Moda en Argentina

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BAFWEEK, la semana de la moda de Buenos Aires, en 2014.

Con el nombre de moda de Argentina se refiere, en su significado más amplio, a elecciones o, mejor dicho, un mecanismo regulador de elecciones, realizadas en función de criterios subjetivos asociados al gusto colectivo argentino.durante todos los siglos. La moda son aquellas tendencias repetitivas, ya sea de ropa, accesorios, estilos de vida y maneras de comportarse, que marcan o modifican la conducta de las personas. La moda en términos de ropa, se define como aquellas tendencias y géneros en masa que la gente adopta o deja de usar. La moda se refiere a las costumbres que marcan alguna época o lugar específicos, en especial aquellas relacionadas con el vestir o adornar.

Historia[editar]

Derivado de la peineta española y tallado en carey o en asta, el peinetón fue entre 1832 y 1836 el último grito de la moda entre las porteñas.[1] Esta litografía de César Hipólito Bacle satiriza su extravagamte tamaño.

Durante el periodo colonial la Argentina tiene la mirada puesta en Europa y, a los efectos de ser más específicos, intenta imitar, sobre todo a Francia y España. La clase influyente de entonces se viste copiando la moda de Paris aunque Buenos Aires estaba muy ligada a España, desde donde llegaban todo tipo de noticias, incluidas las de moda. En 1837, apareció el periódico ´La Moda´, que divulgaba las distintas usanzas en nuestro país y en el cual escribía Juan Bautista Alberdi. Tiempo después, comenzaron a llegar modistas y sastres de España y Francia, y hacia mediados del siglo XIX ya se podían conseguir en estas tierras revistas como la española ´La Moda Elegante´, que incluía moldes detallados e indicaciones precisas para confeccionar distintos tipos de prendas, bordados y manualidades. Es en Inglaterra donde tiene lugar desde 1750 a 1860 la Revolución Industrial; la nueva moda, tras la ruptura con el antiguo régimen, es menos ostentosa, los colores son claros, el corte típico de los vestidos es el llamado corte princesa, debajo del busto. En cuanto al calzado, los zapatos de la dama suelen ser de tela, hechos a mano y en algunos casos, llevan uno que otro bordado. Esto se produce gracias al aumento de la población, que proporcionó mano de obra abundante y barata. Toda la economía se basaba en ese momento en la lana y en los tejidos de algodón que se fabricaban a partir de la materia prima recibida de Estados Unidos a cambio de esclavos africanos. Paralelamente al desarrollo industrial textil, aparecieron en Inglaterra nuevos tejidos de lana y algodón que convirtieron a Londres en el centro de la moda masculina. El acelerado desarrollo de la industria textil va a generar un fenómeno nuevo hasta entonces: la moda.

Moda Argentina desde 1845-1914[editar]

Particularmente durante este periodo la moda regreso, reinventó y transformó estilos anteriores -Directorio (fines del siglo XVIII); Moda Burguesa (1830-1840); Neo Rococó (1840-1850) -, en un juego de apariencias. Esta selección de modelos pretende responder a la famosa frase de Coco Chanel: “La Moda pasa pero el estilo perdura”. Los cambios tecnológicos ocurridos a mediados del S. XIX como la invención de la máquina de coser en 1840, ponen a disposición de los diseñadores tecnologías y materiales novedosos que renovarán la vestimenta. La moda en los años 20 Después de la guerra de 1914, nada fue igual. La sociedad cambió. Un nuevo estilo de vida fue adoptado, sobre todo, por las mujeres, que ingresaron de lleno en actividades fuera de casa. Un estilo nuevo necesitaba una respuesta diferente en cuanto a la moda. Los grandes referentes de la alta costura lograron atuendos funcionales que cambiaban, según las circunstancias, telas, avíos y adornos. Del práctico jersey al creppe de chine de seda natural bordada con cascadas de pedrería. Este período es conocido como “Los Vibrantes Años 20” y abarca desde la terminación de la guerra (1918) al crack de la Bolsa de Nueva York (1929). Las expresiones artísticas, las influencias exóticas (China, Japón, Egipto, Rusia) y el culto del jazz de los afroamericanos inciden sobre la vestimenta. Las jóvenes lucen siluetas andróginas y delgadas, con cabellos cortados a la garçon, pestañas cargadas de kohol, lápiz de cejas negro, boquitas pintadas y colorete. Desenfadadas, liberadas, ríen y bailan, fuman y muestran las piernas. El vestido cae recto desde los hombros, la cintura se traslada a la cadera y las faldas se acortan tres veces en el periodo. Las telas mórbidas (satén y rayón) cambian la lencería que se adaptan a los nuevos diseños. La noche brilla y tintinea al ritmo del Charleston mientras las jóvenes juegan con sus largos collares y se disponen a vivir su propia vida.

