Marizú Terza

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Marizú Terza
Nacimiento 1953
Nacionalidad argentina
Área Arte abstracto
Movimiento Expresionismo abstracto

Marizú Terza nació el 10 de abril de 1953 en Buenos Aires, Argentina. Con obras de gran tamaño Marizú Terza despliega su estilo abstracto haciendo gran uso de la paleta de colores. Desde muy joven se dedica a las bellas artes. En los últimos 32 años, centró su pintura en la abstracción, que comenzó con la gemotería sensible, llegando a su excelente relación actual con el expresionismo abstracto.

Estudió en los mejores talleres particulares y terminó su formación en la escuela superior de Bellas Artes Ernesto de la Carcova. Luego estudió en Boston, Massachussets (EEUU) y en Madrid (España).

Marizú Terza presentó su primera muestra de pinturas en la galería Lirolay en 1975, a partir ese momento realizó varias muestras por año en galerías prestigiosas como Zurbarán, Tema, Jacques Martinez y Centro Cultural Recoleta donde expuso en dos oportunidades. Simultáneamente expuso en Bonn, Alemania, Miami , EEUU. y en la galería de La Rose, Paris, Francia. En 1982 fundó el Centro de Artes Visuales donde creó la carrera Master in Fine Arts y luego la de Diseño Gráfico. En 1992 habiendo tomado conciencia del poco espacio dedicado a las artes plásticas en los diversos medios gráficos de nuestro país, decide crear un programa de televisión especialmente dedicado a las artes plásticas. Durante 10 años este programa "Come on, baby!" se emitió interrumpidamente por cablevisión, logrando con gran éxito mostrar todo lo que pasa en galerías, centros culturales , museos de nuestra ciudad y en el extranjero. A partir del año 2002 concluyendo con este esfuerzo, vuelve a poner toda su energía en su propia obra pictórica

Hoy vive y pinta en su atelier de Manantiales, Punta del Este (Uruguay).

Críticas[editar]

Altas recompensas para quien sepa buscarlas En N Q galería de arte, Guido 1735, se ve la serie de trabajos de Marizú Terza, denominada genéricamente: “Ventanas”. Esos son : aberturas -fundamentalmente del estado espiritual del cual dependía, según lo escribiera Amiel en su Diario el paisaje- al cielo, a lo externo, a la soledad de una llanura metafísica, con equilibrado manejo del color, tendencia a cierta abstracción en la que lo humano-ejerce fuerte influencia sobre el ánimo del visitante, con superficies en las que la materia ha sido estructurada con ímpetu, a través de planos y de grafías que convocan de inmediato el misterio, y en juegos tonales de gran sugerencia. La composición de cada una de las telas es, a su vez, perfecta, se está, por lo tanto, ante una artista segura y dueña natural de sus medio, que se traducen en frutos estéticos de valor nada frecuente.[1]

Viejas deudas, cuentas nuevas.

En Tema Galería de arte, recuerdo haberme detenido ante las vívidas abstracciones de Marizú Terza. Gran sentido del color, instintivo, y a la vez armónicamente organizado, Intensidad en las grafías, tan expresivas, y todo un mundo, latente pero también manifiesto en esa rebeldía de la materia que va siendo poco a poco aplacada, en ese como estar andando sobre arremolinados océanos de una tonalidad viva y encrespada, en el constante sonar y resonar de las superficies. Fuerza atávica, impresionante, las de estos cuadros. Plenitud de existir, a través de las tormentas del ser, que las hay, allá adentro, semiocultas, y de las cuales Marizú Terza da a cada paso testimonio. Pero muy particularmente, pintura definida, frontal, de pie, que queda en uno mismo, que allí permanece como una desenvainada espada de luz.[2]


Lo fugaz, apresado. El núcleo para Marizú Terza es la idea según la cual ninguna forma existe si no está creada por un movimiento. A partir de esta idea -el desplazamiento es la vida - M T obtiene líneas como superficies. Todo está trazado. Todo ha salido del mismo origen. La dinámica que une los elementos se apoya menos en las masas coloreadas que en la intensidad del movimiento. El movimiento se organiza en pinceladas separadas que indican, en sus presencias contrastadas, su dirección El movimiento hace girar el trazo y revela la capacidad súbita de crecer, de concentrar que tiene el pincel. La pintura se hace a partir de las singularidades de cada instrumento. De ahí la abundancia de diversos elementos figurativos que intervienen en un paisaje en el que la hierba y el arroyo y el cielo aportan la heterogeneidad con la cual esta artista alimenta su obra. Encuentra el trazo ligero que ondula aislado en una esquina del cuadro y cuya simplicidad resuena con toda la complejidad del nudo central. Se la ve sutil, melodiosa emprendedora, ágil. En un movimiento apresurado compone una forma elegante, tierna en su fragilidad. Lo que Marizú Terza busca fuera de la mirada, pero con el control preciso de su vista interior, es expresar a través del ritmo manual su realidad mental.[3]

La conquista creativa “El arte se conquista espada en mano", tal es la sentencia del maestro francés del siglo pasado Jean Dominique Ingres Se diría que Marizú Terza aceptó el reto y ha llevado este desafío a la práctica. Un cuadro, como una gran composición que parte del rojo y que, ocupa uno de los extremos de la sala ( en Tema , Viamonte 625) implica no solo demostrar su solvencia en los grandes espacios, sino además su capacidad para asumir riesgos y salir airosa de los mismos Podrían algunos confundir esas telas, donde la pasión afirmativa se alterna con algunas sutilezas de refinamiento compositivo, como acontece con algunas de sus telas con predominio del blanco, podrían confundirse, digo, esos desplantes de libertad gestual con algunas tendencias de reciente data, en las que lo desmañado quiere pasar por soltura, cuando en verdad se trata de licencias injustificadas.. La libertad en arte, como en todo lo demás que pertenezca al reino del espíritu, exige cánones, disciplina, una idoneidad de pensamiento que sostenga y preste estructura a la sin duda necesaria intensidad del sentimiento. Y es esta primera parte, la de brindar canales viables a la emoción, donde muchos naufragan por falta precisamente de ese tesón, de esa capacidad de trabajo que permite tras largo y sostenido esfuerzo brindar esos frutos sazonados a Marizú Terza. Nosotros la hemos seguido, me atrevo a decir, desde sus primeras muestras y si bien era encomiable su seriedad de propósitos, como bien dijo Picasso: "En arte, obras son amores", que era una manera de decir que en arte lo que cuenta son los resultados, y la gran crueldad al menos aparente de esta senda empinada de la creación es que a veces la mayor de las dedicaciones no alcanza para lograr el resultado que hubiésemos creído merecido. Tal no ha sido el caso de Marizú, ella ha sabido esperar a su musa, pero no de brazos cruzados, cada año su obra se nos mostraba mas ajustada, cada jornada parecía depararle la promesa del logro que coloca al artista en la jerarquía creadora y como coronación de esos preanuncios, esta muestra confirma su talento que ya no será posible ignorar Marizú Terza es pintora, y pintora de tener en cuenta. Sus abstracciones de vuelo poético así lo confirman. Le damos la bienvenida a la nave propicia recordándole que el viaje es cada vez mas arriesgado y que por ello la pericia en materia de arte es algo cuya conquista no tiene fin.[4]

Referencias[editar]

  1. César Magrini, para el Cronista Comercial.
  2. César Magrini, para el Cronista Comercial.
  3. Hans Henning, Bonner Runschau (Alemania).
  4. Rafael Squirru, para la Nación.

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Enlaces externos[editar]