Nicolas Régnier

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La buenaventura, 1626, París, Museo del Louvre.
Alegoría de la Vanidad- Pandora, hacia 1626 (óleo sobre lienzo, 173 x 140 cm), Staatsgalerie, Stuttgart.

Nicolas Régnier, conocido en Italia como Niccolò Renieri, (circa 1589–1667), fue un pintor y coleccionista de arte flamenco activo en Italia donde jugará un papel destacado en la recepción y difusión del caravaggismo entre los pintores nórdicos.

Biografía y obra[editar]

Nacido en Maubeuge, se formó en Amberes con Abraham Janssens, introductor de las técnicas del claroscuro de Caravaggio en Flandes. Hacia 1615 se encontraba en Italia, pasando por Parma (1616-1617), antes de llegar a Roma, donde se encontraba antes de la Pascua de 1620 como compañero de los caravaggistas nórdicos David de Haen y Dirck van Baburen. En Roma se convertirá en seguidor de Bartolomeo Manfredi, uno de los más directos y personales seguidores de Caravaggio, huyendo de las interpretaciones truculentas preferidas por los artistas nórdicos como el propio Baburen. Por mediación de Manfredi entró en contacto con el marqués Vincenzo Giustiniani, protector y coleccionista de la obra de Caravaggio, para quien realizó numerosas obras en las que se puede observar también la influencia de Simon Vouet, entre ellas la importante Cena de Emaús de Potsdam.

Hacia 1626 se estableció definitivamente en Venecia, donde además de a la pintura se dedicará al coleccionismo y comercio de pinturas y antigüedades, llegando a contar con algunas de las más estimadas obras de Tintoretto, sin desdeñar el comercio con falsificaciones, como el supuesto Autorretrato de Tiziano de la National Gallery de Washington, en realidad una copia, hecha por su yerno Pietro della Vecchia, a partir de un original conservado en su colección.[1] En contacto con el ambiente veneciano y la obra de artistas como Guido Cagnacci, pero principalmente como resultado de su conocimiento de la obra del boloñés Guido Reni, Régnier adoptó un estilo más ligero, de refinada y elegante composición y colores brillantes, como puede apreciarse en el San Sebastián del Museo del Hermitage. En Venecia se consagró a la pintura de retratos y retablos (como el del Bautismo de Cristo en la iglesia de San Salvador), en los que con frecuencia contó con sus hijas como modelos.

El Museo del Prado guarda un óleo, Judith con la cabeza de Holofernes, del más estricto caravaggismo, estilo al que también pertenecen algunas otras de sus obras más célebres, como la Buenaventura del Museo de Bellas Artes de Budapest o la Alegoría de la Vanidad-Pandora de Stuttgart, con el refinamiento manfrediano de sus últimas obras romanas.[2]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]