Neoptólemo

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En la mitología griega, Neoptólemo (griego antiguo Νεοπτόλεμος, Neoptólemos, ‘joven guerrero’), también llamado Pirro (griego antiguo Πύῤῥος, Púrrhos, ‘rojo, rubio’),[1] era el hijo del guerrero Aquiles y de la princesa Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciro.

Pasó su infancia en la ciudad de Esciro, ubicada en una de las islas Espóradas, cerca de Eubea, junto a su madre y sus abuelos, e inspirado por las hazañas que se narraban acerca de su padre en la Guerra de Troya se entrenó hasta convertirse en un hábil guerrero mirmidón a muy temprana edad. Durante todo ese tiempo fue conocido por el nombre de Pirro. Cuando tenía unos doce años se produjo la muerte de su padre Aquiles a manos de Paris. Entonces los héroes Ulises y Diomedes lo llevaron hasta Troya durante los últimos días de la guerra, puesto que el adivino Calcante había augurado por mediación de Apolo, que los griegos jamás conseguirían tomar la ciudad sin la presencia del hijo de Aquiles entre sus filas.

Muerte de Príamo, rey de Troya, a manos de Neoptólemo, hijo de Aquiles.

Una vez allí, tomó el mando de los mirmidones en la batalla y no tardó en ganarse la admiración de todos al matar a Eurípilo, hijo de Télefo y príncipe de Asia Menor que había llegado en ayuda de los troyanos y avanzaba de forma implacable hacia el campamento griego con el objetivo de incendiar las naves, como no hacía mucho lo había intentado Héctor, según se narra en la Ilíada. Fue sólo tras un feroz enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre ambos cuando Pirro consiguió derrotarle, e, impresionados por la hazaña y la gran valentía que había demostrado a pesar de su corta edad, los aqueos comenzaron a llamarle por el nombre que conservaría hasta su muerte: Neoptólemo, el "joven guerrero".

La misma profecía que exigía que Neoptólemo participase en la guerra también había anunciado que se requería del invencible arco y las flechas de Heracles para vencer en la guerra. Estos estaban en posesión de Filoctetes. Antes de la guerra, Filoctetes había sido abandonado en la desierta isla de Lemnos a causa de haber sido mordido en el tobillo por una serpiente, despidiendo la herida un hedor rancio, sin cura y tan intenso que nadie era capaz de soportar. Serían Ulises (quien inicialmente había tenido la idea de abandonarlo en la isla) junto con Neoptólemo quienes, tras arduos esfuerzos y gracias a la intervención del espíritu de Heracles, lograrían convencer al arquero de olvidar su rencor contra los griegos y seguirles a Troya. Estos sucesos son narrados por Sófocles en su tragedia Filoctetes.

De acuerdo a otras historias, pese a la llegada de Neoptólemo y Filoctetes, la toma de Troya aún parecía imposible. Nadie se lo explicaba hasta que Calcante aclaró que lo que él había dicho era solo parte de la profecía y que la respuesta completa la hallarían en el bosque del monte Ida, cerca de Troya. Se dice que entonces Neoptólemo y sus hombres fueron allí esa tarde, donde encontraron y capturaron al príncipe Héleno, quien tras la muerte de Paris a manos de Filoctetes había sido expulsado de la ciudad a causa de una pelea con otro de sus hermanos, Deífobo, respecto a que éste se casase con la viuda del difunto Paris, Helena, y desde entonces vagaba por los alrededores de la ciudad en solitario. El príncipe fue llevado entonces al campamento griego donde, en venganza contra su gente por haberlo desterrado, les reveló la parte final de la profecía a sus enemigos: sólo si era traído desde la ciudad de Olimpia el hombro de marfil del esqueleto de Pélope (abuelo paterno de Agamenón y Menelao) podrían los griegos finalmente vencer a Troya. Así se hizo, y fue sólo entonces cuando, inspirado por Atenea, Ulises concibió la estratagema del Caballo de Troya.

El hijo de Aquiles culminó sus hazañas cuando fue uno de los guerreros que entraron en Troya escondidos dentro del famoso caballo de madera, abriéndose luego camino hasta el palacio real donde acabó con la vida del rey Príamo.

En reconocimiento a su valor, además de muchos tesoros, le fueron entregados la propia Andrómaca, quien antaño había sido la mujer de Héctor, y Héleno en calidad de esclavos.

Neoptólemo no regresó a Esciro, sino que se instaló en Ftía junto a su abuelo Peleo. Pronto se casó con Hermíone, hija de Menelao y de Helena, reyes de Esparta. No llegó a tener hijos con ella, pero sí uno con Andrómaca al que llamó Moloso.

Hermíone en un principio había sido prometida a Orestes, hijo de Agamenón, pero cuando su hermana Electra le escondió de Egisto y Clitemnestra, usurpadores del trono, muchos lo creyeron muerto. Entre ellos estaba su tío Menelao, quien por esa razón casó a Hermíone con Neoptólemo, sin llegar Orestes a saberlo. Como Neoptólemo no conseguía tener hijos con Hermíone, se dirigió preocupado al oráculo de Delfos para pedir consejo. En ese lugar se encontró con Orestes, quien al saber que había desposado a Hermíone, se sintió ultrajado y lo asesinó. Eurípides narra esos eventos en su tragedia Andrómaca. Neoptólemo fue enterrado dentro del recinto sacro, y cada ocho años se celebraron festivales en su honor.

Varios reyes de Epiro han llevado Pirro o Neoptólemo, posteriormente, entre ellos Pirro de Epiro, en honor al hijo de Aquiles, ancestro legendario del que decían proceder.

Véase también[editar]


Predecesor:
Peleo
Reyes de Ftía
Sucesor:
Peleo

Notas[editar]

  1. «Rubio» deriva del latín rufus, que significaba originalmente ‘pelirrojo’.

Enlaces externos[editar]