Miguel Gómez de la Puerta

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Miguel Gómez de la Puerta y Saravia[1] fue uno de los “mancebos de la tierra” que acompañaron a Juan de Garay participando de la segunda fundación de Buenos Aires.


Los mancebos de la tierra[editar]

En 1540 Domingo Martínez de Irala ordena abandonar Buenos Aires a los escasos sobrevivientes de la expedición de don Pedro de Mendoza que aún perseveraban a orillas del Río de la Plata tras el fracaso del primer intento de fundación de Buenos Aires en 1536. La medida fue resistida y criticada aunque finalmente obedecida y terminada de cumplir en junio de 1541. Estos últimos pobladores de la primera Buenos Aires habían logrado escapar del hambre, establecer relaciones pacíficas con los pueblos preexistentes y cultivar exitosamente la tierra, pero Irala pretendía concentrar a todos los integrantes de la fallida expedición de Mendoza en la Asunción, convirtiendo a esta ciudad en un centro fuerte y consolidado de la presencia castellana en la región. El tiempo confirmó lo acertado de esta medida, pues el éxito finalmente coronó la conquista y colonización española de la región, a partir del núcleo humano que se fue forjando en la Asunción del Paraguay.


La expedición de don Pedro de Mendoza, concertada con el emperador en las capitulaciones, reflejaba la variedad del imperio de Carlos V, y consecuentemente la expedición que llegaba para poblar la gobernación de Nueva Andalucía incluía alemanes, flamencos, valones, franceses, italianos, y hasta ingleses, aunque la amplia mayoría eran castellanos o provenían de los otros reinos de la península Ibérica, con todas las particularidades regionales, étnicas y culturales, que ello implica. Estos europeos venían en muchos casos acompañados por sus esposas, puesto que venían a colonizar. Pero abundaron los casos en los que los españoles constituyeron sus hogares en la Asunción junto a mujeres guaraníes, como es el caso del mismo gobernador, Irala.[2]


De esta fusión entre los europeos de orígenes diversos con los americanos, de pueblos también diversos, y en la Asunción principalmente los guaraníes a quienes Irala supo ganarse con una política marcadamente integradora, surgirá el pueblo originario de los Reinos de Indias, el de los criollos, puesto que es aquí donde se origina la estirpe americana de los mancebos de la tierra, el sustrato con el cual se fundará la ciudad de la Trinidad, la actual Buenos Aires.


Miguel Gómez de la Puerta nació en Asunción alrededor de 1543, por lo tanto era un mancebo de la tierra, un criollo. Era hijo del peninsular Antón, Antonio o Alonso Gómez de Saravia, conquistador del Plata y del Paraguay, llegado en la expedición de Mendoza, y de Catalina de la Puerta.


Contrajo matrimonio en Asunción con Beatriz Luyz (o Luys) de Figueroa, también criolla, nacida en Asunción, hija de Benito Luys de Figueroa y Pavia, nacido en Oporto en 1515, quien posiblemente haya llegado a América en la misma expedición de Mendoza, de la que su padre Jacomé Luys de Pavia, nacido en 1485, también en Oporto, era piloto mayor. La madre de Benito fue María Pires de Figueroa, nacida en 1487 en Santiago de Compostela, en el Reino de Galicia.[3] En cambio se ignora el nombre de la madre de Beatriz Luyz, lo cual permite suponer que podría ser americana.[4] Gammalsson consigna a Jacomé y María como padres de Beatriz, y no como sus abuelos.[5]


Los mancebos de la tierra eran producto de dos culturas. Hernando de Montalvo los describe: Tienen poco respeto a la justicia, son amigos de cosas nuevas, vanse cada día más desvergonzados con sus mayores, tiénenlos y los han tenido en poco, fuertes en los trabajos, curiosos, diestros y amigos de la guerra.[6]

La Jornada[editar]

Jornada era el nombre con el que los conquistadores llamaban a las expediciones de conquista. El 5 de febrero Garay mandó pregonar el bando en el que ofrecía a los asunceños mercedes de tierras, encomienda de indios y aprovechamiento del ganado yeguarizo cimarrón a quienes por su cuenta participasen de la jornada para poblar el puerto de Buenos Aires con sus familias, armamento, ganado y enseres de labranza.

Miguel Gómez era vecino de la Asunción, sin embargo no parece haber recibido ni heredado encomienda de indios ni mercedes de tierras, o si las tuvo las enajenó para hacer de su peculio la jornada con Juan de Garay en espera de algún beneficio. Viajó junto a su esposa Beatriz y los dos hijos mayores del matrimonio, Úrsula y Benito, ambos menores de edad y ya nacidos en la Asunción al igual que sus padres.

Treinta días después dio inicio la jornada en dirección a la ciudad de Santa Fe, cincuenta hombres, las mujeres y los hijos, más unos doscientos guaraníes, navegaron los ríos aguas abajo en la carabela San Cristóbal de la Buenaventura, dos bergantines, Santo Tomás y Todos los Santos, cuarenta balsas y muchas canoas. Otros dieciocho hombres arreaban por tierra trescientos vacunos a lo largo de la margen izquierda de los ríos Paraguay y Paraná. Al llegar a Santa Fe, muy demorados, las pérdidas de hacienda resultaban cuantiosas.

