Miguel de Andrés

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De Andrés
Nombre Miguel de Andrés Barace
Nacimiento 8 de octubre de 1957 (57 años)
Ochagavía (Navarra), España
Nacionalidad Flag of Spain.svg España
Posición Centrocampista
Año del debut 1979
Club del debut Athletic Club
Año del retiro 1988
Club del retiro Athletic Club

Miguel de Andrés Barace es un ex futbolista que jugó en el Athletic Club desde la temporada 1979-80 hasta la temporada 1987-88.

Biografía[editar]

Nacido en Ochagavía (Navarra) el 8 de octubre de 1957, dio sus primeros pasos como futbolista en el C.D. Injerto de Berbinzana (Navarra), localidad en la que discurrió su infancia. A los catorce años le fichó el Pamplona juvenil, equipo que le pagaba el taxi para que pudiese ir a entrenar desde su localidad natal.

A los dieciséis años ya estaban detrás suyo tanto el Real Madrid como el F.C. Barcelona. Sin embargo, quien finalmente fichó a De Andrés fue el Athletic Club. Iñaki Sáez, entrenador del juvenil nacional del Athletic, en un partido contra el Pamplona, ordenó a su delantero centro que marcase al libero De Andrés. Aparte de dominar el juego aéreo y ser contundente cuando era necesario, destacaba por sus pases medidos repartiendo el juego a sus compañeros. Después de ese partido, su fichaje por el Athletic no tardó en llegar.

La directiva rojiblanca de José Antonio Eguidazu pagó 400.000 pesetas (2.400 euros), aunque finalmente tuvo que desembolsar 5 millones de pesetas adicionales porque en el contrato de compra se estipulaba que si De Andrés debutaba en el primer equipo, el Athletic debía pagar tal cantidad.

Tras dos años en el Bilbao Athletic en Tercera División y en Segunda B, el club bilbaíno cedió al Castellón a un De Andrés de veintiún años, para que se foguease en la Segunda División durante la temporada 1978-79. Miguel de Andrés cuajó una gran temporada. Disputó 29 partidos ligueros y anotó un gol.

El debut como "león" y los Juegos Olímpicos[editar]

Helmut Senekowitsch, quien se había hecho con las riendas del Athletic tras su exitosa participación como seleccionador austriaco en el Mundial de Argentina 78, pragmático como todo buen entrenador, no se fijó en el carné de identidad del rubio navarro e inmediatamente le brindó la titularidad en un equipo plagado de ilustres nombres. Aquella temporada 1979-80, la de la transición entre el equipo finalista de la UEFA y el equipo campeón de Javier Clemente, coincidió con Dani, Argote, Goikoetxea, Urkiaga, Rojo I, Villar, Irureta y el mítico Iribar, quien se retiraría al final de esa misma temporada.

De Andrés, con veintidós años, desde el primer partido se hizo un hueco en el equipo, disputando 28 partidos ligueros, todos ellos en el once inicial. Desde su primer partido oficial con la camiseta rojiblanca, en un U.D. Salamanca 2 - Athletic 1, el 9-9-1979, De Andrés jugaría hasta su retirada 198 partidos ligueros, y todos como titular.

Sus buenas actuaciones a las órdenes de Senekowitsch hicieron que el seleccionador español José Emilio Santamaría se fijase en aquel joven para la selección olímpica española, que lograría disputar los Juegos Olímpicos de Moscú, las Juegos Olímpicos del boicot de Estados Unidos.

Una de las frustraciones de De Andrés era que ningún entrenador de los que tuvo como profesional confiasen en él como libero, su puesto predilecto. Solía comentar que “todos los entrenadores me han hecho una faena y por eso deportivamente he perdido mucho”. Curiosamente como “amateur” en la selección olímpica de España, Santamaría le hizo jugar de libre junto al central donostiarra Gajate. El seleccionador veía en el navarro al "nuevo Beckenbauer español" para la selección.

La temporada 1980-81 comenzó de modo abrupto. En la segunda jornada, Helmut Senekowitsch era cesado tras caer derrotado el Athletic frente al Real Madrid por 1 - 7 en el Santiago Bernabéu. La derrota abultada, dolorosa en sí, no fue la causa del cese, sino las declaraciones previas al partido en las que el austriaco decía conformarse con perder por la mínima.

