Peineta

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Retrato de Raquel Meller con mantilla y peineta (1910), por Julio Romero de Torres.

Se llama peineta a un ornamento femenino para el cabello que consta de un cuerpo convexo y un conjunto de púas que se encajan sobre el moño.[1] Antiguamente fabricadas en carey procedente del caparazón de la tortuga, actualmente se elaboran en materiales sintéticos (plástico).

Muy habitual en España desde finales del siglo XVIII, su uso se ha limitado a las bodas, procesiones de Semana Santa, corridas de toros, espectáculos tradicionales y espectáculos de música flamenca o copla.

La mantilla constituye un complemento habitual de la peineta sobre la que se coloca estilizando la figura de la mujer. También es elemento constitutivo de algunos trajes regionales como el valenciano de fallera o el andaluz de flamenca.

Antecedentes[editar]

Dama de Elche

Las primeras peinetas de las que se tiene constancia se usaron en la antigua Iberia pre-romana, apreciándose en las esculturas de las damas, como la dama de Elche, o en los exvotos hallados en la Oretania (Jaén y La Mancha), cuya fisonomía no se diferencia apenas de la actual peineta y mantilla. No habrá ejemplos significativos de su uso hasta el siglo XVII, cuando se evidencia el gusto por elevar los peinados y tocados en moños de "perico" o "fontanche". No obstante, se sobrentiende que el modo de elevar la mantilla con un complemento, ya fuera peineta o el mismo moño tuvo que perdurar en la población, conservado en los modos regionales, como en el peinado de Candelario o de fallera, que no es más que la evolución natural y continuada en el tiempo del tocado de la dama de Elche, y que, como ejemplo, también evolucionó hacia el tocado típico de Panamá. Puede que el majismo, que llevó la moda popular a la corte y a la nobleza española como respuesta a la moda francesa, recuperara para la moda de corte las peinetas, siendo su máxima expresión su uso por la reina Isabel II. La Peineta se extendió por los territorios hispánicos, especialmente por México y Nápoles

Peinetón argentino[editar]

En su serie de litografías «Extravagancias del peinetón», César Hipólito Bacle satirizó el extravagante tamaño de los peinetones de Buenos Aires (1834).

Derivado de la peineta española y tallado en carey o en asta, el peinetón fue entre 1832 y 1836 el último grito de la moda entre las porteñas.[2] En su libro Couture and Consensus: Fashion and Politics in Post-colonial Argentina, Regina Root escribe que los documentos de la época describen al peinetón como un gesto de independencia femenina y diferenciación de España y cercanía a la moda francesa.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, el régimen asoció el peinetón con "la buena mujer federal" y, en consecuencia, gran cantidad de mujeres comenzaron a usar este accesorio.[2] Sin embargo, según Root, fue el mismo régimen rosista el que hizo a circular las imágenes y la poesía popular que terminaron con el peinetón.

Referencias[editar]

  1. a b Lescano, Victoria (7 de mayo de 2010). «Una lectura política de los extravagantes peinetones y nuevos rescates de la escarapela». Página/12. Consultado el 12 de julio de 2013.

Bibliografía[editar]

  • PENA GONZÁLEZ, Pablo: “Indumentaria en España: el periodo isabelino (1830-1868)” en Indumenta: Revista del Museo del Traje, nº. 0 (2007).
  • RODRÍGUEZ DE TEMBLEQUE, Carmen: “Un traje para la insinuación, la provocación y el recato” en Congreso Internacional de Imagen y Apariencia. Universidad de Murcia (2008)