La moda en los años 30[editar]

La figura femenina continuó siendo delgada como en los años 20, pero adquirió otros contornos y recordaba a las figuras griegas. Se cambio la línea recta y sin marcar la silueta por otra más delineada y femenina. El talle, estrecho, se realzó, sobre todo en el caso de la moda cotidiana, con cinturones angostos de cuero o de la misma tela que el vestido. Las polleras se ciñeron a las caderas, y muchas veces, presentaban un movimiento oscilante debido a su forma acampanada. El corte al bies, los drapeados y los recortes eran muy importantes para conseguir esta forma. El largo de la pollera era entre la rodilla y la pantorrilla. La parte superior del vestido, también estrecha, se adhería bastante al cuerpo, y las mangas eran angostas. Los vestidos de noche solían llegar hasta el suelo y, a veces, terminaban en una pequeña cola, dando a la mujer una apariencia majestuosa. Se abandonan, casi por completo, los carísimos bordados de pedrería de la década anterior por los cambios en la economía mundial, y se usan telas laminadas (lamé) o con brillo, como el raso y el satín. Paulatinamente, fueron apareciendo las sedas artificiales, como el rayón. En 1934, surgieron las primeras telas elastizadas o de látex que abrieron nuevas posibilidades en la confección. En los años 30, y junto al vestido, se impusieron los trajecitos y la combinación de pollera y blusa porque resultaba muy práctico durante el día, sobre todo en el caso de las mujeres que trabajaban en una oficina. A finales de la década, la línea de la indumentaria cotidiana se volvió más seria y funcional. Esto estaba condicionado, sin duda, por la escasez de materiales a causa del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y también por la influencia de la ropa militar. La moda durante la segunda guerra mundial Hacia fines de los años '30, los adornos del vestido se simplificaron y se alcanzó el estilo que perduraría durante los años de la guerra. La pollera volvía a ser más corta cubriendo justo las rodillas. También era más estrecha y daba un aspecto de seriedad. Contribuían a transmitir esta impresión, las chaquetas y tapados con grandes hombreras y cinturones que daban a la figura femenina gran empaque, pero masculinizaban la silueta reflejando el estilo militar de aquellos años. A esto se sumaban las plataformas que se habían añadido a zapatos y sandalias de vestir y de calle. Hubo una creciente escasez de materiales y muchas mujeres debieron arreglar su propia ropa; la alta costura se estancó. Muchas firmas debieron cerrar. Para la consumidora media lo más importante era saber trucos que le permitieran reformar el vestuario que poseía y alargarle la vida. Deseaba saber cómo se podría arreglar un vestido viejo para seguir llevándolo o cómo adaptar un abrigo femenino de una chaqueta de caballero. Tiempo después, estas habilidades seguían siendo de vital importancia para toda mujer que tuviera presente la moda, pero no dispusiera de medios para comprarla.

Década de 1940[editar]

Durante la guerra Argentina no mira hacia adentro, sino que copia a los Estados Unidos. En palabras de un gran modisto, “al no ser creadores, no se pudo aprovechar a exportar moda argentina, y una gran oportunidad se perdió”. Durante la guerra, las mujeres llevaban grande hombreras y se asemejaban a las amazonas: vestidos cortos adornados con flores, moda austera, pero femenina. En Argentina es dramática y teatral, y las mujeres pasan a ser chic: polleras rectas, tableadas, bolsillos aplicados, sacos de corte sastre, sombreros excéntricos; colores neutros, blusas de crepe de china, canutillos y azabache, pantalones pinzados con bocamanga, anteojos oscuros, zapatos con plataforma. En 1947 con el New Look de Dior, los vestidos se vuelven más suntuosos: faldas largas, enormes sombreros con plumas y telas muy ricas. Fue Evita quien trajo el New Look; no impuso un estilo, pero trajo una moda.

