Padres apostólicos

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Se llaman padres apostólicos a los autores del cristianismo primitivo que, según la tradición, tuvieron algún contacto con uno o más de los apóstoles de Jesús de Nazaret. Son un subconjunto dentro de los Padres de la Iglesia, se trata de escritores del siglo I y de principios del siglo II, cuyos escritos tienen una profunda importancia para conocer qué creían los primeros cristianos. Se caracterizan por ser textos descriptivos o normativos que tratan de explicar la naturaleza de la novedosa doctrina cristiana,

Desarrollo de la clasificación[editar]

La expresión tuvo su origen en la obra que Jean-Baptiste Cotelier publicó en 1672, titulada Patres aevi apostolici («padres de la era apostólica»).[1] Cotelier consideraba tales a Bernabé, Clemente de Roma -que según el testimonio[2] de Ireneo de Lyon efectivamente fue discípulo de los apóstoles Pedro y Pablo-, Ignacio de Antioquía , Policarpo de Esmirna -que según Ireneo[3] fue discípulo del apóstol Juan- y Hermas de Roma.

La denominación Patres Apostolici («padres apostólicos») apareció por primera vez en 1699, cuando el teólogo protestante Th. Ittig publicó su Bibliotheca Patrum Apostolicorum graeco-latina, si bien solamente incluía a Clemente, Ignacio y Policarpo.

En 1765 Andrés Gallandi reimprimió la obra de Cotelier, agregando los fragmentos conocidos de Papías de Hierápolis -a quien San Jerónimo califica como auditor ioannis, oyente de Juan- y el bello escrito anónimo llamado A Diogneto. Luego la lista padres apostólicos se ha ido ampliando y reduciendo de acuerdo con los estudios de patrología. Por ejemplo, la narración del martirio de Ignacio de Antioquía había sido incluida por Cotelier, pero fue luego descartada. Finalmente se agregó la Didaché, descubierta en 1873.

De los martyria, un genero literario de pleno derecho en el cristianismo primitivo en que se relata el martirio de un santo, las ediciones modernas sólo incluyen del de Policarpo, ya que si bien su valor histórico es muy desigual, se lo considera cercano a los hechos. El de Ignacio es de fecha tardía, y el de Clemente es totalmente novelesco.[4]

La mayoría de estos escritos son cartas de contenido pastoral y exhortativo. Casi ni se presenta la apología aunque sí alerta de herejías o posibles cismas.

La Didaché[editar]

Didaché es una palabra griega que significa Enseñanza. Hacia el año 70 de nuestra era en las colinas de Palestina, de Siria, o quizá en su misma capital, Antioquía,[5] se compuso breve texto cristiano de singular importancia.[6] En tan solo 552 palabras, el desconocido[7] autor resumió la moral cristiana,[8] los preceptos litúrgicos para la celebración del bautismo y de la eucaristía, ciertas reflexiones sobre la jerarquía eclesiástica,[9] y algunos párrafos alentando la esperanza en la Segunda venida de Cristo.[10]

Este escrito tuvo un amplio reconocimiento en las comunidades cristianas primitivas y fue citado[11] por varios autores antiguos, pero su texto original estuvo perdido durante largos siglos. En 1873 Filoteos Bryennios[12] lo halló en un códice del siglo XI[13] bajo el título de Enseñanza de los doce apóstoles (abreviado y en griego, Didaché)[14] . Desde entonces la obra ha sido de gran interés, ya que describe el cristianismo de una época en la cual los testimonios extra-bíblicos son prácticamente nulos.

Epístola de Clemente[editar]

Otro escrito clasificado entre la patrística apostólica es la Primera Epístola de Clemente a los Corintios. El nombre es Epístola Primera porque existe una Segunda, a la que ya en tiempos antiguos se la consideraba pseudoepigráfica.[15] Se la atribuye a Clemente de Roma, que fue obispo de esa ciudad a fines del siglo I: Orígenes,[16] Eusebio de Cesarea[17] y Jerónimo[18] afirman que este Clemente es el mismo que Pablo de Tarso menciona en el capítulo 4 de su Epístola a los Filipenses. La Carta, que está firmada por «La Iglesia de Roma», tiene por objeto resolver una disputa acaecida en la Iglesia de Corinto, donde varios presbíteros habían sido depuestos de sus cargos.[19] Se estima que su redacción tuvo lugar poco tiempo después de la persecución de Domiciano en el año 96.[20]

Importancia de los Padres Apostólicos[editar]

