Pedro Grullo

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Pedro Grullo, Pedrogrullo, Pero Grullo o Perogrullo es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Su idiosincrasia es la de un personaje cómico, producto de la imaginación popular, pero existen hipótesis e investigaciones en las que se afirma que habría existido Pedro Grullo. En cualquier caso, en el habla corriente se identifica al personaje como el primer, o el más famoso, decidor de perogrulladas.[1]

La perogrullada[editar]

Cuando alguien emite una expresión tan evidente o tan sabida que resulta una afirmación trivial o apodíctica, suele opinarse que se dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo. En retórica la perogrullada es semejante a la tautología, la redundancia o el pleonasmo: una definición tan simple que duplica su misma denominación. También puede adoptar la modalidad de una litotes o atenuación. Ejemplos: «cuando no hace frío hace calor o está agradable», o «en lo lleno no hay vacío» son perogrulladas o simplezas.

En el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) la perogrullada se define como «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla».[2] En el diccionario de María Moliner,[3] donde se le define como «dicho propio de Perogrullo», se dedica una entrada al autor de esas verdades:

«Perogrullo (de "Pedro" y "Grullo"): personaje supuesto al que se atribuyen humorísticamente las sentencias o afirmaciones de contenido tan sabido y natural que es una tontería decirlas.»

Quien inventó el vocablo perogrullada fue Francisco de Quevedo, en su libro Los sueños (1622), en concreto en la Visita de los Chistes, también conocida como Sueño de la Muerte, donde interviene el «gran profeta» Pero Grullo: «Yo soy Pedro y no Pero Grullo, que quitándome una d en el nombre me hacéis el santo fruta.» Y el personaje ofrece diez profecías, a las cuales Quevedo denomina perogrulladas.[4] Sirva de ejemplo ésta:

Andarase con los pies,
volarase con las plumas,
serán seis dos veces tres
por muy mal que hagas las sumas.

Origen del personaje[editar]

En un ensayo acerca del origen etimológico de los apellidos castellanos, José Godoy Alcántara dice que Petro Grillo fue un personaje real que actuó como testigo en dos escrituras de 1213 y 1227 en Palencia. Añade: «Coetáneo de Pedro Mentiras, si es que se trata del que ha hecho célebre la naturalidad de las verdades.»[5]

Durante el siglo XV, particularmente en Cantabria, se citaba a Pedro Grillo. Existe un documento que data de 1460, titulado Profecía, cuyo autor usa el seudónimo de Evangelista. Se trata de un breve relato en el que se describe a un profeta ermitaño, a quien llama «Pero Grillo». Este personaje hacía gala de una especial verborrea y lanza una profecía que es una sarta de perogrulladas, entre las cuales se leen obviedades como las siguientes:

El primer día de enero que vendrá será primero día del año, que todo el mundo no lo estorbará, si con el tiempo no se remedia. Este día amanecerá al alba. Vendrá una niebla tan grande y tan oscura que cubrirá el cielo, y no habrá hombre, por ciego que sea, que vea las estrellas a medio día.[6]

Es muy probable que a este Pero Grillo, casi cien años después, en 1551, Hernán Núñez de Guzmán, en sus Refranes o proverbios en romance, le haya cambiado de nombre y, en consecuencia, convertido en el Pero Grullo mencionado.[7]

Algunos investigadores creen que el Pedro Grillo del siglo XV evolucionó hasta Pero Grullo en el siglo XVI. Ya en 1605, este personaje aparece en la novela La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda.[8] También Cervantes lo menciona en la segunda parte de Don Quijote de La Mancha. En el capítulo LXII, Sancho Panza pregunta a la «cabeza» si volverá a ver a su mujer y a sus hijos. La «cabeza» responde: «Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero.» A lo cual Sancho añade: «Bueno, par Dios; esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo».[9]

El lexicógrafo Ramón Joaquín Domínguez, en su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española, de mediados del siglo XIX,[1] define perogrullada, perogrullear y Perogrullo:

«Personaje o ente quimérico, extravagante, ridículo, que se supone haber existido y dejado una preciosa colección de sandeces, apotegmas, axiomas y verdades como estas: cuatro huevos son dos pares; la mano cerrada se puede llamar puño y aun de hecho se llama así; cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor; al que le quitan la vida, de seguro le matan; el que gasta el último cuarto de su última peseta, regularmente se queda sin ella; casi se puede afirmar, sin temor de ser desmentido, que no ven objeto alguno los ciegos de nacimiento. Lindezas de este jaez, que son simplezas de a folio, pifias de marca mayor, pertenecen al género, al gusto y al estilo del incomparable Perogrullo.
Motivos hay, sin embargo, fundados en la misma naturaleza de ciertos patanes socarrones, aparentemente bobos, y en el fondo nada lerdos, antes muy avisados y advertidos; motivos hay, repetimos, para creer que haya existido un gracioso de este nombre, segunda edición de Bartolo, si, más antiguo quizá, no ha servido de prólogo a la primera. Sentimos que la Academia nada nos diga acerca de tan interesante sujeto, limitándose a nombrarlo una sola vez en la palabra perogrullada, naturalísimo derivado suyo.»[1]