Década de 1950[editar]

Eva Perón vistiendo un vestido Dior en 1950.

Tras su gira por Europa de 1947, Eva Perón —ícono de la moda de la época— "volvió con un sentido de la moda exacerbado, se alejó del estilo ‘overdressed’, se despojó de lo excesivo", afirma Gabriel Miremont, curador del Museo Evita.[2] Durante el viaje, se contactó con diseñadores como Christian Dior y Jacques Fath, donde crearon un maniquí con sus medidas para realizar trajes a medida.[3] Eva introdujo el New Look de Dior a la Argentina, cambiando las faldas tubo por vestidos con volumen inspirados en las formas de las flores.[3] Dior llegó a decir que "a la única reina que vestí es a Eva Perón".[3]

A causa de la crisis económica de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, la juventud de la época tuvo acceso a trabajos y una relativa independencia. Los hombres de negocios advirtieron que estos jóvenes se encontraban por primera vez con dinero pero sin una identidad que los diferenciara de los adultos, y así los adolescentes ingresaron en el mercado de la moda.[4]

Década de 1960[editar]

Doble Plataforma (1967), de Dalila Puzzovio en el Instituto Di Tella. Con esta obra, Puzzovio expresó la fuerza de la mezcla entre arte y moda.[5]

A comienzos de la década, los jeans se volvieron emblema de la contracultura y la adopción de esta prenda por los jóvenes fue arrolladora.[4] El Instituto Di Tella, fundado en 1958, fue el epicentro de la vanguardia artística argentina de los años 1960, durante la dictadura autodenominada Revolución Argentina.[6] Con las creaciones de artistas del instituto como Dalila Puzzovio, Delia Cancela y Pablo Mesejean, entre otros, creció la alianza entre la moda y el arte en la década.[7] Nacha Guevara, una de las animadoras del Di Tella, recuerda: "Todo era muy particular ahí, la gente que iba, cómo se vestía", y "te llevaban presa por ir de minifalda".[6] El cabello largo en los hombres también ponía nerviosa a la policía. Argentina, que siempre había tenido como referente a la moda europea, comenzó a identificarse con los Estados Unidos durante la década de 1960.[8] Bárbara Brizzi, museóloga y coordinadora general del Museo del Traje de Buenos Aires, declaró que en estos años "el 'gaucho look' lanzado en Buenos Aires por Medora Manero y la doble plataformas de Dalila Puzzovio marcaron tendencia en todo el mundo".[8] Mary Tapia, una diseñadora tucumana, trabajó extensivamente durante la década con el barracán, un textil creado por los collas. Su desfile inaugural, llamado Pachamama prêt-à-porter, se realizó en el Di Tella en 1967, recibiendo elogios de Jorge Romero Brest y una invitación para presentarse en París por el Fondo Nacional de las Artes.[9]

La periodista Cecilia Absatz recuerda "En ese tiempo llegaron los jeans para cambiar el mundo. Se olía diversión en el aire y la gente comenzaba a vestirse en consecuencia: la ropa es un lugar extraordinario cuando se trata de provocar y desobedecer. [...] En esa época, vestirse para ir a una fiesta también era un acto de inventiva e interrogación artística.[10] Rosa Baylon fue un importante personaje en la moda porteña de aquella época, con su boutique Madame Frou Frou con una éstetica basada en el Swinging London.[11] Sus diseños eran usados por celebridades como Graciela Borges y Marilú Marini —quienes vistieron sus vestidos hechos con voile o chiffon, con volados y escotes bautizados "Súper Bizcocho"— y Litto Nebbia, Alejandro Medina y Pappo —quienes usaron sus camisas con estampas psicodélicas.[11] La periodista y amiga de la diseñadora, Felisa Pinto, la recuerda: "No pertenecía al Di Tella ni a ningún circuito pero inmediatamente los artistas la adoraron. Ella nunca seguía las tendencias, en todo caso se burlaba y las exageraba. En cada uno de sus actos había una búsqueda del goce y la coquetería."[11] Dentro de la Galería del Este, donde se encontraba Madame Frou Frou, también estaba el local de Medora Manero, otra célebre diseñadora de los años 1960.

