Pedro de Vera

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Pedro de Vera y Mendoza (Jerez de la Frontera ca. 1440 - Jerez de la Frontera 1498) fue un comandante castellano originario de Jerez de la Frontera que participó en la Conquista de Canarias, hijo de D. Diego Gómez de Mendoza Sandoval y de Dña. María García de Vera y Vargas, Sra. de Vera y de Villar de Saz.[1]

Historia[editar]

Según la tradición oral recogida por diversos autores, fue el propio Pedro de Vera quien en 1481 en batalla en la región de Arucas clavó su lanza al caudillo canario Doramas por la espalda, tras haber derrotado éste a un caballero castellano en lucha singular, ordenando luego la exhibición de su cabeza decapitada en el recién fundado fuerte militar que sería el germen de lo que hoy es la ciudad e Las Palmas


Según otras fuentes, y siendo esta la versión mas conocida, Pedro de Vera deseaba terminar con el caudillo y sus tropas, las cuales habían causado muchas bajas entre los castellanos. Formando sus tropas en la festividad de San Andrés (28) se dirigió hacia los canarios los cuales encontraron entre Bañaderos y Arucas, desplegandose los castellanos para aparentar mas grupo y entrando rápidamente en batalla.


Viendo Pedro de Vera que se señalaba en mayores estragos le conoció y se fue a él. Porque el primero que le acometió fue Juan de Flores, que picando recio al caballo, se entró tanto, que quebrándole Doramas la lanza, también le quebró la cabeza del revés. Siguióle Pedro López, soldado de a pie y también le llevó la espada de la mano, desbaratando otros de a caballo. Luego entraron otros dos con Pedro de Vera a rodearlo como a toro, el primero sobre el costado izquierdo, que tal no juzgó Doramas, fue Diego de Hozes, cordobés que le hirió sobre la espalda derecha y llevó de retorno un revés que le quebró la pierna izquierda. Entró luego Pedro de Vera dándole segunda lanzada por el pecho y luego le dieron un balazo en el brazo. Al primero dijo Doramas; note irás alabando. A Pedro de Vera: no eres tú quien me ha muerto sino este traidor por detrás. Y por último, que no le tirasen de fuera como perros traidores que a todos bebería la sangre. Y luego comenzó atontado, desangrándose, a pedir agua con las ansias de la muerte. Juzgaron que quería bautizarse y fue para beber. Trájola uno de a caballo casi ochenta pasos de allí en un sombrero alemanisco lleno de agua. Echáronla en un casco de hierro, bebióla y salía clara por las heridas y luego murió.


[Doramas a Pedro de Vera] No eres tú quien me ha muerto, sino este traidor por detrás


Le fue cortada la cabeza y traída delante por un canario cautivo, en un asta gruesa de sus camaradas que se dejaron prender por no desampararle. Los otros canarios fueron de huida al verle ya herido, picaba el sol, eran las diez del día. Deshiciéronse los paredones y descansando algún poco, dio Pedro de Vera la vuelta al Real.


Es ésta una versión que rezuma realidad, acorde con la época en que los hechos sucedieron. Aludíamos antes a su final en que difiera Abreu, amén del enterramiento de Doramas, que lo suponemos posible, y del que no hace mención alguna Marín y Cubas.


Tras culminarse la conquista de Gran Canaria el 29 de abril de 1483, desembarcó en 1488 en la ya sometida isla de La Gomera para sofocar la rebelión de Hautacuperche, guerrero que encabezó la llamada "Rebelión de los gomeros de 1488", así como para vengar la muerte de Hernán Peraza. Que daría lugar a uno de los más sangrientos y repugnantes episodios en la historia de las Islas Canarias.

Beatriz de Bobadilla condenó a todo los gomeros mayores de quince años del Bando de Orone y Mulagua a la muerte por “traidores”. Pedro de Vera se ocupo de que fuesen represaliados, arrastrados por los suelos, ahorcados, cortaron pies, y manos. No se perdonó la vida a ninguno de quince años para arriba, ejecutándose diversos géneros de castigo; empalados, guanteados, exponiendo sus cuerpos en caminos y otros sitios; llevados a la mar con piedras en los pies, manos y pescuezo, echados vivos al mar, ahogados… Igualmente Beatriz dio orden a Alonso de Cota que embarcase a un gran número de niños gomeros y mujeres para venderlos como esclavos en Lanzarote. Cuando los niños llegaron a la isla de Titeterogaka (Lanzarote) Inés Peraza ordenó que fuesen echados al mar y a los que quedaron repartió como esclavos de sus soldados.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Abreu y Galindo, J. de, Historia de la conquista de las siete islas de Canarias, en A. Cioranescu (ed) Goya ediciones, Tenerife, 1977 ISBN 84-400-3645-0
  • Bethencourt Alfonso, J: Historia del Pueblo Guanche II Lemus editor, La Laguna, 1997.

Enlaces externos[editar]