Matea Bolívar

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Negra Matea Bolívar, nacida en San José de Tiznados, Estado Guárico en Venezuela el 21 de septiembre de 1773. Falleció en Caracas el 29 de marzo de 1886 a la avanzada edad de 112 años. Fue aya de Simón Bolívar. Más que aya, en el correcto y tradicional sentido de este oficio, debe haber tenido funciones de complementación en estos que haceres, los cuales se sabe por el propio Simón Bolívar, fueron cumplidos por otra esclava, Hipólita Bolívar, a quien el Libertador profesaba gran afecto. Durante muchos años vivió en San Mateo, en el Ingenio Bolívar. Según su propio relato, presenció allí el ataque de José Tomás Boves y el sacrificio del capitán Antonio Ricaurte el 25 de marzo de 1814.“Durante un ataque realista a la hacienda de San Mateo, el capitán Ricaurte prendió fuego a la pólvora el 25 de marzo de 1814, con lo cual pereció él y aquéllos que se hallaban dentro del recinto, pero no lograron llegar a la llamada “casa alta” donde se encontraba la familia de Bolívar. Simón aprovechó el desorden momentáneo que se produjo entre los atacantes y lanzó un contraataque, con el cual reconquistó la casa, hoy museo histórico Antonio Ricaurte. Este evento histórico fue presenciado por Matea y contado, a mediados de 1883, al periodista y dibujante colombiano Alberto Urdaneta, cuya nota fue publicada en El Papel Periódico Ilustrado de Bogotá. A continuación transcribimos el relato textual de la entrevista. —¿Cómo se llama usted? Matea Bolívar, del servicio de mi amo Bolívar. —¿En dónde nació usted? En el llano, en el pueblo de San José. —¿De cuántos años vino a Caracas? Como que eran cuatro años. —¿A dónde vino? A la casa de mis amos, en la plaza de San Jacinto, onde nació mi amo Bolívar. —¿Cómo era la casa? Era alta y se cayó con el terremoto. —¿Quiénes vivían en la casa? En la parte alta vivía mi amo Juan Vicente, y en la baja mi ama Concepción. —¿En dónde nació Bolívar? En la alcoba de la sala. —¿Quién crió a Bolívar? Lo crió Hipólita, y yo lo alzaba y jugaba con él. —¿Usted estuvo en algún combate? Estuve en la pelea de San Mateo con el niño Ricaurte. —¿En dónde estaba usted en San Mateo? En el trapiche; cuando los españoles bajaban el cerro, el niño Ricaurte mandó a salir la gente y fue a la cocina, le pidió un tizón a la niña Petrona y nos mandó salir por el solar. —¿Usted vio qué hizo Ricaurte? Subió al mirador onde estaba la polvorera. —¿A dónde se fueron ustedes? Cuando corríamos para el pueblo onde estaban peleando estalló el trapiche y a nosotros nos metieron en la iglesia. —¿Qué dijo Bolívar? Yo no oí conversar a mi amo porque nosotros no nos metíamos en las conversaciones de los blancos. —¿Para qué dio fuego Ricaurte a la pólvora? Pues para defenderse y defender a los demás. —¿Y usted por qué es Bolívar? Porque mi padre y mi madre fueron Bolívar, y yo tengo el apellido de mi amo. Aunque Simón Bolívar decretó la libertad de los esclavos, en 1821, Matea continuó prestando servicios a su casa, pues más que sus “amos” los consideraba su familia. Cuando se supo en Caracas la muerte del Libertador, acaecida en Santa Marta, Colombia, el 17 de diciembre de 1830, Matea compartió con la familia del héroe muerto la gran pena que los agobiaba. Matea vivía, entonces, en la casa de María Antonia Bolívar Palacios, quien era casada con Pablo Clemente y Palacios. A la muerte de ésta, la negra vivió con la hija de María Antonia, Valentina Clemente de Camacho. La sobrina y bisnieta de Bolívar, Antonia Esteller Camacho Clemente y Bolívar, cuenta en su biografía que Matea vio nacer, crecer y morir, a casi toda la descendencia de Bolívar. “Era una viejecita pequeña, delgada, de cabellos lanudos completamente blancos, de ojos pequeños, muy vivos y pícaros, que casi se habían vuelto azules a consecuencia de los años. Tenía la boca grande y los labios gruesos, los pies y las manos pequeños; vestía con traje de talle alto y mangas abombadas; usaba tres pañuelos: uno en la cabeza, otro sobre los hombros y el tercero haciendo de delantal, atado a la cintura. Se apoyaba en un bastón en forma de cayado que ella llamaba su macana (garrote) y con el cual nos sujetaba cuando veía que nos queríamos escapar de su cuarto”, la describió. La gente en Caracas se asombraba de la longevidad de Matea, quien acompañó al, entonces Presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco, cuando trasladaron los restos del Libertador al Panteón Nacional, el 28 de octubre de 1876. Matea tenía entonces 103 años. “Cuando algún caballero venía a visitar la casa, Matea lo confundía siempre con algunos de los personajes de la Independencia, así es que no lo anunciaba sino con el nombre de Montilla o Sucre o cualquier otro general de tan alta talla”, escribió Antonia Esteller Camacho Clemente y Bolívar, quien asegura que la negra justificaba sus malas palabras diciendo que las había aprendido de José Tomás Boves (comandante del Ejército Real), cuando la batalla de San Mateo

Después de 1821 habitó en la casa de María Antonia Bolívar, hermana del Libertador. Su longevidad causaba asombro en la Caracas de su época, donde inclusive llegó a ser una reliquia de los antiguos tiempos. El día en que se efectuaron las pomposas ceremonias para el traslado de los restos del Libertador desde la catedral de Caracas hasta el Panteón Nacional el 28 de octubre de 1876, entró en el recinto del brazo del Presidente de la República, general Antonio Guzmán Blanco y para entonces ya contaba con 103 años de edad. Sus restos reposan en la cripta de los Bolívar, en la capilla de la Santísima Trinidad, en la catedral de Caracas.

Bibliografía[editar]

http://panorama.com.ve/portal/app/push/noticia82554.php