Década de 1970[editar]

Sweaters de Dalila Puzzovio y los vestidos “retro” de Gatti son furor. Telas pintadas a mano por Rosa Gálvez y Manuel Lamarca reinan hasta 1975. La moda deco y revival en Buenos Aires se encuentra en la boutique de Diba´s, boutique a la manera de París, como Clocharde, La tartana, entre otras. Hacia el fin de la década se produce una invasión de marcas de Taiwán que compiten con una alicaída industria textil en la época Martínez de Oz. Entre las líneas de los setenta se puede identificar el folk, look superpuesto de Kenzo, el pret a porter, moda gatsby, moda safari, color beige o tierra, pollera amplia o look ruso de Saint Laurent, el hotpant, la maxifalda, botas altas acordonadas, blusas ajustadas, el unisex y los pantalones “pata de elefante”; hacia 1975 aparece la moda retro.

Década de 1980[editar]

En 1980, la moda trajo consigo cambios muy positivos. El nuevo estilo se caracterizaba por el uso de ropa interior visible, ya sea sobre una remera, debajo de una remera translúcida o tirantes de encaje visibles. Esta nueva moda fue altamente controversial volviéndose un sinónimo de liberación para las mujeres, ya que antiguamente usar la ropa interior así les daba aspecto de una mujer desarreglada. Gracias a esta tendencia, las mujeres de hoy pueden vestir remeras cómodas sin tener que preocuparse por las transparencias o los tirantes de los corpiños.

Década de 1990[editar]

Esta época se basaba en la variedad y no en una tendencia específica y duradera. La gente trataban de ponerse lo que le hiciera sentirse más cómoda, sin darle mucha importancia a la opinión de los demás o a las tendencias, porque se había llegado a la conclusión de que no había una verdadera libertad. Las remeras de grupos musicales se volvieron populares así como el cabello suelto. La gran innovación fue la aparición de los piercings, tatuajes y pinturas de pelo.

Siglo XXI[editar]

Cartel con Milagros Schmoll en BAFWEEK 2010.

Año 2000[editar]

En el 2000 la moda se ha ido asociando y cambiando según las distintas tribus urbanas, que constituyen un modo de vivir, una determinada actitud para con la vida y que generalmente hacen referencia a la juventud. La pertenencia a uno de estos grupos se hace evidente en la ideología, la música, el modo de vida y también en la apariencia, siendo el consumo de determinadas marcas de ropa, el uso de ciertas prendas o colores, distintivos propios de las distintas tribus. Los hombres tanto como las mujeres adoptan el chándal para todo tipo de trabajo u ocasión. Las mujeres usan borcegos, suecos o sandalias. Se volvió a los 80, está de moda el estampado floreado. Se usan los shorts, polleras, y pantalones tiro alto y por supuesto las minifaldas.

Década de 2010[editar]

Los hombres implementan el escote en V junto con pantalones chupines y zapatillas de marca. Los pantalones blancos en los hombres son sensación, tanto como las camisas abiertas con una remera debajo y arremangadas. Se usa la remera adentro de la parte de la hebilla del cinturón y lo demás afuera, mostrando así una moda rebelde. También es muy normal que al hombre se le vea la tira de arriba de los bóxer o más.

Actualidad[editar]

En la actualidad nace un nuevo movimiento, las tendencias ahora orientan la moda en Argentina a continuar la búsqueda cada vez más intensa de la originalidad. Luego de una fuerte crisis y en una economía totalmente globalizada, el sueldo no es suficiente, es necesario encontrar nuevas formas de progreso. Comienza así el diseño independiente, llamando así a pequeñas prendas únicas realizadas por profesionales de la moda o artistas al precio de cualquier marca reconocida. Además marcas pioneras tales como El Poeta Celoso invaden el mercado con el diseño en estampado a pedido de forma masiva, mediante catálogos para revendedores, y alcanzando a todo el país gracias a los nuevos medios de envío, comunicaciones y ventas on-line, y a las últimas tecnologías en estampado digital. Se convierten, de esta manera, en los reyes de la vanguardia de indumentaria, colaborando con la evolución de la moda nacional.