A buen seguro que De Andrés como el resto de sus compañeros por lo menos suspiraría por no tener que hacer en las próximas campañas pretemporadas tan duras, semejantes a las planificadas por el general "Sene". Iñaki Sáez se hizo cargo de la plantilla de modo interino hasta el final de la temporada, y De Andrés continuó siendo una pieza básica del equipo.

El quinquenio triunfal de Clemente y las decepciones internacionales[editar]

La temporada siguiente, la 81-82, comenzaba la era Clemente. El entrenador baracaldés, al igual que Senekowitsch y Sáez, también veía en "el rubio De Andrés" al jugador ideal para el eje de la medular rojiblanca. El Athletic se clasificó, jugando un gran fútbol, cuarto en la competición liguera y Miguel de Andrés realizó, desde su debut como rojiblanco, su mejor campaña. Disputó 29 partidos y marcó dos goles.

Como consecuencia de su buen rendimiento estuvo a punto de ser convocado para el Mundial de España 82. José Emilio Santamaría, quien ahora veía a un centrocampista de gran categoría y ya no un libero, lo citó en la lista de cuarenta que la Federación española de fútbol mandaba a la FIFA el 15 de mayo de 1982, de la cual debían salir los 22 seleccionados para el Mundial. Es más, en aquellos años previos al Mundial se estilaban las selecciones A y B, y De Andrés era un asiduo de los convocados de la B. Sin embargo, finalmente no acompañaría a la cita mundialista a los Arconada, Gordillo, Urkiaga, Camacho, Zamora, Juanito, López Ufarte...

Ese triste desenlace de no verse convocado para el Mundial de España se olvidaría rápidamente la temporada siguiente. Desde los inicios de la liga 82-83 se vislumbraba un equipo campeón, y así fue. De Andrés, junto a Gallego, Urtubi y Sola formó un centro del campo inolvidable en los anales de la historia rojiblanca; el joven, disciplinado y talentoso mediocampo de un Athletic que ganaba de nuevo una Liga veintisiete años después de su último alirón.

De Andrés esa temporada se consolidaría definitivamente como un excelente centrocampista, admirado por todo el "mundillo" del balompié. Desde su posición en el centro del medio campo, con el seis a la espalda, a De Andrés se le podía definir más como un obrero que como un arquitecto futbolístico, más que nada por la cantidad de balones que robaba en la medular; por ello, además de por la elegancia con que lo hacía, muchos periodistas lo señalaban como un libero que jugaba delante de la defensa. Cuando entraba al corte lo hacía, pese al lógico esfuerzo físico, siempre sin perder esa pose bella de las esculturas griegas de deportistas en movimiento. Una vez que robaba el balón al contrincante se erguía, como si de un augusto emperador romano se tratase, daba dos grandes zancadas con el balón pegado a su bota, como si un guante fuese, y abría directa y eficazmente el juego a alguna de las dos bandas o pasaba el balón a un compañero mejor situado. El manejo del balón, por igual, con ambas piernas, hacía que sus innumerables robos de balón y consiguientes aperturas o pases en corto fuesen ejecutados magistralmente en todas las zonas del mediocampo.

Asimismo, disponía de un fortísimo disparo a gol, indistintamente con la pierna derecha o con la pierna izquierda. Los aficionados de San Mamés nunca olvidarán, por ejemplo, sus dos golazos desde fuera del área a Tommy N´Kono el 9 de febrero de 1983. El Espanyol visitaba "la catedral", y en los primeros compases Orejuela adelantaba en el marcador a los "periquitos". De Andrés de dos potentes disparos lejanos a portería empataba, primeramente, el partido a uno y sentenciaba, finalmente, el partido con el 5-2. Aquella tarde en San Mamés caía una copiosa nevada. A la conclusión de los noventa minutos no se sabe si la cara de asombro del africano N´Kono era por ver por primera ocasión en su vida nevar o por los magníficos goles de De Andrés.

En la siguiente temporada, la 1983-84, el Athletic conseguía por segundo año consecutivo el título liguero y, además, lograba el doblete al imponerse el 5 de mayo de 1984 al Barcelona de Schuster y Maradona en la final de Copa. Esta final copera, cuyo resultado fue 1-0 (gol de Endika) a favor de los leones, disputada en Madrid, en la que el "hombre rico"(F.C. Barcelona) no pudo con el "hombre pobre" (Athletic Club), nunca será olvidada por la batalla campal entre varios jugadores de ambos equipos nada más pitar el arbitro la finalización del encuentro. Las autoridades del palco, entre ellas Su Majestad el Rey Juan Carlos I, en cuyo honor se celebra esta competición, fueron testigos de excepción.

