Desarrollo estabilizador

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El desarrollo estabilizador fue un modelo económico utilizado en México entre los años de 1952 y 1970, aunque algunos autores de historia económica lo consideran de 1954 a 1970. Las bases de este modelo radican en buscar la estabilidad económica para lograr un desarrollo económico continuo, la estabilidad económica refiere a mantener la economía libre de topes como inflación, déficits en la balanza de pagos, devaluaciones y demás variables que logran estabilidad macroeconómica. El periodo en el que se manejó el modelo en la economía nacional abarca los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.


Consistió en una estrategia de desarrollo adoptada como parte de la política económica de Adolfo Tomás Ruiz Cortines, orientada a mantener un buen ritmo de crecimiento, por lo que se decidió hacer intentos para lograr la estabilización de la economía nacional. Mientras que en el sexenio de Adolfo López Mateos la economía adquirió dos características: lograr el mayor desarrollo a partir de la estabilidad monetaria. Las medidas monetarias por establecidas por instituciones como el Banco Internacional de Reconstrucción y fomento y el fondo Monetario Internacional habían fructificado. Así el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz retomó con mayor firmeza la política económica de su antecesor. Utilizo políticas proteccionista las cuales se utilizaron para proteger a los productores nacionales de la competencia extranjera, también consistía en el cobro de aranceles o cuotas en las importación, para encarecer los productos extranjeros y que esto a su vez provocara las compras de productos nacionales. Durante este modelo México mostró una estabilidad económica, una baja inflación y crecimiento de las ciudades.

En los comienzos del periodo del desarrollo estabilizador, México era el reflejo de un país afortunado y privilegiado, debido a su crecimiento económico sostenido, la estabilidad de precios, y una tasa media de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) de 6.56%; el PIB por habitante creció año con año en 3.74% y la Inversión Fija Bruta por habitante lo hizo en poco más de 6%. Sin embargo México empezó a vivir envuelto en un proceso inflacionario; en los años 1970 el país reveló déficit social, la producción industrial llegó a su límite con la política de sustitución de importaciones. El campo se hizo dependiente de los subsidios oficiales y no alcanzó a industrializarse (hubo un déficit social). El Estado rompió los equilibrios fiscales con aumentos en el gasto y el estancamiento de los ingresos. Y finalmente la inflación tronó la economía (situación aprovechada por los grupos empresariales para increpar al gobierno y fortalecer su poder): provocando así la crisis de 1976 y dejando que la inflación alcanzara el 18%.

Los principales objetivos planificadores:

1. Elevar el nivel de vida de la población, sobre todo de los campesinos, obreros y ciertos sectores de la clase media. 2. Continuar aumentando el ingreso nacional. 3. Acelerar el proceso de diversificación de actividades productivas en la economía. 4. Avanzar en el proceso de industrialización dando preferencia a las industrias básicas. 5. Lograr un desarrollo regional más equilibrado.


Algunas medidas que México optó durante este periodo, fueron:

  • Devaluación del peso frente al dólar en 1954, con una nueva paridad de 12.50 pesos por dólar.
  • Aumento de créditos al sector privado.
  • Se llevan a cabo políticas de “mexicanización” que demandaba la no inversión extranjera
  • Se impulsa fuertemente la producción de bienes intermedios y se empieza a fomentar la producción de bienes de capital.
  • Se impulsan políticas proteccionistas

El modelo es precedido por el modelo de Sustitución de Importaciones, aunque conservando los principales puntos para la realización de este.

A partir de 1940 México inicio una etapa llamada el milagro mexicano, esta etapa se caracterizó por ser de un crecimiento sostenido y fue el cambio hacia la formación de una nación moderna e industrializada.

Crecimiento hacia afuera[editar]

La segunda guerra mundial dio un gran cambio al crecimiento de la economía mexicana ya que dio un gran giro después de los siguientes año de 1940 a 1956 se da en México un período de crecimiento hacia afuera, basado en el dinamismo del sector primario. Esta política puede definirse como crecimiento sin desarrollo, ya que el número de industrias del país aumentó, pero sin la base sólida que es la libre competencia, que le permitiera desarrollarse económicamente. Durante el mandato de Ávila Camacho (1940-1946) se observó una notable estabilidad política y un crecimiento económico. Entre 1940 y 1945, el PIB creció a un ritmo de 7.4% por ciento, índice nunca antes alcanzado en la etapa postrevolucionaria.

