Patio de los Arrayanes

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Patio de los Arrayanes con la alberca rodeada de mirtos.

El Patio de los Arrayanes es el gran espacio perteneciente a la Alhambra, situado al este del patio del Cuarto Dorado y al oeste de la sala de Baños y patio de los Leones. A su alrededor se articulan una serie de estancias siendo las más importantes las destinadas a cuarto de trabajo del sultán (diwan) o sala del trono y de audiencias (situadas al norte del patio). Son los aposentos conocidos como Palacio de Comares. El patio es rectangular de dimensiones bastante considerables y con un estanque o alberca en el centro rodeado de plantaciones de arrayanes (o mirtos). Se le conoce también con los nombres de patio de los Mirtos, patio de la Alberca y patio de Comares.

Comares[editar]

El nombre de comares ha dado lugar a investigaciones etimológicas muy variadas. He aquí una pequeña muestra:

Según indica en su diccionario de palabras árabes Diego de Guadix, la voz comares puede derivar de cun, con el significado de levántate más ari con el significado de mira. Así, cunari significaría “levántate y mira”. La palabra, corrompida después, dio comares, que haciendo una traducción libre, vendría a significar: «Abrid los ojos y ved».[1]

En opinión del historiador granadino del siglo XVI Luis del Mármol, el nombre de comares se debe a una labor de artesanía artística muy apreciada entre sirios y persas llamada comaraxía, una técnica de fabricación de vidrios para el exterior y los techos.[2]

Otra teoría es que el nombre de comares procede de la palabra árabe qumariyya o qamariyya, que son los vidrios de colores que pueden observarse aun en el balcón del salón de Embajadores.[3]

Qumarish es el nombre de un lugar al norte de África de donde procedía gran parte de los artesanos que trabajaron en la Alhambra.[4]

Construcción[editar]

La construcción de este complejo del patio de los Arrayanes fue iniciada por el rey nazarí Ismail I de Granada que reinó desde 1314 a 1325. Continuó la obra Yusuf I de Granada (1333-1354) que murió asesinado antes de verla concluida. Finalmente Muhammad V pudo terminarla en 1370.

En su origen se accedía al patio y demás dependencias a través de otro gran patio que ya no existe más que en un pequeño recuerdo que es el patio de Machuca, mucho más reducido que lo fue aquel.

El patio[editar]

Estanque del patio de los Arrayanes; en primer término una de las fuentes que lo abastecen de agua.

En el centro se encuentra el estanque que mide 34 metros por 7,10 metros; se abastece de agua por medio de dos pilas de mármol situadas en cada extremo. Está enmarcado por unos pasillos pavimentados en mármol blanco, delimitados a su vez por la plantación de los mirtos o arrayanes bien recortados que forman como un seto, de un verde brillante que contrasta con el mármol y con el agua.[nota 1] Alrededor del estanque y los mirtos y por sus cuatro costados, hay un gran espacio que constituye el patio propiamente dicho, cuyo suelo es también de mármol blanco. En su origen estaba adornado también por naranjos silvestres[nota 2] de fruto amargo, según la descripción hecha por el embajador veneciano Andrea Navagiero que hizo una visita a la Alhambra en el siglo XVI.[5]

El patio fue restaurado en el siglo XIX como tantos otros sitios de la Alhambra. El restaurador principal fue el académico arquitecto Rafael Contreras Muñoz (1826-1890). Uno de los cambios más espectaculares consistió en levantar el pavimento que estaba enlosado con lápidas procedentes de cementerios musulmanes, sustituyéndolas por un enlosado de mármol.[6]

Distribución de los aposentos[editar]

Primera galería abierta en el muro norte.

Al muro norte se abre primero una galería o pórtico abierto en cuyo centro hay una pequeña cúpula. En los extremos hay unas alcobas que se supone fueran de tertulia mientras esperaban la audiencia del sultán. En las paredes y por encima del zócalo de azulejos se escribieron poesías de Ibn Zamrak, ministro de Muhammad V, en alabanza de este sultán. Hay también dos nichos o tacas, esculpidos en mármol y adornados con azulejos, donde se colocaban jarrones con flores o lámparas de aceite. A lo largo de la galería hay un zócalo de azulejos realizados por Antonio Tenorio y el morisco Gaspar Hernández entre 1587 y 1599.[7]

Arabescos donde puede verse el escudo nazarí y la leyenda «Sólo Dios es vencedor»

Desde esta galería se pasa a la siguiente estancia llamada Sala de la Barca, que es la antecámara del Salón de Embajadores. Se accede por un arco apuntado, decorado con mocárabes que todavía conservan parte de su policromía original en oro y azul. El nombre dado de Barca se suele explicar por su parecido físico con una barca puesta del revés, pero otros historiados dan explicaciones más eruditas. Los hermanos Oliver y Hurtado que escribieron en 1875 sobre Granada y sus monumentos árabes, explican su teoría sobre el nombre de esta sala, según la cual la palabra barca es una corrupción de baraka, que significa bendición, palabra escrita repetidamente en el friso inferior. En el mismo pórtico de la sala hay una inscripción que dice:

Bendito quien te dio mando en sus siervos y en ti gracia y favor al Islam hizo.

Los muros están trabajados con finas yeserías que incluyen el escudo nazarí dentro del cual se ve la palabra baraka (bendición) y el lema de la dinastía, «Sólo Dios es vencedor». La cubierta de madera, de rico trabajo de marquetería es una reproducción que se terminó en 1964. El original se destruyó en un incendio en 1890.[8] Desde la Sala de la Barca se accede al espacio más importante: Salón de Embajadores.

