Muerte teórica de información

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La muerte teórica de información es una idea que no tuvo gran divulgación, fue promovida desde las compañías que ofrecen servicios fúnebres de congelación del cadáver pretendiéndolo potencialmente vivo, y partía del supuesto sociopolítico de que las personas pueden reducirse a la conformación estructural de sus cuerpos, o información compresible, de modo que, al desarmarse esa información, la persona fallece; y, si se pudiera reconstruir esa información, la persona reviviría.

Considerado superficial, el concepto pretende que la destrucción del tejido cerebral humano (o cualquier estructura supuestamente capaz de constituir por completo a la persona) y de la información contenida en él puede llegar a ocurrir de forma tan extensa, que la recuperación de la persona original se vuelve teóricamente imposible por cualquier medio físico. Es un extremo de la concepción mecanicista expuesta por Rudolf Virchow (1821-1902) en su "Patología celular basada sobre la histología patológica y fisiológica". Pero, en vez de tomar como unidades a las células, exagera el criterio compositivo (o de armado) y toma como unidades a los elementos de información. El nombre de "muerte teórica de información" surge en los años noventa en respuesta al problema de que, con el avance de la tecnología médica, condiciones consideradas antiguamente irreversibles, como la muerte y los paros cardiacos, se volvieron reversibles y ya no son considerados como tal porque ahora a veces pueden postergarse.

La idea es considerada banal y poco profunda, porque la "muerte teórica de información" procura referirse a una muerte que es absolutamente irreversible para cualquier tecnología. Pretende pues suponer grados de muerte, en vez de practicabilidad de los pronósticos, y pese a ello aspira a distinguirse de la muerte clinica y la muerte legal, que denotas limitaciones contextuales a los cuidados médicos disponibles. Supone, irrealísticamente, que hay -y, si no hay, habrá- remedio para todo. Sostiene que habría que referirse a las "verdaderas" limitaciones teóricas de la sobrevivencia, las que -por otra parte- varían a medida que las teorías se desarrollan. Por ello es un concepto epistémicamente indeterminable.

En particular, la perspectiva de la reparación celular del cerebro mediante nanotecnología molecular hace pensar en la posibilidad de que algún día la medicina sea capaz de resucitar pacientes incluso horas después que su corazón se detenga, pero ello no genera la necesidad de transformar el concepto de muerte, suponerla definitivamente vencida, y favorecer desde tal idea a las empresas que pretender proveer onerosamente ese servicio.

Literaria, política y comercialmente la idea opera como una promoción de la postura de que no existe vida después de la muerte, ni alma en el sentido religioso de la palabra, todo lo cual puede argumentarse con variado éxito sin ninguna necesidad de introducir este concepto, que comparativamente ha recibido muy poco eco. En castellano, una búsqueda en gugle el 21 de junio de 2014 revela sólo 17 páginas de red que lo mencionan, todas derivadas al parecer de una única fuente. En inglés la misma búsqueda detecta una 23000 referencias que mayoritariamente remiten a fuentes vinculadas a la industria criónica.

La idea presupone, como su esencia y origen, que personalidad, memoria, y la persona en totalidad, son reducibles a estructuras del cerebro. Según Ralph Merkle en Molecular Repair of the Brain:[1]

Una persona está muerta de acuerdo a la "Muerte teórica de información" si sus recuerdos, personalidad, esperanzas, sueños, etc. han sido destruidos. Es decir, si las estructuras del cerebro que tienen codificadas la memoria y la personalidad han sido dañadas más alla de cualquier posibilidad de restauración a un estado funcional, entonces la persona se considera muerta. Si las estructuras que tienen codificadas las memorias y personalidad están intactas y la inferencia de la memoria y la personalidad son posibles en principio, y además la restauración de las mismas a un estado funcional es posible, entonces la persona no está muerta.

El momento exacto de la "muerte teórica de información" es asimismo desconocido. Las fuentes del concepto especulan que ocurre gradualmente muchas horas después de la muerte clinica, ya que en un lugar a temperatura ambiente el cerebro sufre autolisis. Esto también puede ocurrir más rápidamente si no hay flujo sanguíneo al cerebro mientras la persona se encuentre en terapia intensiva, conduciendo a un estado de descomposición (muerte cerebral), o durante el proceso degenerativo de enfermedades cerebrales que causan la pérdida de una gran cantidad de tejido cerebral .

La "muerte teórica de información" se contextúa en la criónica, que puede ser vista como el uso de la criopreservación para retrasar la muerte, no la "muerte teórica de información" sino el fallecimiento liso y llano. Tal "muerte teórica de información" se intentó utilizar para definir a la criónica como un intento por salvar vidas, en vez de ser un método de sepultura para los muertos. Si los métodos criónicos no pueden ser aplicados antes de que la muerte teórica de información ocurriese, lo cual por otra parte no tiene definición rigurosa, o si los procedimientos mismos de criopreservación son causa de la muerte teórica de información (signifique esto lo que pueda significar, entonces la criónica no sería posible.

Referencias[editar]

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