Nuestra Señora de la Soledad

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Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria
Soledad de la Victoria.jpg
Fotografía de Elías Tormo y Monzó
Autor Gaspar Becerra
Creación 1565
Ubicación Originalmente en el convento de Nuestra Señora de la Victoria. Madrid. Destruida en 1936
Material Madera tallada y policromada
Técnica Imagen de vestir
Retablo de Nuestra Señora de la Soledad en el convento de la Victoria. 1726. Fray Matias de Irala.
Soledad de la Victoria en sus andas procesionales. José Campeche. ca.1782-89. Museo de Arte de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico
La Virgen de la Soledad fotografiada en la Real Colegiata de San Isidro. Archivo Moreno. Anterior a 1936
La Virgen de la Soledad en la Procesión del Silencio de Madrid. Viernes Santo. 1915

Nuestra Señora de la Soledad es una variante de advocación de la Virgen María del título de Nuestra Señora de los Dolores, y es venerada en la Iglesia católica.

La Casa Real de Francia tuvo especial devoción a María Santísima en su misterio de la Soledad, y fue introducida en España por Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia y de Catalina de Médici, que contrajo matrimonio con Felipe II de España.

La iconografía de la Soledad de la Virgen.[editar]

Tras sepultar el cuerpo muerto de Cristo en la tumba que José de Arimatea había cedido para tal fin, María queda en SOLEDAD recordando los tormentos padecidos por su Hijo[1] y a la espera de su gloriosa Resurrección.

Aunque el modelo instituido por Gaspar Becerra en su Virgen de la Soledad del convento de la Victoria diera lugar a una iconografía característica y "singularmente española" de esta advocación que se extendió por todo el orbe cristiano, tiene sus raíces en la difusión por toda Europa, gracias sobre todo a los Servitas, del culto a Nuestra Señora de los Dolores, ya que la Soledad de María es el último de los Siete Dolores de la Virgen María.[2]

La Virgen de la Soledad del convento de la Victoria.[editar]

La imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria fue una talla realizada por el escultor Gaspar Becerra (1520-1570) para el desaparecido convento de Nuestra Señora de la Victoria de Madrid, en cuya iglesia tuvo una importante capilla.

Isabel de Valois esposa de Felipe II, tenía en su oratorio particular un cuadro que había traído con ella desde Francia y que representaba a la Virgen de la Soledad, la imagen del cuadro suscitó gran devoción en los frailes de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, que se habían instalado en Madrid siguiendo los pasos del monarca. Los frailes pidieron permiso a la reina para realizar una copia de la imagen con el fin de rendirle culto en la capilla de su convento de Nuestra Señora de la Victoria, eso sí, la copia sería de bulto, es decir, una escultura y su hechura se encargó a Gaspar Becerra.

Desde un primer momento se quiso que la imagen fuera “vestidera”, por lo tanto se tallarían únicamente la cabeza y las manos, siendo el resto un armazón de madera (candelero) que se recubriría con las ropas. Parece ser que por iniciativa de la condesa de Ureña, Dña María de la Cueva y Toledo, camarera mayor de la reina, se le puso su propio atuendo de viuda noble de la época, este característico atuendo sumado a otras particularidades, como llevar diadema en lugar de corona, o estar acompañada por los símbolos de la Pasión, constituyeron una verdadera revolución en la tipología de las imágenes marianas.[3]

En 1565 por fin, tras más de un año de trabajo, la reina hace entrega al convento de la Victoria de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.

La Leyenda.[editar]

Según relata el fraile Antonio Ares en su obra Discurso del ilustre origen y grandes excelencias de la misteriosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria de Madrid de la Orden de los Mínimos de S. Francisco de Paula publicada en Madrid en 1640, no fue fácil para Gaspar Becerra conseguir plasmar en una escultura aquella imagen que aparecía pintada en un cuadro y a la que tanta devoción tenía la reina Isabel de Valois, más de un año tardaría en tener lista la primera de las tres cabezas que hubo de realizar, que no gustó a nadie. Entre rezos y plegarias de los frailes siguió trabajando el escultor, pero el segundo intento también resultó fallido y no fue hasta el tercero, tras un sueño en el que alguien le decía que se despertara, se acercara a la chimenea que estaba encendida y cogiera un tronco de roble que se estaba quemando en ella, lo apagara y lo preparase porque sería de el de donde sacaría la imagen que deseaba, cuando por fin consiguió realizar la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.[4]

La difusión del culto a Nuestra Señora de la Soledad.[editar]

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Angustias.[editar]

El 21 de mayo de 1567 se funda la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Angustias en el convento de la Victoria,[5] con el fin principal de promover el culto a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Para ello harán misas y procesiones en su honor. El 23 de septiembre de ese mismo año se celebra la primera junta general de la cofradía, se nombra Hermana Mayor a la reina Isabel, y se redactan sus primeras constituciones o estatutos.[6]

La Cofradía estaba formada por personas de todos los estratos de la sociedad de la época, nobles, religiosos, funcionarios públicos, comerciantes y en ella desde el primer momento estuvieron integradas las mujeres.[7]

El acto principal de la cofradía y que más expectación despertaba entre el pueblo de Madrid era la procesión que cada Viernes Santo salía del convento de la Victoria y llegaba hasta el Alcázar, donde la familia real esperaba su llegada. León Pinelo en su obra Anales de Madrid (desde el año 447 al de 1658), describe así la primera procesión de la Virgen de la Soledad que tuvo lugar el Viernes Santo de 1568:

El Viernes Santo de este año salió la primera vez del Convento de la Victoria la procesión de sangre de la Soledad por la Cofradía de Nuestra Señora con tantos pasos, cera y disciplina como si fuera muy antigua. Eran los penitentes de sangre más de dos mil y los de luz más de cuatrocientos. Hase continuado siempre , y, aunque los de luz pasan hoy de los ochocientos, los de disciplina son muchos menos que salían. Pero siempre es la mayor procesión que en la Cuaresma sale en Madrid.