Los regímenes presidenciales de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés proporcionaron los medios para alentar el crecimiento económico, la consolidación del mercado interno y la inserción de México en la economía mundial. La actividad industrial registró un vigoroso crecimiento. La tasa de crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) alcanzó entre 1947 y 1952 un promedio anual del 5.8%, con un gran crecimiento que engrandeció en la producción de la energía eléctrica y el petróleo y también de la industria manufacturera y de construcción en todo México.

Crecimiento hacia adentro[editar]

De 1956 a 1976 la economía mexicana gira ciento ochenta grados, creciendo hacia adentro, vía la sustitución de importaciones; es decir, México debía producir lo que consumía. La economía mexicana estuvo basada en el dinamismo del sector industrial, contrayendo la estabilidad de precios y ajustándose a los problemas productivos y financieros por los que pasó el país.

El crecimiento industrial en el período 1940 -1970 mantuvo un ritmo de crecimiento sostenido, aunque basado en un mercado cautivo que le proporcionaba la política proteccionista diseñada por el Estado, situación que trajo como consecuencia el desarrollo de empresas sin competitividad con el exterior, que les impidió consolidarse a través de la exportación hacia mercados extranjeros; condición que impediría la creación de una verdadera industrialización moderna e independiente que contribuyera el desarrollo social del México pos-revolucionario.

Contexto económico global del desarrollo estabilizador[1]

El período que va de 1954 a 1970, fue de prosperidad para los 16 países capitalistas más desarrollados. En esos años, en promedio, el crecimiento de su Producto Interno Bruto por persona fue de 4% al año, en términos reales, y la variación anual de los precios al consumidor fue de tan sólo 3.3% en promedio. Algunos de esos países registraron tasas de crecimiento económico espectaculares: Japón tuvo un crecimiento anual de su Producto Interno Bruto por persona de 9%, Alemania de 5% e Italia y Francia de algo menos de 5 %. Todos ellos con relativa estabilidad de los precios.

La Edad de Oro del Capitalismo, como la ha llamado Angus Maddison, presentó oportunidades de todo tipo a los países en proceso de desarrollo. México fue uno de esos países que se organizó para aprovechar las que en materia de comercio, inversión, turismo, crédito y muchas otras cosas más ofrecía la acelerada expansión de la economía mundial.

Ya en otros períodos México había registrado tasas de crecimiento relativamente aceleradas: durante veinte años, entre 1935 y 1953, el Producto Interno Bruto por persona, en términos reales, creció en promedio a una tasa anual de más de 3%. Pero ese crecimiento económico estuvo acompañado, en algunos años, por presiones inflacionarias. En cambio, de 1954 a 1970, el crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto por persona, que fue de 3.4%, se logró con estabilidad de los precios internos. De ahí su nombre: Desarrollo Estabilizador. Nombre, por cierto, con el que presentó en septiembre de 1969 un documento Antonio Ortiz Mena en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial celebradas en Washington D. C., Estados Unidos.


El papel de la política en el desarrollo estabilizador

En esencia el Desarrollo Estabilizador partía del hecho de que había una vicepresidencia económica: la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. En la práctica, el Desarrollo Estabilizador fue una división del trabajo entre el gobierno, por una parte y, por la otra, los empresarios, los obreros (incluyendo maestros y burocracia) y los campesinos–a los banqueros–, se comprometían a invertir, y mucho, y a cambio de ello tendrían utilidades considerables. El gobierno les daría el apoyo necesario, incluyendo todo tipo de subsidios, para que así fuese. El sistema tributario no gravaría en exceso a las utilidades de sus empresas y los intereses y los dividendos mantendrían su carácter de ingreso personal anónimo para fines tributarios. La industrialización del país, que llevarían a cabo fundamentalmente los particulares con el apoyo del sector público, se desenvolvería, en el capítulo de las manufacturas, bajo un rígido sistema de protección (tarifas y controles cuantitativos) frente a la competencia del exterior. A cambio de todo ello, los empresarios se comprometían a dejar en manos del gobierno (en realidad en manos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público) todo lo relacionado con la definición de la política económica y social y ciertas actividades clave para el desarrollo nacional (i.e., energéticos). De surgir algún conflicto, se resolvería en los corredores de Palacio Nacional (domicilio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público). De no llegarse a un acuerdo, se acudiría al árbitro de última instancia, el Presidente de la República.

