Monedas fenicias

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Las monedas fenicias propiamente dichas se acuñaron en el territorio de la antigua Fenicia desde finales del siglo VI y siguieron hasta la conquista de Alejandro como propias de la satrapía de Fenicia bajo el imperio de los persas de la dinastía aqueménida.

Se conocen también con dicho nombre las púnicas o cartaginesas acuñadas principalmente en Sicilia, Cartago (con otras poblaciones africanas de su región) y España. Todas ellas reflejan el gusto artístico de las griegas a las cuales imitan pero carecen de leyenda por lo común y, si la tienen, es brevísima y va en caracteres fenicios. Las primeras entre las púnicas se acuñaron en Sicilia a partir de la conquista realizada por los cartagineses (ya entrado el siglo IV) hasta que perdieron la isla en el 241 adC y ofrecen tipos idénticos a los más característicos de sus antecesoras las griegas de Siracusa. Consistían éstos para el anverso de las mayores piezas en la cabeza de la ninfa Aretusa coronada de carrizos y rodeada de peces o delfines, como emblema de una fuente que allí existía con el mismo nombre de Aretusa y en el reverso figuraba la cuadriga veloz tirando de una carroza guiada por una divinidad o un héroe ocronado por la Victoria.

Después de las primeras emisiones púnico-sicilianas, se cambió el tipo del reverso por otros de origen africano como la palmera y el caballo y al llevarse la acuñación a Cartago, tras la pérdida de Sicilia, se labraron con los mismos tipos numerosas piezas de oro, plata y cobre y se transformó la Aretusa en la Ceres africana.

Terminó la acuñación púnica en Cartago con la ruina de la ciudad en el 147 adC pero continuó en varios pueblos de África y España bajo el dominio de Roma.