El traje de boda[editar]

La silueta femenina entre 1870 y 1890[editar]

Después de 1870, si se quieren seguir las fluctuaciones de la moda, sería preciso hacer la crónica de ellas año tras año. El vestido bruscamente echado hacia atrás, sube en forma de polisón encima de un ahuecador, una “semi – jaula” emballenada cuyo volumen entre 1860 y 1890 va cambiando hasta desaparecer. Casi al mismo tiempo, reaparecen las polonesas (una reminiscencia del vestido Luis XVI):la falda “de encima” forma, por detrás, una cola más o menos larga, orillada por volantes plisados, bandas de encaje o pasamanería al que se llamó estilo tapicero, evocando los salones de moda llenos de cortinajes, almohadillados, etc. Estamos en plena época victoriana: la elección del vestido, de su escote, cola de la falda y sus telas de ejecución, están sometidos a verdaderos ritos de los que apartarse, es prueba de falta de educación. Se observan entonces diferenciaciones muy estrictas entre los trajes según la hora y las circunstancias: mañana, visitas íntimas o de ceremonia, comida íntima, comida con invitados, baile, teatro, etc. Por otra parte, ciertos tejidos como el raso, ciertos adornos como las pieles y las joyas de valor, no se admiten para las jóvenes.

El traje del novio[editar]

El esposo, esa persona elegida que espera desde lejos y fuera de la atención de los invitados, la sorpresa de ver, finalmente, aquel vestido que le fue celosamente vedado conocer hasta entonces, también está especialmente engalanado para esa efímera puesta. Durante el siglo XIX, especialmente en la época victoriana, la etiqueta estipulaba cual era el atuendo que debían elegir los caballeros, ya fuera si el casamiento se realizaba por la mañana o por la noche. De esta manera, si la boda era antes del mediodía, los hombres, novio y padrinos, debían lucir jaquet, y si se hacía por la tarde o por la noche: frac. Adornando sus solapas con un bouquet de azahares en juego con el ramo de la novia. Eso, siempre y cuando, el novio no fuera militar, en cuyo caso, debía usar su uniforme de gala. Hoy, con las costumbres más distendidas y rotas las etiquetas, el novio puede vestir un muy buen traje - terno o ambo – o dejar libre su imaginación para algún atuendo un poco más arriesgado.

DIOR[editar]

Hacia fines de los años ´30, los adornos del vestido se simplificaron grandemente y se alcanzó el estilo que perduraría durante los años de guerra. La pollera volvía a ser más corta t cubría justo las rodillas. También era mas estrecha y daba un aspecto de seriedad. Contribuían a trasmitir esta impresión, las chaquetas y tapados con grandes hombreras y cinturones que daban a la figura femenina gran empaque, pero masculinizaban la silueta reflejando el estilo militar de aquellos años. A esto se sumaban las plataformas que se habían añadido a zapatos y sandalias de vestir y de calle. Hubo una creciente escasez de materiales y muchas mujeres debieron arreglar su propia ropa. La alta costura se estancó. Muchas firmas cerraron al estallar la guerra. Para la consumidora media lo más importante era saber trucos que le permitieran reformar el vestuario que poseía y alargarle la vida. Deseaba saber cómo se podía arreglar el vestido viejo para seguir llevándolo o cómo se podía adaptar como abrigo femenino una chaqueta de caballero. Mucho tiempo después de acabada la guerra, estas habilidades seguían siendo de vital importancia para toda mujer que tuviera presente la moda, pero no dispusiera de medios para comprarla. Al final de la década, Christian Dior, abrió nuevos caminos con su New Look.

