Nacionalismo banal

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El nacionalismo banal, según lo ha conceptualizado el científico social británico Michael Billig, es la forma difusa que toma el nacionalismo en las Estados-nación consolidados, convirtiéndose en un mecanismo omnipresente que orienta las percepciones y hace aparecer como natural la identificación entre una lengua, una cultura, un territorio y una comunidad política. Así «banal» debe entenderse en el sentido de «común», «cotidiano».

Concepto[editar]

Billig sostiene que en las naciones estables, sin problemas identitarios, se produce un recordatorio permanente a sus ciudadanos de que constituyen una nación y, sin embargo, sus dirigentes políticos no son denominados «nacionalistas» a pesar de que el nacionalismo está siempre presente detrás de sus discursos, así como en los productos culturales, e incluso en la estructura de los periódicos (información nacional, información internacional). El nacionalismo banal reproduce cotidianamente los esquemas mentales del nacionalismo, ya sea en rituales colectivos como el deporte; o en detalles aparentemente nimios, tales como la utilización de banderas para identificar las lenguas en las que se escriben los ingredientes de una caja de cereales, o el sombreado gris del territorio de otros países (v.g. Portugal, en el caso de España) en los mapas de los servicios meteorológicos en televisión.

Como ha señalado Germà Bel, en el nacionalismo banal se les recuerda permanentemente a los ciudadanos de «las naciones establecidas» «su posición nacional en un "concierto de naciones", pero este recordatorio es tan familiar y continuo que no se registra conscientemente como tal. La dimensión nacional se vive con naturalidad, expresada en multitud de actos cotidianos. De ahí que sea un nacionalismo banal, es decir, común y cotidiano».[1]

Un ejemplo puede ser el de Checoslovaquia antes de su división ya que allí cuando un checo se identificaba con su nación era considerado un «patriota», mientras que cuando un eslovaco se identificaba con la suya era tachado de «nacionalista, chovinista, fascista y destructor del Estado».[1]

El trabajo de Michael Billig ha dado lugar a numerosos estudios empíricos sobre ese nacionalismo banal, en el presente y en la historia. También ha influido en que se acuñen nociones emparentadas como la de militarismo banal.

Nacionalismo banal en España[editar]

El profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid José Luis Sangrador García ha recurrido al concepto de nacionalismo banal para analizar los sentimientos de identificación nacional que se dan en España en su obra Identidades, actitudes y estereotipos en la España de las autonomías, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1996. Al referirse a los nacionalismo subestatales dice lo siguiente (pág. 28):[1]

Cuando los ciudadanos de estas "pequeñas" nacionalidades hacen gala de una fuerte identificación "nacional", pueden ser tachados de "nacionalistas" por los grandes Estados-nación, que no parecen entender que ellos mismos no son otra cosa sino un producto histórico del nacionalismo. De este modo, y como advierte Billig (1995), el nacionalismo propio se presenta por el Estado-nación como una fuerza cohesiva y necesaria bajo la etiqueta de "patriotismo", mientras que el nacionalismo "ajeno", más aplicado a las nacionalidades subsumidas en tales Estados fuertes, se presenta como una fuerza irracional, peligrosa y etnocéntrica.

Germà Bel también ha recurrido al concepto de nacionalismo banal, partiendo del estudio de Sangrador García, para explicar el conflicto entre los nacionalismos catalán y español. En su libro Anatomía de un desencuentro pone diversos ejemplos de nacionalismo banal español, como la sonada intervención del ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert en el Congreso de Diputados en octubre de 2012 cuando afirmó que «nuestro interés es españolizar a los alumnos catalanes y que se sientan tan orgullosos de ser españoles como de ser catalanes»; el izado de una enorme bandera española en la plaza de Colón de Madrid con motivo de la «fiesta nacional» del 12 de octubre por orden del gobierno popular de José María Aznar; o la intervención de la líder del PP de Madrid Esperanza Aguirre el 1 de junio de 2013 en una conveción del Partido Popular en Menorca cuando dijo: «Nosotros no nos disfrazamos de nacionalistas; estamos orgullosos de ser españoles, defendemos la Constitución y afirmamos que el sujeto de la soberanía es el pueblo español, porque la nación española no es cosa discutible ni discutida; España es una gran nación y ser español es motivo de orgullo»

Referencias[editar]

  1. a b c Bel, Germà (2013). Anatomía de un desencuentro. La Cataluña que es y la España que no pudo ser. Barcelona: Destino. pp. 45–48. ISBN 978-84-233-4727-8. 

Bibliografía[editar]

  • Billig, Michael. Banal Nationalism. London: SAGE Publications. 1995
  • Billig, Michael "El nacionalismo banal y la reproducción de la identidad nacional", en Revista Mexicana de Sociología, nº 1/98 Resumen on line: [1]
  • Banal Nationalism and the Internet [2]
  • Pilvi Torsti "History Culture and Banal Nationalism in post-War Bosnia" Southeast European Politics Vol. V, No. 2-3 December 2004 pp. 142-157[3]

Véase también[editar]