Salón de Embajadores. Pueden a preciarse dos alcobas (descritas en el texto).

El salón de Embajadores es la estancia cuadrada que está bajo la torre de Comares.[nota 3] Los muros están estucados (un trabajo primoroso procedente de Persia y de Irak) y en ellos se repite en planchas la leyenda «solo Alá es vencedor». En tres de ellos (el cuarto corresponde a la pared de entrada) se abren tres espacios estrechos y alargados (de unos dos metros y medio de profundidad) que son alcobas, con sus correspondientes ventanas (llamadas ajimez que al principio tenían su celosía de madera o su vidriera) que dejan pasar la luz exterior. La alcoba que está justo frente a la puerta de entrada al salón estaba destinada al trono; allí se sentaba el sultán dando la espalda a la luz exterior, luz que por otra parte recibía de frente el embajador visitante, estando así en inferioridad de condiciones. En este hueco se pueden leer unas inscripciones en verso que narran la utilidad del espacio:

Aunque mis compañeras [las otras alcobas] sean constelaciones de estrellas, a mí sólo, y no a ellas, pertenece la gloria de alojar al Sol. Me vistió con traje de esplendor y excelencia mi amo el sultán Yusuf.

El suelo era de cerámica vidriada con los colores blanco y azul, donde se podía ver como ornamento el escudo de armas de los sultanes de Granada sustituido después en la restauración de 1815 por losas de barro y azulejos del siglo XVI en su centro.[9] Estaría algo más elevado pues era costumbre sentarse en el suelo sobre cojines y mirar por la ventana desde esa posición. Todo el perímetro está recorrido por un zócalo de azulejos. El techo es una obra maestra de la carpintería granadina. Es una bóveda que se eleva a 18 metros de altura y que representa el firmamento. Está construida con madera de cedro e incrustaciones de otras maderas de diferentes colores, en total 8 017 piezas. La parte central representa el Séptimo Cielo o Paraíso islámico donde se aloja Alá. A este centro se puede llegar tras la ascensión de los otros seis círculos que lo rodean. Las cuatro diagonales simbolizan los cuatro ríos del Paraíso.

Galería del muro sur.

La galería del muro sur está compuesta por tres arcos iguales y uno central más elevado. La recorre un zócalo de azulejos. Esta galería también recibe a sus visitantes con una leyenda:

La ayuda y la protección de Dios y una victoria espléndida para nuestro Señor Abu Abd' Allah, emir de los musulmanes

No se tiene mucha noticia sobre las dependencias que había en este lado. Fueron destruidas parcialmente para la construcción del palacio de Carlos V en el siglo XVI. Por encima de esta galería hay un corredor y sobre éste otra galería de seis arcos iguales y otro con dintel y zapatas de madera en el centro. Las celosías son del siglo XIX.

En el lado este del patio se abren distintas puertas que conducen a estancias privadas del sultán y su corte.

La visita de Washington Irving[editar]

Placa conmemorativa de la estancia del escritor en el palacio de la Alhambra.

Cuando Washington Irving entró por primera vez en este patio se quedó impresionado por su belleza; lo describió como un inmenso espacio de unos 150 pies de longitud y más de 80 pies de anchura. Describió las galerías que se mostraban a ambos lados. Vio escudos en las cornisas y en otros lugares y escrituras árabes en relieves. En el centro se encontraba el inmenso estanque —según sus propias palabras— de 124 pies de longitud, 27 de anchura y 5 de profundidad, con agua que manaba de dos vasos de mármol. Vio en sus aguas una buena población de pececillos dorados. Lo bautizó con el nombre de Patio de la Alberca. El estanque en aquel momento estaba rodeado de rosales.[10]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Guadix 2005: p. 551
  2. Pijoán 1954: p. 516
  3. Irwin 2003: p. 36 Cfr: Sánchez Mármol, en su libro Andalucía Monumental (Granada 1985)
  4. James Dickie, experto y estudioso en temas de La Alhambra
  5. Irwin 2003: p. 43
  6. Irwin 2003: p. 42
  7. Hierro Calleja 1990: p. 24
  8. Irwin 2003: p. 43
  9. Hierro Calleja 1990: p. 28
  10. Irving 1970: p. 74

Notas[editar]

  1. Cuando lo visitó Irving, Washington el patio estaba adornado con rosales que fueron sustituidos por los tradicionales arrayanes
  2. La naranja silvestre se usaba y se usa como aditivo ácido en los alimentos. La naranja o el naranjo dulce es de origen oriental y fue introducida por los portugueses en Europa y Oriente Medio en el siglo XVI. Vide Irwin, Robert, 2003, p.46
  3. El salón de Embajadores recibe también el nombre de salón de Comares.

Bibliografía[editar]

  • Irwin, Robert (2010). La Alhambra. Granada: Almed. ISBN 978-84-15063-03-2. 
  • Pijoán, José (1954). Historia general del arte, Tomo XII, colección Summa Artis. Arte islámico. Madrid: Espasa Calpe. 
  • Guadix, Diego de (2005). Recopilación de algunos nombres arábigos que los árabes pusieron a algunas ciudades y a otras muchas cosas.Edición, introducción, notas e índices: Elena Bajo Pérez y Felipe Maíllo Salgado. Ediciones TREA. ISBN 84-9704-211-5. 
  • Vega, Jesusa (1995). Guías artísticas. Granada: TF. Editores. ISBN 84-89162-08-5. 
  • Irving, Washington (1970). Cuentos de la Alhambra. Aguilar. Depósito legal BI. 1285,1970. 

Enlaces externos[editar]