Una clara y reveladora expresión de la política de gobierno en materia económica, fue la que se precisó en un comunicado conjunto, de 1960, en el que los secretarios de Ortiz Mena, de Hacienda, y Raúl Salinas, de Industria y Comercio, ofrecieron a los empresarios todo tipo de garantías, incluyendo la que si sus empresas llegaran a quebrar, el Estado intervendría para salvarlas.

A los propietarios agrícolas y ganaderos en buena medida, pero también, en alguna proporción, a los campesinos (ejidatarios y comuneros) organizados en la Confederación Nacional Campesina (CNC) se les ofrecía confianza y garantías a la pequeña (y a la no tan pequeña) propiedad, precios de garantía, sistemas de almacenamiento, crédito creciente en términos razonables (con tasa de interés subsidiada), extensas tierras con agua asegurada (distritos de riego), apoyos de todo tipo para mecanizar y tecnificar los cultivos. A cambio de ello, los campesinos se comprometían a trabajar y mantener seguridad y paz social en el campo.

El gobierno hizo lo posible para que la estabilidad política y el crecimiento económico se apoyaran mutuamente. La primera, al permitir sostener políticas de promoción a largo plazo y, el segundo, a su vez, al hacer que la situación de todas las clases sociales tendiera a mejorar a pesar de las desigualdades en la distribución del ingreso. La clave de ese logro, residió en el aprovechamiento de una estructura, una tradición y un arte políticos que no estuvieron meramente al servicio de la clase dominante, si bien promovieron con gran eficacia los intereses de ésta, y que se pudo aparecer ante otras clases como capaces de velar también por sus intereses, aunque el proceso económico, internacional e interno, hiciese que esto último fuese relativamente menos efectivos.

Conclusiones

La etapa del desarrollo estabilizador es la continuación de una política proteccionista y de gran intervención del Estado como agente económico en la promoción del sector industrial, iniciada en los años posteriores a la Revolución mexicana y a la Segunda Guerra Mundial.[2] La estrategia se basó en una aceleración selectiva del gasto del gobierno, principalmente hacia el fomento de la industria interna. La política comercial, para el logro del objetivo del equilibrio en la balanza de pagos se basó en no devaluar nuevamente el peso, como se había hecho varias veces en años anteriores , si no en la utilización del endeudamiento externo a largo plazo, para complementar los recursos que antes aportaban las exportaciones. Se decidió no utilizar la tasa de cambio como mecanismo de ajuste al desequilibro externo (aceptándose la continuidad del mismo) y apoyarse principalmente en el capital extranjero (inversión extranjera directa y deuda externa) como fuente de financiamiento del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos. “El logro del modelo de crecimiento estabilizador fue haber alcanzado un equilibrio interno completo (crecimiento con estabilidad de precios), a costa de un continuo y permanente desequilibrio externo, financiado con capital extranjero y un creciente déficit gubernamental (del gobierno federal y empresa públicas) financiado con endeudamiento interno y externo”.[3] En resumen, la estrategia, es decir la dirección y metas de política se orientaron a atacar la brecha ahorro inversión, y se aceptó como dada la brecha comercial, apoyándose en el capital extranjero para financiar dicho equilibrio. El crecimiento sostenido durante ese periodo costó generar condiciones, para los años subsecuentes, de concentración y control por parte de la inversión extranjera del sector más dinámico de la economía, la producción manufacturera. Un elevado endeudamiento y un creciente déficit gubernamental.

  1. 1. Economía Informa núm. 364 ▪ julio-septiembre ▪ 2010. Nota sobre el Desarrollo estabilizador. Carlos Tello. http://www.economia.unam.mx/publicaciones/econinforma/pdfs/364/09carlostello.pdf.
  2. 2. Meyer, Lorenzo. “De la estabilidad al cambio” en Historia General de México. México, El Colegio de México, 2000, pp. 882-943
  3. Villareal, René (2005). Industrialización, competitividad y desequilibrio externo en México. Un enfoque macroindustrial y financiero (1929-2010),. Fondo de Cultura Económica. pp. pp. 91–96. 

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