Pepe Alameda

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Pepe Alameda, Carlos Fernández y López-Valdemoro, fue un cronista, escritor, locutor, productor de televisión, poeta y autor de libros (1912-1990) hispano- mexicano. Nació en Madrid en 1912, llegó a México después de la Guerra Civil Española en 1939. Inició su carrera como comentarista taurino en 1941 en XEBZ-AM, continuó en XEW-AM y XEQ-AM y pasó finalmente a la televisión, por parte de Telesistema Mexicano (hoy Televisa) en donde llegó a narrar los domingos por la tarde las corridas de toros, prácticamente años finales de los 50's y década de los 60's siendo suspendidas estas narraciones de la televisión, por nuevas políticas de la empresa. Era conocido como "El Maestro".


Escritor y poeta.[editar]

Pepe Alameda

“-Fue mucho más que un gran cronista de toros." Dice Téllez, "-Hizo de la crónica televisada todo un género literario efímero que nace y muere con la propia corrida, en una sola tarde, y que nace y muere con él. El placer de escucharlo iba a la par del placer de ver torear. Ese género acabó con su muerte. Pepe ha sido, además, uno de los más lúcidos y más inteligentes historiadores taurinos de la fiesta de los toros. Hoy por hoy, sus textos son ampliamente consultados y de referencia obligatoria para todos los que pretendan historiar la fiesta...Fue además, un gran poeta, así lo demuestra su libro ‘El Seguro Azar del Toreo’, y sobre todo sus Poemas al Valle de México y Ensayos sobre estética, libro, este último, que fue como una bomba en los círculos intelectuales de la Ciudad de México, ¿cómo, se preguntaban muchos, un frívolo cronista de toros se atrevió a juzgar a Goya, Picasso, Dalí, José Luis Cuevas, a Diego Rivera y Orozco?, impresionadas las mafias de intelectuales por la seriedad del poeta, del ensayista y el profundo conocimiento y dominio del lenguaje, del que hacía gala en todos sus escritos y narraciones, lo condenaron a muerte de puro miedo. No le dieron cabida en ninguna página, revista o suplemento cultural. Muy lejos estaban los días, en que Xavier Villaurrutia, director de la prestigiada revista literaria ‘El Hijo Pródigo’, le publicó su ensayo ‘Disposición a la muerte’. Esto sucedía allá por noviembre de 1944. Apareció su ensayo junto al poema “La vereda del cuco” de Luis Cernuda, y eran sus compañeros en la revista: Alfonso Reyes, Rodolfo Usigli, Octavio Paz, Enrique González Martínez, José Gaos, José Vasconcelos, Pepe Bergamín. Y precisamente a Bergamín dedicó su ensayo con motivo de la reedición de El arte del Birlibirloque. No perseguía tanto comentar este libro, decía Alameda, cuanto en cierto sentido complementarlo...Ponerle reverso a su anverso. Fue en Disposición a la muerte donde Pepe escribió aquello de

El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega.

Su ‘slogan’ en todos los programas de radio y hoy por hoy un aforismo de aceptación universal... Feliz estaba don Pepe codeándose con tanta grandeza literaria, pero… un buen día se le atravesaría por ahí una estación de radio, le descubren sus cualidades excepcionales para hablar de toros, después llega la televisión y la consagración absoluta como el mejor cronista taurino y… adiós carrera literaria.

Por los años ochenta, quiso volver a sus inicios literarios, no le abrieron las puertas de los cenáculos culturales. Los intelectuales le seguían teniendo miedo. Quiso incorporarse como maestro de literatura en las universidades, tenía invitación para ello; no lo dejaron. Televisa alegó derechos de exclusividad y lo retuvo, incluso sin desarrollar actividad alguna.

Se desquitaba don Pepe dando conferencias a lo largo de la República, hablando de toros y de poesía, de pintura; de actor en algún monólogo que él mismo compuso para lucir sus dotes histriónicas.

Ricardo Garibay, intrigado por el silencio de las mafias literarias, decide visitarle en su casa. A la media hora de platicar y comentar su obra, le dice: ‘¡Oiga Pepe, usted, es un gran escritor!’; yo lo sé, respondió Pepe. Pero además, ¡usted también es un gran poeta!, replicó Garibay, también lo sé, respondió Pepe; y nosotros ¿por qué no lo sabemos?, inquirió Garibay. No me lo explico, respondió Pepe, agregando, yo lo sé desde hace mucho, y perdone la inmodestia, pero sí soy un gran poeta.

Su Muerte[editar]

Era tarde, cuando se despidió Garibay, don Pepe se bebió el sólo todo el cognac que tenía en su casa. Bebía y bebía sin parar. En algún momento descubrió que el tequila era mejor que el cognac para tomar sus antibióticos. Cuando su médico de cabecera se enteró, se lo prohibió enérgicamente, y Pepe montado en cólera lo corrió: ¡Largo de aquí mierda miserable!, le gritaba, ¡yo soy una República y en mi república mando yo!

Y Pepe se dio instrucciones así mismo para morir. ¿Por qué no he muerto ya? Protestaba enojado muchas veces. Otras se quejaba ¡yo debía haber muerto hace mucho tiempo! ¿Y por qué quiere morir don Pepe?, le pregunté en alguna ocasión. Porque yo debí haber sido un gran tribuno, y no esto, me dijo señalando un manojo de cuartillas con la reseña de la última corrida de toros.

Y un buen día, tarde de toros, domingo 28 de enero de 1990, Pepe Alameda decide morirse. Dieron la noticia en el parlante de la gran plaza y estalló la ovación más sentida, más doliente, más triste que se haya dado a persona alguna en la México.

Alameda fue siempre ‘el Maestro Alameda’, un maestro entre muchos profesores.

Y sabiéndose mucho tiempo atrás que era un gran poeta, nos dejó en sentidos versos, su biografía, su autorretrato: Paso a paso he pasado por la Tierra/ camino a la muerte prometida/ Sin poder detenerme/Y la muerte me ha dado cada día/ un poco de su polvo. Y he vivido/ con una vida ambigua,/ creciéndome la muerte por adentro/ detrás de la sonrisa/ Hasta quedar al cabo en un pequeño/ montón de huesos y ceniza/ Ese soy yo/ Tal es mi biografía.

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