Maradona, Migueli y Clos, por el bando azulgrana, y Sarabia, Goikoetxea y De Andrés por el bando rojiblanco, fueron sancionados con tres meses de suspensión. Los sancionados finalmente fueron indultados por la Federación Española de Fútbol.

Esa misma temporada, a primeros de noviembre, el Athletic no pudo pasar de octavos de final de la Copa de Europa, al caer eliminado ante a la postre campeón, el Liverpool F.C. de Grobelaar, Sounnes, Dalglish, Lee, Rush y compañía. En el partido de ida disputado en Anfield, el Athletic cosechó un valiosísimo empate sin goles. En toda la Europa futbolística no se hablaba más que de ese equipo formado con jugadores de la cantera que tenía contra las cuerdas al por aquel entonces tricampeón europeo. Sin embargo, en el partido de vuelta en San Mamés el Athletic perdió por 0-1, gol de Ian Rush en el minuto 61. La decepción de la afición vizcaína fue monumental.

Selección española[editar]

El sustituto de José Emilio Santamaría en la selección, Miguel Muñoz, ya tenía en sus planes al "griego" Miguel de Andrés en 1983. Sin embargo, quiso esperar a darle la alternativa a que España aclarase definitivamente, para bien o para mal, su difícil situación en el grupo de clasificación para la Eurocopa 84 de Francia.

El debut de De Andrés se produjo finalmente en un amistoso, el 18 de enero de 1984, frente a Hungría en Cádiz. España perdió 0-1, y De Andrés en la misma línea del equipo tuvo una actuación mediocre. Para colmo, tuvo que retirarse en el minuto 50 por un golpe en una rodilla. No obstante, Miguel Muñoz seguía pensando en él como seleccionable para el europeo. Así, fue convocado para el último partido amistoso anterior a la fase de concentración. En concreto, en Valencia frente a Dinamarca el 11-04-1984, en un encuentro en el que apenas disfrutó de 10 minutos tras sustituir al sevillista Francisco. España ganó 2-1.

Casi todos daban por sentado que De Andrés esta vez sí iría a un gran evento de selecciones donde los jugadores pueden coger prestigio internacional. Es decir, que no le ocurriría como en el Mundial 82. Pero no fue así.

La versión "oficial" decía que el brillante final de temporada del imberbe Roberto, del Valencia, apagó las llamaradas de gloria asentadas en la mente de cualquier futbolista, en este caso Miguel de Andrés. Lo cierto es que a Muñoz le gustaban para el medio campo jugadores que hiciesen gala de la denominada "furia española". A lo sumo en una medular de 4 podía alinear a un sastre futbolístico. El rubio de Ochagavía no se enmarcaba en ninguna de estas tipologías de jugadores.

El seleccionador español optó por no llamarlo, dándose cuenta de que si convocaba a un jugador, de categoría y carácter, como De Andrés, se vería tentado a utilizarlo y así contravenir su filosofía futbolística en una competición prácticamente a cara y cruz. El nombre del jugador rojiblanco no se leía en la lista de los 20 seleccionados para la Eurocopa 84 de Francia.

Quién le iba a decir a De Andrés que una temporada triunfante como la 83-84 terminaría dejándole un regusto tan amargo y doloroso. Goikoetxea, Sarabia, Zubizarreta y Urkiaga sí pudieron festejar el subcampeonato conseguido en París.

Las dos últimas temporadas de la era Clemente, la 84-85 y la 85-86, las de un largo y bellísimo ocaso, no trajeron ningún otro título a las vitrinas rojiblancas, salvo la Supercopa ganada de oficio por el doblete.

En la primera de ellas, se llegó a la final de la Copa del Rey que se perdería frente al Atlético de Madrid por dos goles a uno y en la Liga se acabaría en una meritoria tercera posición. En la Copa de Europa de nuevo se paladeó la hiel de la derrota. A diferencia de la temporada anterior, la eliminación fue a las primeras de cambio, en los dieciseisavos de final. De nuevo la suerte esquivó en el bombo al Athletic. El sorteo deparó al equipo de moda europeo, el FC Girondins de Burdeos con jugadores internacionales como Tigana, Battiston, Giresse, Laconte y Chalana. La eliminatoria como frente al Liverpool F.C. fue igualadísima, pero otra vez más se decantó a favor del equipo extranjero.