Deportes y vestimenta sport masculina[editar]

La ropa sport o deportiva hace su aparición en las últimas décadas del siglo XIX, cuando comienza a difundirse la práctica del deporte en las burguesías europeas y, sobre todo, en el mundo anglosajón. Pero es en los años '20 cuando su uso se extiende a todo tipo de actividades, lo que hoy llamaríamos vestimentacasual, con un estilo más desestructurado y relajado. Los grandes diseñadores no fueron ajenos y crearon prendas acordes para esta nueva tendencia. Los hombres fueron los primeros en adoptarla, y se puede decir, que si la cuna de la moda femenina fue París, la de la moda masculina fue Londres. En las décadas de 1950 y 1960 con la difusión y el uso del jean entre los jóvenes de toda la pirámide social, la ropasport invade todas las horas y actividades del día. A partir de allí, también los adultos adoptan el estilo sport para el weekend. Hoy en día, las grandes empresas, bancos, etc., aceptan el uso de la vestimenta casual entre sus empleados, no sólo los que hacen tareas internas sino también para los que están en atención al público.

La moda infantil[editar]

Hacia la mitad del siglo XIX, se menciona por primera vez, una moda infantil en las revistas de modas. Abarca, sobre todo, el traje de los más chiquitos, para quienes los sastres especializados, empiezan a proponer modelos creados para ellos. Hasta los 5 o 6 años, los varones llevan siempre polleras tableadas sujetas al cuerpo del vestido y abiertas y abotonadas en el frente. A los 7 u 8 años, una chaqueta y un pantalón ceñido, sujetado encima de la rodilla con botones. En cuanto a las nenas, los vestidos dejan de ser la copia exacta del de sus madres. Periódicamente, surgieron blusas rusas y vestiditos escoceses, pero sobre todo, el traje marinero, cuyo uso duró largo tiempo, siendo adoptado por niñas y niños por igual. Tuvo su origen alrededor del 1860, con una forma muy parecida a la que tendría en el siglo XX, con los cuellos cuadrados bordeados con un galón blanco que se abría en punta encima de una pechera lisa o rayada, e iba acompañado de pantalones rectos, cortos o largos, o de una pollera tableada en el caso de las nenas. A partir de este traje, los niños estaban, en 1914, todavía muy lejos de que se los vistiera con las prendas blandas y cómodas que llegaron con la moda del género de punto y las telas elásticas. Sin embargo, la transformación de los trajes infantiles se limitó a seguir las formas, cada vez más simplificadas de la indumentaria de los adultos.

Fuentes[editar]

  1. Lescano, Victoria (7 de mayo de 2010). «Una lectura política de los extravagantes peinetones y nuevos rescates de la escarapela». Página/12. Consultado el 12 de julio de 2013.
  2. Zanguitu, Gabriela. «Eva y la moda: una mujer con sello propio». Entre mujeres. Clarín. Consultado el 1 de julio de 2014.
  3. a b c Muñoz, Rafael (30 de mayo de 2013). «Eva Perón, la cenicienta vestida de Dior». Radiotelevisión Española. Consultado el 1 de julio de 2014.
  4. a b «Jóvenes de los 50s». Blog oficial del Museo Nacional de la Historia del Traje de Buenos Aires (14 de febrero de 20014). Consultado el 1 de julio de 2014.
  5. «Breve Historia». Universidad Torcuato Di Tella. Consultado el 1 de julio de 2014.
  6. a b Shejtman, Natalí (14 de mayo de 2008). «Nacha y Minujín, y El Di Tella». Rolling Stone Argentina. Consultado el 1 de julio de 2014.
  7. Arteaga, Alicia de (28 de febrero de 2012). «Las buenas migas entre la moda y el arte». La Nación. Consultado el 1 de julio de 2014.
  8. a b Halperín, Paula. «La moda en la Argentina: 200 años con el foco en las tendencias». La Nación. Consultado el 1 de julio de 2014.
  9. «Mary Tapia». La Nación (16 de junio de 2011). Consultado el 1 de julio de 2014.
  10. Absatz, Cecilia (31 de octubre de 1999). «Los que crearon la juventud». La Nación. Consultado el 1 de julio de 2014.
  11. a b c Lescano, Victoria (16 de agosto de 2002). «Madame Frou Frou». Página/12. Consultado el 1 de julio de 2014.

Referencias[editar]