Momia de Cerro El Plomo

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La réplica de la momia del Plomo en la exhibición en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile en Santiago, Chile.

La Momia de Cerro El Plomo , también conocida como Niño de El Plomo, Momia El Plomo , o La Momia del Cerro El Plomo, son los restos muy bien preservados de un niño inca encontrado en Cerro El Plomo, Chile, en 1954.[1] Fue el primer descubrimiento de una momia excelentemente conservada en gran altitud de un sacrificio humano hecho por los Incas.[2]

Desarrollo[editar]

Pirca del Inca.

En la cumbre y antecumbre del Plomo se hallan algunas construcciones de piedra, y cerca de su misma cumbre se descubrió a un niño inca momificado del siglo XV, el 1 de febrero de 1954, por los arrieros Luis Ríos Barrueto, Guillermo Chacón Carrasco y Jaime Ríos Abarca. El ritual abarcaba las cuatro regiones del Tawantisuyu. Cada aldea de esas cuatro direcciones enviaba a Cuzco uno o dos niños entre 6 y 10 años -aunque ahora ya se estima que tenían entre 8 y 15 años-. Eran niños bellos y libres de todo defecto. Cuando llegaban a la ciudad, a la plaza principal, al ushnu (centro simbólico del universo incaico) eran recibidos por el Inca y los sacerdotes, quienes sacrificaban animales selectos y presidían el matrimonio simbólico de niñas y niños. Daban dos vueltas alrededor de la plaza. Y luego los niños, los sacerdotes y una comitiva de acompañantes emprendían el viaje de regreso a sus hogares (ahora se cree que los niños permanecían un tiempo en Cuzco antes de emprender la vuelta). Al retornar no debían tomar el camino real, el camino del inca como a la ida, sino que debían emprender uno nuevo, en línea recta por el territorio accidentado, cruzando valles, ríos y montañas. Cuando llegaban a sus aldeas eran bien recibidos por su gente. Los alimentaban, les daban chicha (una bebida de maiz fermentado) hasta emborracharlos y luego los enterraban en zonas altas, en medio de ofrendas ricas para la ocasión. Los últimos hallazgos arqueológicos han comprobado que morían con el estómago lleno, y la chicha era para que no pasaran frío y la muerte llegara sin darse cuenta. Los relatos literarios ponen el acento en las ofrendas que acompañan a los niños. Eran ofrendas en miniatura en metales preciosos, conchas marinas y textiles. Los hallazgos arqueológicos han encontrado las sepulturas infantiles y los objetos que los acompañaban intactos.

El Capac cocha sacrificado en El Plomo debió pasar por Corral Quemado en el camino a su sacrificio.

Ceremonia de Capac Cocha[editar]

Había un tambo inca en el lugar, en el Camino de Las Minas, que fue la base del actual sistema de caminos a Mina La Disputada. En ese lugar descansaban los sacerdotes incaicos cuando se dirigían a hacer ofrendas al Ushnu de Cerro El Plomo. Las ceremonias más importantes llevadas a cabo eran las Capac cocha, en la que se sacrificaban individuos jóvenes, hijos de principes para apaciguar a Viracocha (en quechua: Qun Tiksi Wiraqucha).

Icono de Viracocha.

Esta era una festividad ritual que se llevaba a cabo en todo el Tawantisuyu entre el siglo XIII y comienzos del Siglo XVI. La zona del Valle de Santiago formaba parte del Collasuyo. Felipe Guamán Poma de Ayala, cuando describe al detalle el calendario cívico–religioso de los incas, hace ver que los sacrificios humanos se producían entre los incas, no precisa la época, de forma ordinaria; así por ejemplo, en la fiesta Inti Raymi de junio,[3] en la Chaqra Yapuy Killa (mes de arar) de agosto[4] o en la Qhapaq Inti Raymi (fiesta del señor Sol). El inca supremo es quien ordenaba las normas de estos sacrificios,[5] y los tukuy rikuq (Lengua quechua: corregidores) y michuq (jueces) debían rendirle cuentas de su fiel ejecución.[6] Cada Capac cocha representaba la unión de un espacio sagrado a un tiempo ancestral. Todo esto era parte de la cosmovisión inca, es decir, del estudio a gran escala de la estructura y la historia del Universo en su totalidad y del lugar del imperio inca en él.

Actualidad[editar]

Se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile, hasta los años 1980 estaba para la exposición del público, sin embargo ante el deterioro que empezó a experimentar fue trasladada a una zona en el mismo museo de modo de garantizar su preservación. Actualmente se encuentra en exhibición una réplica, mientras que la original es sólo de acceso para investigadores.

Véase también[editar]

Referencias y notas de pie de página[editar]

  1. The Highest Altar by Patrick Tierney
  2. The High Mummies
  3. Felipe Guamán Poma de Ayala, Nueva Crónica, 247
  4. Felipe Guamán Poma de Ayala, op. cit., 251
  5. Felipe Guamán Poma de Ayala, op. cit., 265, 273
  6. Colin Mc Ewan y Maarten Van de Guchte, “El tiempo ancestral y el espacio sagrado en el ritual estatal incaico”, La Antigua América.

Bibliografía[editar]

  • Aufderheide, Arthur C.: The Scientific Study of Mummies (p. 126, 157)
  • Wheele Margaret Collingridge: History was Buried. (p. 381)

Enlaces externos[editar]