Si bien no es posible afirmar a ciencia cierta que todos ellos hayan tratado a los apóstoles,[21] estos autores transmiten un eco vivo[22] de su predicación. La exposición de la fe evidente en los escritos de estos autores destella sobre los posteriores apologistas por cuanto permanecieron ajenos a el debate antiherético que caracterizó al segundo eslabón en la cadena del cristianismo (los apologetas), aun cuando en los escritos apostólicos existan evidencias de una oposición al docetismo judaizante en la teología del Verbo encarnado de Ignacio de Antioquía o en el caso de Clemente también, donde observamos un contraste con las escisiones que ocurrieron en la comunidad de Éfeso. En todo caso, el talante literario de estos documentos y de los personajes que los crearon está más motivado por exponer la fe que por defenderla del error, si bien no se confunde con éste. En efecto, el autor de A Diogneto afirma:«No trato de cosas extrañas ni inquiero cuestiones absurdas, sino que, habiendo sido discípulo de los apóstoles, me hago maestro de las naciones y administro lo que yo he recibido a los que se han convertido en discípulos dignos de la Verdad.»[23]

Según Jules Lebreton en La Iglesia Primitiva, los mismos Padres poseían una clara conciencia de su posición de sucesores:[24] Clemente afirma haber escrito que su carta por impulso del Espíritu, pero reconoce la verdadera inspiración en San Pablo.[25] Ignacio al tiempo que se reconoce en línea de continuidad con los doce, indica: «Yo no puedo imponerles mandatos del valor que tienen los de Pedro y Pablo, ellos eran apóstoles; yo no soy más que un condenado a muerte»[26] . Con todo, la conciencia de ser el eslabón inmediato en la cadena que por los apóstoles unía a los creyentes con el Señor les hizo emplear la palabra predicada y escrita con un acento único, a tal grado que después de los libros neotestamentarios, no hay un conjunto de obras que proporcionen impresión tan inmediata de la comunidad congregada en torno a la fe en Jesucristo como los padres apostólicos.

Lista de textos[editar]

Bibliografía[editar]

  • Berthold Altaner, Patrologia, Marietti, Casale Monferrato 1992, ISBN 88-211-6700-3
  • Johannes Quasten, Patrología. vol I: Hasta el concilio de Nicea, BAC, Madrid 2004
  • Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos y Apologistas Griegos del siglo II, editorial BAC, Madrid, 2002, ISBN 84-7914-623-0.
  • Johannes Quasten, Patrologia, volumen I, BAC, Madrid 1968.

Referencias[editar]

  1. Ruiz Bueno, p.3
  2. Testimonio tomado por Eusebio de Cesarea en Historia Ecclesiastia, V.6
  3. Testimonio tomado por Eusebio de Cesarea en Historia Ecclesiastia, IV.14 y siguientes
  4. «al de San Ignacio Mártir, de fecha tardía, (...) el de Clemente Romano es de carácter totalmente novelesco» (Ruiz Bueno, p. 4)
  5. Ruiz Bueno, Introducción a la Didaché, Punto 18: Lugar de composición, páginas 72 y 73. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos.
  6. Quasten, p. 45
  7. Ruiz Bueno, Introducción a la Didaché, Punto 17: Autor de la Didaché, páginas 71 y 72. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos.
  8. Quasten, p. 39
  9. Quasten, p. 41
  10. Quasten, p. 43
  11. Ruiz Bueno, Introducción a la Didaché, Punto 2: Testimonios, páginas 29 a 31. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos.
  12. Quasten, p. 38
  13. Ruiz Bueno, Introducción a la Didaché, Punto 4: Descubrimiento, páginas 33 y 34. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos.
  14. Ruiz Bueno, Introducción a la Didaché, Punto 5: Título, página 35. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos.
  15. Ruiz Bueno, Introducción a la Segunda Carta de San Clemente, Punto 1: Homilía, páginas 269 y 270. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos
  16. Orígenes, In Ioannem VI.36 - PG 14,293
  17. Eusebio de Cesarea, Historia Ecclesiastica, III.15
  18. Jerónimo, De viris illustribus, XV
  19. Ruiz Bueno, Introducción a la Primera Carta de San Clemente, Punto 18: Jerarquía, páginas 143 a 149. Texto incluido en su libro Padres Apostólicos
  20. Quasten, p. 59
  21. De hecho nadie afirma que Papías haya conocido a un apóstol
  22. Ruiz Bueno, p. 4
  23. A Diogneto, XI, 1
  24. J. Leberton, L'Eglise primitive, dentro de Fliche-Martin L'Historie de l'Eglesie (París 1941) p. 321
  25. Ruiz Bueno, p. 5
  26. Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, IV, 3. Otro pasaje semejante está en la Carta a Trallianos, III, 3: «No pienso tan altamente de mí, que no siendo más que un condenado a muerte, pretenda daros mandatos como un apóstol.»