Pepe Risi

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Pepe Risi
Datos generales
Nombre real José Casas Toledo
Nacimiento Rute, Córdoba, 1955
Muerte Madrid, 9 de mayo de 1997
Información artística
Instrumento(s) Voz, guitarra
Artistas relacionados Burning
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Pepe Risi.- De La Elipa al cielo.

José Casas Toledo, Pepe “Risi” para todos, seguramente ha sido el “rocker” más relevante y legendario del rock español, al menos a partir de los años setenta, cuando el rock español dejó de ser elitista y se convirtió en flor de asfalto y asaltó las tascas y los futbolines. El casi involuntario malditismo de Pepe “Risi”, sus devaneos con las trampas de la noche, sin duda hicieron su trayectoria más breve y más sinuosa de lo que todos hubiéramos deseado. Y a pesar de ello, su autenticidad radical y su enorme talento ha quedado plasmado en un legado de más de un centenar de canciones inolvidables a lo largo de sus más de venticinco años encima de un escenario, donde se mantuvo en pie con su épica guitarra Negrita en ristre, desde que apenas contaba quince años hasta un mes antes de morir a los cuarenta y dos, el 9 de mayo de 1997. Todos, desde roqueros de la generación anterior como Miguel Ríos, de la propia como Rosendo, Ramoncín o Loquillo, hasta los más jóvenes como Ronaldos, Los Enemigos o Pereza, han reconocido su influencia. Se distinguía por el negro de su atuendo: su chupa con los pins de los Rolling Stones y el Atlético de Madrid, sus gafas negras de aviador, sus botas de media caña, la misma guitarra, la Negrita( Gibson Les Paul Black Beauty), típica del rock germinal y sudoroso de Chicago y Nueva Orleans. Pero más importante que el hábito era lo que había en el interior del joven Risi: ahí era todo corazón; fuerza, y a la vez sentimiento. Un ardor que le nacía de muy dentro y que sólo podía expresarse a través del rock and roll de inspiración blues y “rithm &blues” de los años 50, la década en que él mismo había nacido, y que habían expresado como nadie los Rolling Stones, a partir de las enseñanzas de Chuck Berry. Pepe Risi, andaluz criado en el duro Madrid del barrio de La Elipa en los tiempos crudos de la dictadura, aprendió el lenguaje de la guitarra en un tablao flamenco de la calle Barbieri, con la guitarra de su propio padre, pero enseguida se decantó por expresar la rebeldía y la sensibilidad de su ser en el lenguaje eléctrico del “rock” anglosajón, primero en splanglish y luego en español castizo, porque ¿en qué otra lengua podían cantarse las hazañas de Jim Dinamita, del quinqui Jaro o del camello Miguel?. ¿De qué otra forma podría expresarse el amor a Paula o la pequeña Penélope?

A mediados de los setenta, el entusiasmo de Pepe hizo que cuatro chavales del barrio pusieran a punto los Burning, y se encerraban a liarla en los locales del Papi, con el rock stoniano como religión. Se lo pasaban pipa. Risi lideraba junto al cantante Toño Martín, que introducía modulaciones de Lou Reed desconocidas por estos lares. No tenían la técnica de otros músicos de la época, pero sí el talento natural, el desparpajo, y la fe ilimitada en lo que hacían. Eran capaces de pintarse y travestirse para tocar, cuando en España nadie se había atrevido a hacerlo, so pena de cuartelillo y trena. Eran capaces de comulgar con letras que hablaban de disparos en vena y de sexo caliente, en un país musicalmente asolado por canciones de pachanga y lolaflorismos. Querían ligar, hacerse famosos, quien sabe si ricos, a través de una música que hablaba de sus propias vidas, amores y frustraciones. Pronto se incorporó al proyecto Johnny, del barrio de Carabanchel, con su piano, y la fórmula estaba completa y el producto listo para explotar. Risi y Toño lideraban, almagamando la sensual y vacilona voz de Antonio con la guitarra ardiente o llorosa de Pepe. Singles como “I’m burning”, lps como “Madrid”, “El fin de la década” o “Bulevar” pusieron el nombre de Burning en lo más alto… Pero el rock no vende en España, la droga pasó una cruel factura, y Burning se partió en dos, con Antonio retirado en Briviesca tras una confusa historia de desavenencias y marginación. Pepe Risi continuó en solitario junto a Johnny, con el eficaz Mikel al saxo, asumiendo las composiciones y la voz. A los viejos hits como “Qué hace una chica como tú en un sitio como éste” o “Mueve tus caderas” se sumaron otros como “Una noche sin ti” o “Esto es un atraco”. Si Pepe había sido el motor de Burning en sus comienzos, lo seguía siendo ahora, aunque echara de menos infinitamente a Toño, con el que pronto se reconcilió. Su voz, menos potente, enamoraba con su emotividad, especialmente en las baladas de las que, como antes Antonio, era maestro. Baladas rotas por donde a menudo se filtraba la sangre del desamor y del recuerdo, porque como todos los que han vivido deprisa, enseguida abren caminos a la nostalgia.

