Pedro Duque y Cornejo

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Pedro Duque y Cornejo (Sevilla, 1677 - Córdoba, 1757). Escultor, pintor y retablista barroco de la escuela sevillana, discípulo de Pedro Roldán. Hace con su arte uno de los capítulos más importantes de la pervivencia de técnicas tradicionales de la escuela, con su esencia expresiva, junto a un movido y efectista influjo del arte del Bernini.

Biografía[editar]

Retablo de la Capilla de la Antigua en la Catedral sevillana

Nacido en Sevilla en 1677, es bautizado el 15 de agosto de 1678. Nieto de Pedro Roldán y sobrino de Luisa Roldán. Trabaja en Sevilla, Granada y Madrid. Es nombrado Estatuario de Cámara, pero no logra el cargo de Escultor de Cámara del rey. Su arte, partiendo de la tradición de los grandes maestros, se desarrolla en ambiciones de un barroquismo desbordante, donde tanto los contornos, como sus ademanes violentos se expresan con una técnica profundamente influenciada por Bernini. Su modelado es sinuoso y entrecortado. Sus figuras entran más en el espacio ilusorio de lo pictórico, que en la serenidad vertical de lo escultórico. Sus esculturas se ambientan en los marcos ilusorios de sus retablos, donde los fondos de perspectiva, el juego de planos y espacios, armonizan fielmente con su plástica en movimiento. A su visión escultórica se une una rica y brillante policromía, en la mayoría de los casos de abundancia de oros y brillos.

En Sevilla, ya en 1706 se le encargan las estatuas, angelotes y medallones en mármol del desaparecido retablo del crucero de la Iglesia del Sagrario. En la catedral hizo las esculturas del retablo de la Virgen de la Antigua, y en 1711 hace el retablo de la iglesia de San Lorenzo.

En Granada, donde trabaja entre 1714 y 1719, deja quizá parte de su mejor obra. Apoteósico es el grupo de 14 esculturas que hace por encargo de la Hermandad de la Esclavitud del Sacramento, para el templo de la Virgen de las Angustias. En ellas representa al Salvador, a la Virgen y a los doce Apóstoles. Son figuras de tamaño mayor que el natural, de arrogantes ademanes, de ágiles composiciones y de magistrales interpretaciones del plegado de sus paños volados, que en su nervioso movimiento, borran en parte la gravidez del volumen. En la catedral granadina por encargo del arzobispo Don Martín de Ascargorta, hace en 1716, el nuevo retablo para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, terminado en 1718. Valientes juegos de transparentes, ricos y ornados estípites, brillos de oro, entrecortadas cornisas y movida planta, hacen de esta obra uno de los más interesantes ejemplos del barroquismo andaluz. Las esculturas que para él talla, obispos, San Cecilio, San Gregorio, relieves del Nacimiento, la Presentación, la Inmaculada, el Matrimonio, la Anunciación y la Asunción de la Virgen, así como pinturas y valientes figuras de arcángeles en la parte alta, todas ellas, ricamente policromadas, pertenecen a su mejor momento. Realiza otro retablo parecido, pero de menor importancia, para la iglesia del Sacromonte hacia 1743. Por los mismos años hizo el retablo mayor del desaparecido convento de Agustinos Descalzos y un retablito para el Hospital de San Juan de Dios.

Trabajó también en el Sagrario de la Cartuja granadina. Para él realizó una de sus más impresionantes obras, la Santa María Magdalena, colocada en uno de sus intercolumnios. De tamaño mayor que el natural expresa con pleno acierto y con desbordante profundidad el dolor y llanto de su arrepentimiento. Su mirada se clava en la cruz que sostiene en su mano izquierda. Todo en esta figura es movimiento y expresión. En colaboración con José Risueño hace la serie de las seis virtudes y las cuatro figuras alegóricas del templete central. También talla para las dos capillas laterales del Sagrario una preciosa Inmaculada y otra versión de la Magdalena.

Para la Cartuja del Paular contrató en 1725 las estatuas, ángeles y pabellones que decoran aquel monumento, repitiendo en gran parte lo realizado en Granada. Vuelve a Sevilla y en 1724 talla los órganos de la catedral, según diseños de Luis Vílchez. Realiza otros trabajos para Umbrete y para el convento de San Francisco. Desde 1748 trabaja en Córdoba en los púlpitos y en la sillería del coro de la catedral. Es ésta, quizá, su obra más importante. Tallado en caoba, armonizan en ella líneas curvas, contrastados ingleteados y movidos relieves. Son 105 sillas entre las bajas y las altas. Su imaginación no se agota y su genio da unidad a todo el conjunto.

Muere en Córdoba en 1757.

Bibliografía[editar]

  • M. E. GÓMEZ-MORENO, Breve historia de la escultura española, Madrid 1951
  • A. GALLEGO BURÍN, El Barroco granadino, Universidad de Granada 1956
  • P. QUINTERO, Sillas de coro españolas, Madrid 1908
  • R. AGUILAR PRIETO, Bosquejo histórico de la ejecución de la sillería del coro de la catedral de Córdoba, «Bol. de la R. A. de Bellas Artes de Córdoba», n° 56.

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