Momia de Cerro El Plomo

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La réplica de la momia del Plomo en la exhibición en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile en Santiago, Chile.

La Momia de Cerro El Plomo , también conocida como Niño de El Plomo, Momia El Plomo, o La Momia del Cerro El Plomo, son los restos muy bien preservados de un niño inca encontrado en Cerro El Plomo, Chile, en 1954.[1] Fue el primer descubrimiento de una momia excelentemente conservada en gran altitud de un sacrificio humano hecho por los Incas.[2]

Hallazgo[editar]

Pirca del Inca.

En la cumbre y antecumbre del cerro El Plomo se hallan algunas construcciones de piedra, y cerca de su misma cumbre se descubrió a un niño inca momificado del siglo XV, el 1 de febrero de 1954, por los arrieros Luis Gerardo Ríos Barrueto, su sobrino Jaime Ríos Abarca y Guillermo Chacón Carrasco. Los arrieron iniciaron una excursión al cerro desde Puente Alto, con el fin de examinar estructuras de piedra a 5.400 metros de altura, en la cordillera junto a la ciudad de Santiago.

Guillermo Chacón era un buscador de minas y tesoros, y subió el cerro siguiendo la huella de una mina de plata. En excavaciones hechas en el lugar, Chacón encontró figuras de plata indígenas. En la expedición de febrero de 1954 la avanzada edad de Chacón le impidió ascender al sector llamado «Piedra numerada» donde se encontraban las mencionadas construcciones. Sin embargo, Luis Gerardo Ríos y su sobrino Jaime alcanzaron el punto más alto donde comenzó el trabajo de excavación. Extenuados por el trabajo físico y por la altura, Jaime Ríos encontró en una de las construcciones o pircas, dos figuras de camélidos, una hecha de oro y plata, y la otra de concha de mullu, junto con otros objetos que componían la ofrenda del Niño.

Luis y Jaime Ríos continuaron excavando hasta dar con un objeto, que si bien no era duro, ofrecía resistencia para ser extraído, como si fuera una piedra. Tras descansar y comer, retomaron la labor de extracción, pero ahora utilizando palas y chuzos. Finalmente Luis Gerardo Ríos extrajo un bulto y se lo entregó a su sobrino, quien advirtió que en su interior había el cadáver de un niño. Los Ríos descendieron al sector de «Piedra numerada» y pasaron la noche con Guillermo Chacón, a quien le relataron el peculiar hallazgo. Al día siguiente, los expedicionarios optaron por descender sólo con los objetos, sin el cuerpo encontrado, que dejaron enterrado en una cueva.

Adquisición del cuerpo por el MNHN[editar]

Luego de algunas semanas, Guillermo Chacón le propuso a Luis Gerardo Ríos hablar con alguien que les diera pistas sobre el valor de lo encontrado en las pircas. Luego de recurrir sin éxito al Museo Histórico Nacional, los expedicionarios acudieron al Museo Nacional de Historia Natural, en la Quinta Normal.

En el MNHN fueron recibidos por Grete Mostny, en ese entonces Jefa de la Sección de Antropología, quien examinó los objetos hallados por Chacón y Ríos, quienes buscaban venderlos. También le relataron el hallazgo del cadáver del niño. Esto generó el interés de la investigadora, quien quería que el director del museo, Humberto Fuenzalida, también revisara los objetos. No obstante, no se logró un acuerdo para la compra los artefactos hallados. Con todo, Grete Mostny mantuvo el interés en el cuerpo encontrado por Luis Gerardo y Jaime Ríos. Mostny se trasladó a Puente Alto, junto con Alberto Medina, antropólogo de la Universidad de Chile, con el propósito de adquirir el cuerpo e integrarlo a las colecciones del MNHN. El 18 de marzo, Guillermo Chacón y Luis Gerardo Ríos ascendieron nuevamente, retiraron el cuerpo del niño de la cueva donde lo depositaron y bajaron a Puente Alto.