El contingente que enfrentó el trayecto final desde Santa Fe se vio aumentado con algunos vecinos de esa ciudad, pero las mujeres y los niños quedaron allí a buen resguardo y a la espera hasta que la expedición lograse asentarse en el río de la Plata.

La flotilla llegó a destino el 29 de mayo, día de la Santísima Trinidad, de allí el primigenio nombre de Ciudad de la Trinidad de Buenos Aires. Buenos Aires o Santa María de los Buenos Aires era el nombre del puerto ubicado en la boca del Riachuelo de los Navíos, que se encontraba por aquel entonces a la altura de la calle Hipólito Yrigoyen, hasta que hacia 1730 modificó naturalmente su desembocadura. Tan sólo una semana más tarde llegaba el arreo de la hacienda y las carretas, que esta vez fue puesta a cargo de los mancebos de la tierra, arribando sin novedades y con mínimas pérdidas.

De inmediato se procedió a despejar la plaza, plantado el rollo de la justicia, designado los primeros cabildantes y construido un cerco espinoso como defensa con el mismo espinillo que se iba desmontando de las diferentes parcelas. Se esperaba la reacción de los naturales del lugar, por lo que los pobladores debieron sembrar la tierra sin perder de vista la espada. El ataque, que se atribuyó a los querandíes, se produjo en septiembre. Fueron rechazados, perseguidos y aniquilados a orillas del río Matanzas.

El 20 de octubre de 1580 se sorteó el nombre del santo patrono de la ciudad y el 24 del mismo mes Garay repartió las suertes de chácaras (chacras). El 28 de marzo de 1582 se repartieron en encomienda, entre los primeros pobladores que aún permanecían en la ciudad, a los indios de las diferentes parcialidades de la región. Varios pobladores se habían ausentado ya, algunos a otras ciudades o nuevas fundaciones, como la de Corrientes, quizás enemistados con Garay por la dura represión a los mancebos de la tierra -sus paisanos, y seguramente sus parientes-, sublevados en Santa Fe.[7]

Miguel Gómez, vecino de la ciudad de la Trinidad[editar]


En Buenos Aires nacerán los restantes hijos: Isabel, Miguel, María, Juan, Beatriz y Lucía, y también en Buenos Aires contraerán matrimonio, Benito con Gerónima Hurtado de Mendoza, europea, y Úrsula con otro primer poblador de Buenos Aires, Pedro de Izarra. Isabel casó con Juan Domínguez Palermo, que dio su nombre a un barrio de la ciudad.


En Buenos Aires, Miguel Gómez recibirá en su carácter de vecino poblador de la ciudad encomienda de indios y mercedes de tierras, la suerte de chacra N° 7 al norte del ejido de la ciudad que heredó su hija Isabel, donde hoy se alza el barrio porteño de Palermo, y una suerte de estancia al sur, en los pagos de la Magdalena. Estas mercedes eran gracia real, pues la tierra americana se reputaba realenga, perteneciente al rey de Castilla, conforme las bulas alejandrinas, pero los conquistadores las consideraron compensación y pago retributivo de sus inversiones en capital y trabajo que demandara la jornada de la conquista, de donde proviene el nombre de “pagos” con que se denominó en el Plata las diferentes comarcas rurales en las que se ubicaban dichas mercedes.


La obtención de mercedes era muy importante porque constituía un recurso imprescindible para la producción de los bienes agrícola-ganaderos –agrícolas las suertes de chacras y ganaderos las suertes de estancias- que garantizaban el sustento de la familia colonizadora o generaba un excedente de producción lucrativo, que se lograba mediante el propio esfuerzo o más habitualmente mediante la aplicación a esas tareas de la mano de obra de los indígenas encomendados. Además la posesión o tenencia de mercedes otorgaba la vecindad, que era condición necesaria para ocupar los cargos públicos en el cabildo. Miguel Gómez, en su carácter de vecino ocupó cargos en el cabildo de Buenos Aires.


Había fallecido antes de 1606, fecha en la que testó su mujer.

Notas y referencias[editar]

  1. Los Saravia de Horacio Marelo de la Serna y Rogelio Wenceslao Saravia Toledo (1993)
  2. Hialmar Edmundo Gammalsson, Los pobladores de Buenos Aires y su descendencia, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1980.
  3. Si en los primeros años de la conquista castellanos, andaluces y extremeños resultaron abrumadora mayoría, llama la atención la abundancia de portugueses y gallegos en esta segunda etapa y en el extremo sur del continente.
  4. Enrique Udaondo, Diccionario biográfico colonial argentino, Institución Mitre, Editorial Huarpes S.A., Buenos Aires, 1945.
  5. Hialmar Edmundo Gammalsson, Los pobladores de Buenos Aires y su descendencia, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1980.
  6. Enrique Peña, Fragmentos históricos sobre temas coloniales, 1935, citado en Hialmar Edmundo Gammalsson, Op. Cit.
  7. Hialmar Edmundo Gammalsson, Los pobladores de Buenos Aires y su descendencia, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1980.