Pepe “Risi” fue el “alma mater” de Burning, sin desmerecer a sus otros miembros, porque fue quien más apostó a la identificación absoluta entre su persona y la música. Antonio vaciló cuando las cartas vinieron mal dadas y dejó de rodar, aunque también es cierto que para entonces tenía una hija pequeña que atender. Johnny se ha mantenido hasta hoy mismo en el rock and roll, pero tuvo el pragmatismo de combinar la carretera con su negocio en el bar. “Risi” sólo sabía hacer rock and roll, y como él mismo declaró, al rock and roll le dedicaría la vida, hasta perderla. A Pepe todos le describen como un tipo que sabía mezclar la chulería madrileña con la elegancia, la sensibilidad con el gracejo, la energía con la bondad. Para todas las situaciones tenía siempre una salida ocurrente. En una comisaría plantó una moneda en el mostrador pidiendo un whisky. Al técnico de sonido que interrumpía la actuación clavando clavos, le espetó: “¡A ver ese carpintero!”. Al saxofonista Mikel le animó a entretener al público roquero nada menos que con el tema “Pajaritos”. Como había dejado escrito su gran hermano Toño en una de sus últimas baladas: “La vida es tan solo un instante tan largo como… para gastar una broma”.Pero Pepe Risi fue también un gran romántico. Las baladas formaban parte del rock and roll, nunca se cansaba de repetirlo. Y dedicó sentidos temas a antiguas novias, al propio Antonio en su adiós, y su mujer Marifé, con la que se mantuvo hasta el final: esa bella balada que es “El sueño de tu sonrisa”.

“Risi” no era nada estrella. Si Sabino Méndez y el Loco cantaban “Siempre quise ir a L.A.” a Risi también América le quedó lejos, perdida en el sueño, como las brumas de ese barco entrando en el puerto de Nueva York que él se imaginaba en el saxo de la canción “Lujuria”. Así que era uno más, y como tal vivía, aunque todos en el barrio le reconocieran y distinguieran. Se le podía ver allí, en cualquier callejón, en cualquier bar, rodeado de músicos o simplemente de amigos, tocando algo suyo o de otros, hasta que les echaran. Aunque sabía tocar la batería y otros instrumentos, sin duda quedará para la historia del rock como compositor y guitarrista, con esa forma suya de tocar tan autodidacta como inimitable. Le gustaban los duelos con los grandes de las seis cuerdas, Edu Pinilla, Pichacho, Rosendo… aunque sin duda se le quedó pendiente un encuentro con su admirado Keith Richards que nunca pudo ser.

Tocó con sus Burning en bares delante de cincuenta personas y en plazas de toros con miles de almas. Compartió escenario con todos, Joaquín Sabina, Antonio Vega, Loquillo y los Trogloditas… Y un día, poco después de haberse despedido de su Madrid en el “Moby Dick” y de la España de los pueblos en Carbonero el Mayor (Segovia), falleció de neumonía, exactamente el mismo día, con seis años de diferencia, que Antonio Martín. Su última música había regresado a las fuentes más duras del rock, bajo la influencia de los Guns and Roses y su admiración por Slash. Y es que Pepe nunca había dejado de aprender, de evolucionar: hacia el reggae, el country, o incluso el rock latino de Willy DeVille.

Se pide una calle o una plaza para Pepe Risi, allá en su Elipa. Pero sin duda su memoria no necesita de rótulos de piedra, porque su música y el testimonio de su forma de ser ha quedado grabada no sólo en todas las historias del rock español, sino, lo que es más importante, en cualquier garito en que alguien se suba a tocar una guitarra. Donde suene un rock, allí habrá “recuerdos del pelo largo, viejos blues, queridísimo Eric Burdon…”.


Referencias[editar]