Grete Mostny exhortó a Humberto Fuenzalida para que comprara la pieza, que era necesario hacer cualquier sacrificio en ese sentido, ya que el cuerpo constituía un tesoro de enorme valor. Tras difíciles negociaciones con entre Guillermo Chacón y el director Fuenzalida, se acordó el pago de 45 mil pesos de la época por la pieza. El hallazgo y posterior venta del cuerpo al museo generó revuelo periodístico en su momento, incluso despertando el interés de medios de prensa internacionales. Erróneamente el cuerpo fue publicitado como la «momia del Cerro El Plomo», además de señalar que se trataba de una princesa.

Impacto en la carrera de Grete Mostny[editar]

El niño del Cerro El Plomo marcó un hito en la trayectoria de Grete Mostny, y marcó un hito en su carrera como arqueóloga. El hallazgo fue un suceso único en su género no solamente a nivel nacional, sino que en todo el continente americano. Como consta en la biografía que el escritor chileno Francisco Mouat realizó de Grete Mostny, la investigadora anotó en su informe, publicado en el Tomo 27 del Boletín del MNHN: “Nunca antes se había encontrado un cadáver congelado de un miembro del imperio incásico y tampoco se habían hecho hallazgos de sepulturas a 5.400 metros sobre el nivel del mar. Gracias a los rasgos del clima, el cuerpo se ha conservado en óptimas condiciones, dando la impresión al observador de encontrarse frente a un individuo dormido y que puede despertar en cualquier momento. Cuando se efectuó el hallazgo, éste era simplemente un cadáver congelado y su conservación se debía únicamente a su permanencia durante varios siglos en un ambiente cuya temperatura estaba bajo cero grado o muy cerca de ella. El proceso de momificación empezó con el traslado del cuerpo a otras condiciones climáticas (…) a tres mil metros de altura, donde los descubridores lo tuvieron guardado durante cinco semanas, y más tarde en Santiago mismo. Pero de ningún modo se trata de una momia preparada artificialmente (como por ejemplo las egipcias) sino el producto de un proceso natural, llamado momificación en el sentido clínico”.

Origen del cuerpo[editar]

A pesar los análisis, estudios y tiempo transcurrido desde su hallazgo, actualmente no ha sido posible determinar con precisión la procedencia ni la filiación étnica del Niño del Cerro El Plomo. No obstante, se ha postulado que sería orginario de una comunidad del Collasuyu, una provincia que comprendía la parte sur del Imperio Inca, lo que comprende el altiplano que comparten Perú y Bolivia hasta la zona central de Chile. Esto se postula a partir de las vestimentas del niño, así como de la revisión de las crónicas de la época.

El cronista indígena del siglo XVII Felipe Guamán Poma de Ayala, en El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno (1615) describe a un jefe del Collasuyu que porta un adorno de plata bajo la barbilla, un brazalete y calza mocasines, prendas que coinciden con la indumentaria del niño del Cerro El Plomo.

Ceremonia de Capacocha[editar]

El ritual abarcaba las cuatro regiones del Tawantisuyu. Cada aldea de esas cuatro direcciones enviaba a Cuzco uno o dos niños entre 6 y 10 años -aunque ahora ya se estima que tenían entre 8 y 15 años-. Eran niños bellos y libres de todo defecto. Cuando llegaban a la ciudad, a la plaza principal, al ushnu (centro simbólico del universo incaico) eran recibidos por el Inca y los sacerdotes, quienes sacrificaban animales selectos y presidían el matrimonio simbólico de niñas y niños. Daban dos vueltas alrededor de la plaza. Y luego los niños, los sacerdotes y una comitiva de acompañantes emprendían el viaje de regreso a sus hogares (ahora se cree que los niños permanecían un tiempo en Cuzco antes de emprender la vuelta). Al retornar no debían tomar el camino real, el camino del inca como a la ida, sino que debían emprender uno nuevo, en línea recta por el territorio accidentado, cruzando valles, ríos y montañas. Cuando llegaban a sus aldeas eran bien recibidos por su gente. Los alimentaban, les daban chicha (una bebida de maíz fermentado) hasta emborracharlos y luego los enterraban en zonas altas, en medio de ofrendas ricas para la ocasión. Los últimos hallazgos arqueológicos han comprobado que morían con el estómago lleno, y la chicha era para que no pasaran frío y la muerte llegara sin darse cuenta. Los relatos literarios ponen el acento en las ofrendas que acompañan a los niños. Eran ofrendas en miniatura en metales preciosos, conchas marinas y textiles. Los hallazgos arqueológicos han encontrado las sepulturas infantiles y los objetos que los acompañaban intactos.

