Masacre del Perejil

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Se conoce como Masacre del Perejil a la ordenada por el presidente dominicano Rafael Leónidas Trujillo. En octubre de 1937 Trujillo ordenó a sus tropas la erradicación masiva de la población de origen haitiano que residía en el territorio dominicano, particularmente en las fincas agrícolas situadas a lo largo de la frontera entre la República Dominicana y Haití.

Los ataques de soldados y policías dominicanos contra los civiles de origen haitiano, mayormente peones agrícolas, causaron entre 20.000 y 35.000 muertes que incluyeron a personas de nacionalidad dominicana pero de padres haitianos. El nombre se atribuye a que, para identificar a los civiles haitianos entre la población dominicana negra y mulata de la zona, la policía de Trujillo exigía a sus potenciales víctimas pronunciar en español el nombre de la planta del perejil. En tanto la lengua créole hablada por los haitianos no consideraba la pronunciación suave de la letra "R" (en criollo haitiano la palabra perejil se traduce como "pési" y en francés como "persil"), la policía dominicana tenía un método aparentemente fácil para discriminar a sus víctimas y seleccionar a los haitianos con el fin de luego darles muerte.

Origen[editar]

El dictador Trujillo impulsó el antihaitianismo dentro de República Dominicana, recelando que la numerosa cantidad de peones agrícolas haitianos significase la pérdida de empleos para los campesinos dominicanos y la consiguiente impopularidad del gobierno, además de generar áreas rurales fronterizas donde la fusión de haitianos y dominicanos facilitara en exceso el cruce de la frontera mutua y privase al fisco de la República Dominicana de la opción de ganar recursos mediante impuestos y aranceles.

El miedo a las invasiones por parte de exiliados dominicanos desde Haití estimuló también en Trujillo el ansia de contar con una frontera internacional segura y claramente definida. Además el recelo de las masas dominicanas hacia Haití haría popular todo acto del gobierno de Santo Domingo en perjuicio de los inmigrantes haitianos, detestados por ofrecer sus servicios a los terratenientes dominicanos a cambio de jornales bajísimos, alimentando el rechazo de los jornaleros dominicanos, que los veían como competidores despreciables.

La escasez de tierras fértiles y disponibles en Haití causó que desde fines del siglo XIX gran número de peones haitianos y sus familias emigrasen hacia la República Dominicana, donde era requerida su mano de obra en régimen de casi servidumbre al ser mucho más barata que la de los jornaleros dominicanos. El asentamiento de numerosos haitianos en territorio dominicano empezó a causar preocupación en las élites dominicanas, no sólo porque generaban una ambigua y poco definida zona fronteriza, sino por temor a que los inmigrantes recién llegados alcanzaran poder económico en dichas regiones distantes de Santo Domingo. El crudo racismo de las élites dominicanas, extendido a gran parte de las masas del país, hacía de los haitianos (casi todos de raza negra) unos inmigrantes despreciados por las autoridades dominicanas, siendo doblemente "indeseables" por su pobreza y por su raza.

Las matanzas de haitianos[editar]

El 2 de octubre de 1937 Trujillo acudió a un baile en su honor en la provincia de Dajabón y allí emitió unas frases fuertemente antihaitianas, acusando a los inmigrantes haitianos de robar ganado y cosechas, además de depredar los medios de vida de los dominicanos, para anunciar luego que "remediaría el problema".

Al día siguiente, bajo órdenes de Trujillo, la policía dominicana acudió a las fincas agrícolas y a las aldeas donde se hallasen inmigrantes haitianos, identificándolos con el presunto fin de expulsarlos de la República Dominicana, pero en realidad tras el procedimiento de identificación los individuos de origen haitiano eran reunidos en sitios apartados y allí caían asesinados por la policía dominicana usando pistolas, fusiles, machetes, cuchillos y hachas, sin discriminar entre hombres, mujeres, niños o ancianos.

Al percibirse el engaño practicado por policías y soldados dominicanos, los civiles haitianos se lanzaron a huir desesperadamente hacia la frontera, pero Trujillo ordenó que sus tropas les impidieran la fuga y los asesinaran allí donde fueran encontrados. Inclusive, en cumplimiento de las órdenes del dictador, soldados dominicanos inutilizaron un puente sobre el río Artibonito para cerrar el paso a los haitianos que huían y así continuar las matanzas.

Las masacres de haitianos fueron ejecutadas no sólo por policías y soldados, sino inclusive con apoyo de alcaldes, terratenientes y civiles dominicanos que se ofrecían voluntariamente para asesinar inmigrantes con todos los medios a su alcance, influyendo en ello tanto el temor a desobedecer las órdenes del brutal Rafael Trujillo como la aversión y miedo de las masas dominicanas hacia los haitianos. Sólo fueron exceptuados de la matanza generalizada los haitianos que prestaban servicio en las grandes fincas controladas por empresas estadounidenses, en tanto éstas se negaron a perder a sus trabajadores haitianos casi esclavizados.

Las matanzas de haitianos terminaron mayormente el 8 de octubre de 1937, fecha para la cual entre 20.000 y 30.000 inmigrantes haitianos habían sido asesinados a lo largo de la frontera común. Semanas después, los escasos supervivientes de la Masacre del Perejil fueron expulsados hacia Haití.

Consecuencias[editar]

Las noticias de la matanza fueron ocultadas por Trujillo ante el pueblo dominicano, aunque sí hizo mención de haber "solucionado" el llamado "problema haitiano". El propio gobierno de Haití se abstuvo de protestar, en tanto las masacres afectaron a un segmento de emigrantes muy pobre y sin poder político, por lo cual la élite política haitiana no mostró indignación alguna por lo sucedido.

Aun así el presidente de Haití, Sténio Vincent, formuló una reclamación ante la República Dominicana exigiendo el pago de 750.000 dólares estadounidenses como indemnización. Este reclamo fue apoyado por el Gobierno de Estados Unidos regido por Franklin D. Roosevelt, ansioso de evitar pleitos fronterizos entre dos países del Mar Caribe. No obstante, el dictador Trujillo logró reducir la indemnización a 525.000 dólares estadounidenses, pero gran parte de esa indemnización nunca llegó a los sobrevivientes que lograron alcanzar Haití sino que fue robada por la propia burocracia haitiana.

Referencias[editar]