Palacio Unzué

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No confundir con el Palacio Álzaga Unzué.
Vista del Palacio Unzué a comienzos del siglo XX.

El Palacio Unzué, también conocido como Quinta Unzué, fue la Residencia Presidencial de la República Argentina durante la presidencia de Juan Domingo Perón (1946-1955), y se transformó en un lugar de peregrinación y culto luego de la muerte de Eva Perón en 1952. El grado de simbolismo que tomó el edificio fue tal, que luego del golpe militar que derrocó a Perón en 1955, los dictadores que tomaron el poder ordenaron su demolición total.

La residencia ocupaba un amplio terreno en Buenos Aires de casi tres manzanas de superficie con jardines arbolados, entre Avenida del Libertador, Austria, Agüero y Avenida Las Heras. En su predio se construyó, entre 1962 y 1992, la actual Biblioteca Nacional de la República Argentina.

Historia[editar]

La historia del Palacio Unzué está documentada a partir de fines del gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835-1852), cuando tres ingleses habrían comprado los terrenos para construir allí una casa de veraneo.[1] En 1855, el predio pasó a manos de Mariano Saavedra (hijo de Cornelio Saavedra, Presidente de la Primera Junta en 1810) quien construyó su propia residencia allí, en donde se celebraron numerosas reuniones mientras fue Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Por aquellos años, esta zona del actual barrio de Recoleta era un rincón marginal y semi-rural en una Buenos Aires todavía reducida hasta la zona de la actual Avenida Callao, y era difícil acceder a la casa de Saavedra.

Entre 1883 y 1887 (según diversas fuentes),[2] la quinta fue adquirida por Mariano Unzué junto a su esposa Mercedes Baudrix, y en tiempos de gran crecimiento de Buenos Aires y grandes ganancias para los productores agropecuarios de familias tradicionales como los Unzué, Don Mariano pudo construir allí su gran residencia, en la cual su familia vivió durante las siguientes décadas.

En 1910, durante la Exposición del Centenario, el Palacio Unzué fue sede principal de la Exposición de Salud e Higiene, que mostró algunos adelantos técnicos de la época como el inodoro, nuevos sistemas cloacales e instrumental médico de vanguardia. Finalmente, luego de la Gran Depresión de 1930, el modelo agroexportador argentino se agotó definitivamente y las familias antes millonarias gracias a ese sistema perdieron sus fortunas y su poder, de tal forma que muchas debieron rematar sus grandes residencias. En el caso del Palacio Unzué, fue el Estado Nacional quien expropió el edificio para saldar deudas en 1937, destinándolo a propiedad del Poder Ejecutivo.

Sin embargo, el edificio no fue utilizado por los presidentes hasta el gobierno dictatorial de Edelmiro Farrell (1944-1946), quien usó esporádicamente el Palacio Unzué como residencia, en épocas en que el domicilio presidencial estaba en la calle Suipacha 1034.[3] Fue Juan Domingo Perón, electo en 1946, quien se instaló definitivamente en el Palacio Unzué, alejándose del centro porteño hacia este barrio arbolado y residencial, considerando que además por la Avenida Alvear (actual Av. del Libertador) tenía un rápido acceso a la Casa Rosada.

Eva Perón trabajó en la Residencia Presidencial una vez que el cáncer que la afectaba le impidió trasladarse a sus oficinas en el Palacio de la Legislatura, donde funcionaba la Fundación con su nombre. Finalmente, agotados todos los recursos posibles para curarla, Evita falleció en el Palacio Unzué el 26 de julio de 1952. Durante su convalecencia, numerosos seguidores habían estado en vela en los portones de la residencia, dejando imágenes, velas y cartas; y luego de la muerte el lugar alcanzó proporciones místicas, mientras Perón seguía viviendo en la mansión Unzué.

El 16 de septiembre de 1955, durante los bombardeos aéreos que buscaban derrocar a Perón, uno de los artefactos explosivos fue arrojado sobre el palacio presidencial, pero cayó sobre los jardines del edificio sin destruirlo. Finalmente los disidentes triunfaron ese 21 de septiembre, cuando Perón renunció y abandonó la Argentina, mientras una serie de generales opositores se sucedían en el gobierno. Su residencia quedó abandonada, y más tarde el nuevo gobierno abrió los jardines al público, transformándolos en el “Parque de la Libertad”. En 1956, el poder quedó en manos del General Pedro Aramburu, un acérrimo enemigo del presidente depuesto, quien en 1958 definió que el Palacio Unzué debería ser demolido completamente por su valor simbólico para los seguidores de un régimen que acababa de ser decretado prohibido por ley en la sociedad argentina. Aramburu fue el primer gobernante argentino que utilizó la Quinta de Olivos como domicilio presidencial, función que mantuvo hasta la actualidad.

Ya recuperada la democracia, el Presidente Arturo Frondizi (1958-1962) impulsó en 1960 la construcción en el predio de la nueva Biblioteca Nacional, una decisión también simbólica al instalar un edificio destinado a la cultura en donde había vivido un presidente asociado con la tristemente célebre frase “Alpargatas sí, libros no”. La Biblioteca fue concursada en 1962, y el proyecto ganador fue el de Clorindo Testa y Francisco Bullrich, sin embargo las obras se desarrollaron con una lentitud inesperada, y el edificio recién fue abierto al público por el Presidente Carlos Menem en 1992.

En el vestíbulo de la Biblioteca, numerosas placas de bronce recuerdan tanto a Eva Perón y a la demolición del Palacio Unzué con que se pretendió borrar una parte de la historia argentina. Una estatua con la imagen de Evita remata los jardines del edificio, sobre la esquina de Avenida del Libertador y Austria.

Arquitectura[editar]

El Palacio Unzué era una característica residencia familiar de familia aristocrática porteña de fines del siglo XIX. Construida en la década de 1880, ostentaba el estilo academicista francés que era favorito de esa clase social por aquellos años. En un amplio terreno con jardines y una barranca que caía hacia el norte, el edificio miraba a la actual Avenida del Libertador, y estaba recostado sobre el lado de la calle Agüero, donde se encontraban las construcciones de servicio.

La fachada del edificio lucía una mansarda de pizarra (un elemento característico de la arquitectura francesa) y una galería con columnas que protegía el acceso principal y la planta baja, a la cual se accedía por una escalinada de mármol. La residencia se encontraba sobre la barranca, y para acceder a ella había que atravesar los jardines diseñados por Rubén Darío[4] con senderos curvos, fuentes, palmeras y faroles de hierro.

En la actualidad, no quedó ningún resto arquitectónico del edificio, pero buena parte de los árboles que adornaban sus jardines están intactos, y son lo único que queda a la vista del Palacio Unzué.

Referencias[editar]

  1. Luna, Félix (1984). Perón y su tiempo. Volumen 1. Editorial Sudamericana. pp. 433. 
  2. Barrantes, Guillermo (2006). Buenos Aires es leyenda 2. Mitos urbanos de una ciudad misteriosa. Planeta. pp. 228. 
  3. Chiesa, Pablo; Historia de las residencias presidenciales en Argentina Blog "Mirada Atenta", 22 de noviembre de 2010
  4. EL EDIFICIO DEL INSTITUTO NACIONAL JUAN DOMINGO PERÓN Instituto Nacional Juan Domingo Perón