El Capac cocha sacrificado en El Plomo debió pasar por Corral Quemado en el camino a su sacrificio. Había un tambo inca en el lugar, en el Camino de Las Minas, que fue la base del actual sistema de caminos a Mina La Disputada. En ese lugar descansaban los sacerdotes incaicos cuando se dirigían a hacer ofrendas al Ushnu de Cerro El Plomo. Las ceremonias más importantes llevadas a cabo eran las Capac cocha, en la que se sacrificaban individuos jóvenes, hijos de principes para apaciguar a Viracocha (en quechua: Qun Tiksi Wiraqucha).

Icono de Viracocha.

Esta era una festividad ritual que se llevaba a cabo en todo el Tawantisuyu entre el siglo XIII y comienzos del Siglo XVI. La zona del Valle de Santiago formaba parte del Collasuyo. Felipe Guamán Poma de Ayala, cuando describe al detalle el calendario cívico–religioso de los incas, hace ver que los sacrificios humanos se producían entre los incas, no precisa la época, de forma ordinaria; así por ejemplo, en la fiesta Inti Raymi de junio,[3] en la Chaqra Yapuy Killa (mes de arar) de agosto[4] o en la Qhapaq Inti Raymi (fiesta del señor Sol). El inca supremo es quien ordenaba las normas de estos sacrificios,[5] y los tukuy rikuq (Lengua quechua: corregidores) y michuq (jueces) debían rendirle cuentas de su fiel ejecución.[6] Cada Capac cocha representaba la unión de un espacio sagrado a un tiempo ancestral. Todo esto era parte de la cosmovisión inca, es decir, del estudio a gran escala de la estructura y la historia del Universo en su totalidad y del lugar del imperio inca en él.

Conservación del cuerpo en el Museo Nacional de Historia Natural[editar]

Se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile, hasta los años 1980 estaba para la exposición del público, sin embargo ante el deterioro que empezó a experimentar fue trasladada al Área de Antropología del MNHN, de modo de garantizar su óptima preservación. En esta área del museo el cuerpo del niño se encuentra en una cámara refrigerada, que posee una humedad que fluctúa entre el 42% y el 45%, y una temperatura entre -2°C y -4°C.

Una de las hipótesis que explica el excelente estado de conservación de este niño es el que haya sufrido un proceso de liofilización natural, es decir, una deshidratación realizada en condiciones especiales de temperatura y presión, que en este caso ocurrió en la cámara congelada en la que fue depositado el niño y su permanencia allí durante cinco siglos. El proceso de liofilización permite que el cuerpo pierda sus líquidos, pero sin necesidad de utilizar altas temperaturas, lo que permite mantener sus propiedades químicas, físico-químicas y bioquímicas. La liofilización es utilizada para la conservación de bacterias, cartílagos y huesos que serán posteriormente utilizados en trasplantes, alimentos, medicamentos, entre otros.

Como el cuerpo del niño experimentó una liofilización natural, al haber sido sacado del enterratorio y expuesto a temperaturas más altas, no sufrió un descongelamiento o un deterioro, como sí hubiera sucedido en el caso de que el cadáver hubiese estado simplemente congelado.

En la exhibición Chile Biogeográfico, que abarca todo el primer piso del Museo Nacional de Historia Natural, se muestra una réplica del cuerpo, mientras que al original sólo tienen acceso investigadores. Otra razón por la cual el cuerpo original no se expone al público es a partir de las recomendaciones de UNESCO, organismo que sugiere no exhibir restos humanos, para dar una señal de respeto a los pueblos originarios.

