Margarita Debayle

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Margarita DeBayle Sacasa de Pallais (León, Nicaragua, 4 de julio de 1900 - Lima, Perú, 19 de diciembre de 1983) fue conocida mundialmente por ser la famosa musa del poeta Rubén Darío en su poema A Margarita Debayle.

Biografía[editar]

Fue hija del Dr Louis Henri "El Sabio" DeBayle, un importante médico nicaragüense que estudió en París (Francia) que y regresó a Nicaragua con una máquina de rayos X, la que le permitió hacer diagnósticos certeros, convirtiéndose así en el "Sabio DeBayle". Su madre fue Casimira Sacasa de Debayle, hija del entonces presidente de Nicaragua Roberto Sacasa y Sarria y hermana del posterior presidente Juan Bautista Sacasa.

Por línea materna, Margarita provenía de una de las familias más distinguidas e importantes a nivel político del país, además que estaba ligada con lazos familiares con la mayoría de las familias de la rancia aristocracia de León, la segunda ciudad importante de Nicaragua después de Managua, la capital.

Su padre fue el médico de cabecera del poeta Rubén Darío, quien posiblemente en 1906 fue invitado a la casa de verano de la familia Debayle Sacasa en la paradisíaca isla del Cardón. Fue ahí en una tarde cerca de la playa, sentado en una roca que escribió el famoso poema "Margarita, está linda la mar" a la entonces niña Margarita, quien le había pedido que le escribiera un cuento en versos.

Margarita y su hermana mayor, Salvadora Debayle, fueron enviadas a Bélgica a estudiar. En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, las dos hermanas fueron trasladadas a Londres (Reino Unido) y posteriormente a Filadelfia, Pensilvania (Estados Unidos) al Beechwood School, Jenkintown. Margarita concluyó sus estudios en Boston. Por cierto, fue en Beechwood College que su hermana Salvadora fue cortejada por el posteriormente presidente y fundador de la dinastía Somoza, Anastasio Somoza García, quien se convirtió en su marido.

Margarita se casó con su pariente Noël Ernesto Pallais con quien tuvo tres hijos: Noël, Luis y María de Lourdes Pallais DeBayle. Vivió la mayor parte de su vida en su Nicaragua natal, a excepción de un relativamente corto periodo en Perú, donde su esposo fue nombrado embajador entre mediados y finales de la década de 1940. Regreso a su país al deceso de su esposo, y permaneció en Nicaragua hasta un mes antes del triunfo de la Revolución Sandinista el 18 de julio 1979, que expulsó del poder a su sobrino Anastasio Somoza DeBayle, hijo de su hermana Salvadora. Margarita se trasladó por un corto periodo a Miami y finalmente emprendió su regreso a Lima, donde vivía desde muchos años atrás su hija menor, María de Lourdes, casada a su vez con un ciudadano peruano, y donde murió en 1983.

Margarita fue una mujer singular, que llevó tatuado el honor de haber sido la inspiración del poema que Darío le escribiera siendo apenas una niña, poema que hasta el día de hoy las madres leen a sus hijos en la península Ibérica y en América Latina. El escritor mexicano Carlos Fuentes le pidió al también escritor Sergio Ramírez que titulara "Margarita está linda la mar", novela que le ganó el primer Premio Alfaguara en 1998.[1]

En mayo de 2010, sus cenizas fueron depositadas en la Catedral de León, Nicaragua, cerca de la tumba de Rubén Darío y la de sus padres.

Margarita Debayle de Pallais fue abuela de la periodista y escritora María Lourdes Pallais, del experto internacional de la papa, Noel Pallais, y del joven Marcel Pallais, asesinado a los 24 años de edad, al año siguiente del triunfo de la revolución nicaragüense.

El Poema[editar]

A Margarita Debayle


Margarita, está linda la mar
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:
Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso, una perla,
una pluma, y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros, son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».
La princesa no mentía,
Y así, dijo la verdad:
—«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: —«¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?.
¡Qué locura! ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».
Y ella dice: —«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
—«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: —«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Rubén Darío

Véase también[editar]

Referencias[editar]