Original de historieta

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Un original de cómic o historieta es un dibujo, habitualmente a lápiz y tinta, realizado por el historietista con vistas a su reproducción masiva en forma impresa. La venta de estas piezas singulares, así como la de los bocetos o comissions (encargos solicitados ex profeso a los dibujantes por los coleccionistas),[1] constituye un negocio en auge que mueve anualmente varios millones de euros.[2]

Características[editar]

Todos los originales son únicos, salvo en los casos en que haya separación de lápices y tintas. Las motivaciones para coleccionarlos son variadas:

  • Artística
Permiten disfrutar y estudiar la obra original, comprobando como se realizó: Tamaño y tipo de papel, tintas, correcciones, etc.[3]
  • Económica
Su precio depende no sólo de su calidad intrínseca, sino también de su antiguedad, autor, publicación donde se reprodujo, personajes que aparecen y rareza.[3]
  • Nostálgica
Entre los coleccionistas, se conoce como "grial" (por el Santo Grial) a la página que marcó la infancia del comprador, atrayéndole hacia el medio. La posesión de una página dibujada por su autor favorito también puede poseer un gran valor emotivo.[3]

Estas tres motivaciones básicas pueden ser compatibles.[3]

Por último, hay que señalar que los coleccionistas más avezados suelen renovar constantemente sus piezas, vendiendo sus obras menos importantes para poder financiar la compra de otras que les satisfagan más.[3]

Historia[editar]

Tradicionalmente, las editoriales no han devuelto a los artistas las ilustraciones originales usadas para imprimir los cómics. Durante la década de los 40, los grabadores solían destruirlas por sistema, una vez pasadas por las máquinas de impresión.[4] En otros casos, solía quedárselas la editorial, como en los casos de la norteamericana Warren Publishing o las españolas Editorial Bruguera y Editorial Valenciana. Sólo recientemente, los autores han empezado a conseguir hacer valer sus derechos, consiguiendo que se las devuelvan.[3]

Hasta finales del siglo XX, el epicentro del negocio se hallaba en los Estados Unidos. En un principio, los coleccionistas debían recurrir a publicaciones especializadas y marchantes como intermediarios o acudir a convenciones de cómic, pero con la aparición de internet, empezaron a proliferar las casas de subastas, las listas de correo y las webs especializadas. Entre las primeras, destaca Heritage Auction Gallery.[2]

En el nuevo siglo, franceses e italianos entraron fuertemente en el negocio,[2] produciéndose una escalada vertiginosa de los precios, sobre todo del material procedente de las revistas Tintín y Spirou y de autores como Enki Bilal, Moebius, Hugo Pratt, Grzegorz Rosinski o Jacques Tardi.[5]

Se preve que los precios de los originales continuen aumentando exponencialmente, dado que los autores cada vez recurren menos a ellos, debido al uso de técnicas digitales. Se preve también que se conviertan en una oportunidad de negocio para las librerías especializadas, amenazadas por la expansión del mercado de venta de cómics digitalizados.[1]

En 2007, Millon y Asociados creó un departamento dedicado al cómic.[5]

Coleccionistas más importantes[editar]

En España, destacan Rafael Amat, Ferrán Delgado[3] y sobre todo Faustino R. Arbesú,[6] Santiago Segura y Jaume Vaquer, uno de los mayores del Viejo Continente.[7]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Comic Art Fans, página web donde los coleccionistas muestran sus originales