Pese a todo este trabajo hecho por investigadores y lexicógrafos quizá nunca se sepa a ciencia cierta quién fue en realidad este Pedro Grullo o Perogrullo, que hizo tan famosas sus perogrulladas.

Ejemplos[editar]

En el libro Los Sueños,[4] Francisco de Quevedo, en 1622, incluyó diez profecías o perogrulladas célebres, de las cuales destacan las siguientes:

Muchas cosas nos dejaron
las antiguas profecías
dijeron que en nuestros días
será lo que Dios quisiere.
Si lloviere hará lodos,
y será cosa de ver
que nadie podrá correr
sin echar atrás los codos.
Las mujeres parirán
si se empreñan y parieren,
y los hijos que nacieren
de cuyos fueren serán.

Otro personaje (y otras obviedades)[editar]

Aunque «se haya sacado la rifa del tigre sin haber comprado boleto», probablemente el personaje precursor de las perogrulladas haya sido un militar francés, por lo cual en Francia existe una versión similar: verités de Monsieur de La Palisse: verdades del señor de La Palisse, o lapalissades: «lapalisadas».

Su nombre era Jacques II de Chabannes, o Jacques de la Palice (Lapalisse es el nombre actual de la ciudad de Palice). Pero él no fue autor de alguna «lapalisada»: perogrullada. Era un valiente mariscal al servicio del rey Franςois I. Falleció en 1525 durante el asedio (sitio) a Pavía, Lombardía, Italia.

El último estiquio (verso) de una copla de una canción elegíaca, compuesta por soldados a su mando, quienes deseaban honrarlo por su arrojo, devino en perogrullada por cuatro razones desafortunadas: 1) ambigüedad gráfica de las letras s y f, que entonces eran muy semejantes: ſ y f (coexistían la s normal, o redonda, y la letra ſ o «ese» larga); 2) asonancia: semejanza fonética de dos palabras; 3) separación incierta entre vocablos, que generaba incertidumbre acerca de si se trataba de una o más dicciones; 4) diferencia semántica (significado) a causa de tal deficiencia separadora. La estrofa era la siguiente:

Hélas, La Palice est mort,
il est mort devant Pavie
hélas, s'il n'estoit pas mort
il ſerait encore envie.

Por lo tanto este último verso se publicó así: il serait encore en vie. Literalmente las traducciones respectivas son: él haría (provocaría) todavía envidia, y él estaría todavía en vida. El epitafio de La Palice contenía esta inscripción:

Ci-gît le Seigneur de La Palice
S’il n’était mort il ferait encore envie
(Aquí yace el señor de La Palice
Si no hubiera muerto haría todavía envidia)

Esta ingenuidad motivó que, en el siglo XVIII, Bernard de La Monnoye publicara una extensa (52 estrofas) versión irónica de la canción.

Referencias[editar]

  1. a b c Domínguez, Ramón Joaquín. Diccionario nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española.. Madrid-París: Establecimiento de Mellado, 1853. [1]
  2. Academia Española, Diccionario de la lengua española (2001), Vigésima segunda edición, Madrid, Real Academia Española (y por línea en http://www.rae.es, apartado "diccionario").
  3. Moliner, María. Diccionario del Uso del Español. Barcelona: Rba Libros, 2007.
  4. a b Quevedo, Francisco de. Sueños y Discursos. Madrid : Clásicos Castalia, 1972.
  5. Godoy Alcántara, José. Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos desde el siglo X hasta nuestra edad. Madrid: Rivadeneyra, M., 1871.
  6. Cuadernos de Filología Clásica, Vol. XXI. Madrid: EUC, 1988.
  7. Domingo Malvadi, Arantxa. Hernán Núñez de Guzmán. Reales Sitios, 2000, 37. ISSN: 0486-0993
  8. López de Úbeda, Francisco. Libro de entretenimiento de la pícara Justina. Madrid: Editora Nacional, 1977.
  9. Cervantes, Miguel de. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Madrid: Ediciones de La Lectura, 1911-1913.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Perogrullada en el Wikcionario