León Pinelo, Anales de Madrid (desde el año 447 al de 1658)

La cofradía llegó a organizar otras procesiones con la imagen de la Soledad, como la Procesión de los Ajusticiados, en los días previos a la Semana Santa o la Procesión de la Reseña el Domingo de Resurrección, aunque ninguna de ellas llegó a tener la importancia de la procesión del Viernes Santo.

Aparte de las funciones religiosas y procesiones, la cofradía realizó una importante labor social. La gran devoción que despertaba la imagen de la Soledad se tradujo desde el primer momento en unos importantes ingresos económicos que repercutían a partes iguales entre el convento de la Victoria, la Cofradía de la Soledad y el mantenimiento de la capilla de la Virgen. Con estos ingresos la cofradía cubría de sobra los gastos derivados de los cultos y procesiones dedicando el resto a obras de caridad. De entre todas ellas destacó por su importancia la fundación del Hospital de la Inclusa para niños expósitos.[6]

Pese al esplendor del que disfrutó esta cofradía, y tal vez por eso mismo, fueron continuos los pleitos que mantuvo con los frailes del convento de la Victoria, legítimos propietarios de la imagen de La Soledad. Así mismo la cada vez mayor exigencia en la gestión y mantenimiento de la Inclusa que cada vez necesitaba más recursos hizo que la cofradía descuidase su aspecto devocional, provocando frecuentes desencuentros entre cofrades y frailes. Esta situación llevó irremediablemente a la extinción de la cofradía en 1651, quedando la imagen de la Soledad a cargo de los Mínimos de la Victoria y la Inclusa en manos de la Corona que nombraría administradores para su funcionamiento.[7] Aún así, nada de esto afectó a la devoción que el pueblo de Madrid sentía por la Virgen de la Soledad, devoción que se mantuvo a lo largo del tiempo hasta la definitiva desaparición de la sagrada imagen.

Del convento de la Victoria a la Colegiata de San Isidro. (Destrucción de la imagen)[editar]

Desde 1565 a 1809 permaneció la Virgen de la Soledad en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de los Mínimos. Con la supresión de las órdenes religiosas decretada por José Bonaparte el 18 de agosto de 1809, los Mínimos fueron expulsados y la imagen de Nuestra Señora de la Soledad pasó a la Real Colegiata de San Isidro. Esta primera estancia de la imagen en San Isidro fue breve, ya que con el regreso de Fernando VII y la restauración de los conventos, promulgada en los Reales Decretos de 18 de febrero de 1813 y 26 de agosto de 1813, los Mínimos volvieron al convento de la Victoria y con ellos la Virgen de la Soledad. Allí, en su ubicación original permaneció hasta la Desamortización de Mendizábal (1836) en la que se suprimió definitivamente el convento de la Victoria para su posterior demolición. La imagen de la Virgen de la Soledad volvió nuevamente a la Real Colegiata de San Isidro. Cien años duró esta nueva y definitiva estancia de la imagen labrada por Gaspar Becerra en la Colegiata, ya que la noche del 19 al 20 de julio de 1936, tras conocerse el Alzamiento Nacional contra la Segunda República Española, se quemaron más de cincuenta iglesias y conventos de la capital, entre ellas la Real Colegiata de San Isidro y con ella, la Soledad de la Victoria.[7]

Dentro de las imágenes de esta advocación más conocidas son la Virgen de la Paloma de Madrid (España), la Virgen de la Soledad de Amberes (Bélgica), la Virgen de la Soledad de Torrelaguna y Nuestra Señora de la Soledad de la Portería Coronada.

Referencias.[editar]

  1. Vinuesa Lopez de Alfaro, Matías (1820). El Verdadero siervo de María, ó, Historia del orígen de los Servitas. La calle de la Greda. 
  2. Vargas Lugo, Elisa; Guadalupe Victoria, José (1985). Juan Correa. Su Vida y su Obra. Universidad Nacional Autónoma de México. 
  3. Sánchez de Madariaga, Elena (2008). La Virgen de la Soledad, la difusión de un culto en el Madrid barroco. La imagen religiosa en la Monarquía hispánica. Usos y espacios. Casa de Velázquez. ISBN 978-84-96820-12-8. 
  4. Ares, Antonio (1640). Pedro Taço, ed. Discurso del ilustre origen y grandes excelencias de la misteriosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria de Madrid de la Orden de los Mínimos de S. Francisco de Paula. 
  5. Bastús i Carrera, Vicenç Joaquín (1833). Suplemento al diccionario histórico enciclopédico. Imp. Roca. 
  6. a b Madoz, Pascual (1847). Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. 
  7. a b c Alba Medinilla, Luis (2010). la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula y la Soledad de Gaspar Becerra. ISBN 978-84-9946-021-5. 

Véase también.[editar]

Enlaces externos.[editar]