En la segunda, la 85-86, el equipo acabaría de nuevo en una meritoria tercera posición liguera y llegaría a las semifinales de la Copa del Rey. En la Copa de la UEFA caerían eliminados en la tercera ronda frente al Sporting de Lisboa.

No obstante, esa temporada quedará grabada en la historia del Athletic como la del cese de Clemente por motivos extradeportivos. La directiva del Athletic aprovechó el enfrentamiento entre Clemente y Sarabia para desembarazarse del "rubio de Baracaldo". Los mandamases rojiblancos permitían que Clemente ejercitase el derecho a expresarse libremente siempre y cuando ellos no fuesen la fuente de sus opiniones. Además, mal acostumbrados al éxito, creían que con un cambio en el timón de la nave rojiblanca en la temporada venidera se reverdecerían los recientes laureles.

La temporada maligna[editar]

Tras el paréntesis de Sáez al final de la temporada 85-86, la directiva de Ibaigane nombraba máximo responsable técnico para la campaña 86-87 a un mito del Athletic y del fútbol español: José Ángel Iribar.

Esta temporada empezó para Miguel de Andrés muy mal y acabó peor, o sea, extremadamente mal. En el primer partido de Liga, frente al Sporting de Gijón, el jugador de Ochagavía sufría una importante lesión muscular. Reaparecía dos meses después, en la duodécima jornada, pero de nuevo recaía de su lesión. Tras dos meses de nuevo de parón, volvía a reaparecer de nuevo en la jornada 23, en concreto, en un partido en el Camp Nou frente al Barcelona, que los rojiblancos perdieron por cuatro uno.

El equipo empezaba a colocarse en una situación mediocre e Iribar no convocaba al navarro en la jornada 28 en un partido en Bilbao frente al Sevilla FC. Como consecuencia de esta decisión técnica, De Andrés, tras ser citado para un partido de Copa frente al C.D. Logroñés, manifestaba que anímicamente no estaba en condiciones de jugar. Iribar, respaldado por el presidente Aurtenetxe, apartaba temporalmente a De Andrés del equipo.

Éste retornaba de nuevo a la competición en la jornada 30, y la jornada liguera siguiente visitaba San Mamés, el Real Madrid de la "quinta del Buitre" en un partido clave para evitar el play-off (sistema de competición liguera que sólo tuvo vigencia esa temporada) por el descenso.

En el minuto 14, De Andrés hacía una falta sobre Ricardo Gallego, quien cayó sobre la rodilla del navarro, produciéndole una gravísima lesión. Los jugadores sobre el terreno de jugo se percataron al momento de la gravedad de la lesión. Ismael Urtubi, viendo el estado de la rodilla de su compañero lesionado se echó súbitamente las manos a la cabeza.

El parte médico era desalentador; De Andrés sufría "rotura de ambos ligamentos cruzados y del ligamento lateral interior de la rodilla derecha, con gran desgarro capsuloligamentoso posterointerno, así como rotura del menisco interno". El doctor Villarrubias, que le operó, aseguraba que era "la lesión más grave que había visto en los últimos años". Pese a ello, daba por hecha su cura.

Sin embargo, cuando la recuperación estaba llegando a buen puerto, para sacarle liquido sinovial se usó una jeringuilla infectada que introdujo un microbio en su rodilla que destrozó su rótula. Ahí finalizó la carrera futbolística de Miguel de Andrés. Era la temporada 1987-88.

El adiós como futbolista[editar]

El inglés Howard Kendall había sido fichado para esa temporada como entrenador del club vizcaíno tras haber conquistado con el Everton la Premier League. Visionando los vídeos que le pasó la directiva bilbaína, se quedó prendado de la manera de jugar del navarro.

Sobra decir que nunca jamás lo vería jugar en vivo. Después de cuatro nuevas operaciones, tras la infección, el rubio Miguel de Andrés decidió retirarse como futbolista al concluir la temporada 1987-88. A su estela dejaba 267 partidos como rojiblanco y doce goles. San Mamés le rindió un cálido homenaje, el 19 de diciembre de 1989, en un partido frente al Real Madrid.

Nada más retirarse entró en la nómina de Lezama, donde fundamentalmente trabaja como ojeador de presumibles incorporaciones y de equipos rivales.