Estudios e investigaciones realizadas al cuerpo[editar]

La importancia científica y patrimonial de esta emblemática pieza del MNHN ha sido sometida diversos análisis para evaluar aspectos biológicos del cuerpo, así como revisar permanentemente su estado de conservación. El cuerpo ha sido analizado en cuatro ocasiones:

La primera de ellas fue en 1954, y fue hecha por un equipo de profesionales del museo, encabezados por Grete Mostny. En la ocasió se revisó tanto el cuerpo del niño, así como los objetos que componían su ajuar y la ofrenda funeraria. Los análisis permitieron concluir que el cuerpo corresponde a un niño de ocho o nueve años de edad, de poco más de 1.40 metros de altura, que presentaba algunas lesiones en la piel, señales de congelamiento y liendres en el cabello.

Se tomaron muestras de heces del interior del recto, que revelaron una dieta de vegetales y carne sin digerir. La dentadura estaba en buen estado. El cuerpo además estaba pasando por un estado de momificación mixto, una “momificación propiamente tal o estado de momia seca” y una “transformación adipocírica parcial o estado de momia grasa”.

Un segundo estudio se realizó en 1982, cuando el cuerpo llevaba veintiocho años en el MNHN. En esta ocasión se hizo un estudio bioantropológico, para determinar cuál sería la forma óptima de conservar el cuerpo, a partir de un estudio del deterioro de la piel del niño. El equipo fue liderado por Eliana Durán, entonces jefa del Área de Antropología del MNHN, y que actualmente es curadora emérita del museo. Los avances tecnológicos permitieron realizar una tomografía computada del cuerpo y analizarlo con microscopía electrónica. Pese a los adelantos disponibles, este segundo análisis no entregó resultados muy distintos a los obtenidos en 1954 por Grete Mostny, pero sí se recabó información suficiente como para determinar la mejor forma de conservar el cuerpo.

Veintiún años después, en 2003, se realizó un tercer estudio, de forma conjunta entre el Museo Nacional de Historia Natural y el Hospital Clínico de la Universidad de Chile. El carácter de estos estudios fue para controlar el estado de conservación del cuerpo, a través de equipos de alta precisión del centro de imagenología del hospital, como tomografías multicorte e imágenes 3D del cuerpo. También fue posible tomar muestras de ADN del cuerpo y determinar su grupo sanguíneo. A pesar de nuevos avances tecnológicos, los resultados no distan mucho de los obtenidos por Grete Mostny en 1954, lo que da cuenta de la precisión y alcances del estudio original.

El cuarto estudio al que ha sido sometido el Niño del Cerro El Plomo fue un levantamiento fotogramétrico realizado por el Instituto Geográfico Militar. Este organismo efectuó la fotogrametría del cuerpo, lo que además fue la primera ocasión en que se aplicaba esta técnica de medición en un cuerpo humano (antes se realizó en estatuas). Este levantamiento permite tener imágenes precisas del cuerpo, que permiten, entre otras cosas, realizar réplicas exactas del mismo, hasta en los mínimos detalles.

Véase también[editar]

Referencias y notas de pie de página[editar]

  1. The Highest Altar by Patrick Tierney
  2. The High Mummies
  3. Felipe Guamán Poma de Ayala, Nueva Crónica, 247
  4. Felipe Guamán Poma de Ayala, op. cit., 251
  5. Felipe Guamán Poma de Ayala, op. cit., 265, 273
  6. Colin Mc Ewan y Maarten Van de Guchte, “El tiempo ancestral y el espacio sagrado en el ritual estatal incaico”, La Antigua América.

Bibliografía[editar]

  • Aufderheide, Arthur C.: The Scientific Study of Mummies (p. 126, 157)
  • Wheele Margaret Collingridge: History was Buried. (p. 381)

Enlaces externos[editar]