Korea, resurgió en los años 70, a raíz de las desapariciones de una veintena de periodistas ocurridas en Indochina y Cambodia.

En la Guerra de las Malvinas los periodistas de guerra se enfrentaron a situaciones particulares con el gobierno militar de facto. Eduardo Van der Kooy, periodista de El Clarín para la época, relata: "Existía una suerte de comando estratégico o comando de acción psicológica dentro del Estado Mayor Conjunto, que mantenía reuniones semanales con los responsables de los medios de comunicación. En esos encuentros se daban grandes trazos de cuáles eran las posibilidades o los límites de la publicación. Además, se hacía una proyección de lo que iba a ocurrir. Proyección que, de más está decirlo, fracasó absolutamente".

Los Estados Unidos no permitieron la participación de la prensa en la invasión de Granada en 1983. Durante cinco días la única información que se recibió de la Isla fue a través de las transmisiones que dos estudiantes residentes allí lograban hacer con una radio H.A.M.. Los permisos a los periodistas se fueron otorgando a medida que iban retando a la autoridad, ya fuera tratando de llegar a la isla en bote o escapándose de los pool (o grupos) de periodistas.

Ya en los 90, durante la Primera Guerra del Golfo los periodistas eran aceptados al campo de batalla si pertenecían a un pool. La información recopilada por el periodista debía pasar el cedazo de un relacionista público de El Pentágono. Sin embargo, esta época queda marcada por un boom en el mercado mediático de las imágenes de guerra con grandes cadenas de noticias como la CNN y la CBS. Se cuestionan las relaciones de los medios de comunicación y la guerra.

Con septiembre 11, el fenómeno mediático sube en escalada. la CNN mantuvo “una programación especial sin precedentes de 141 horas de emisión ininterrumpida, casi seis días, sin publicidad ni programas habituales en la programación del canal”. Se comenzaron a difundir videos de Osama Bin Laden en los medios de comunicación. A pesar de que Condoleeza Rice dictara una orden de supresión sobre los medios estadounidenses, para que no se presentaran imágenes del terrorista sin permiso previo de la Administración, las imágenes llegaban a los televisores.

En marzo de 2003 daría comienzo la Segunda Guerra del Golfo que se caracterizó por estrenar nueva reglamentación del Departamento de Defensa en relación con el acceso de la prensa al campo de batalla, algo que no se esperaban los expertos en el tema. El Pentágono decidió esta vez maximizar la experiencia de los periodistas incorporándolos (embedded) en las tropas. Irónicamente, la guerra en Irak trajo, además, muchas bajas entre los periodistas que cubrían el conflicto. Pero no sólo eso, sino que se reportaron una serie de ataques de las tropas estadounidenses a los hoteles en los que se hospedaba la prensa internacional.

REFERENCIAS:

Dr. Amit Mukherjee The Internationalization of Journalists “Rights”: An Historical Analysis, 4 J. Int'l L. & Prac. 87, 88 -89 (1995)

Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX, 4ta edición, 2003, Critica, Barcelona

Marianne D. Short y Jodene Pope, History and Scope of the Press Right of Access to Foreign Battlefields, 41 Naval L. Rev. 1, 2 (1993).

Jennifer Lee, Peace and the Press: Media Rules During U.N. Peacekeeping Operations, 30 Vand. J. Transnat'l L. 135, 145 -150 (1997)

Under Fire, Ham Radio Operators Describe Invasion, N.Y. Times, 26 de octubre de 1983, §1, A 20.

Eytan Gilboa, The Global News Network and U.S. Policymaking in Defense and Foreign Affairs, The Joan Shorenstein Center on the Press, Politics and Public Policy, 2002

Sarah Miskin, Lura Rayner y Maria Lalic, Conflict in Iraq 2003: Likely Media Coverage, disponible en http://www.aph.gov.au/library/pubs/CIB/2002-03/03cib21.pdf

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